domingo, 7 de septiembre de 2008

Cambio

El pasado mes de junio, le escuchaba a Joan Subirats -en una charla, aquí en Cádiz- preguntarse si estamos, como tantas veces hemos escuchado, en la "Era del Cambio" o no es más cierto que estamos ante un "Cambio de Era".
Vemos como se producen cambios en todos los órdenes de la vida, en las tecnologías, la economía y las formas de producción, en el medioambiente, la cultura, las relaciones sociales, en el trabajo, la estructura familiar,...y son cambios constantes, vertiginosos, que no parecen tener fin.
Cambios en lo macro y en lo micro, en lo global y lo local, que afectan a cada persona, a cada grupo, a cada organización, a cada comunidad social. No hay escape posible.
Nos enfrentamos a problemas y desafíos inéditos, de un alcance tal que podemos predecir que el mundo que resultará de todo esto tendrá poco o nada que ver con el que dejamos atrás, con el mundo que conocemos y hemos conocido en el pasado reciente.
Por eso, dice Subirats, parece más apropiado hablar de un "cambio de era", y en ello coincide con quienes, por ejemplo en América Latina, aseguran que estamos asistiendo a un "cambio civilizatorio".
Esos cambios continuos de la realidad nos someten a profundas tensiones. O somos capaces de cambiar, de superar nuestros miedos y resistencias, y convertimos el cambio en una oportunidad, en un recurso para transformarnos y transformar la realidad en la que vivimos, o los cambios nos desbordan y superan, nos convierten rápidamente en antigüallas, en residuos inútiles de otra época.
Para hacerles frente, no nos sirven las viejas respuestas del pasado, y carecemos de nuevos modelos, de referencias contrastadas, de respuestas establecidas. No tenemos otro remedio que inventar nuevas soluciones para los nuevos problemas y necesidades.
Hemos de aprender a pensar, decir y hacer las cosas de nuevas maneras. Y eso vale para todas las cosas, en el ámbito público y privado.
Sin duda, eso puede producirnos un gran vértigo, una sensación de atravesar el alambre sobre el vacío, sin agarres, sin referencias.
Pero, al mismo tiempo, también nos abre puertas y ventanas, nos hace mucho más libres para innovar, para imaginar y experimentar nuevas alternativas.
La creatividad -personal y social- se convierte en el recurso fundamental para construir un mundo nuevo.

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