A veces, cuando les veo en la televisión diciendo esas cosas que dicen, pienso que en cualquier momento se les va a escapar la risa.
Que se les va a notar que no se lo creen.
Que piensan que los ciudadanos y ciudadanas somos tontos (y tontas).
Que cualquier mentira cuela.
¿Se piensa Maria Dolores de Cospedal que somos tontos (y tontas) cuando se pregunta públicamente quién va a devolverle la honorabilidad a Francisco Camps? ¿Cree que padecemos sordera o amnesia, que no vamos a acordarnos de las conversaciones obscenas que hemos escuchado durante el juicio de Valencia?
¿Se piensa la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que somos tontas (y tontos) cuando propone cubrir con personas voluntarias la prestación de ciertos servicios públicos? ¿Creerá que desconocemos la fortuna que acumula su marido "trabajando" como asesor de distintas empresas de dudosa ética, sin dejar de cobrar su pensión como expresidente? ¿Trabajará él como voluntario en alguna biblioteca pública o en alguna piscina municipal? ¿Renunciará ella a su salario para dedicarse voluntariamente a la alcaldía?
Y Francisco Guerrero, ex director general de Trabajo de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía... ¿creía que los ciudadanos y ciudadanas somos tontos y tontas cuando repartía subvenciones a las empresas ficticias de su chofer o colaba fraudulentamente en distintos ERE a amiguetes varios? Y, sus jefes en la Junta de Andalucía o en su partido, sus compañeros y correligionarios... ¿pensaban acaso que nunca nos íbamos a enterar de los chanchullos sistemáticos que se andaban perpetrando?
La lista podría crecer con más y más ejemplos, de todos los colores y partidos, hasta demostrar que, efectivamente, los políticos y las políticas de este país muchas veces se creen que los ciudadanos y las ciudadanas somos tontos (y tontas).
Son muchas las cosas de la situación actual que me indignan, pero la que más -sin duda- es la sensación de que quienes nos gobiernan -o pretenden hacerlo- no nos tienen ningún respeto, de que creen que todo vale, que tragaremos con todo.
Tal vez tengan razón.
Memorias del Futuro Imperfecto
viernes 27 de enero de 2012
domingo 22 de enero de 2012
Terapia Antishock
Publicado por
Fernando de la Riva
Hace unos días vi por la tele el documental "La doctrina del shock", basado en el libro del mismo título, en el que Naomi Klein nos descubre algunas de las claves que se esconden tras la economía neoliberal que rige nuestro presente.
Sostiene, con datos contrastados, que el neoliberalismo, inspirado en las teorias del economista Milton Friedman pretende acabar con los derechos socioeconómicos y sociopolíticos de la población, mediante impactos en la psicología social -shocks- derivados de desastres o contingencias (guerras, 11-S, desastres naturales...) de manera que, ante la conmoción y la confusión que provocan, se puedan hacer las reformas más impopulares sin resistencia social.
Dicho de otra forma: el miedo, la represión, la incertidumbre... como armas del "capitalismo del desastre", como forma de hacernos tragar la pérdida de derechos y libertades, de aceptar la precariedad o la pobreza, el reparto injusto de la riqueza.
No se si todo lo que cuenta Naomi Klein es cierto, pero si creo que la crisis actual es posible -y muy rentable para el gran capital- porque el miedo se utiliza de manera sistemática para mantener sumisa a la población.
Efectivamente, lo han logrado: cada día nos bombardean con malos augurios, con oscuras previsiones, y en las conversaciones de los bares, en los autobuses, en la cola del pan... lo que puede palparse es el miedo generalizado al futuro.
En el mismo documental, se recuerda la famosa frase del presidente Franklin D. Roosevelt en la que, ante la depresión derivada del crack económico de 1929, prevenía a los norteamericanos: "de lo único que tenemos que tener miedo es al propio miedo".
