miércoles, 23 de diciembre de 2009

Por las buenas o por las malas

"El decrecimiento será, por las buenas o por las malas. O cambiamos -ya- de modelo y de sistema, para aprender a vivir, a producir y a consumir de otra manera, o la alternativa será el caos, la barbarie".
Hace unos días, Fernando Cembranos nos describía así un presente, que llamó de "amargura general", en el que los recursos básicos -el agua, el aire, el suelo...- están en pleno deterioro por causa de un sistema basado en el crecimiento sin límites y en el consumo progresivo de energía, para mayor beneficio de 200 grandes compañías multinacionales.
De una u otra forma, por las buenas o por las malas, estamos ante el fin de un modelo de vida y de sociedad.
En el futuro, necesariamente, habremos de vivir de otra manera, con mucho menos, cooperando y no compitiendo.
Este panorama parece refrendado por una gran cantidad de investigaciones científicas que, desde hace cuarenta años, nos vienen poniendo sobre aviso de los peligros de este sistema productivista, consumista, derrochador, contaminador, desigual, deshumanizante, excluyente...
Pero los poderosos y los gobernantes, los grandes medios de comunicación, han llamado catastrofistas a quienes han denunciado la situación y han preferido mirar para otro lado. Aquí no pasa nada. "Cuando pase esta crisis..."
En estos mismos días, hemos visto naufragar la Cumbre del Clima en Copenhage, hemos asistido al coro de grillos, al parloteo esteril de "los lideres mundiales", cobardes, defendiendo sus intereses mediocres, con ideas y discursos enanos, incapaces de ponerse de acuerdo en las medidas necesarias para hacer frente a los problemas de la humanidad, escurriendo el bulto.
Uno de los lemas de quienes, en las calles de Copenhage, reclamaban medidas era "si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado."
Es una vergüenza.
Que se vayan todos.
Ciertamente las perspectivas no son buenas, y no parece que "los lideres mundiales" vayan a hacer algo significativo para garantizar un futuro más optimista a la humanidad.
Pero no podemos cruzarnos de brazos, hacer como si nada ocurriese.
Tendremos que movilizarnos, en todo el mundo, frente a nuestros propios gobiernos, salir a la calle -como lo hicimos ante la Guerra de Irak- para exigir que se muevan y que movilicen a todos los demás gobiernos, y pongan en marcha las medidas necesarias, por encima de los intereses de las grandes empresas, aunque eso signifique cambiar de modelo y de sistema.
Por las buenas o por las malas.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Puentes

He trabajado -esta semana de puente- acompañando la reflexión colectiva de las gentes de una organización solidaria que construye puentes con/entre distintos grupos étnicos, culturales... y se ocupa de apoyar la integración social de la población inmigrante.
Hemos utilizado la técnica de "El Puente", descubierta hace algún tiempo en el FOFO3, de la mano de Pedro, Marcello, Inma y Bernabé.
Desde que la aprendí la he empleado en situaciones muy diversas, con grupos asociativos distintos y distantes, en Marruecos, en Cuba...
Me gusta usarla, porque la construcción colectiva de un puente con materiales básicos, cartulinas, tubos de papel higiénico, cinta adhesiva, etc., se convierte en un retrato plástico, vivencial del colectivo, de su forma de organizarse y trabajar en equipo, mostrando sus principales virtudes y defectos, y permite hacer un buen diagnóstico del estado de salud de la organización.
En este caso, como en el de muchas otras organizaciones solidarias de todos los campos y ámbitos de la acción social, el proyecto solidario -el puente que quieren construir- es más necesario que nunca.
Son tiempos difíciles para todo el mundo. También, y especialmente, para la población inmigrante, para los sectores sociales más vulnerables.
Por eso no hay que olvidar que las organizaciones solidarias encuentran su mayor sentido en los momentos más duros, en las épocas más oscuras.
Estos son también tiempos de transformaciones sociales profundas que requieren estructuras sencillas -puentes flexibles- capaces de adecuarse a los continuos cambios del terreno, del entorno.
Los recursos son hoy más escasos. Las crisis golpean siempre -en primer lugar- a las políticas sociales.
Pero, además, la inmigración ha dejado de ser una prioridad presupuestaria. Ya no necesitamos a las personas inmigrantes, ahora queremos que se vuelvan a sus países de origen.
Es un grave error: parece que nuestros gobiernos perfieran esperar a que la inmigración se convierta -necesariamente- en un problema, en una cuestión de orden público, antes de poner en marcha políticas adecuadas para la integración social de las personas inmigrantes. Entonces se lamentarán los medios y recursos que no se están poniendo hoy, que no se han puesto -en serio- nunca.
Pero en fin, a la hora de construir puentes, parece adecuado recordar aquello que recomedaba Saul Alinsky: "hacer lo que se pueda con lo que se tenga." A veces podremos levantar puentes complejos, de sólidos materiales, de sofisticado diseño, mientras que en otras ocasiones y circunstancias nos tocará tender modestos puentes de madera y cañas.
En cuanto a la cuadrilla de obreros y obreras que han de construir el puente, en el caso de muchas organizaciones solidarias contamos con un grupo humano heterogeneo, jóven, con fuerte presencia de mujeres, altamente cualificado y profesionalizado, y -en este caso, además- con una diversidad intercultural que lo hace particularmente rico y complejo.
Pero, al igual que en otras organizaciones, tienen algunos problemas de motivación, comunicación y liderazgo. Y parecen -por momentos- presa del desánimo, del cansancio y la desilusión.
Seguimos preguntándonos cómo organizar y gestionar equipos humanos eficaces y eficientes, capaces de producir resultados concretos, y al mismo tiempo horizontales, participativos, comprometidos con su causa, entusiasmados con la misión colectiva. Cómo combinar profesionalidad y compromiso.
No cabe duda que las organizaciones solidarias necesitamos mucha creatividad -y mucha ilusión- para innovar y poner en pie nuevas soluciones organizativas, nuevos métodos de trabajo que nos sirvan para construir mejores puentes.
Y -en estos tiempos revueltos, especialmente- las organizaciones solidarias tenemos que superar la improvisación, las prisas, el desorden, el estres... que parecen acompañar nuestro trabajo y que -a menudo- nos impiden pararnos a reflexionar colectivamente, a compartir los análisis y los proyectos.
Y es que -más que nunca- son importantes los puentes, los vínculos, los espacios de conexión, relación, conocimiento, intercambio...que sirvan para unir esfuerzos en la construcción de Otro Mundo Posible.

(Las fotos de puentes son de P. Medina, Elfo Tografo y Carlos Caicedo)

martes, 8 de diciembre de 2009

Dignidad

No se qué ocurrirá con Aminetu Haidar.
Deseo de todo corazón que regrese pronto -sana y salva- a su casa de El Aiun.
Resulta increible -en estos tiempos- que una sola mujer, con la única arma de su dignidad, pueda poner en evidencia la indecencia de los gobiernos -marroquí, español, etc., etc.-, la indignidad de quienes se llenan la boca con los "derechos humanos" pero miran hacia otro lado cuando éstos se vulneran tan cerca nuestro, en nuestra propia casa.
El pueblo saharaui ha sido olvidado, dejado a un lado, por intereses políticos y geoestratégicos.
Su frágil memoria, ha sido conservada viva por miles de personas sencillas que en estos años se han negado a aceptar la razón de estado, no han querido olvidar y callar.
Es cierto que el caso de Aminetu es una "patata caliente" para el Gobierno Español, pero es que nunca debiera haberse producido, no deberíamos haber tolerado que Marruecos ignorara las resoluciones de Naciones Unidas y los derechos del pueblo saharaui, no deberíamos haber aceptado su indigna expulsión de su tierra y de su casa.
Se que son muchas las razones a considerar, muchos los intereses en juego dentro de las relaciones con Marruecos.
Pero no todo puede ser calculo político, también está la dignidad.
Aminetu Haidar nos da cada día un fantástico ejemplo de dignidad, negandose a aceptar la imposición y la mentira, la violencia, la injusticia y la vulneración de los derechos humanos, aun a costa de su vida.
Creo que el gobierno de Marruecos no ha calculado bien las consecuencias de su expulsión, que está consiguiendo remover conciencias y movilizar la memoria y la simpatía de muchos miles de personas en todo el mundo hacia el triste destino del pueblo saharaui.
Todo eso lo está logrando la obcecada dignidad de una sola mujer.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Brechas Mentales

