viernes, 11 de septiembre de 2009

Hacer el mono

Dentro de poco vendrá a Cádiz Roberto Tato Iglesias a dinamizar un "Taller Trashumante" cuya pregunta central es: "¿Se puede cambiar el mundo?".
Parece que la "ideología de la impotencia", que denuncia Eduardo Galeano, cunde -con el miedo- entre la gente y nos susurra insistentemente al oído: "No se puede, no se puede, no se puede..."
Me pregunto, en primer lugar, qué entendemos por "cambiar el mundo".
Tal vez nuestra expectativa es demasiado grande, pretendemos que cambie TODO, y que cambie AHORA, que desaparezcan -mañana mismo- las injusticias, la pobreza, la violencia, la opresión, la desigualdad...
Y como es imposible, irreal, mágico... nos causa decepción, frustración, desaliento.
Pero, esa manera de entender los cambios, así, "total", grandilocuente, nos impide percibir los miles, los millones de cambios cotidianos que se producen día a día.
Si, el mundo cambia todos los días, en muchos lugares, por la acción humilde de muchas personas, millones, que modifican su entorno, su cotidianiedad, que influyen en muchas otras personas cercanas, contribuyendo a cambiar su forma de pensar, de decir, de hacer... convirtiéndolas en nuevos actores de nuevos cambios.
El otro día, en un comentario, mencionaba la "teoría del centésimo mono", que sostiene lo siguiente:

Los científicos japoneses han estado estudiando las colonias de monos Macaca Fuscata en las islas de aquél archipiélago desde hace muchos años. En 1952, en la isla de Koshima, dejaban batatas en la playa para que salieran de los árboles a comérselas y, así, poderles observar con mayor facilidad.
Un día una hembra de 18 meses llamada Imo lavó la batata en el mar antes de comérsela. Imo enseñó a sus compañeros y a su madre a hacerlo, y, a su vez, sus amigos se lo enseñaron a sus madres, y cada vez había mas monos que lavaban sus batatas en lugar de comérselas llenas de arena.
Hasta que un día los observadores vieron que todos los monos de la isla lavaban sus batatas. Esto fue significativo, pero lo mas fascinante fue cuando la conducta de los monos del resto de las islas cercanas también cambió a pesar de que las colonias de monos no tenían contacto entre sí: ahora todos lavaban sus batatas.
La “teoría del centésimo mono” sostiene que cuando un cierto número crítico de personas adquiere un conocimiento, y produce un cambio, el campo transformador se fortalece de tal manera que éste se transmite masivamente de unos a otros miembros de la especie.”

El caso es que, si imitamos a los monos, si vamos sumando -tacita a tacita- las pequeñas acciones de esos millones de personas, si acumulamos masa crítica... parece inevitable que llegarán los grandes cambios.
Aunque tal vez eso requiera paciencia, y constancia. No será tan fácil ni tan rapido como desearíamos.
Me ha tocado, en muchos cursos y charlas, combatir esa "ideología de la impotencia" -que nos dice que "las cosas son como son y el mundo no va a cambiar"- y para ello he recordado, con frecuencia, a aquellas primeras mujeres que reclamaban el voto hace poco más de 100 años, o a los hippies que reivindicaban la paz, el amor y la vuelta a la naturaleza, hace unos 50 años, y tantos y tantos ejemplos como nos ofrece la Historia de pequeños grupos de personas, que como los monos de la teoría, un buen día se negaron a aceptar las cosas tal y como eran, y empezaron a hacer las cosas de otra manera...
¿Cambiaron el mundo o no?

1 comentario:

  1. Querido Fernando. Hay momentos en que compro la ideologia de la impotencia. Quizás tiene que ver con un movimiento de pendulo desde la creencia de la omnipotencia. También he matado cabezas pensando que la luz estaba en los corazones. Pero como dice el chalao de Punset el alma esta en el cerebro. Yo me creo palanca de cambio cuando te leo. Asi que gracias.

    ResponderEliminar