domingo, 18 de octubre de 2009

La Sociedad Pasiva

La semana pasada estuve dándole vueltas a la Participación Ciudadana con un grupo de alcaldes, concejales, técnicos y técnicas municipales de una comarca de Extremadura.
La queja era generalizada: "no hay manera de que la gente se mueva", "esperan que todo lo haga el ayuntamiento", "si no hay dinero por medio, por propia iniciativa, la gente no hace nada"...
A mi regreso, una amiga gaditana con un hijo adolescente me contaba entre lagrimas que no sabe qué hacer con el niño. No quiere estudiar, tampoco quiere trabajar ni hacer nada en su casa y no está dispuesto a prescindir de la motocicleta que le compraron hace un año.
"No lo entiendo, no le ha faltado de nada, le hemos dado todo lo que podía desear. Y entonces...¿por qué no quiere hacer nada?"
Siento que las dos situaciones hablan de un mismo problema: las instituciones públicas paternalistas, al igual que los padres y madres sobreprotectores, han conseguido eliminar cualquier sentido de la responsabilidad y el esfuerzo en la ciudadanía o en la juventud, la han "malcriado".
Nos hemos anticipado a sus necesidades, a sus intereses, les hemos dado hechas las cosas, hemos suplido su iniciativa, les hemos ahorrado cualquier esfuerzo, hemos conseguido convencerles de que era tarea y responsabilidad de sus padres o de las instituciones públicas resolver todos sus problemas, satisfacer todos sus deseos.
Los ciudadanos y ciudadanas pensamos -por lo general- que la culpa de la crisis y el desempleo la tiene el gobierno, pero también tiene la culpa de que nieve en invierno y se colapsen las carreteras, o de que la gota fria cause inundaciones, o de que nuestro equipo de fútbol baje a segunda.
Votamos -o no- cada cuatro años y delegamos toda responsabilidad, pública pero también privada, en las personas elegidas, a ellas les corresponde dar solución a todos los problemas, y que tengamos trabajo, y podamos pagar la hipoteca, y encontremos aparcamiento, y...
Hemos conseguido una sociedad donde prima la ideología de la delegación (la culpa siempre es de otros), donde imperan la pasividad y la falta de iniciativa (que piensen y busquen soluciones otros), una sociedad de derechos pero no de deberes, una sociedad de consumidores y consumidoras, pero no de participantes.
Tanto a los políticos y técnicos municipales, como a mi amiga les preguntaba yo: "¿Y qué esperábamos? ¿Por qué nos sorprende? ¿Acaso, educamos a la ciudadanía o a nuestros hijos para otra cosa."

6 comentarios:

  1. totalmente dacuerdo. Sabes que los niños la primera vez que oyen NO es al llegar a la guardería? y claro se sorprenden.

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  2. Un tema complejo. ¿Cuanto hay de inercia y cuanto de diseñado? Recuerdo haber leido desde la perspectiva antimilitarista el borrador del plan del voluntariado estatal producto del primer gobierno de Aznar. Estaba todo escrito, todo. Y ha ocurrido bastante parecido. Se potenciaba una solidaridad descafeinada y calo. Bueno, es más complicado. La mayoria satisfecha, como dice Galbraith, nos volcamos al bienestar del corto plazo. Y es que es muy seductor este placer. Más si contamos las horas y horas de poli-militancia fruto de un coctel con muchos matices dónde la satisfacción y las relaciones tenían un peso importante y también una renuncia importante a disfrutar de otros placeres de la vida. El postmodernismo y huir de ciertas maneras de estar hiperactivas a mi me sentó bastante bien. A mi ahora me mueven historias más cercanas, de mi barrio, o aquellas dónde puedo participar al ritmo que puedo, compatibles con mi otra vida, las que dejan espacio a los afectos y al encuentro,... Habrá un proyecto o un momento diferente dónde cosas más importantes y con color me convoquen. De momento esta es mi manera de estar, a veces frustrante y aveces terriblemente ancladas en mi realidad.
    Un abrazo enorme

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  3. Ufffff que bueno Fernando De La Riva... y !gracias!

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  4. ....y.... le compramos una moto...... A estos chicos les compran la moto cuando hacen la primera Comunión... Es el típico gran error de muchísimos padres de Cádiz.