Decididamente, las organizaciones solidarias y los movimientos sociales no estamos aprovechando las inmensas posibilidades que ofrece Internet. Y el problema, tal vez, no es solo de "brechas tecnológicas" sino que responde a "brechas mentales" mucho más profundas.
El pasado fin de semana celebramos en Cádiz el Encuentro MOVIMIENTOS EN LA RED. Alli, tuvimos la oportunidad de conocer a fondo algunas interesantes experiencias: una web para concienciar a los jóvenes acerca de la igualdad entre hombres y mujeres y prevenir la violencia machista (www.redjovenes.es); una biblioteca virtual especializada en asociaciones y voluntariado (www.biva.es); una red global de medios de comunicación alternativos (www.estrecho.indymedia.org ); páginas web que sirven para organizar al movimiento ecologista (www.ecologistasenaccion-andalucia.org ), al movimiento pro derechos humanos (www.apdha.org ), a los consumidores (www.uniondeconsumidores.es ), o a las plataformas de voluntariado andaluzas (www.voluntariadoandaluz.es ); portales web que sirven a la comunicación de las asociaciones y movimientos sociales en Huelva (www.onubenses.org ), en Córdoba (www.cordobasolidaria.org), en Jerez (www.papalata.net ), o en Cádiz (www.redasociativa.org ); una comunidad transnacional interesada por el voluntariado (www.evoluntas.wordpress.com ), etc.
También disfrutamos de las ponencias de Olga Berrios y Felipe Giner, que nos ayudaron a pensar el presente y el futuro de los Movimientos Sociales en Internet.
Los debates confluían en un diagnóstico común: la apropiación social de las TIC, la ocupación de Internet por parte de las organizaciones solidarias en Andalucía y en el conjunto de España, está siendo mucho más lenta y dificultosa de lo que podíamos imaginar.
Es cierto que, en estos últimos años, se han distribuido -a cuenta de las subvenciones públicas- miles de ordenadores por las sedes de las asociaciones y ONGs. Es verdad que se han creado cientos, miles de páginas web para muchos de esos colectivos sociales. Pero lo cierto es que, al cabo del tiempo, pasada la moda, muchos de esos aparatos tienen un uso mínimo y una inmensa mayoría de esas páginas web están muertas de asco y ya ni recuerdan cuando fueron actualizadas por última vez.
Resulta difícil encontrar en Andalucía iniciativas punteras que muestren un uso imaginativo, dinámico, innovador, de las TIC y de Internet como herramienta de intervención y transformación social. Haberlas haylas, como demostró el propio Encuentro, pero no se corresponden con el enorme esfuerzo y con los grandes recursos empleados.
Y, entonces, ¿donde está el problema?
Sin duda, tiene que ver con la "brecha tecnológica", con el desconocimiento y falta de hábito en el uso de las nuevas tecnologías por una parte importante de la población, especialmente a partir de ciertas edades.
Pero, en el caso de las organizaciones solidarias, de las asociaciones y ONGs, tiene que ver -en mi opinión- con brechas aún más profundas.
Las TIC, Internet, son extraordinarias herramientas para facilitar la comunicación, la participación, la formación, etc., pero éstas no son cuestiones prioritarias para muchas pequeñas y medianas organizaciones que no han tomado conciencia, todavía, de la necesidad urgente de un cambio profundo en sus formas de actuación y organización que las convierta en nuevas organizaciones mejor comunicadas, más participativas, mejor formadas...
Y como no sienten esa necesidad, tampoco perciben la oportunidad de las herramientas, no les dan valor, no son algo a lo que deban dedicarle tiempo ni esfuerzo.
Las brechas, las principales barreras son mentales. Y mientras éstas no se superen, las TIC e Internet seguirán siendo algo accesorio, prescindible.
El reto es gordo, porque está en juego que las organizaciones solidarias pierdan el tren de la Revolución Tecnológica y se queden convertidas en residuos del pasado, en piezas de museo, o -por el contrario- sean capaces de convertir las nuevas tecnologías en aliadas de los procesos de transformación social que el mundo necesita.
Por eso, para unir fuerzas entre quienes apostamos por la transformación -también tecnológica- de las organizaciones solidarias, para seguir reflexionando juntas, decidimos crear un espacio efímero, provisional, donde seguir encontrándonos que llamamos PLANETA ANDALUZ.

(La foto es de Felipe Giner)

viernes, 20 de noviembre de 2009

La Participación (Ciudadana) en Tiempos Difíciles

Hace algunos días, tras un coloquio sobre la Participación Ciudadana con un grupo de concejales y concejalas de una hermosa ciudad, una de ellas me reprochaba que se "lo había puesto todo muy negro".
Tal vez sea cierto. Llevo una larga temporada debatiéndome en medio de aquél dilema gramsciano que hablaba del "pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad".
En fin, que me cuesta -un güevo- ser optimista.
Miro a la situación de una gran parte del tejido asociativo de nuestras ciudades, a la precariedad en la que se desenvuelven la inmensa mayoría de las pequeñas y medianas organizaciones solidarias (por no hablar de los problemas de "las grandes", que no son moco de pavo), a sus problemas de participación interna (son muy pocas personas las que las sostienen), a sus carencias en la comunicación social, a sus dificultades para hacer "sostenibles" sus organizaciones (lastradas por una perversa dependencia institucional)...
Miro a la atonía social generalizada, al individualismo y la individualización (que no "personalización") galopante, o sease, al aislamiento de un montón de gente en su micro-espacio físico o virtual. Pasando de todo.
Vivimos en una sociedad de derechos, pero no deberes. Las gentes no nos sentimos corresponsables de lo que ocurre en nuestro entorno. Para eso votamos cada cuatro años y delegamos toda nuestra responsabilidad en quienes salen elegidos. No queremos saber más nada.
En fin, abro el foco para mirar a este mundo loco, en el que lejos de enfrentar con decisión los retos y problemas (gordos) que tenemos y se nos vienen encima, parecemos huir hacia delante, hacia no se sabe qué ni donde. Y, como dicen en Cuba: "tanto me da Juana, como su hermana". Todo nos da lo mismo.
No es para ponerse a dar saltos de alegría.
Eso no quita el optimismo... de la voluntad.
Hoy, más que nunca, es necesario pelear por cambiar las cosas. Aunque no sepamos muy bien qué hacer ni cómo hacerlo.
El futuro de la Participación Ciudadana, de los movimientos sociales, de las asociaciones y organizaciones solidarias... ¿quien lo conoce? Vete a saber.
Pocas cosas estan claras.
Una de ellas, en relación a la Participación Ciudadana, es quizás la mejor estrategia para impulsarla en estos tiempos difíciles: fomentar el encuentro de las personas, el pensamiento colectivo, la expresión libre (y creativa), que la gente hable (y nos escuchemos), fomentar la construcción colectiva de los nuevos sueños, de los nuevos modelos y las nuevas formas de participación y organización social.
(La foto es de PictFactory)

martes, 27 de octubre de 2009

Lo Personal es lo Político






Este fin de semana pasado hemos celebrado en Zafra el Quinto Encuentro de Educación para la Participación, VE(s)PA.
Esta nueva ocasión -como las anteriores en Cádiz, Cáceres y La Laguna- ha sido una auténtica fiesta de encuentros -con nuevas y viejas amistades-, de afectos, de emociones, de reflexión -comprometida con la construcción de un mundo mejor-, de aprendizajes...
Más que nunca en encuentros anteriores, la creatividad ha sido el vehículo de la reflexión colectiva : la plástica, la música, la fotografía, la expresión corporal (incluido el Qi Gong)... se trataba de poner en funcionamiento todos los sentidos, aprender por todos los poros, generar nuevas miradas, nuevas músicas, nuevos gestos, nuevas expresiones... desde los cuales observar, interpretar y tratar de entender esta realidad confusa, caótica, en la que vivimos y trabajamos, esta realidad que queremos transformar.
Todos esos lenguajes creativos han sido los medios para reflexionar sobre la pregunta que nos trajo a Zafra: "cómo incorporar la subjetividad, la afectividad, las emociones... a nuestras prácticas de educación y transformación social".
Si, tenemos claro -aunque tal vez eso sea lo único que tenemos claro- que para transformar el mundo, la realidad, es imprescindible transformar (nos) las personas que lo habitamos.
Y esa transformación no será nunca el resultado de un proceso exclusivamente racional, reflexivo, de convencimiento intelectual... si no toca los afectos, la sensibilidad, las emociones, si no llegamos al corazón de las personas.
Porque vivimos y percibimos la realidad -para sufrirla y para disfrutarla- con todos los sentidos, no solo con la cabeza.
Intuimos que no hay fronteras, barreras, contradicciones... entre lo subjetivo y lo social, entre lo personal y lo político.
Nuestros miedos, pesadillas, incertidumbres, tristezas, inseguridades, soledades personales... no son sino el reflejo de un modelo de sociedad y de vida insostenible, desigual, injusto, competitivo, violento, deshumanizado...
Nuestros sueños no son sino el retrato de ese Otro Mundo Posible que queremos construir.
Cambiar a las personas significa cambiar el mundo. Cambiar el mundo significa cambiar a las personas.
Pero esta nueva percepción del cambio, de la transformación social -en mi opinión, revolucionaria- nos pilla en plena siesta, instalados en la acomodación, en la resignación, sin entrenamiento en el ejercicio de nuestros sentidos, en el compartir nuestros sentimientos y emociones, en la práctica de crear y construir nuevos sueños y utopías.
Quienes trabajamos en el ámbito de la intervención social transformadora, desde los movimientos sociales, desde los colectivos que quieren cambiar el mundo, y venimos de una cultura de la militancia, la disciplina sectaria, el discurso monolítico, la culpa... tenemos grandes dificultades -personales y colectivas- para abrirnos y aprender esos nuevos lenguajes necesarios, para incorporar nuevas formas y nuevas prácticas liberadoras, realmente alternativas, transformadoras, creadoras, innovadoras.
Para poder aportar algo significativo a la transformación social, nos toca -a nosotros y nosotras- empezar por cambiar, radical, profundamente. Desde el corazón.
Ese es el reto (personal y político). Apasionante.