Estoy de acuerdo y creo que hemos de hacer lo que sea para combatir ese miedo que quieren inyectarnos, así que me atrevo a invitar a los lectores y lectoras de este blog a proponer y compartir medidas de "terapia antishock". Aquí van algunas:
Sostiene, con datos contrastados, que el neoliberalismo, inspirado en las teorias del economista Milton Friedman pretende acabar con los derechos socioeconómicos y sociopolíticos de la población, mediante impactos en la psicología social -shocks- derivados de desastres o contingencias (guerras, 11-S, desastres naturales...) de manera que, ante la conmoción y la confusión que provocan, se puedan hacer las reformas más impopulares sin resistencia social.
Dicho de otra forma: el miedo, la represión, la incertidumbre... como armas del "capitalismo del desastre", como forma de hacernos tragar la pérdida de derechos y libertades, de aceptar la precariedad o la pobreza, el reparto injusto de la riqueza.
No se si todo lo que cuenta Naomi Klein es cierto, pero si creo que la crisis actual es posible -y muy rentable para el gran capital- porque el miedo se utiliza de manera sistemática para mantener sumisa a la población.
Efectivamente, lo han logrado: cada día nos bombardean con malos augurios, con oscuras previsiones, y en las conversaciones de los bares, en los autobuses, en la cola del pan... lo que puede palparse es el miedo generalizado al futuro.
En el mismo documental, se recuerda la famosa frase del presidente Franklin D. Roosevelt en la que, ante la depresión derivada del crack económico de 1929, prevenía a los norteamericanos: "de lo único que tenemos que tener miedo es al propio miedo".
Estoy de acuerdo y creo que hemos de hacer lo que sea para combatir ese miedo que quieren inyectarnos, así que me atrevo a invitar a los lectores y lectoras de este blog a proponer y compartir medidas de "terapia antishock". Aquí van algunas:
- No creerse la mentira de que somos culpables de lo que está pasando: los culpables son los banqueros y los grandes especuladores, codiciosos e insaciables en su afán de enriquecerse, y los gobernantes complices que han tolerado o apoyado este estado de cosas.
- No creerse que no hay otras alternativas posibles. Las hay, y tienen que ver con repartir y compartir, con la solidaridad y el apoyo mutuo, con la convivencia y la fraternidad, con la igualdad y la justicia...
- Hacer más y más cosas junt+s, colectivamente: celebrar, festejar, bailar, cantar, crear, hacer música, pintar murales, cocinar, comer, construir cosas (proyectos, alternativas...)...
- Reciclar, reutilizar, reparar, aprovechar y compartir los recursos existentes, alargar la vida útil de los aparatos, de los objetos...
- Negarse a seguir el juego: no derrocho, no consumo, no pago...
- Reirnos mucho, divertirnos, jugar, disfrutar de las cosas sencillas...
- Frecuentar a los amigos y amigas, hacer nuevas amistades, multiplicar los espacios y momentos para el encuentro interpersonal, comunitario, para la convivencia, para cuidarnos mutuamente...
sábado 14 de enero de 2012
El cuento de la participación ciudadana
Publicado por
Fernando de la Riva
Érase una vez en Cádiz un edificio público histórico (de la época de Carlos III) que había sido hospicio, manicomio, escuela...
La Diputación Provincial, titular del edificio, en una maniobra de dudosa legalidad -pues el edificio fué donado "al pueblo de Cádiz"- lo vendió a una empresa hotelera (Zaragoza Urbana S.A) para la construcción de un hotel de lujo.
Dicha empresa solo hizo un pequeño pago a cuenta de lo acordado, y al cabo de poco tiempo renunció a construir aquel hotel y declaró su intención de reintegrar la propiedad del edificio a la Diputación, cosa que no llegó a hacer nunca.
Total, que -entre pitos y flautas- desde hacía 10 años el Hospicio Valcarcel estaba abandonado y en plena degradación.
Entonces, un grupo de muchachos y muchachas -con ayuda de otras gentes más "talluditas"- ocuparon el edificio abandonado.
