lunes, 15 de septiembre de 2008

Simulación (no pasa nada)

Moisés dice: "¡Me cago en las formas!", y arremete contra la hipocresía y el cinismo que abundan en las relaciones personales, sociales y políticas.
Está aviado porque, en esta Sociedad de la Simulación (un nombre más para este tiempo que nos toca vivir), lo importante no es lo que es, sino lo que parece.
Simulación, disimulo, buenas formas, eufemismos... todo vale para ocultar la realidad, para hacernos creer que este es el mejor de los mundos posibles, para adormecernos con bonitos cuentos... chinos.
Nos venden humo. Ilusionismo social. Que parezca que somos felices. Que parezca que vivimos en una democracia. Que parezca que los derechos humanos son respetados. Que parezca que todo va bien. Que parezca que la fiesta del consumo y el derroche continúa y continuará por los siglos de los siglos.
¿Crisis? ¿Qué crisis?
Quienes (parece que) ostentan el poder temen, por encima de cualquier otra cosa, al conflicto social, a la rebelión de las masas, a que el personal despierte y reclame sus (supuestos) derechos, que le devuelvan la dignidad, la vida, el planeta... Es fundamental que parezca que nada ocurre, que todo sigue igual, que no hay problema, que esto es Hollywood.
Eso requiere que se gasten el dinero -fundamentalmente- en televisión y en armas.
La tele (con la publicidad como estandarte), herramienta fundamental para mantener la ficción, base esencial de la Sociedad del Espectáculo (otra caracterización de nuestro tiempo, y van...), maquina principal de simulación, que nos mantiene en casa, a salvo de la inseguridad de este mundo peligroso e incierto.
Las armas, por si es preciso recurrir a la represión, para evitar que las masas saqueen los centros comerciales (véase el Katrina), que la emigración (seducida por la televisión) asalte las fronteras, que nuestro mundo feliz sea amenazado.

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