domingo, 18 de octubre de 2009

La Sociedad Pasiva

La semana pasada estuve dándole vueltas a la Participación Ciudadana con un grupo de alcaldes, concejales, técnicos y técnicas municipales de una comarca de Extremadura.
La queja era generalizada: "no hay manera de que la gente se mueva", "esperan que todo lo haga el ayuntamiento", "si no hay dinero por medio, por propia iniciativa, la gente no hace nada"...
A mi regreso, una amiga gaditana con un hijo adolescente me contaba entre lagrimas que no sabe qué hacer con el niño. No quiere estudiar, tampoco quiere trabajar ni hacer nada en su casa y no está dispuesto a prescindir de la motocicleta que le compraron hace un año.
"No lo entiendo, no le ha faltado de nada, le hemos dado todo lo que podía desear. Y entonces...¿por qué no quiere hacer nada?"
Siento que las dos situaciones hablan de un mismo problema: las instituciones públicas paternalistas, al igual que los padres y madres sobreprotectores, han conseguido eliminar cualquier sentido de la responsabilidad y el esfuerzo en la ciudadanía o en la juventud, la han "malcriado".
Nos hemos anticipado a sus necesidades, a sus intereses, les hemos dado hechas las cosas, hemos suplido su iniciativa, les hemos ahorrado cualquier esfuerzo, hemos conseguido convencerles de que era tarea y responsabilidad de sus padres o de las instituciones públicas resolver todos sus problemas, satisfacer todos sus deseos.
Los ciudadanos y ciudadanas pensamos -por lo general- que la culpa de la crisis y el desempleo la tiene el gobierno, pero también tiene la culpa de que nieve en invierno y se colapsen las carreteras, o de que la gota fria cause inundaciones, o de que nuestro equipo de fútbol baje a segunda.
Votamos -o no- cada cuatro años y delegamos toda responsabilidad, pública pero también privada, en las personas elegidas, a ellas les corresponde dar solución a todos los problemas, y que tengamos trabajo, y podamos pagar la hipoteca, y encontremos aparcamiento, y...
Hemos conseguido una sociedad donde prima la ideología de la delegación (la culpa siempre es de otros), donde imperan la pasividad y la falta de iniciativa (que piensen y busquen soluciones otros), una sociedad de derechos pero no de deberes, una sociedad de consumidores y consumidoras, pero no de participantes.
Tanto a los políticos y técnicos municipales, como a mi amiga les preguntaba yo: "¿Y qué esperábamos? ¿Por qué nos sorprende? ¿Acaso, educamos a la ciudadanía o a nuestros hijos para otra cosa."

sábado, 3 de octubre de 2009

Paños calientes y medias tintas

Históricamente, la derecha, los sectores más conservadores han tenido pocos escrúpulos para defender ruidosamente sus ideas y posiciones, por estrafalarias que estas fueran.
Ahora mismo, quienes nos metieron en esta crisis económica con su defensa a ultranza del capitalismo neoliberal, son los que pretenden imponer las condiciones de salida, haciéndosela pagar a los sectores más debiles.
Quienes reclaman un despido más barato para sus empleados no tienen problema en asignarse indemnizaciones millonarias.
Quienes denuncian la imposición de valores ajenos -como en el caso de la Educación para la Ciudadanía- no tienen el menor empacho en pretender imponer los suyos al resto de la sociedad.
Son solo algunos ejemplos, entre muchos, de esta falta de pudor y de complejos.
Por otra parte, los sectores sociales más progresistas, la izquierda está fragmentada, dividida en multiples tendencias, sin ser capaz de encontrar un mínimo común multiplicador. Pero, además, se muestra acomplejada, sin ánimo de defender en la calle, en los lugares de trabajo y las reuniones familiares, en la vida cotidiana, los que han sido sus valores más apreciados.
Pareciera que, tras la caida del Muro de Berlín y la crisis del socialismo, sintieran una cierta vergüenza por sus viejas posiciones, un complejo de culpa diferido, que les llevara a plantear sus ideas con la boca chica, con muchos paños calientes y medias tintas.
Creo que es un error, un gran error, y que, en ese afán de no molestar y no asustar a otros sectores sociales, la única voz que acaba escuchándose es la de quienes, sin escrúpulo alguno, pretenden que nada cambie a no ser que sea en su beneficio particular.
Pero hay otras voces, otros mensajes que siguen siendo necesarios, aunque puedan -y deban- incomodar a ciertos sectores.
Por ejemplo, aquello de "que paguen más quienes más tienen". Si, que suban los impuestos directos a quienes tienen mucho más de lo que necesitan, para redistribuirlo entre quienes carecen de recursos básicos.
O la defensa de una "democracia participativa", basada en la participación real de ciudadanos y ciudadanas y no solo en el "electoralismo de mercado". Listas abiertas y mecanismos efectivos de participación y control social de la acción política.
Y aquello otro de la "solidaridad y la cooperación", la apuesta radical por el apoyo a los más desfavorecidos, por la desaparición de la pobreza, y el 0,7% para la cooperación con los países empobrecidos.
O lo de que "ninguna persona es ilegal", la defensa de una sociedad multicultural, basada en la convivencia, el respeto mutuo, el mestizaje.
Y la convicción de que con el medioambiente no cabe la especulación, "nucleares no, gracias".
O también aquello otro de "las mujeres paren, las mujeres deciden".
Como éstas hay más ideas, más valores, que es preciso seguir defendiendo con voz clara y alta, si es posible a coro.
Un día despues de publicar esta nota, Josep Ramoneda escribe en EL PAIS DOMINGO un artículo titulado "La Izquierda Atrapada", que habla -con mejor estilo- sobre las mismas ambigüedades.

sábado, 26 de septiembre de 2009

AlieNación

Siento que nos encontramos en un momento de alienación colectiva, de crisis de valores, de los más profundos de nuestra historia reciente.
Dice Manuel Cruz, en un artículo titulado "Lo que trajo el ocaso de las ideologías", publicado en EL PAIS de ayer sábado, que "el problema sobreviene cuando la gente se emociona más ante los colores de su equipo de fútbol que ante el sufrimiento ajeno. Y es aquí donde parece que ya estamos."
En esta sociedad nuestra, privilegiada, pudiente y derrochadora -por mucha crisis económica, financiera, medioambiental, etc., que haya- hacemos ostentación de una frivolidad, de una ausencia de valores, que llega a resultar indecente.
Con la que está cayendo, en medio de esas distintas crisis que padecemos (unos más que otros, porque a países como el nuestro -a pesar de todos los pesares- nos toca la mejor parte), las cuestiones que más parecen preocuparnos -o al menos ocuparnos- tienen más que ver con los avatares de la Liga de fútbol, el derecho a emborracharse de los jóvenes, el estilo gótico de las niñas de Zapatero, el último modelo de teléfono móvil, la disputa entre la Campanario y la Esteban, o con cualquier otro tema banal de los que tanto abundan en esta "Sociedad Espectáculo".
Creo que, tal vez por causa de la perplejidad y el desconcierto, a fuerza de huir de las distintas incertidumbres, estamos perdiendo el norte y el sentido de la realidad, adentrándonos peligrosamente en el territorio del surrealismo social, a punto de alcanzar el nivel de "pensamiento cero" sobre el que nos prevenía Saramago.
No me refiero solo a las "masas populares", supuestamente proclives a la alienación y la manipulación.
Estoy pensando en los grupos y sectores sociales más preparados y avanzados, en profesionales y técnicos, en artistas e intelectuales, en activistas y organizaciones sociales, en las asociaciones ciudadanas. En quienes deberíamos destacar por nuestra sensibilidad y conciencia, por nuestro compromiso ético.
Toni Puig, en el primero de los Talleres Intermitentes MIRADAS CIUDADANAS que hemos iniciado en Cádiz, nos reprochaba estos días a las asociaciones que "estamos instaladas en la Santa Gestión de servicios, cuando lo que necesitamos son asociaciones que movilicen a los ciudadanos para transformar la ciudad, el mundo y la vida, con valores."
¿Acaso seguimos enfrascadas en la supervivencia de nuestros chiringuitos, en la defensa de nuestra singularidad insignificante, en la disputa sectaria frente a los otros, a los que no siendo idénticos debieramos ser aliados y cómplices en la construcción de una sociedad y un mundo mejor?
¿Donde está nuestra voz, nuestro grito, nuestra protesta, nuestra propuesta de otros valores y otras formas de pensar y actuar?
Vuelvo a pensar en la Revolución Etica, entendida como la recuperación, el "rearme de valores éticos" que precisa urgentemente nuestra sociedad y nuestro mundo.
Me pregunto quienes van a ser los revolucionarios que la lideren.
Y a pesar del optimismo que me he impuesto, para no caer en el lado oscuro, un escalofrío me recorre la espalda.