Lo primero que hicieron fué limpiarlo de escombros y de toda la porquería acumulada en tantos años en los que las palomas habían hecho suyo aquél lugar.
Luego pusieron en marcha un amplio programa de actividades gratuitas y abiertas para la ciudadanía: una ludoteca, una biblioteca, salas de reuniones, espacios para asociaciones y colectivos ciudadanos, talleres y cursos de temáticas muy variadas, salas de ensayo para grupos populares de Carnaval, grupos de refuerzo escolar, proyecciones de cine, recitales de música y poesía, charlas y conferencias...
Aquel "Valcarcel Recuperado" se organizaba mediante una asamblea y distintos grupos abiertos que se repartían las tareas informativas, de limpieza, de coordinación de las actividades, etc.
Por supuesto, no todo fueron luces, también hubieron sombras, malos rollos, conflictos... como en cualquier proyecto humano colectivo, como corresponde en cualquier escuela de participación ciudadana que se precie, en la que siempre se aprende más de los errores que de los aciertos.
Pero un día, después de casi siete meses, los poderes públicos, con la complicidad de aquella empresa que había dejado abandonado el edificio y de los jueces, decidieron desalojarlo, con el pretexto de "velar por la seguridad de las personas" que participaban en las actividades. Aunque podemos sospechar -porque las condiciones de seguridad habían sido acreditadas por personas expertas- que lo que no soportaban es que aquellas gentes y aquella experiencia de participación pusieran en evidencia, día tras día, su abandono del patrimonio público y de los intereses de la ciudadanía, su ineficacia en la creación de alternativas para el ocio y la cultura popular, su incapacidad para poner en marcha procesos de participación tan vivos y auténticos como aquél.
Asi que echaron mano de la policía -mucha mucha policía- para acabar con la experiencia, desalojar el edificio, clausurar sus puertas y ventanas, y devolverlo al abandono.
Y, colorín colorado... ¿este cuento se ha acabado?
La Diputación Provincial, titular del edificio, en una maniobra de dudosa legalidad -pues el edificio fué donado "al pueblo de Cádiz"- lo vendió a una empresa hotelera (Zaragoza Urbana S.A) para la construcción de un hotel de lujo.
Dicha empresa solo hizo un pequeño pago a cuenta de lo acordado, y al cabo de poco tiempo renunció a construir aquel hotel y declaró su intención de reintegrar la propiedad del edificio a la Diputación, cosa que no llegó a hacer nunca.
Total, que -entre pitos y flautas- desde hacía 10 años el Hospicio Valcarcel estaba abandonado y en plena degradación.
Entonces, un grupo de muchachos y muchachas -con ayuda de otras gentes más "talluditas"- ocuparon el edificio abandonado.
Lo primero que hicieron fué limpiarlo de escombros y de toda la porquería acumulada en tantos años en los que las palomas habían hecho suyo aquél lugar.
Luego pusieron en marcha un amplio programa de actividades gratuitas y abiertas para la ciudadanía: una ludoteca, una biblioteca, salas de reuniones, espacios para asociaciones y colectivos ciudadanos, talleres y cursos de temáticas muy variadas, salas de ensayo para grupos populares de Carnaval, grupos de refuerzo escolar, proyecciones de cine, recitales de música y poesía, charlas y conferencias...
Aquel "Valcarcel Recuperado" se organizaba mediante una asamblea y distintos grupos abiertos que se repartían las tareas informativas, de limpieza, de coordinación de las actividades, etc.
Por supuesto, no todo fueron luces, también hubieron sombras, malos rollos, conflictos... como en cualquier proyecto humano colectivo, como corresponde en cualquier escuela de participación ciudadana que se precie, en la que siempre se aprende más de los errores que de los aciertos.
