lunes, 27 de octubre de 2008

Cuatro esquinitas... (un instante mínimo)

La anciana cierra los ojos y suspira profundamente, mientras él le cepilla el cabello blanco.
Sus rasgos se relajan, los ombros se aflojan, se queda muy quieta, y el cepillo recorre lentamente, una y otra vez, los finos mechones.
Es el final del rito de todos los días, antes de acostarse.
"Ya vale".
"Solo un poquito más", dice ella.
La anciana vuelve a suspirar y canturrea una canción infantil, al ritmo de sus pasitos cortos, camino de la cama.
El la mira atento a cualquier tropiezo.
La abraza (la cabeza de ella sobre su corazón) y la besa.
La ayuda a tumbarse, arregla las sábanas, la arropa.
Y le da otro beso, antes de apagar la luz, mientras le dice: "no te olvides de rezar tus oraciones".

3 comentarios:

  1. ¡Qué guapa!, y que tierno, tal cual eres. Me encanta.

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  2. No habia leido este antes, me encanto, muy hermoso realmente. :)

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  3. Saludos de nuevo, a la joven vampira!
    Qué sorpresa que te guste este pequeño relato!
    Es un instante real, un recuerdo de ese gesto -peinarle el cabello- repetido tantas veces con mi madre, que falleció el año pasado.
    Pero no es nada "gótico"!
    Un abrazo.

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