viernes, 18 de septiembre de 2009

La condición perpleja

La semana ha abundado en "señales de perplejidad".
Un amigo de Jose se sume en la perplejidad aguda, porque -en medio de la crisis- se le acumulan los problemas, más que los retos. Y el caso es que, por mucho que lo intente y muy bien que lo haga, su pequeña empresa no consigue levantar cabeza.
También Antonio, para inaugurar su blog, nos cuenta como unas amigas y compañeras se sienten tocadas y hundidas, con la sensación de estar siempre empezando.
Hilario, hombre perplejo y lobo de mar vocacional, me escribe: "¿Qué tal la crisis? Yo oigo hablar de ella y me hace sentir como cuando en medio del mar se inicia una tormenta. Nunca se sabe si traerá un temporal o si te dará tiempo a llegar a puerto. Mi sensación es que ahora se nota mucho más claro que hace tiempo que no llevamos ningún rumbo".
Parece que, a cuenta de la crisis, el desconcierto, la perplejidad -como la Gripe A, miedo incluido- está consiguiendo penetrar hasta lo más profundo de la cabeza y el corazón de las gentes.
Recuerdo a aquél viejo profesor escocés que, hace muchos años, nos avisaba de que "la confusión es el estado natural del ser humano."
Tal vez, lo que nos ocurre es que, hasta hace dos telediarios, nos han vendido -y las hemos comprado- conquistas y seguridades que solo eran cartón piedra.
Y ahora nos cuesta asumir que la incertidumbre es condición de la vida.
Comparto la extendida sensación de que nadie sabe por donde vamos ni qué va a pasar.
Nuestros "líderes", sociales, políticos, económicos... tienen menos vista -larga- que Pepe Leches.
En fin, uno esperaría, si no certezas y seguridades, si -al menos- decisión, valentía para proponer nuevos rumbos, nuevas metas.
Pero ésta es también una crísis de imaginación y nadie se atreve a señalar nuevos objetivos y utopías, a plantear cambios ilusionantes, horizontes renovados, aprovechando que el viejo escenario parece derrumbarse.
Toda la preocupación parece reducirse a aquello de "virgencita, que me quede como estaba", que no cambie nada.
Esto de la perplejidad y la confusión, puestos a ser optimistas, también puede tener sus ventajas: quizás -a fuerza de desconcierto- acabemos aprendiendo a pensar por nuestra cuenta, a buscar nuevas soluciones, a inventar nuevas formas de vida.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Hacer el mono

Dentro de poco vendrá a Cádiz Roberto Tato Iglesias a dinamizar un "Taller Trashumante" cuya pregunta central es: "¿Se puede cambiar el mundo?".
Parece que la "ideología de la impotencia", que denuncia Eduardo Galeano, cunde -con el miedo- entre la gente y nos susurra insistentemente al oído: "No se puede, no se puede, no se puede..."
Me pregunto, en primer lugar, qué entendemos por "cambiar el mundo".
Tal vez nuestra expectativa es demasiado grande, pretendemos que cambie TODO, y que cambie AHORA, que desaparezcan -mañana mismo- las injusticias, la pobreza, la violencia, la opresión, la desigualdad...
Y como es imposible, irreal, mágico... nos causa decepción, frustración, desaliento.
Pero, esa manera de entender los cambios, así, "total", grandilocuente, nos impide percibir los miles, los millones de cambios cotidianos que se producen día a día.
Si, el mundo cambia todos los días, en muchos lugares, por la acción humilde de muchas personas, millones, que modifican su entorno, su cotidianiedad, que influyen en muchas otras personas cercanas, contribuyendo a cambiar su forma de pensar, de decir, de hacer... convirtiéndolas en nuevos actores de nuevos cambios.
El otro día, en un comentario, mencionaba la "teoría del centésimo mono", que sostiene lo siguiente:

Los científicos japoneses han estado estudiando las colonias de monos Macaca Fuscata en las islas de aquél archipiélago desde hace muchos años. En 1952, en la isla de Koshima, dejaban batatas en la playa para que salieran de los árboles a comérselas y, así, poderles observar con mayor facilidad.
Un día una hembra de 18 meses llamada Imo lavó la batata en el mar antes de comérsela. Imo enseñó a sus compañeros y a su madre a hacerlo, y, a su vez, sus amigos se lo enseñaron a sus madres, y cada vez había mas monos que lavaban sus batatas en lugar de comérselas llenas de arena.
Hasta que un día los observadores vieron que todos los monos de la isla lavaban sus batatas. Esto fue significativo, pero lo mas fascinante fue cuando la conducta de los monos del resto de las islas cercanas también cambió a pesar de que las colonias de monos no tenían contacto entre sí: ahora todos lavaban sus batatas.
La “teoría del centésimo mono” sostiene que cuando un cierto número crítico de personas adquiere un conocimiento, y produce un cambio, el campo transformador se fortalece de tal manera que éste se transmite masivamente de unos a otros miembros de la especie.”

El caso es que, si imitamos a los monos, si vamos sumando -tacita a tacita- las pequeñas acciones de esos millones de personas, si acumulamos masa crítica... parece inevitable que llegarán los grandes cambios.
Aunque tal vez eso requiera paciencia, y constancia. No será tan fácil ni tan rapido como desearíamos.
Me ha tocado, en muchos cursos y charlas, combatir esa "ideología de la impotencia" -que nos dice que "las cosas son como son y el mundo no va a cambiar"- y para ello he recordado, con frecuencia, a aquellas primeras mujeres que reclamaban el voto hace poco más de 100 años, o a los hippies que reivindicaban la paz, el amor y la vuelta a la naturaleza, hace unos 50 años, y tantos y tantos ejemplos como nos ofrece la Historia de pequeños grupos de personas, que como los monos de la teoría, un buen día se negaron a aceptar las cosas tal y como eran, y empezaron a hacer las cosas de otra manera...
¿Cambiaron el mundo o no?

domingo, 6 de septiembre de 2009

No Consumo

Cuando estalló esta crisis económica, dejando a la vista de todo el mundo la codicia y la ausencia de cualquier ética por parte de los especuladores financieros y depredadores del capitalismo salvaje, en medio del escándalo, parecía que se abría una pequeña rendija para cambiar el mundo, o al menos cambiar -aunque fuera solo un poquito- el modelo económico capitalista-consumista del que formamos parte.
Mucho se habló de la necesidad de una nueva ética, de ecología, sostenibilidad, solidaridad... como principios que debían fundamentar un nuevo modelo económico y social.
Hoy, aquellas esperanzas se demuestran espejismos, creados por la mala conciencia -pasajera- de quienes mandan y gobiernan el mundo para beneficio de unos pocos.
Se diría que todos los cambios éticos han pasado al olvido, e incluso los tímidos intentos por regular y limitar los beneficios de los grandes directivos financieros, parecen condenados al fracaso.
Cuando se adivina una luz al final del tunel de la crisis, quienes pusieron la mano para recibir las multimillonarias ayudas públicas para salvar sus bancos y sus empresas, recuperan su avidez, se olvidan de los buenos propósitos y nos auguran más de lo mismo: especulación, corrupción, desigualdad, miseria, contaminación...
No es posible.
Es suicida.
Es preciso que, frente a los especuladores, a los poderosos... reaccionemos las gentes de a pie. En lo público y en lo privado.
En lo público, nos toca (no se cómo) exigir a los gobernantes que cambien los usos y costumbres, los viejos valores y principios, que ya no pueden ser los mismos que eran.
Pero no vale echar balones fuera.También se requieren cambios profundos en lo privado, en la vida personal y familiar de cada cual, no cabe hacer como si nada pasara.
No podemos seguir consumiendo y consumiendo y consumiendo... sin ser conscientes de la agresión al planeta que implica, de la injusticia en el reparto desigual de la riqueza, de la violencia global sobre la que se asienta...
Creo, al menos para mi, para mi vida y mi familia, que ese cambio pasa necesariamente por la austeridad, por el No Consumo, por aprender a reciclar, a reutilizar, a compartir, recuperar el gusto por el "hágalo usted mismo", aprender a vivir con menos.
Recuerdo ahora el cuento de "la camisa del hombre feliz" que mi padre me contaba de niño y que acababa con el descubrimiento de que el hombre feliz no tenía camisa.
Pues eso, como dice el viejo aforismo, "no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita".

martes, 1 de septiembre de 2009

Regreso del silencio

De vuelta, al trabajo y a las palabras, después de unas vacaciones plenas.
Muchas muchas lecturas, baños en la playa cercana, siestas grandes y pequeñas, una escapada a Huérmeces, para reencontrar viejos paisajes y viejos amigos, Madrid caluroso y mestizo...
En gran parte, he cumplido mi propósito de escucha y de silencio.
Me ha venido bien: es como si las palabras brotaran ahora más frescas, más limpias.
El curso de Qi Gong (en Becerril de la sierra, con el maestro Alain Baudet) ha sido -en ese y en muchos sentidos- fenomenal. Con mucha meditación, inmóvil y en movimiento, con la energía -el Qi- fluyendo y llenando los espacios exteriores y los huecos interiores, con muchos aprendizajes.
Rescato y comparto aquí algunas frases, algunas enseñanzas fundamentales de esos días.
Por ejemplo, "cuanto más profundizamos, más principiantes somos, más conscientes de lo poco que sabemos".
O esta máxima fundamental, "respirar, a fondo, con plena conciencia, con todo el cuerpo, en todas las circunstancias. Respirar siempre."
También, este elogio del bostezo: "aunque nos hayan dicho siempre que es de mala educación, bostezar es importante, abre, dilata los diafragmas."
Y esto otro, que es casi una guía de vida: "soltar, aflojar, desbloquear... y recibir con una sonrisa todo lo que llegue."
Otro más, en la misma línea, "cultivar la mirada del aguila, sin apegos, sobrevolando por encima de los acontecimientos."
En fin, regreso con las pilas cargadas para los próximos meses, dispuesto a "estirar" este estado de ánimo (respirante, bostezante, sonriente, con mirada de aguila...) hasta donde sea capaz.

viernes, 31 de julio de 2009

Silencio

"Habla simplemente cuando sea necesario.
Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.