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  5. Bien D. Fernando como siempre genial tu reflexiones, te dejo una frase de un conocido tuyo y mi comentario, Un Beso como siempre Pedro...

    Frase: "Sólo si me siento valioso por ser como soy, puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero." Jorge Bucay

    Cometario:

    Hemos construido una sociedad pasiva, ajena y receptora. No interesa tomar parte, es decir, participar. La clase política se ha encargado de parcelar la vida y no es extraño que la gente no desee participar: se ha desarticulado toda expresión viva y organizada que suponga cambio, interpelación, cogestión de los bienes públicos. Resulta paradójico que en el ayuntamiento de Sevilla y gracias a los presupuestos participativos se hayan cerrado muchos bloques como si de "jaulas se tratara". Se cierran bloques frente a las agresiones del exterior: botellonas, perros que "cagan por todos lados". Queremos estar a salvo en nuestra pequeña casita y que nadie nos moleste. ¿A quién le puede extrañar que la gente no desee participar?. Nos han amorzado el pensamiento. El deseo de seguridad personal, competitividad y satisfacción personal resulta "pornográfico" teniendo en cuenta la situación de muchos personas "débiles" que crea el sistema y alimenta con esmero.


    Estamos en la lógica de no crear, sino de consumir, tener actitudes paternalistas (que no dejan de ser otro ego que demanda protección). ¿De que nos sobreprotegemos?. Normalmente del miedo y hemos contaminado la calle de miedo (lo público) , los gestores públicos hacen balance y cuentan los méritos en infraestructuras (que no está nada mal) pero nadie hace balance en civismo, educación y en ejercicio de libertad. Sigo insistiendo en que con los parámetros actuales del ejercicio político, de la educación y el enfoque de las políticas públicas es imposible generar confianza y participación. La participación la han convertido en Folclore. A esto es a lo que yo llamo el pensamiento único que hegemoniza la vida de toda una sociedad, dirigido por un pensamiento "débil".

    Hoy más que nunca es necesaria la creatividad, enseñar crea-ti-vida-d. Para crear no son necesarios grandes escenarios, ni templos de casas de cultura, ni tan siquiera grandes presupuestos. Para la creatividad solo hace falta gente dispuesta a "soltar" todo lo que la vida nos ha "enseñado de rigidez". Hoy vivimos en la "rigidez" del pensamiento único que nos enseña que no merece la pena "moverse" pues casi nada de lo que es interesante tiene valor para el sistema.

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  6. Esto me recuerda al "Teorema de las Generaciones" de Ibn Jaldún (Ibn Khaldun, s.XIV-XV):

    - En primer término estaría la "generación de los conquistadores": dureza, liderazgo, solidaridad con el grupo. Es la generación que lucha por el cambio, que medra.

    - En la segunda generación ya hay una modificación: hay, por una parte, continuidad con la primera en cuanto que los hijos vivieron las aventuras de los padres; pero no es lo mismo haber vivido tales aventuras que haberlas realizado personalmente. La generación que aprende no es idéntica a la generación que realiza.
    - Pero viene luego ya una tercera generación, que no tiene ningún contacto vívido con la generación inicial; considera que el poder que tiene, los honores que se le rinde, el prestigio que tiene dentro de la colectividad es algo natural, obvio, algo que le pertenece por naturaleza. Por tanto, personajes pertenecientes a la tercera generación de la dinastía adoptan actitudes desdeñosas respecto del resto de la colectividad; desprecian a muchos; consideran que están en la cúspide de la sociedad simplemente por sus propios méritos; con esta actitud lo que “logran” es, por una parte, perder ascendiente sobre la colectividad, que se siente desdeñada; por otra parte, pierden las condiciones de mando. Y, sobre todo, pierden el espíritu guerrero inherente a las generaciones anteriores, de tal manera que tienen que rodearse de personas que puedan defenderlos, siendo incapaces ellos mismos de hacerlo.
    - La cuarta generación es derrotada (el tipo hablaba de Estado y dinastías) y, teniendo en cuenta que calculaba 40 años por generación sale un ciclo de 120 años.

    Yo diría que esta ley histórica se repite, quizá en ciclos de 50 años y no 120, en la actualidad. De abuelos a nietos o de padres a hijos, según los cambios sociales.

    (por cierto, hay un 80% de cortaypega en este comentario)

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