Pero un día, después de casi siete meses, los poderes públicos, con la complicidad de aquella empresa que había dejado abandonado el edificio y de los jueces, decidieron desalojarlo, con el pretexto de "velar por la seguridad de las personas" que participaban en las actividades. Aunque podemos sospechar -porque las condiciones de seguridad habían sido acreditadas por personas expertas- que lo que no soportaban es que aquellas gentes y aquella experiencia de participación pusieran en evidencia, día tras día, su abandono del patrimonio público y de los intereses de la ciudadanía, su ineficacia en la creación de alternativas para el ocio y la cultura popular, su incapacidad para poner en marcha procesos de participación tan vivos y auténticos como aquél.
Asi que echaron mano de la policía -mucha mucha policía- para acabar con la experiencia, desalojar el edificio, clausurar sus puertas y ventanas, y devolverlo al abandono.
Y, colorín colorado... ¿este cuento se ha acabado?
miércoles 11 de enero de 2012
Ustedes me perdonarán
Publicado por
Fernando de la Riva
La foto acompaña la noticia de la constitución de una nueva Plataforma del Tercer Sector, que agrupa y "representa" al conjunto de las principales ONGs de caracter social en nuestro país.
Vaya por delante que soy un acérrimo partidario de la cooperación entre las organizaciones solidarias.
Me parece que -el de la suma de esfuerzos- es el único camino para avanzar en la construcción de ese otro mundo posible que todas las organizaciones solidarias dicen perseguir.
O sea, por razones de coherencia y de eficacia: ¡viva el trabajo en red!
Pero, ustedes (señores de la foto) me perdonarán: la imagen que, en esta fotografía institucional, proyectan del Tercer Sector de nuestro país es machista y viejuna.
Me explico.
Son ustedes -todos- varones, como si esto de dirigir las organizaciones solidarias fuera "cosa de hombres".
Ninguno de ustedes cumple los cincuenta y la mayoría tampoco los sesenta. Y no es que tenga nada contra las personas "de edad avanzada" -de hecho formo parte de ese ilustre colectivo- pero es que pareciera que esto de las organizaciones solidarias es para la "tercera edad".
Todos ustedes gastan un "tipo" -que se diría en Cádiz- de gente trajeada y encorbatada (solo uno rompe la regla) "como dios manda" (que diría Mariano). Total, que parecen ustedes subsecretarios o altos funcionarios de algún ministerio, más que activistas sociales.
En fin, que ustedes me perdonarán, pero su imagen me da un poquito de repelús. Como si la foto fuera para diasuadir a cualquier jóven, mujer o persona "informal" que quisiera sumarse a la tarea de las organizaciones solidarias.
¿No creen ustedes que va siendo hora de una renovación generacional y de imagen de las ONGs? ¿No piensan que ya va haciendo falta abrir puertas y ventanas en las organizaciones solidarias, dejar que entre el aire fresco, las nuevas ideas, las nuevas formas?
Con perdón.
Vaya por delante que soy un acérrimo partidario de la cooperación entre las organizaciones solidarias.
Me parece que -el de la suma de esfuerzos- es el único camino para avanzar en la construcción de ese otro mundo posible que todas las organizaciones solidarias dicen perseguir.
O sea, por razones de coherencia y de eficacia: ¡viva el trabajo en red!
Pero, ustedes (señores de la foto) me perdonarán: la imagen que, en esta fotografía institucional, proyectan del Tercer Sector de nuestro país es machista y viejuna.
Me explico.
Son ustedes -todos- varones, como si esto de dirigir las organizaciones solidarias fuera "cosa de hombres".
Ninguno de ustedes cumple los cincuenta y la mayoría tampoco los sesenta. Y no es que tenga nada contra las personas "de edad avanzada" -de hecho formo parte de ese ilustre colectivo- pero es que pareciera que esto de las organizaciones solidarias es para la "tercera edad".
Todos ustedes gastan un "tipo" -que se diría en Cádiz- de gente trajeada y encorbatada (solo uno rompe la regla) "como dios manda" (que diría Mariano). Total, que parecen ustedes subsecretarios o altos funcionarios de algún ministerio, más que activistas sociales.