Si no tienes nada verdadero, nuevo y útil que decir es mejor quedarse callado y no decir nada.
Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía.
Tu silencio interno te vuelve sereno."
Texto taoista

Lo cierto es que mi vida está llena de palabras.
Mi trabajo requiere hablar y escribir. Mucho. Continuamente. Desde hace mucho tiempo.
Y, luego, este mundo está repleto de palabras inútiles y vacías, saturado de ruidos.
Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla.
Entre tanta palabra que aturde, a veces es difícil encontrarse.
Tal vez por eso me atrajeron el Tai chi, el Qi gong, la meditación y esos caminos orientales... buscando el silencio interior, la armonía, el equilibrio frente a tanto ruido.
Algo cambió después del infarto.
Creo que me he vuelto más silencioso. Eso dice también mi mujer. O es, quizás, que echo más de menos y valoro más el silencio.
Hoy entiendo mejor lo que dice ese texto taoista.
Ahora me cuesta más hablar frente a un grupo, participar en una charla, soltar un discurso, dejar salir las palabras.
Me pregunto por su sentido y por su verdad. En medio de tanto ruido.
¿Son necesarias, acaso?
A punto de "ponerme" de vacaciones, este es uno de mis planes, darle más tiempo al silencio.
Tiempo para la meditación, para caminar por la orilla del mar, para dejar pasar -sin prisa- el tiempo.
Entre tanto descanso, me guardo cinco días para un curso de Qi gong, que no es sino un pretexto, también, para el silencio, silencio para escuchar y aprender a ser como un espejo.
Y, hablando de silencio (que es un buen oximorón), también guardaré silencio aquí, en este blog amigo.
Hasta septiembre.
Un abrazo en silencio.

viernes, 24 de julio de 2009

Enseñando innovación

El amigo Asier cuelga en el Caralibro un pequeño video de un profesor que dice a sus jóvenes alumnos y alumnas: "van a ver lo que es la innovación, nada parecido a lo que ustedes creen, lo vamos a ver ahorita", mientras un alumno prepara el cañón de proyección.
Asier califica la escena de "espeluznante" y, efectivamente, no puede ser más convencional, repleta de suspiros y caras aburridas.
Bien pudiera ser que, una vez más, se confundiera la innovación con el uso de las tecnologías. Y, en todo caso, demuestra que se puede "enseñar innovación" con los métodos más arcaicos.
Esta anecdota, me ha recordado otras dos.
La primera es aquel viejo chiste de Cuadernos de Pedagogía en el que un profesor dice a su clase: "A partir de ahora nunca más volveremos a utilizar métodos repetitivos. Repitan conmigo: a partir de ahora nunca más..."
Me gusta utilizar este chiste en los cursos de formacion de formador+s, para ilustrar la idea de la "coherencia metodológica".
La segunda, también relacionada con la formación de formador+s, es la sorpresa que siguen experimentando en mis cursos muchas personas cuando se encuentran las sillas del aula dispuestas en círculo y sin mesas tras las cuales parapetarse.
Es algo que aprendí hace cerca de 40 años, y que ya venían aplicando muchos educadores y educadoras de personas adultas, en la Educación Popular y la Animación Sociocultural, desde mucho tiempo antes.
Pues bien, despues de más de medio siglo, para mucha gente sigue siendo una novedad, una "innovación formativa", destacada en los cuestionarios de evaluación.
Eso me lleva a pensar que la significación de la innovación está en relación directa con el arcaísmo de la situación. La rueda puede ser innovadora para ciertas tribus primitivas.
También, me confirma en que el reto de la innovación no tiene tanto que ver con la invención de nuevas cosas, con el uso de nuevas herramientas, como con la apertura de las mentes, con la capacidad de atreverse a pensar y hacer las cosas de otra manera.
Y eso parece mucho más difícil de "enseñar".

miércoles, 8 de julio de 2009

La mala leche

Aunque me hubiera gustado no haber dañado nunca a otras personas, se que -con toda seguridad- he cometido muchos errores en mi vida, y algunos de ellos -sin duda- habrán afectado y herido a otras personas.
Quisiera creer que la cosa no ha sido grave en ningún caso, pero esto es siempre algo subjetivo.
Así que tengo mis "pedradas", todo un saco de defectos, pero no soy -creo- una persona rencorosa.
A aquellas personas que me hicieron daño, hace mucho que las he perdonado, y hasta olvidado en ciertos casos.
Me gustaría que hubieran hecho lo mismo conmigo quienes sufrieron mis defectos y errores.
Sin embargo, al cabo del tiempo, siguen llegándome de vez en cuando noticias de personas que conservan vivo su rencor hacia mi, en algunos casos convertido en mala leche y en maledicencias.
Mentiría si dijera que no me importa.
Todavía sigue afectándome el desamor, el rechazo de otras personas, especialmente si fueron importantes para mi en algún momento, y creo que ese sentimiento me acompañará mientras viva.
Pero es un sentimiento que pasa y, al cabo de un rato -más o menos largo según sea de intenso el recuerdo de esa persona- se convierte en pena por ella.
No soy capaz de entender como, mucho tiempo después, hay gente que cultiva sus rencores y mantiene abiertas sus heridas. Me parece algo triste. Una desgracia cualquiera.
Lo siento por esas personas.
El odio, el rencor, la mala leche, son sentimientos que envenenan y dañan a quien los siente. No hay nada de constructivo ni creativo en ellos.
Si asumimos que no somos personas perfectas, y aspiramos a recibir el perdón de las demás personas, eso requiere necesariamente que aceptemos la imperfección también en ellas y aprendamos a perdonarlas.

jueves, 2 de julio de 2009

Efectos de los afectos

Este pasado fin de semana concluíamos un curso sobre "Redes Asociativas" que ha durado cerca de tres meses y se ha desarrollado mediante tres encuentros presenciales y 10 semanas de formación virtual.
Lo iniciaron 25 personas, miembros de asociaciones y colectivos solidarios de diversas partes de Andalucía, y han llegado hasta el final 15 de ellas.
Se trata de un buen porcentaje de "fidelidad" al curso, teniendo en cuenta los altos niveles de deserción habituales en la formación asociativa, y más en cursos tan prolongados y que exigen un grado tan alto de participación y un buen manejo de las TIC.
En estos resultados sin duda ha tenido mucho que ver una metodología de formación activa y participativa, en la que el protagonismo principal es de los miembros del grupo de aprendizaje y de su experiencia cotidiana, y las aportaciones de las personas formadoras se subordinan a esta dinámica de intercambio y construcción colectiva.
Pero las personas participantes, sin menospreciar la importancia de la metodología o el interés de los temas trabajados, destacan en sus evaluaciones el buen rollo, la construcción de un buen clima de relación, el conocimiento mutuo, la confianza y el desarrollo de lazos de afecto entre quienes han formado el grupo.
Tienen razón, se trata de algo que hemos cuidado y cuidamos siempre, con el máximo mimo, en estos cursos.
Por un lado, tenemos comprobado que la articulación de "lo colectivo", el fortalecimiento de los engranajes de interacción, el desarrollo de "el grupo"... resulta fundamental para hacer posible el intercambio de experiencias y el diálogo de saberes, la construcción colectiva de conocimientos.
Esto es doblemente importante cuando los procesos formativos incorporan una parte virtual (cosa que será cada vez más frecuente), pues la "virtualidad", el no "verse las caras", puede convertirse en una dificultad, en un obstáculo insuperable para lograr esa interacción pretendida.
Pero además -como ya hemos comentado en alguna ocasión anterior- es que en esta Sociedad de la Comunicación y el Conocimiento nos sentimos muy solas, necesitamos compartir con otras personas, ser y sentirnos parte de algo, de un grupo, de una colectividad, en la que seamos reconocidas y escuchadas, donde podamos compartir nuestras necesidades, las alegrías y las tristezas, los logros y las dificultades.
Creo que, además de ser una clave fundamental de la formación que viene, aquí se encuentra también una clave de futuro de las asociaciones, que hemos de revalorizar: nuestra condición de espacios (¿en extinción?) para poder compartir y hacer cosas juntas, para construir nuestros afectos y, desde ellos, por su efectos, construir un mundo mejor para todas y todos.

jueves, 25 de junio de 2009

Ganar elecciones y perder la democracia

El otro día, en una parada de autobús, un señor airado -porque el bús no llegaba- me dijo aquello de "con Franco esto no pasaba" y lo otro de "todos los políticos son iguales".
Estuve a punto de soltarle un exabrupto, de montarle un pollo, pero me contuve a tiempo, acordándome de mi cardiólogo y sus recomendaciones de "sobre todo, no se irrite, tómese las cosas con calma".
Así que, sin decirle nada, le miré con cara de pena y me fuí caminando hasta la siguiente parada.
Pero confesaré que me resulta difícil mantener la calma, y que en estos días sigo con "bronca" a cuenta de los temas de la Participación Ciudadana y sus frustraciones.
Creo que se me nota bastante, y es que soy incapaz de disimular los cabreos.
No solo porque -en clave personal- es mucho tiempo peleando estos temas para descubrir que -después de más de 30 años de democracia- hemos avanzado poco.
Es, sobre todo, porque creo -y he creido siempre- que en ello nos jugamos el futuro.
No es posible soñar un futuro mejor, otro mundo posible, que no pase por la participación social y la profundización de la democracia, por la inteligencia colectiva y la construcción colectiva de espacios de "poder social".
Pero, mientras tanto, crece la desafección popular hacia la democracia, crece el abstencionismo y el cinismo político, la percepción social de que "todos son iguales", el "pasar" de la política para dejarla en manos de sujetos como el impresentable Berlusconi (al que, al menos en su pretensión de impunidad, le están saliendo muchos imitadores por estos lares).
Las instituciones políticas, los partidos, no se atreven -¿no pueden?¿no saben?¿no quieren?- a meterle mano al asunto, a producir las transformaciones necesarias que el viejo sistema precisa. Ello implicaría cambios profundos en su propia casa, en sus propias organizaciones, en sus valores y en sus prácticas políticas.
Hace algunos años, en Burgos, conseguí escandalizar a algunos concejales y políticos locales cuando defendí en unas jornadas la necesidad de apostar por la democracia participativa (y por la ética política), "aunque sea a costa de perder las próximas elecciones".
Aquello no les entraba en la cabeza, preferían ganar elecciones, aunque la gente abomine de la política.

