sábado, 9 de mayo de 2009

Innovación Social

Mi amigo Asier Gallástegui está "picado" con la Innovación Social y me envía un montón de referencias que seguiré con atención. Pero todo eso me recuerda un artículo que escribí hace tiempo, llamado "Imaginar un Futuro Posible", que -aunque un poco largo para lo que acostumbro- recupero aquí.

Estamos en plena Era de los Cambios, dicen los expertos. La Revolución Tecnológica, sus consecuencias en todos los órdenes de la vida - las comunicaciones y las relaciones sociales, la cultura, el acceso a la información, el ocio, la economía, etc.- junto a la rapidez de esos cambios, parecen ser –por un lado- expresión de una sociedad global dinámica, en permanente evolución y desarrollo, y plantean –por otra parte- el riesgo creciente de nuevas exclusiones: las de personas, grupos sociales, pueblos que no pueden seguir el ritmo, que se quedan descolgados de quienes tienen acceso a las nuevas herramientas tecnológicas. Una brecha que se agrava cuando se añade a la exclusión social, cuando afecta a quienes ya están sumidos en la pobreza, en la carencia de recursos básicos para la vida.

Recientemente, el profesor Joan Subirats se preguntaba, en el marco de la V Conferencia del Observatorio Internacional de Democracia Participativa, si estamos ante una Era de Cambios o ante un cambio de Era. Señalaba que los desafíos, los problemas a los que hace frente nuestra sociedad global, el conjunto de la humanidad -en relación con el cambio climático, el reparto de la riqueza, las grandes pandemias, las migraciones masivas, la explosión de la violencia, etc.- permiten afirmar que el mundo que surja de la presente coyuntura histórica no será ya más el que conocemos y conocieron nuestros padres, sino otro muy distinto en el que, muy probablemente, nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Y apuntaba también que las estructuras sociales tradicionales –incluida la propia democracia representativa- se muestran anticuadas, insuficientes, incapaces de responder a las necesidades de una sociedad y un mundo tan complejos.

Efectivamente, tanto los gobiernos y administraciones públicas, como las organizaciones y movimientos sociales, al igual que las organizaciones y estructuras económicas, están inevitablemente abocados a una profunda renovación. Es imposible creer en un futuro mejor si los diferentes actores sociales no somos capaces de reinventar nuestras formas de organización y articulación social para adaptarnos a una realidad en permanente transformación.

Necesitamos poner en juego toda la inteligencia colectiva posible, sumar todos los conocimientos, capacidades, esfuerzos y recursos disponibles, para pensar y poner en marcha las mejores soluciones a los retos de nuestro tiempo.

De otra forma, la deriva incontrolada de las preocupantes tendencias actuales, la acentuación de los conflictos, la radicalización de los problemas, pueden llegar a poner en riesgo el futuro de la humanidad y del planeta.

No hay en este análisis ningún catastrofismo: junto a la conciencia de la gravedad de los desafíos que enfrentamos, está la apuesta responsable por la cooperación y la inteligencia colectiva. Podemos elegir entre el futuro como un desastre inevitable o como una oportunidad apasionante para construir colectivamente un mundo mejor.

Pero, tal vez, uno de los obstáculos fundamentales para construir el futuro está en nuestras propias mentes, en nuestro imaginario personal y colectivo.

El pedagogo Paulo Freire decía que la principal victoria del neoliberalismo era el triunfo de la cultura de la impotencia, que nos hace asumir como un hecho irrefutable que este mundo deshumanizado, desigual e injusto, es el único posible, que las cosas son como son y de nada sirve intentar cambiarlas. Solo cabe resignarse y tratar de sacar la mejor tajada posible mientras dure.

Y la aceptación de la impotencia significa la muerte de la imaginación: ¿para qué imaginar otra realidad mejor si nunca será posible?

El mundo de nuestros días, decía el maestro brasileño, no es el resultado de un destino fatal sino obra de la acción de los hombres y mujeres a lo largo de la historia, y por tanto está en nuestras manos, en manos de las mujeres y los hombres, construir otro mejor. Y decía también que, para poder construirlo, es preciso soñarlo antes. Reivindicaba -en estos tiempos de escepticismos- el derecho a soñar y el deber de luchar para alcanzar los sueños.

