Si en la anterior entrega decía que el Carnaval ocupa una parte fundamental de nuestras vidas, digo ahora que muchas veces resulta agobiante: lo más importante del mundo es el Carnaval, todo es Carnaval, a todas horas Carnaval...vamos, lo que se dice para "jartibles"!
Si en el capítulo anterior decía que en esta fiesta se critica todo lo que se menea, que no existen tabús y todo vale, digo ahora que con el Carnaval parece desinflarse la capacidad crítica de quienes vivimos en Cádiz, que -el resto del año- parecemos conformarnos y tragar con todo.
Decía allí que son miles las personas que participan y también se cuentan por miles las que vienen a escuchar las coplas. La población de la ciudad se multiplica por tres o por cuatro. Y digo aquí que no se puede circular, que los coches ocupan las aceras, que las gentes hacen sus necesidades en la calle, que el olor a orines es insoportable.
Basura, por todos lados: serpentinas y confetis, si, pero también restos de comida y miles de botellas, muchas de ellas rotas, y latas, y vasos de plastico...
En la entrada de más abajo, decía que el Carnaval de Cádiz es una "exhibición de imaginación, gracia, ingenio, creatividad, arte, simpatía, auténtica participación popular"... pero también lo es de incivismo, mala educación, suciedad, chabacanería...
En fin, si no lo conoces -insisto- no debes perdértelo, aunque es mejor que te prepares de antemano para cuando te topes con la cara oscura del Carnaval, no te vayas a sulfurar como el autor o autora de esta pintada en la Playa de Santa María del Mar, que dice: "CARNAVAL DE INTERES TURISTICO DE TODOS LOS GUARROS"