miércoles, 17 de junio de 2009

Sin tiempo para tejer redes

Andamos estos días con mucho trabajo, tratando de poner en pie una experiencia que llamamos la Escuela Itinerante y que, básicamente, consiste en poner al alcance de las asociaciones y organizaciones solidarias, en las distintas poblaciones de la Bahia de Cádiz, un espacio abierto de encuentro.
En plena Sociedad de la Comunicación una de las principales amenazas para las organizaciones solidarias es el aislamiento, el espejismo del "juanpalomismo", creer que estamos solas, que hemos de conseguir -con nuestras únicas fuerzas- los objetivos de cambio y transformación social que se proponen nuestras organizaciones.
Misión imposible. Promesas de frustración.
O somos capaces de sumar fuerzas -sin renunciar a la diversidad- o nuestro futuro se llama "insignificancia social".
Nuestro diagnóstico es que ahí está una de las necesidades más básicas de los colectivos y movimientos sociales: poder expresarse, escucharse, conocerse y reconocerse.
Parece elemental, demasiado básico, pero es clave, imprescindible para poder alcanzar otros niveles de intercambio y cooperación, para poder llegar a "trabajar en red"
Pero es muy dificil. Las asociaciones, ONGs, colectivos solidarios, etc., estamos sostenidas por muy pocas personas, tenemos demasiadas tareas, cada vez más complejas, nos falta tiempo.
Lo urgente devora lo importante.
Y nuestras prioridades son otras.
Y nuestros valores siguen siendo -a menudo- individualistas, competitivos, sectarios, excluyentes...
No tenemos tiempo -ni, muchas veces, ganas- para encontrarnos con otros colectivos y organizaciones solidarias.
Y la pescadilla se muerde la cola sin que seamos capaces de romper esa lógica perversa.

sábado, 6 de junio de 2009

"Cuando como como..."¿Cuando? ¿Cómo?

El cuento zen dice que había un hombre cuya fama de sabio llegaba tan lejos que un erudito viajó una gran distancia para conocerlo. Durante varios días observó como aquel hombre realizaba las tareas cotidianas más corrientes, sin escuchar una sola enseñanza suya. Al fin, se atrevió a preguntarle: "Dime, por qué tienes fama de sabio y sin embargo no sale una sola enseñanza de tu boca". A lo que el hombre sabio respondió: "Es que, yo cuando como como, y cuando duermo duermo."
El cuento viene a cuento porque aquella percepción de la sabiduría que consistía en estar -a tope- en lo que estás, con toda tu atención, parece cosa del pasado.
Hace algunos días comentaba con un amigo mis dificultades crecientes para "alimentar" regularmente este blog y seguir los blogs de otros amigos y amigas, para aportar notas al Caralibro (léase Facebook, o Feisbu) y conocer las mil cosas interesantes que se reflejan en él (más cuanto más "amigos" se suman a la lista), para trabajar todos días, y hacer vida de familia, y cultivar las relaciones con los amigos, y leer buenos libros, y pasear por la playa, y... ¿Cómo? ¿Cuando?
En plena Revolución Tecnológica, resulta apasionante tanta información y tanta comunicación, pero tendría que dedicarle todo el tiempo a "estar al día".
Y eso que mi participación en los nuevos medios y redes de comunicación es más bien "modesta", al menos en comparación con otros amigos y amigas que parecen vivir conectados permanentemente a la Red.
Por mi parte, leo por encima, me entero superficialmente, tengo una visión general... pero no me pidas detalles.
Mi amigo me habla de las "lecturas de guerrilla" y del "zapping mental".
Y yo tengo la sensación de estar haciendo todo... sin profundizar en nada.
Otra amiga me dice que es imposible "cuidar" algo o a alguien sin dedicarle el tiempo necesario, y que por eso -en este tiempo nuestro- acabamos descuidando las relaciones y los afectos, que son insatisfactorios y superficiales.
Creo que necesitamos encontrar el "punto medio", el equilibrio entre tanta dispersión, para dar sentido a lo que hacemos.
Por mi parte, me hago el propósito de -sin resistirme a ellos- no intentar perseguir la velocidad de los cambios. No estaré en más redes sociales, ni buscaré más "amigos", ni me obligaré a escribir nuevas "entradas" a plazo fijo, dejando que broten solo aquellas que sean sentidas, cuando tengan que brotar.
Intentaré poner toda mi atención en cada momento, sin prisas, sin ansiedades, comer cuando como, dormir cuando duermo.

domingo, 31 de mayo de 2009

¿Por qué le llaman "Innovación" cuando quieren decir "Tecnología"?

Aunque existen gloriosas excepciones, resulta bastante común encontrarse con departamentos administrativos -entiéndase consejerías, direcciones generales, concejalías, etc.-, o con eventos diversos -tales como congresos, jornadas, seminarios, etc.- y con ocasiones varias -del tipo publicaciones, campañas, proyectos, etc.-, que dicen ocuparse de la Innovación, cuando en realidad de lo que tratan es de la incorporación de las TIC a nuestras vidas -es decir, a la educación, a la economía, a la empresa, a las asociaciones y organizaciones sociales, etc.-.
Si se mira con detalle, la mayoría de esos departamentos, eventos y ocasiones dedicados a la Innovación, no tienen nada de innovador en su manera de concebirse o desarrollarse.
A menudo, su forma de producirse no puede ser más convencional, y, a veces, hasta obsoleta, no significan una manera diferente de mirar, pensar, decir o hacer las cosas, son monumentos al "más de lo mismo".
A no ser que las TIC, por si solas, "impriman caracter innovador" a todo lo que toquen.
O tal vez la Innovación sea una etiqueta más, otra moda, y la voluntad de transformación y cambio se agota en la incorporación de las TIC.
Que cambie algo para que nada cambie, proponía el Principe de Lampedusa (ahora cibernetizado).
La Innovación afecta -o debiera afectar- a todos los aspectos y dimensiones de la vida. Y, muy especialmente, de la vida colectiva.
Se refiere a la transformación, a la creatividad aplicada, al pensamiento nuevo, a la búsqueda y desarrollo de nuevas maneras de entender el mundo y relacionarse con él.
En el momento histórico que vivimos necesitamos nuevas respuestas y soluciones, necesitamos con urgencia renovar nuestras formas de pensar y hacer en todos los órdenes, necesitamos la Innovación para construir otro mundo posible.

lunes, 25 de mayo de 2009

Compartir el Poder

Parece que ese fuera el sentido último de la democracia: compartir el poder, que el mayor número de personas intervengamos en la toma de decisiones, en la construcción de las soluciones.
No es solo una cuestión ideológica o ética: el derecho a tomar parte, a intervenir en aquello que nos afecta, a ser sujetos y no meros objetos de las decisiones ajenas.
Es -además- una cuestión práctica: es mucho mayor la eficacia y la calidad de las decisiones y las respuestas cuando son construidas colectivamente.
Si queremos otro mundo posible, es imprescindible que cooperemos en ello, solidariamente, la mayor cantidad posible de gente.
Pero ese es tal vez el problema: nuestra dificultad para compartir y repartir, el afán de acumular poder.
Son -en primer lugar- los políticos, y las políticas, quienes no quieren compartirlo, quienes más se resisten a desarrollar la participación ciudadana.
Lo hacen -paradójicamente- en nombre de la democracia y la buena gobernanza.
Pero las resistencias a los cambios en el reparto del poder no se agotan en la clase política y en sus partidos, existen también en las personas, en los colectivos sociales, en las pequeñas y las grandes organizaciones, en una gran parte de la ciudadanía.
En muchas personas, predomina la ideología de la delegación, elegimos a los cargos públicos cada cuatro años para que decidan por nosotros y nosotras. Y no queremos saber más.
O nos abstenemos de votar, desde la indignación y el desden por la política, produciendo el mismo resultado: son otras personas las que deciden.
Pero raramente aceptamos el compromiso de asumir y compartir el poder, de defender activamente nuestro derecho a decidir, de tomar parte activa -a las duras y a las maduras- en la construcción colectiva de una realidad diferente. Inventando otros espacios de poder.
No, la ciudadanía es cansada, incómoda, estresante, ingrata.
Que le den a la democracia.

(Escribo esta nota bajo los efectos de un nuevo chasco con los procesos oficiales de Participación Ciudadana -repletos de discurso y escasos de práctica- y a la vista de una de las crisis más profundas de la participación social que he conocido.)

martes, 19 de mayo de 2009

Mario Floreciendo en Primavera

Es impresionante, como -en unas pocas horas- se ha poblado de poemas de Mario Benedetti la blogosfera, cuantos amigos y amigas han sentido la necesidad de sumarse al duelo por su pérdida, reproduciendo su voz inmortal, sus palabras hermosas que tantas veces nos han acompañado y consolado, y animado, y conmovido, y movilizado...
Una primavera de poemas, floreciendo.
Quiero ser parte de este homenaje.
El poema que he escogido es "Creo en ti Amigo":

Creo en tí amigo:
Si tu sonrisa es como un rayo de luz
que alegra mi existencia.


Creo en ti amigo:
Si tus ojos brillan de alegría al encontrarnos.

Creo en ti amigo:
Si compartes mis lágrimas y
sabes llorar con los que lloran.