En fin, que ustedes me perdonarán, pero su imagen me da un poquito de repelús. Como si la foto fuera para diasuadir a cualquier jóven, mujer o persona "informal" que quisiera sumarse a la tarea de las organizaciones solidarias.
¿No creen ustedes que va siendo hora de una renovación generacional y de imagen de las ONGs? ¿No piensan que ya va haciendo falta abrir puertas y ventanas en las organizaciones solidarias, dejar que entre el aire fresco, las nuevas ideas, las nuevas formas?
Con perdón.
jueves 5 de enero de 2012
Carta a los Reyes (Magos)
Publicado por
Fernando de la Riva
![]() |
| eneko en 20minutos.es |
Mucha gente recordará, como yo, aquella primera gran decepción, tras el chivatazo de algún compañero del colegio o por confesión paterna cuando ya empezaban a salirnos pelos en las piernas y parecía el momento oportuno de reventar las fantasías infantiles, al descubrir que en realidad érais los padres.
¡Qué chasco!
Y...¿entonces? ¿todas aquellas cartas llenas de sueños y de miedos por no haber sido suficientemente buenos? ¿y todas aquellas horas de frio esperando la cabalgata para veros? ¿y los nervios de la noche en cuestión que nos nos dejaban dormir?
Ese día de la revelación fatal empezamos a dejar atrás la infancia.
Desde entonces, solo he fingido creer en vosotros cuando se trataba de mantener vivo el mito ante los ojos de los niños.
Lo cierto es que en los últimos tiempos andáis bastante devaluados por la feroz competencia de Papa Noel -quien iba a decirlo hace unos cuantos años- pero es que la "cultura global" (o sea, yanki) nos ha penetrado hasta el fondo, porque venía muy bien para hacernos consumir y comprar más, que es al fin y al cabo la religión dominante.
Para más desprestigio, sabéis que la monarquía está últimamente en "franca" decadencia. Con un poco de suerte veremos pronto a un real yerno en chirona, aunque haya quien dude de que el "noble chorizo" (valga el oximorón) acabe en la carcel. El caso es que todo lo que suena a realeza nos pilla un tanto desconfiados.
Pero es que, además, estamos en crisis. O sea, que andamos tiesos, a la ultima pregunta, sin un chavo. Llegamos malamente a fin de mes, vamos acumulando trampas y deudas, sajando a la familia o a los amigos más pudientes.Y, para colmo, todo apunta que en este "Año Mariano" nos van a seguir crujiendo hasta que no nos quede una gota de jugo.
Total, que no está la cosa para alegrías consumistas.
Asi que, con mi escepticismo a flor de piel pero siguiendo aquella máxima de "por pedir que no quede", llegada esta fecha señalada os pido -como dice un amiguete- "que me quede como estoy...o, si es posible, un poquito menos axfisiado".¿Vale?
viernes 30 de diciembre de 2011
Deseos
Publicado por
Fernando de la Riva
Quisiera aprender a vivir cada día con menos.
Alcanzar la serenidad de una vida más y más sencilla.
Disfrutar la compañía de las personas que quiero.
Presenciar otros atardeceres y caminar por la orilla del mar, empapándome del ruido de las olas.
Gozar largas sobremesas de conversaciones pausadas, con el sol entrando por la ventana de la cocina y una copa de vino en la mano.
Realizar trabajos que desafíen mi imaginación y mi conciencia.
Encontrar nuevos libros que me trasladen a otros universos, o releer las viejas historias que guarda mi memoria.
Muchas horas de juegos con mis amigas y amigos más pequeños.
Viajar, no solo por los nuevos paisajes sino por la aventura de descubrir otras personas y culturas.
Muchos amaneceres de abrazos y ternuras, de confidencias susurradas, de besos de mariposa.
Volver a encontrar a los amigos que están lejos, abrazarlos, decirles que les quiero.
Llenar los oídos y el corazón de muchas músicas.
Navegar silencios para escuchar mi alma.
Caminar las calles del brazo de las gentes humildes, gritando por el mundo, por la justicia, por la libertad, por la vida.
