jueves, 2 de julio de 2009

Efectos de los afectos

Este pasado fin de semana concluíamos un curso sobre "Redes Asociativas" que ha durado cerca de tres meses y se ha desarrollado mediante tres encuentros presenciales y 10 semanas de formación virtual.
Lo iniciaron 25 personas, miembros de asociaciones y colectivos solidarios de diversas partes de Andalucía, y han llegado hasta el final 15 de ellas.
Se trata de un buen porcentaje de "fidelidad" al curso, teniendo en cuenta los altos niveles de deserción habituales en la formación asociativa, y más en cursos tan prolongados y que exigen un grado tan alto de participación y un buen manejo de las TIC.
En estos resultados sin duda ha tenido mucho que ver una metodología de formación activa y participativa, en la que el protagonismo principal es de los miembros del grupo de aprendizaje y de su experiencia cotidiana, y las aportaciones de las personas formadoras se subordinan a esta dinámica de intercambio y construcción colectiva.
Pero las personas participantes, sin menospreciar la importancia de la metodología o el interés de los temas trabajados, destacan en sus evaluaciones el buen rollo, la construcción de un buen clima de relación, el conocimiento mutuo, la confianza y el desarrollo de lazos de afecto entre quienes han formado el grupo.
Tienen razón, se trata de algo que hemos cuidado y cuidamos siempre, con el máximo mimo, en estos cursos.
Por un lado, tenemos comprobado que la articulación de "lo colectivo", el fortalecimiento de los engranajes de interacción, el desarrollo de "el grupo"... resulta fundamental para hacer posible el intercambio de experiencias y el diálogo de saberes, la construcción colectiva de conocimientos.
Esto es doblemente importante cuando los procesos formativos incorporan una parte virtual (cosa que será cada vez más frecuente), pues la "virtualidad", el no "verse las caras", puede convertirse en una dificultad, en un obstáculo insuperable para lograr esa interacción pretendida.
Pero además -como ya hemos comentado en alguna ocasión anterior- es que en esta Sociedad de la Comunicación y el Conocimiento nos sentimos muy solas, necesitamos compartir con otras personas, ser y sentirnos parte de algo, de un grupo, de una colectividad, en la que seamos reconocidas y escuchadas, donde podamos compartir nuestras necesidades, las alegrías y las tristezas, los logros y las dificultades.
Creo que, además de ser una clave fundamental de la formación que viene, aquí se encuentra también una clave de futuro de las asociaciones, que hemos de revalorizar: nuestra condición de espacios (¿en extinción?) para poder compartir y hacer cosas juntas, para construir nuestros afectos y, desde ellos, por su efectos, construir un mundo mejor para todas y todos.

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