Creo en ti amigo:
Si tu mano está abierta para dar y
tu voluntad es generosa para ayudar.

Creo en ti amigo:
Si tus palabras son sinceras y
expresan lo que siente tu corazón.

Creo en ti amigo:
Si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y
me defiendes cuando me calumnian.

Creo en ti amigo:
Si tienes valor para corregirme amablemente.

Creo en ti amigo:
Si sabes orar por mí,
y brindarme buen ejemplo.

Creo en ti amigo:
Si tu amistad me lleva a amar más a Dios
y a tratar mejor a los demás.

Creo en tí amigo:
Si no te avergüenzas de ser mi amigo
en las horas tristes y amargas.

viernes, 15 de mayo de 2009

No hablemos de "ESO"

Me da mucho miedo que la Innovación Social se convierta en una nueva moda -si es que ya no lo es- y se queme con la misma velocidad con que pasan todas las modas, cada día más deprisa.
Me da miedo porque la necesidad de imaginar y construir nuevas formas de relación, convivencia y organización social, nuevas respuestas y soluciones alternativas a los retos y desafíos sociales que enfrentamos -que son un montón, en lo local y en lo global- es verdaderamente urgente.
Como le decía a un amiguete hace no mucho: nos urge inventar el futuro, antes de que el futuro nos invente a nosotros.
Así que, para que no se queme, quizás sería mejor no hablar de ella, encontrar una clave para no mencionarla directamente, evitando así que los cazadores y cazadoras de modas y tendencias se apropien de "ESO" y lo conviertan en otro objeto de consumo, de usar y tirar, hasta que encuentren otra palabra, otra moda, otra novedad con la que entretener su eterno aburrimiento.
No hablemos de "ESO", hagámoslo.
Creemos ocasiones y espacios, busquemos oportunidades en las que sea posible imaginar, soñar cómo queremos que sea nuestra sociedad, nuestras comunidades, nuestros pueblos, barrios y ciudades, dentro de 10 o 15 años.
Oportunidades para imaginar colectivamente, con la participación activa de la gente, de las personas, de los distintos grupos y colectivos sociales, porque esa es -en mi opinión- una condición necesaria de la auténtica Innovación Social.
No es una tarea para personas "iluminadas" o "visionarias", para "expertas" ni para "despotas ilustradas", no es misión para ninguna "vanguardia", no puede serlo, aunque todas las aportaciones y personas sean bienvenidas y necesarias.
Tal vez, en otros ámbitos de la innovación sea posible la búsqueda, la creación individual, pero no en la Innovación Social, donde el objeto de la innovación es -precisamente- lo colectivo, lo relacional, lo que a todas y todos nos afecta. Y donde, para que exista una auténtica innovación, un cambio real, éste debe ser asumido y protagonizado por los ciudadanos y las ciudadanas, no es posible imponerlo.
La Innovación Social es una tarea colectiva y participativa o no será.

sábado, 9 de mayo de 2009

Innovación Social

Mi amigo Asier Gallástegui está "picado" con la Innovación Social y me envía un montón de referencias que seguiré con atención. Pero todo eso me recuerda un artículo que escribí hace tiempo, llamado "Imaginar un Futuro Posible", que -aunque un poco largo para lo que acostumbro- recupero aquí.

Estamos en plena Era de los Cambios, dicen los expertos. La Revolución Tecnológica, sus consecuencias en todos los órdenes de la vida - las comunicaciones y las relaciones sociales, la cultura, el acceso a la información, el ocio, la economía, etc.- junto a la rapidez de esos cambios, parecen ser –por un lado- expresión de una sociedad global dinámica, en permanente evolución y desarrollo, y plantean –por otra parte- el riesgo creciente de nuevas exclusiones: las de personas, grupos sociales, pueblos que no pueden seguir el ritmo, que se quedan descolgados de quienes tienen acceso a las nuevas herramientas tecnológicas. Una brecha que se agrava cuando se añade a la exclusión social, cuando afecta a quienes ya están sumidos en la pobreza, en la carencia de recursos básicos para la vida.

Recientemente, el profesor Joan Subirats se preguntaba, en el marco de la V Conferencia del Observatorio Internacional de Democracia Participativa, si estamos ante una Era de Cambios o ante un cambio de Era. Señalaba que los desafíos, los problemas a los que hace frente nuestra sociedad global, el conjunto de la humanidad -en relación con el cambio climático, el reparto de la riqueza, las grandes pandemias, las migraciones masivas, la explosión de la violencia, etc.- permiten afirmar que el mundo que surja de la presente coyuntura histórica no será ya más el que conocemos y conocieron nuestros padres, sino otro muy distinto en el que, muy probablemente, nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Y apuntaba también que las estructuras sociales tradicionales –incluida la propia democracia representativa- se muestran anticuadas, insuficientes, incapaces de responder a las necesidades de una sociedad y un mundo tan complejos.

Efectivamente, tanto los gobiernos y administraciones públicas, como las organizaciones y movimientos sociales, al igual que las organizaciones y estructuras económicas, están inevitablemente abocados a una profunda renovación. Es imposible creer en un futuro mejor si los diferentes actores sociales no somos capaces de reinventar nuestras formas de organización y articulación social para adaptarnos a una realidad en permanente transformación.

Necesitamos poner en juego toda la inteligencia colectiva posible, sumar todos los conocimientos, capacidades, esfuerzos y recursos disponibles, para pensar y poner en marcha las mejores soluciones a los retos de nuestro tiempo.

De otra forma, la deriva incontrolada de las preocupantes tendencias actuales, la acentuación de los conflictos, la radicalización de los problemas, pueden llegar a poner en riesgo el futuro de la humanidad y del planeta.

No hay en este análisis ningún catastrofismo: junto a la conciencia de la gravedad de los desafíos que enfrentamos, está la apuesta responsable por la cooperación y la inteligencia colectiva. Podemos elegir entre el futuro como un desastre inevitable o como una oportunidad apasionante para construir colectivamente un mundo mejor.

Pero, tal vez, uno de los obstáculos fundamentales para construir el futuro está en nuestras propias mentes, en nuestro imaginario personal y colectivo.

El pedagogo Paulo Freire decía que la principal victoria del neoliberalismo era el triunfo de la cultura de la impotencia, que nos hace asumir como un hecho irrefutable que este mundo deshumanizado, desigual e injusto, es el único posible, que las cosas son como son y de nada sirve intentar cambiarlas. Solo cabe resignarse y tratar de sacar la mejor tajada posible mientras dure.

Y la aceptación de la impotencia significa la muerte de la imaginación: ¿para qué imaginar otra realidad mejor si nunca será posible?

El mundo de nuestros días, decía el maestro brasileño, no es el resultado de un destino fatal sino obra de la acción de los hombres y mujeres a lo largo de la historia, y por tanto está en nuestras manos, en manos de las mujeres y los hombres, construir otro mejor. Y decía también que, para poder construirlo, es preciso soñarlo antes. Reivindicaba -en estos tiempos de escepticismos- el derecho a soñar y el deber de luchar para alcanzar los sueños.

Ese es el único camino posible para llegar al futuro, el que aconseja el sentido común: abrir puertas y ventanas a la imaginación y la inteligencia colectiva, alimentar y fortalecer el compromiso social para imaginar un mundo mejor y trabajar unidos por ese sueño. La sociedad del futuro será la Sociedad de la Imaginación o no será.

Es preciso atrevernos a imaginar nuevas formas de organización social, nuevas maneras de comunicación, relación y cooperación entre los ciudadanos y las administraciones públicas, entre éstas y las empresas, entre las empresas y los ciudadanos. La Sociedad de la Imaginación será, necesariamente, una Sociedad Relacional.

Es preciso atrevernos a experimentar, innovar, crear, probar nuevas soluciones, renunciar a las inercias y rutinas mentales, no tener miedo al error, asumir riesgos, atrevernos a pensar otras formas de hacer y organizar nuestros esfuerzos y recursos.

Y todo eso implica también –y fundamentalmente- que tenemos mucho que aprender, todos y todas, como personas y como organizaciones, aprender nuevos conocimientos, valores, actitudes... estar dispuestos a desarrollar las nuevas capacidades y habilidades sociales. La Sociedad de la Imaginación es una sociedad en Aprendizaje Permanente.

En este tiempo histórico se hace evidente la importancia estratégica de la participación ciudadana, del Capital Social, que se convierte en el principal e imprescindible recurso para hacer posible un futuro habitable. La participación es necesaria y, además, no parece deseable ningún futuro que no sea incluyente, en el que no participemos todos y todas.

Por ello, es urgente convocar, motivar, movilizar, implicar, comprometer, sumar a todas las personas dispuestas, a todos los grupos y organizaciones sociales, a todas las instituciones económicas, políticas, religiosas... por encima de las diferencias. La Sociedad de la Imaginación es también la de la Participación Social y la Solidaridad.

Y es preciso invertir tiempo, esfuerzo y recursos en sembrar y crear las condiciones -en el seno mismo de nuestras sociedades, de todas y cada una de sus partes, en todas las personas y grupos sociales, en todos los pueblos y ciudades, en todas las organizaciones e instituciones- para que la imaginación, la creatividad social, la innovación, la inteligencia colectiva, la participación, la solidaridad, la cooperación, las sinergias... puedan nacer y dar su fruto.