A punto de empezar el año 2012, que -según la profecía de los Mayas- será el último de la cuenta, lanzo mis deseos al viento, por si algún genio -de los que viven en lámparas maravillosas- los escucha. Mi deseo es que todos y todas vivamos un año lleno de paz y felicidades (ya sabéis, de esas pequeñitas y cotidianas).
Alcanzar la serenidad de una vida más y más sencilla.
Disfrutar la compañía de las personas que quiero.
Presenciar otros atardeceres y caminar por la orilla del mar, empapándome del ruido de las olas.
Gozar largas sobremesas de conversaciones pausadas, con el sol entrando por la ventana de la cocina y una copa de vino en la mano.
Realizar trabajos que desafíen mi imaginación y mi conciencia.
Encontrar nuevos libros que me trasladen a otros universos, o releer las viejas historias que guarda mi memoria.
Muchas horas de juegos con mis amigas y amigos más pequeños.
Viajar, no solo por los nuevos paisajes sino por la aventura de descubrir otras personas y culturas.
Muchos amaneceres de abrazos y ternuras, de confidencias susurradas, de besos de mariposa.
Volver a encontrar a los amigos que están lejos, abrazarlos, decirles que les quiero.
Llenar los oídos y el corazón de muchas músicas.
Navegar silencios para escuchar mi alma.
Caminar las calles del brazo de las gentes humildes, gritando por el mundo, por la justicia, por la libertad, por la vida.
A punto de empezar el año 2012, que -según la profecía de los Mayas- será el último de la cuenta, lanzo mis deseos al viento, por si algún genio -de los que viven en lámparas maravillosas- los escucha. Mi deseo es que todos y todas vivamos un año lleno de paz y felicidades (ya sabéis, de esas pequeñitas y cotidianas).
jueves 22 de diciembre de 2011
Que compartan ellos
Publicado por
Fernando de la Riva
Tengo varios amiguetes de esos a los que llaman PSH, o sea, "personas sin hogar".
Por lo general, son gente que han tenido una vida dura, difícil, porque un día metieron la pata, o les vinieron muy mal dadas, o tiraron por la calle equivocada... y -rodando rodando- se encontraron al fondo del pozo, sin hogar, sin familia, sin amigos, sin esperanza, sin nada.
Su historia está llena de caídas, pero también de "levantadas", de resoluciones y esfuerzos por salir del hoyo, por dejar el alcohol o las drogas -que fueron causa o consecuencia de la calle- por recuperar a sus familias rotas, por encontrar un trabajo que les permita "normalizar" sus vidas.
Les admiro mucho. Creo que, en su misma situación, teniendo que superar los retos a los que hacen frente, hace tiempo que yo estaría hundido o tal vez ya me habría quitado de enmedio.
Mi vida es y ha sido, sin duda, muy fácil al lado de la suya.
En la mayoría de los casos, estos amiguetes comparten los mismos valores -y hasta los mismos prejuicios- que la sociedad que los excluye. Es una paradoja, si, pero la vida en la calle no les ha quitado el sueño de querer ser como esos hombres y mujeres que les miran con desprecio o incluso con asco cuando se cruzan con ellos.
A veces, alguno de esos amiguetes tiene "conciencia social" y gasta una mirada crítica con esta sociedad nuestra, y saben que lo suyo no es una cuestión de caridad sino de justicia social.
El otro día, uno de ellos me decia: "lo vuestro (se refería a la gente "solidaria", "progresista") es cojonudo, dais lo que os sobra -cuando lo dáis- pero... ¿compartir lo que tenéis? ¡Y una mierda! Tu en tu casa y yo en la calle."
Estábamos en medio de una "celebración navideña", rodeados de "voluntarios" y "trabajadoras sociales" que se ocupan de echar una mano a las PSH. Me tragué con dificultad el pincho de tortilla, miré para mis adentros, y no tuve más remedio que reconocer que el tio tiene razón: se me -nos- llena la boca reclamando otro reparto de la riqueza para construir un mundo más justo, pero hablo -hablamos- de los gobiernos, de los políticos, de los banqueros... de los otros.
