domingo, 31 de agosto de 2008

Regreso (de vacaciones)

Verano tras verano llegan las vacaciones con la expectativa de romper con la cotidianeidad y la rutina, hacer cosas diferentes, vivir nuevas experiencias y emociones... para encontrarnos a menudo con las mismas luces y sombras (u otras muy parecidas) que pretendíamos dejar atrás.
Mis vacaciones han estado cumplidas de baños de mar, largas siestas, apasionantes lecturas (Paul Auster, magnífico), tardes de olimpiadas y películas, puestas de sol de cine, anocheceres de amigos, cañas y vinos, amaneceres de amor (y sexo)... y también de soledades y miedos, penas y dolores, malhumores, desconciertos, incertidumbres, desencuentros y pérdidas...
(No hablaré de las pérdidas que el verano ha traído en este año terrible: "Ay! dosmilocho, dosmilocho...!")
Las vacaciones son como la vida misma, están hechas de la misma materia (yin y yang).
No es ésta una ocurrencia pesimista, es algo que no debemos olvidar para que la frustración no nos devore, para poder reconocer las luces sin que las sombras nublen nuestra mirada (y para que las ausencias no duelan tanto).
Tras recibir el alta médica, hacer limpieza general en mi rincón de trabajo y soltar lastre de viejos papeles y diversos objetos inútiles en los contenedores de la esquina, regreso de las vacaciones (como si volviera de un país lejano ¡y no me he movido de Cádiz!) y cargado de buenos propósitos para el curso que comienza (como todos los años).
Propósitos para ocuparme de mi salud (sin dejar que ella lo ocupe todo), para no dejar de marchar (casi todas las tardes) por el Campo del Sur, al son de la música (de Mercedes Sosa, por ejemplo), mientras me cruzo y observo a las gentes (tan diferentes, tan parecidas), para insistir en la meditación (en busca del silencio interior), para trabajar menos (o tal vez, para trabajar mejor: sin tensión, con pasión), para priorizar las cosas importantes, para no descuidar a los amigos ni los afectos, para no olvidar los atardeceres románticos (ni lo amaneceres tiernos), para no dejar que las injusticias y las penas (¡mundo loco!) secuestren la sonrisa, para encontrar ese orden que siempre se me escapa (cuanto más lo persigo)...
Para mirar la vida con ojos blandos y el corazón abierto (con-pasión, compasión).

4 comentarios:

  1. Sólo un gaditano puede escribir como la haces

    Sigue así, me encanta

    Un saludo de una sevillana en Madrid que veranea en Chipiona y que vivió tres preciosos años en Almirante Apodaca

    Rosa Maria Vs Candela
    http://candela65.blogspot.com/

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  2. Gracias por tus palabras, Candela.
    Se ve que te gusta mucho Cádiz y añoras esos tres años que viviste aquí.
    No me extraña, yo llevo 12 años aquí (soy un gaditano de esos que nacen donde les da la gana, en este caso en Madrid) y me sería muy difícil vivir en otra parte.
    He echado un vistazo a tu novísimo blog, y tiene muy buena pinta. Me encantan Billie Holiday, Nina Simone, Diana Krall y esas mujeres reinas del jazz que frecuentan tu página.
    Un saludo muy cordial

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  3. Una sorpresa la llamada de hoy desde Montánchez, lástima no habernos visto. Preferiría el abrazo que no nos hemos dado ni en julio ni en agosto, pero menos que este saludo en tu blog sería nada. Se te ve bien, perfil marítimo al viento (¿o ventoso al mar?). Hemos pasado nuestra única semana de vacaciones pasada por agua (termal), no, no en el Raposo. Septiembre es puñetero, pero resistiremos.

    Un abrazo,
    jfgras

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  4. Querido Jose,
    Yo también hubiera querido tener tiempo para encontrarnos y darnos ese abrazo en vivo y en directo.
    Ya me contarás la experiencia acuática.
    Busquemos un pretexto para encontrarnos. Lo necesito.
    Un fuerte abrazo

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