Sin duda, esa es la mejor inversión en futuro.

lunes, 4 de mayo de 2009

La Sociedad del Miedo

Miedo a la crisis económica.
Miedo a la crisis financiera.
Miedo a la crisis alimentaria.
Miedo a las crisis (todas ellas).
Miedo a la gripe porcina.
Miedo a la gripe aviar.
Miedo a la fiebre de las vacas locas.
Miedo a la precariedad.
Miedo al paro.
Miedo al hambre.
Miedo a la obesidad.
Miedo al SIDA.
Miedo al colesterol.
Miedo a las drogas.
Miedo al sol.
Miedo a la inseguridad ciudadana.
Miedo a la delincuencia.
Miedo al terrorismo.
Miedo al fundamentalismo.
Miedo a las sectas.
Miedo a la inflacción.
Miedo a la caida del consumo.
Miedo a la deflacción.
Miedo al fin de las pensiones.
Miedo a la carretera.
Miedo a los aviones.
Miedo a la inmigración.
Miedo a la emigración.
Miedo a los otros.
Miedo a un desastre nuclear.
Miedo a un desastre ecológico.
Miedo a los huracanes.
Miedo a los tsunamis.
Miedo a las inundaciones.
Miedo a la sequía.
Miedo....al Miedo.

Para ampliar la lista, consultar a Eduardo Galeano.

jueves, 30 de abril de 2009

Primero de Mayo

Hace algunos días participaba en una nueva concentración ciudadana.
En este caso se trataba de protestar por la forma en que los gobiernos abordan la crisis, salvando a los bancos y las grandes empresas con ayudas multimillonarias, mientras se desboca el desempleo y la miseria de muchas personas.
Eramos cerca de un centenar de personas, casi las mismas que -casi siempre- en Cádiz nos concentramos para cualquier reivindicación o protesta.
La reunión derivó, como casi siempre, en una sucesión de intervenciones de representantes de las distintas organizaciones sociales, pequeños partidos de izquierda y sindicatos, que suelen convocar estos actos.
Los discursos sonaban también muy parecidos a los de otras veces, nos reunamos para protestar por la situación en Palestina, por las muertes de inmigrantes en el Estrecho, por el aumento del paro, la falta de vivienda digna, o por cualquier otra causa: la crítica al gobierno, a los grandes capitales, al neoliberalismo y el imperialismo, la lucha de clases, la movilización social permanente...
Al final de la concentración, de regreso a casa, un amigo me preguntaba por mi impresión. Le contesté que, una vez más, aquella parecía una ocasión para la "reafirmación militante". Se diría que nuestro interés fuera comprobar que estamos todas las personas que habitualmente nos encontramos, que no ha faltado nadie, más que sumar a otras.
De otra forma, no se explica nuestro empeño en insistir en los mismos discursos, en las mismas maneras obsoletas, en los mismos tipos de convocatorias y concentraciones que hemos venido haciendo -con los mismos escasos resultados- durante los últimos (¿veinte, treinta, cuarenta?) años.
Creo que, si vamos a cambiar el mundo, será porque logremos reunir una mayoría social que quiera hacerlo.
Saul Alinsky, de quien ya he hablado en estas páginas, reprochaba a los jóvenes del 68 que parecían creer más en la "revelación" que en la revolución.
Algo de eso nos ocurre.
Resulta ingenuo pensar que, el día menos pensado, las gentes van a caer del guindo y van a ver la luz, van a descubrir la razón de nuestros discursos, van a sumarse espontaneamente a nuestras protestas.
Si realmente queremos cambiar el mundo, la primera tarea que nos corresponde es cambiar a nosotros mismos, nuestras organizaciones, nuestros discursos, nuestros métodos, nuestras formas de acción...
Tenemos que empezar por aceptar que las viejas formas no sirven, que los cambios llegarán cuando aprendamos a construir -entre todos y todas, partiendo de nuestra diversidad- el "mínimo común multiplicador" capaz de transformar el mundo.
Y eso significa que el principal valor que hemos de ejercitar no es el discurso, sino la escucha.
Escuchar a las otras personas, a las otras organizaciones, a las otras sensibilidades e ideas. Aprender de ellas, hacerlas nuestras.

domingo, 26 de abril de 2009

Un sueño

Querido Carlos, esta noche has venido a verme, a recordar tantos años de amistad, tanto cariño, tantas anecdotas compartidas...
Nos hemos reido un rato y hemos bromeado, pinchándonos y puteándonos un poco, como solíamos hacer cuando estabas vivo.
Yo me he metido con tus chistes malos y con tu presunción de "latin lover", bailarin apasionado, conquistador de todas las muchachas guapas que se pongan al alcance.
Hemos recordado cuando nos conocimos, hace ya un montón de años, en Alcoy. Y, más tarde, con Nené, en Cartagena, la visita a aquella playa nudista y aquél sabroso arroz al caldero.
Hemos revivido aquél verano fantástico en Puerto Vallarta, los baños en la playa de Destiladeras, y las "medusas psicosomáticas" que nos daban picores y nos hacían reir.
¡Cómo se reía Graciela! ¡Cuanto disfrutamos las dos familias aquellas semanas maravillosas!
También hemos pasado revista a los años duros, tras la muerte de Graciela, tu viaje a Madrid, tu negra soledad, tu tristeza oscura, los tirones de orejas para que no te hundieras. Y la visita, con toda la saga Nuñez, a la tumba del Che. Los encuentros en Cuba... Tantos recuerdos.
Te he mostrado el corcho, sobre mi mesa de trabajo, repleto de fotos tuyas, en tantos momentos, en tantos encuentros, con Ernesto Cardenal, con Mario Kaplún, en Chile, en Cartagena de Indias, en Cádiz,... haciéndonos mayores poco a poco.
Ha sido un ratito muy bueno. Me he despertado con una gran sonrisa.
Digo yo que has debido venir porque ahora se cumple un año desde que te fuiste.
En el sueño, te comía a besos (ventajas de que ya no puedas protestar), porque te he echado mucho de menos todo este tiempo. Fuiste mi hermano mayor (aunque a veces me tocó hacer ese papel a mi contigo), mi maestro, mi amigo. Estabas tan lejos, pero siempre tan cerca.
Aún lo estás, en sueños si, pero también en mi corazón castigado.
Descansa en paz, amigo, y vuelve a visitarme cuando quieras.

lunes, 20 de abril de 2009

De lo ajeno a lo prójimo

"Contaminame" es el título de esa preciosa canción de Pedro Guerra que habla de la inmigración y el mestizaje.
Hace mucho tiempo que creo firmemente que "el futuro es mestizo" (y mujer), y que frente a la globalización mercantilista y homogenizadora, una de las mejores respuestas es la contaminación solidaria, la construcción colectiva de nuevas síntesis que combinen e incluyan la diversidad y las particularidades de cada persona, pueblo, raza, cultura...
Creo que estos tiempos que vivimos son de mestizajes, de sumas, de mezclas, de mutua apropiación de lo ajeno para convertirlo en prójimo.
Pienso que esto sirve para las personas, que crecemos haciendo nuestras las huellas que las otras personas dejan en nuestras vidas.
Y sirve para los colectivos, las organizaciones, las sociedades, que también nos hacemos mejores por vía de la contaminación, observando y aprendiendo de quienes son diferentes.
Es hora de abrirnos a nuevas influencias, de superar personalismos, sectarismos, localismos, nacionalismos, etnocentrismos, fanatismos...
Pero, eso significa aceptar que no estamos en posesión de la verdad, toda la verdad, que no somos mejores que nadie, que somos seres inacabados y sociedades incompletas, que nos necesitamos mutuamente.
Y significa disponernos a cambiar, a poner en cuestión nuestras certezas, a escuchar y aprender de las verdades de los otros, para poder construir verdades comunes.
Y eso da miedo, mucho miedo.


(la foto es una sugerencia de Asier Gallastegui)

lunes, 13 de abril de 2009

Regreso a la tribu

Hemos pasado unos días, en casa de unos amigos muy queridos, asomándonos un poquito a la famosa Semana Santa de Sevilla.
Es impresionante lo que se mueve alrededor de este acontecimiento, empezando por los cientos de miles de personas que, como rios humanos, recorren las calles en busca de una u otra procesión.
Los amigos nos avisan de que no debemos confundir la Semana Santa con la religión, aunque "tengan algo que ver", que la cosa va más bien de fiesta pagana, que son muchas las personas que, sin tener creencias religiosas, la viven con plena intensidad y emoción porque forma parte de sus señas de identidad, de las tradiciones populares más arraigadas.
Llama la atención la pasión por una u otra virgen (la Macarena, la Trianera...) y la competencia entre quienes las siguen como si se trataran de diferentes equipos de futbol.
La Semana Santa y sus cofradías, han subido como la espuma en los últimos años, no solo en Sevilla sino en toda Andalucía y otros muchos lugares del país, al tiempo que descendían los niveles de quienes habitualmente mantienen una práctica religiosa o se declaran creyentes.
Todo eso me hace volver a pensar que en estos tiempos que vivimos, en plena Sociedad de la Comunicación, en medio de la Aldea Global, estamos más solos que nunca.
Pareciera que, cuanto mayor es la globalización, mayor es también la necesidad de "localización", de refugiarnos en lo más próximo.
Pertenencia e identidad, aunque sea alrededor del fútbol, las cofradías, las tradiciones, las aficiones, los bailes regionales,... todo vale, con tal de que nos haga sentirnos parte de algo y nos permita identificarnos frente a quienes son distintos.
Se diría que nos da miedo -o vértigo- la pérdida de referentes cercanos, la eliminación de fronteras físicas y mentales, la apertura a lo diferente... y regresamos corriendo a la tribu.