Y, mientras tanto, sigo viviendo acojonado por el miedo de perder todas esas cosas -muchas de ellas innecesarias, inútiles- que llenan mi vida.
Ah!... por cierto... el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que multará con 750 euros a las personas que busquen comida en los cubos de basura.
Por lo general, son gente que han tenido una vida dura, difícil, porque un día metieron la pata, o les vinieron muy mal dadas, o tiraron por la calle equivocada... y -rodando rodando- se encontraron al fondo del pozo, sin hogar, sin familia, sin amigos, sin esperanza, sin nada.
Su historia está llena de caídas, pero también de "levantadas", de resoluciones y esfuerzos por salir del hoyo, por dejar el alcohol o las drogas -que fueron causa o consecuencia de la calle- por recuperar a sus familias rotas, por encontrar un trabajo que les permita "normalizar" sus vidas.
Les admiro mucho. Creo que, en su misma situación, teniendo que superar los retos a los que hacen frente, hace tiempo que yo estaría hundido o tal vez ya me habría quitado de enmedio.
Mi vida es y ha sido, sin duda, muy fácil al lado de la suya.
En la mayoría de los casos, estos amiguetes comparten los mismos valores -y hasta los mismos prejuicios- que la sociedad que los excluye. Es una paradoja, si, pero la vida en la calle no les ha quitado el sueño de querer ser como esos hombres y mujeres que les miran con desprecio o incluso con asco cuando se cruzan con ellos.
A veces, alguno de esos amiguetes tiene "conciencia social" y gasta una mirada crítica con esta sociedad nuestra, y saben que lo suyo no es una cuestión de caridad sino de justicia social.
El otro día, uno de ellos me decia: "lo vuestro (se refería a la gente "solidaria", "progresista") es cojonudo, dais lo que os sobra -cuando lo dáis- pero... ¿compartir lo que tenéis? ¡Y una mierda! Tu en tu casa y yo en la calle."
Estábamos en medio de una "celebración navideña", rodeados de "voluntarios" y "trabajadoras sociales" que se ocupan de echar una mano a las PSH. Me tragué con dificultad el pincho de tortilla, miré para mis adentros, y no tuve más remedio que reconocer que el tio tiene razón: se me -nos- llena la boca reclamando otro reparto de la riqueza para construir un mundo más justo, pero hablo -hablamos- de los gobiernos, de los políticos, de los banqueros... de los otros.
Y, mientras tanto, sigo viviendo acojonado por el miedo de perder todas esas cosas -muchas de ellas innecesarias, inútiles- que llenan mi vida.
Ah!... por cierto... el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que multará con 750 euros a las personas que busquen comida en los cubos de basura.
domingo 18 de diciembre de 2011
El gobierno que nos merecemos (notas sobre el CIB)
Publicado por
Fernando de la Riva
Con que alegría nos despachamos -la gente de a pie- con la clase política, criticando la corrupción, los privilegios, el enchufismo, el escaqueo, el mangoneo, la prevalencia de la mediocridad, etc., etc.
En las barras de los bares (preferentemente), en las tertulias familiares, en las charlas de autobús o en la cola del pan, ya es un lugar común eso de que "los políticos son todos iguales", o aquello otro de "aquí todo el mundo va a pillar lo que pueda", o también lo de que "son unos energúmenos y se pasan la vida insultándose entre ellos, sin ponerse de acuerdo".
No digo yo que no haya mucho fundamento en esas críticas, que no haya sobradas razones para el exabrupto y para mentarles la madre a políticos y políticas. Lo que vemos y leemos en los periódicos y telediarios es para indignarse.
Lo que tiene menos explicación es que se nos caliente tanto la boca contra esa "gentuza", para -a renglón seguido- saltarnos la cola, tratar de enchufar a nuestro primo, pagar "en negro" o eludiendo el IVA, explotar a quien se ponga a tiro (si somos empresarios), escaquearnos del puesto de trabajo, tirarnos de los pelos en la comunidad de vecinos, etc., etc.
