sábado, 5 de julio de 2008

PODER CIUDADANO

Estas pasadas semanas me ha tocado trabajar de nuevo los temas de la Participación Ciudadana a cuenta de los procesos que estamos apoyando, desde el CRAC en diferentes lugares.
En los últimos 15 años se han elaborado miles de reglamentos de participación, se han creado multitud de consejos sectoriales o barriales, se han puesto en marcha numerosos presupuestos participativos y no hay ayuntamiento que se precie que no cuente con una concejalía dedicada a la Participación Ciudadana.
Todo ello debiera haber transformado muchas poblaciones en espacios vivos de inteligencia colectiva y participación ciudadana.
Sin embargo -en mi opinión- no ha servido para producir un cambio significativo en el desarrollo de la democracia participativa, y, en la inmensa mayoría de nuestros pueblos y ciudades -más allá del color de quien gobierna- continúan predominando las formas autoritarias y verticales de entender y ejercer el poder político.
Es, como digo, algo que trasciende a la derecha o la izquierda: el poder se concibe como algo que se disputa y se gana -frente al adversario político- en cada cita electoral, y que tiene por objetivo controlar la mayor cantidad posible de decisiones en el máximo número posible de ámbitos de la vida colectiva.
Esa concepción acumulativa del poder, profundamente arraigada en la mentalidad de quienes gobiernan o aspiran a gobernar, es probablemente el principal obstáculo para el desarrollo real de la Participación Ciudadana.
Apostar por ella, por la democracia participativa, implica otra manera de entender y ejercer el poder: como algo que se comparte y se reparte, un poder que es tanto más fuerte cuantas más personas participan en la construcción colectiva de las decisiones y en su ejecución.
Quienes nos gobiernan son escasamente demócratas, aunque pasen por las urnas cada cuatro años, y suelen tener mucho miedo a la Participación Ciudadana, a compartir el poder, a tener que dialogar y negociar las decisiones, a perder el control de la situación.
Mientras tanto, en la inmensa mayoría de los casos, la Participación Ciudadana es una expresión vacía, un eufemismo más en esta sociedad de la simulación y la apariencia en la que lo importante es que "parezca que pasa", aunque realmente no pase nada .

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