lunes, 14 de julio de 2008

13 cambios necesarios para que cambie el Movimiento Asociativo


Hace 3 años, mirando la la realidad de nuestro tejido asociativo, escribí estas 13 notas, que han causado bastante escándalo allí donde se me ha ocurrido presentarlas. Hoy vuelvo a revisarlas, y me siguen pareciendo oportunas, no solo para mirar a las otras sino para servirnos de espejo y mirarnos directamente a la cara.

1. Dejar de pensar que todo lo hacemos bien, que eso de que participe poca gente en el Movimiento Asociativo, en nuestras asociaciones, es problema de la gente y no nuestro. No basta con la buena intención. Hay que estar dispuestas a revisar (y cambiar), con humildad y realismo, con sentido crítico, nuestra forma de pensar, nuestro discurso y nuestra práctica. Las personas que no estén dispuestas a cambiar, que dejen de perder el tiempo y se vayan a su casa.

2. Dejar de tocar de oído, de pensar que –porque sí, porque somos especiales- conocemos mejor que nadie a la gente para la que trabajamos y lo que la gente necesita. Preguntar y escuchar. Escuchar y preguntar. Antes, durante y después. Revisar el contenido y la formulación de nuestros objetivos (que, a mucha gente, le suenan a palabrería vacía).

3. Cambiar nuestros lenguajes, dejar de hablar en nuestra jerga, como si todo el mundo tuviera la misma información y nuestra forma de entender la realidad, y/o fueran tontas. Hablar en el lenguaje de la gente para la que trabajamos, el que hablamos para entendernos en la vida cotidiana.

4. Cambiar nuestra forma de trabajar. Trabajar juntas, escucharnos, no competir entre nosotras, complementarnos, trabajar en equipo. No a presidentes/as (y dirigentes/as) imprescindibles y vitalicios/as. Quienes dirigen las asociaciones tienen una tarea fundamental: trabajar para facilitar la participación de las demás. Sin participación, las asociaciones son una mierda. Participación, diálogo, negociación, consenso.

5. Dejar de darle coba a la Administración. Dejar de cuidar tanto las relaciones públicas “políticamente correctas”. Mimar nuestra independencia (lo que no quiere decir, tampoco, llevar siempre la contraria, sino decir lo que hay que decir cuando hay que decirlo). Mirar (escuchar, observar, oler, palpar, sentir...) mucho más a la gente por la que trabajamos. Menos despacho, más calle (más presencia –física, virtual...- allí donde están las personas que queremos convencer, movilizar, implicar...).

6. Dejar de pensar que lo sabemos todo, que la experiencia (larga) nos convierte en infalibles o que todo es cuestión de voluntad, de “echarle güevos”. Formarnos para hacer mejor lo que hacemos y para hacer nuevas cosas. Desaprender todos los viejos vicios acumulados (dogmatismos, sectarismos, dirigismos, verticalismos, centralismos, vanguardismos, burocratismos, y otros ismos). Aprender, con humildad, lo que haga falta para hacer mejor lo necesario.

7. Dejar de mirar a las otras asociaciones desde la desconfianza, cambiar la competición por la cooperación. Dejarse de protagonismos mediocres. Compartir información y recursos. Aprovecharse mutuamente. Apoyarse solidariamente. Todas estamos en la misma lucha: cambiar, mejorar el mundo que nos rodea. Trabajar en redes.

8. Dejar de creer que toda la gente sabe (o debe saber) lo que hacemos, por qué lo hacemos, para qué lo hacemos y para quien lo hacemos. Dar prioridad a la comunicación interpersonal y a la comunicación masiva, a las relaciones, a la comunicación entre miembros y a su comunicación con la gente a la que nos dirigimos.

9. Dejar de hacer cosas cutres. No todo vale en el trabajo voluntario. Cuidar la “calidad” de nuestros proyectos, su adecuación a las necesidades reales de la gente para la que trabajamos, su eficacia, sus resultados. Planificar y evaluar. No a la improvisación y la chapuza, si a la imaginación y la creatividad, si a la organización del esfuerzo.

10. Dejar de depender -casi por completo en muchos casos- de las subvenciones públicas. Al menos, empezar por cambiar el actual sistema de subvenciones (arbitrario, clientelista, opaco, burocrático, sectario...). Desarrollar fuentes de recursos propios (implicar a la gente para la que trabajamos), diversificar nuestras actuales fuentes de recursos, buscar nuevas fuentes. Garantizar, por todos los medios, la transparencia en la gestión de los recursos. Cada chanchullo, cada sinverguenza, nos agrede a todos.

11. Dejar de mostrar una imagen lastimera, mendicante, cutre, amargada y aburrida de las asociaciones (que no puede motivar a nadie). Abandonar la “mística” del sacrificio, reconocer que “nos va la marcha”, que nos gusta esto de juntarnos con otras personas para cambiar las cosas. Practicar el sentido del humor y la fiesta. Construir asociaciones alegres, marchosas y divertidas.

12. No tirar todo por la borda. No pasarse al otro extremo. No olvidarse de todo lo aprendido (malo....y bueno) en todos estos años (muchos) de vida del Movimiento Asociativo, de los Movimientos Sociales. Pero no esforzarse por mantener nada de lo que no sirve al cambio y la transformación social en este momento histórico que vivimos.

13. Abandonar todo prejuicio hacia las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación. Poner todo el cuidado respecto a la adecuación y la ética de su uso. Tomar al asalto las NTIC. Hacerlas nuestras. Incorporarlas a nuestra práctica diaria, convertirlas en aliadas de nuestra comunicación interna, de nuestra comunicación con la gente para la que trabajamos, con otras asociaciones y colectivos, transformarlas en una herramienta que facilite nuestra comunicación con el mundo.

3 comentarios:

  1. Gracias por tu saludo, espero que el verano vaya muy bien y a ver si nos encontramos o en el sur o en el centro o donde sea.
    Abrazos

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  2. Totalmente de acuerdo en todos y cada uno de los puntos. Por añadir algo, diría que también mucho cuidado con el servilismo no solo con la Administración Pública; también con las empresas.

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  3. Si, creo que tienes razón y que en la actualidad podemos encontrar organizaciones que tienen una actitud servil con las empresas de las que reciben recursos para sus actividades.
    Parece que el servilismo tiene raices profundas.

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