Los políticos y las políticas no son extraterrestres, no han llegado en un platillo volante, son nuestra gente, nuestros hermanos, nuestras cuñadas, tu primo, mi tia... somos nosotros y nosotras mismos.
No es que tengamos una clase política y un gobierno -municipal, regional, nacional, europeo- que son un desastre, pero -eso si- tenemos una ciudadanía responsable, solidaria, cívica, éticamente impecable.
No, esa clase política es un reflejo de los ciudadanos y las ciudadanas que somos, y sus bajos niveles de exigencia ética, y sus altos niveles de mediocridad son los mismos que se respiran en la vida social, profesional, empresarial, etc., de la sociedad de la que formamos parte y somos cómplices.
Tampoco digo que no haya gente decente, ciudadanos y ciudadanas responsables que son un ejemplo de cívismo, de la misma forma que existen empresarios honrados y políticos honestos. Pero el nivel medio de Civismo Interior Bruto (CIB) de nuestra sociedad es, en términos generales, más bien bajito.
Asi que, hay que cambiar a los políticos y a las políticas, y a los gobiernos, y a los empresarios y a los banqueros... pero también -y para empezar- hay que cambiar a los ciudadanos y a las ciudadanas, a nosotros mismos, porque si esa base social no cambia tampoco cambiarán los lideres sociales, quienes dirigen y gobiernan, que son -repito- un fiel reflejo de la sociedad que somos.
En las barras de los bares (preferentemente), en las tertulias familiares, en las charlas de autobús o en la cola del pan, ya es un lugar común eso de que "los políticos son todos iguales", o aquello otro de "aquí todo el mundo va a pillar lo que pueda", o también lo de que "son unos energúmenos y se pasan la vida insultándose entre ellos, sin ponerse de acuerdo".
No digo yo que no haya mucho fundamento en esas críticas, que no haya sobradas razones para el exabrupto y para mentarles la madre a políticos y políticas. Lo que vemos y leemos en los periódicos y telediarios es para indignarse.
Lo que tiene menos explicación es que se nos caliente tanto la boca contra esa "gentuza", para -a renglón seguido- saltarnos la cola, tratar de enchufar a nuestro primo, pagar "en negro" o eludiendo el IVA, explotar a quien se ponga a tiro (si somos empresarios), escaquearnos del puesto de trabajo, tirarnos de los pelos en la comunidad de vecinos, etc., etc.
Los políticos y las políticas no son extraterrestres, no han llegado en un platillo volante, son nuestra gente, nuestros hermanos, nuestras cuñadas, tu primo, mi tia... somos nosotros y nosotras mismos.
No es que tengamos una clase política y un gobierno -municipal, regional, nacional, europeo- que son un desastre, pero -eso si- tenemos una ciudadanía responsable, solidaria, cívica, éticamente impecable.
No, esa clase política es un reflejo de los ciudadanos y las ciudadanas que somos, y sus bajos niveles de exigencia ética, y sus altos niveles de mediocridad son los mismos que se respiran en la vida social, profesional, empresarial, etc., de la sociedad de la que formamos parte y somos cómplices.
Tampoco digo que no haya gente decente, ciudadanos y ciudadanas responsables que son un ejemplo de cívismo, de la misma forma que existen empresarios honrados y políticos honestos. Pero el nivel medio de Civismo Interior Bruto (CIB) de nuestra sociedad es, en términos generales, más bien bajito.
Asi que, hay que cambiar a los políticos y a las políticas, y a los gobiernos, y a los empresarios y a los banqueros... pero también -y para empezar- hay que cambiar a los ciudadanos y a las ciudadanas, a nosotros mismos, porque si esa base social no cambia tampoco cambiarán los lideres sociales, quienes dirigen y gobiernan, que son -repito- un fiel reflejo de la sociedad que somos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







