viernes, 23 de mayo de 2008

La Plaza

Cerca de mi casa, en el Paseo Marítimo, hay una plaza con una gran Rosa de los Vientos en su centro, la de Santa María del Mar, desde donde pueden contemplarse unas espectaculares puestas de sol y una de las vistas más bellas de Cádiz.
Será por eso que un avispado empresario hostelero pretende construir un restaurante allí en medio, con dinero de los presupuestos públicos, la complicidad del Ayuntamiento de Cádiz y contra lo que dice la Ley de Costas y la propia Reglamentación Urbana.
Todo esto no es -desgraciadamente- nada original. Solo un ejemplo más de tantos abusos y corruptelas que están destruyendo los espacios naturales y nuestras ciudades en nombre del desarrollo y en beneficio de unos pocos.
Menos frecuente ha sido la reacción de vecinos y vecinas.
Alguien, por su cuenta, convocó a través del correo electrónico una concentración de protesta en la plaza y los mensajes rebotaron de aquí para allá.
El primer martes nos reunimos cerca de un centenar de personas, y el empresario declaró que "eramos un puñado de viejos y hipies". Eso contribuyó a que el martes siguiente fuéramos más de trescientas.
Los periódicos vienen cargaditos de cartas al director, en las ediciones digitales se multiplican los comentarios, a favor y en contra, y los pliegos de firmas se han extendido por asociaciones y comercios.
Los partidos de la oposición se suben al carro. La Alcaldesa se defiende y habla "del progreso, el turismo y los puestos de trabajo". El empresario no para de echar exabruptos.
Pero los vecinos y vecinas siguen erre que erre. Que no quieren que se privatice la plaza, que prefieren que los niños sigan corriendo y patinando por ella, y sentarse a contemplar el atardecer, pasear a los perros, hacerse arrumacos las parejitas cuando la noche ha caido, mirar las estrellas, o soñar largos viajes en los barcos que cruzan el horizonte.
Seguiremos informando.

1 comentario:

  1. Me
    suena...Si no es por aquí es por allí, pero se hacen un hueco donde no
    lo hay, y le ponen precio. Siempre acaban apareciendo, y siempre con las
    mismas proclamas: es bueno para el desarrollo económico, es lo que hay
    que hacer para acabar con la crisis... Proclamas que provocan adhesión
    en mucha gente y que son complejas de desactivar. Les sirve igual para
    hacer un campo de golf, un hotel, 8.000 viviendas, o para hacer una
    regulación de empleo...

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