Ese es el único camino posible para llegar al futuro, el que aconseja el sentido común: abrir puertas y ventanas a la imaginación y la inteligencia colectiva, alimentar y fortalecer el compromiso social para imaginar un mundo mejor y trabajar unidos por ese sueño. La sociedad del futuro será la Sociedad de la Imaginación o no será.

Es preciso atrevernos a imaginar nuevas formas de organización social, nuevas maneras de comunicación, relación y cooperación entre los ciudadanos y las administraciones públicas, entre éstas y las empresas, entre las empresas y los ciudadanos. La Sociedad de la Imaginación será, necesariamente, una Sociedad Relacional.

Es preciso atrevernos a experimentar, innovar, crear, probar nuevas soluciones, renunciar a las inercias y rutinas mentales, no tener miedo al error, asumir riesgos, atrevernos a pensar otras formas de hacer y organizar nuestros esfuerzos y recursos.

Y todo eso implica también –y fundamentalmente- que tenemos mucho que aprender, todos y todas, como personas y como organizaciones, aprender nuevos conocimientos, valores, actitudes... estar dispuestos a desarrollar las nuevas capacidades y habilidades sociales. La Sociedad de la Imaginación es una sociedad en Aprendizaje Permanente.

En este tiempo histórico se hace evidente la importancia estratégica de la participación ciudadana, del Capital Social, que se convierte en el principal e imprescindible recurso para hacer posible un futuro habitable. La participación es necesaria y, además, no parece deseable ningún futuro que no sea incluyente, en el que no participemos todos y todas.

Por ello, es urgente convocar, motivar, movilizar, implicar, comprometer, sumar a todas las personas dispuestas, a todos los grupos y organizaciones sociales, a todas las instituciones económicas, políticas, religiosas... por encima de las diferencias. La Sociedad de la Imaginación es también la de la Participación Social y la Solidaridad.

Y es preciso invertir tiempo, esfuerzo y recursos en sembrar y crear las condiciones -en el seno mismo de nuestras sociedades, de todas y cada una de sus partes, en todas las personas y grupos sociales, en todos los pueblos y ciudades, en todas las organizaciones e instituciones- para que la imaginación, la creatividad social, la innovación, la inteligencia colectiva, la participación, la solidaridad, la cooperación, las sinergias... puedan nacer y dar su fruto.

Sin duda, esa es la mejor inversión en futuro.

5 comentarios:

  1. Muy bueno, como siempre, Fernando. Es una gran verdad que otro mundo (u otros) - otra organización diferente de esta que ha dado muestras varias de agotamiento - debe ser imaginado, discutido y desde allí planificado.
    Parece ser que nos hemos quedado sin encuadre, se ha roto el paradigma en el que veníamos funcionando. Pero creo que hay que discriminar impotencia de escepticismo, el escepticismo nos permitirá separar, como decimos por aquí, la paja del trigo y no perder un cierto grado de realismo en medio de la imaginación.
    Un beso fuerte y te espero por mi blog con un nuevo tema que, creo nos atañe a tod@s y te va a gustar.

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  2. me alegra que recuperes/recuperemos esta reflexión, oportuna y lúcida (y clarita),

    por ahí se aviva la polémica sobre si toda innovación es social..., ¿lo es?

    un abrazo

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  3. Me desvío quizas un poco del tema, pero yo encuentro paralelismos con lo que Wave Davis contaba en esta charla TED de hace unos años que ahora se puede ver con subtitulos en Castellano. Lo cierto es que otro mundo es necesario y posible! :-)

    http://www.ted.com/index.php/talks/wade_davis_on_endangered_cultures.html

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  4. Otro que piensa en otro mundo diferente es Juan Enriquez :-)

    Cuenta cosas que nos hacen pensar!

    http://www.ted.com/index.php/talks/juan_enriquez_wants_to_grow_energy.html

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  5. Na8:
    Gracias por las dos aportaciones, más que interesantes.
    Insisto: eres la "nachopedia", lleno de pistas sugerentes.

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