jueves, 24 de julio de 2008

¿Cambio Social sin Cambio Personal?

La grande y la pequeña historia nos enseña que gran parte de los colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales... se van al garete por factores que -sobre todo- tienen que ver con el protagonismo, la competencia, la falta de respeto, la intolerancia, el orgullo, la ausencia de diálogo, la descalificación... en suma, con un amplio muestrario de miserias personales.
Una de las formas tradicionales de crecimiento de las organizaciones y movimientos sociales ha sido y es la división: cuando no estamos de acuerdo, nos escindimos, cada cual por nuestro lado, convirtiéndonos
-a menudo- en enemigos, entrando en confrontación.
Parece evidente que cada persona, cada grupo, cada colectivo social tiene el derecho de pensar, decir y hacer lo que crea necesario para cambiar el mundo, sin someterse al pensamiento, al discurso o la acción de otras personas con quienes no se identifique.
Como la Naturaleza nos demuestra, la diversidad es riqueza, es fortaleza... aunque solo si es capaz de relacionarse entre si. El aislamiento -por el contrario- es el fin, supone la muerte.
Paulo Freire decía que la tolerancia es "la virtud de convivir con el diferente, para poder pelear con el antagónico. Porque si peleo con el puramente diferente de mi y dejo en paz al antagónico de nosotros, en primer lugar hago una pelea sin significación, y en segundo lugar me canso y pierdo la pelea con el antagónico, que es la pelea fundamental".
Aunque a muchas personas les cueste asumirlo, se acabaron los tiempos de los dogmatismos, los sectarismos, las imposiciones, las vanguardias visionarias poseedoras de La razón y La verdad.

Parece claro -especialmente en un mundo tan complejo- que el cambio social solo será posible como resultado de la convivencia y la cooperación de muchas fuerzas diversas del universo plural de los colectivos y movimientos sociales.
Así pues, el primer reto que enfrentamos para poder cambiar el mundo pasa por la aceptación de la diversidad y por
el aprendizaje del diálogo y la tolerancia, de la escucha y el respeto mutuo.
Pasa por un cambio personal y colectivo, de las personas y sus organizaciones.

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