viernes, 18 de septiembre de 2009

La condición perpleja

La semana ha abundado en "señales de perplejidad".
Un amigo de Jose se sume en la perplejidad aguda, porque -en medio de la crisis- se le acumulan los problemas, más que los retos. Y el caso es que, por mucho que lo intente y muy bien que lo haga, su pequeña empresa no consigue levantar cabeza.
También Antonio, para inaugurar su blog, nos cuenta como unas amigas y compañeras se sienten tocadas y hundidas, con la sensación de estar siempre empezando.
Hilario, hombre perplejo y lobo de mar vocacional, me escribe: "¿Qué tal la crisis? Yo oigo hablar de ella y me hace sentir como cuando en medio del mar se inicia una tormenta. Nunca se sabe si traerá un temporal o si te dará tiempo a llegar a puerto. Mi sensación es que ahora se nota mucho más claro que hace tiempo que no llevamos ningún rumbo".
Parece que, a cuenta de la crisis, el desconcierto, la perplejidad -como la Gripe A, miedo incluido- está consiguiendo penetrar hasta lo más profundo de la cabeza y el corazón de las gentes.
Recuerdo a aquél viejo profesor escocés que, hace muchos años, nos avisaba de que "la confusión es el estado natural del ser humano."
Tal vez, lo que nos ocurre es que, hasta hace dos telediarios, nos han vendido -y las hemos comprado- conquistas y seguridades que solo eran cartón piedra.
Y ahora nos cuesta asumir que la incertidumbre es condición de la vida.
Comparto la extendida sensación de que nadie sabe por donde vamos ni qué va a pasar.
Nuestros "líderes", sociales, políticos, económicos... tienen menos vista -larga- que Pepe Leches.
En fin, uno esperaría, si no certezas y seguridades, si -al menos- decisión, valentía para proponer nuevos rumbos, nuevas metas.
Pero ésta es también una crísis de imaginación y nadie se atreve a señalar nuevos objetivos y utopías, a plantear cambios ilusionantes, horizontes renovados, aprovechando que el viejo escenario parece derrumbarse.
Toda la preocupación parece reducirse a aquello de "virgencita, que me quede como estaba", que no cambie nada.
Esto de la perplejidad y la confusión, puestos a ser optimistas, también puede tener sus ventajas: quizás -a fuerza de desconcierto- acabemos aprendiendo a pensar por nuestra cuenta, a buscar nuevas soluciones, a inventar nuevas formas de vida.

3 comentarios:

  1. Más "señales de perplejidad" en mi lectura nocturna de ayer:

    "La desintegración del sistema social y económico había sido lenta, gradual y profunda. Pero había calado tan hondo que los hombres dejaron de creer en las leyes de la Naturaleza. Nada parecía estable o fijo; el universo era un flujo incesante. Nadie sabía lo que iba a ocurrir. Nadie podía contar con nada... Los hombres ya no pensaron que podían controlar el entorno; todo lo que les quedaba era una secuencia de probabilidades en un universo regido por el azar."

    Philip K Dick
    LOTERIA SOLAR

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  2. sí, nuestra perplejidad no la provoca la incertidumbre sobre lo que pasará en el futuro (ese futuro más incierto que nunca y seguro que imperfecto) sino que la provoca el desconcierto por lo que está pasando en el presente: hay que imaginar más y mejor...

    me paece también a mí ;)

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  3. Hay un artículo en Le Monde diplomatique cono sur, de Carlos Gabetta, que se titula " Dios nos coja confesaos...." y hace una descripción de esta crisis y hacia donde nos dirigimos a su modo de ver...Los españoles entenderán, en relación al título..Recomiendo el artículo. Cierto es que la perplejidad y la incetidumbre son características del hombre y hay que aceptarlas, como condicion sine cua non, ahora, el hombre como miembro de una sociedad debe organizarse para no destruirse, creo que eso nos está fallando MAL. Como seres individuales nos irá mejor o peor, como sociedad repito : Dios nos coja confesaos....
    Un beso

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