domingo, 29 de marzo de 2009

La "Ciudad-Negocio"

Quienes visitáis de vez en cuando este cuaderno de notas, ya tenéis noticia de la historia de La Plaza.
Pues bien, la Alcaldesa de Cádiz anuncia en la prensa que ya no va a construir un restaurante en mitad de la plaza de Santa María del Mar. Lo va a construir debajo... con una escalera para que se puedan poner veladores en la misma plaza.
Estas declaraciones, casualmente, aparecen pocos días antes de la convocatoria de una nueva concentración vecinal contra la privatización y mercantilización de los espacios públicos de ocio, con la abierta intención de desmovilizar esas protestas.
Resulta sorprendente la obcecación de nuestra alcaldesa, a la que le debe resultar genéticamente imposible reconocer errores y que se permite criticar a vecinos y vecinas por "colocar carteles de colores en las palmeras de la plaza" (denunciando los intentos de privatización de este espacio público) pero no tiene empacho en saltarse la ley, el PGOU vigente, para llevar adelante sus objetivos.
Pero más allá de esta cabezonería, el asunto es un claro ejemplo de una determinada manera de entender la ciudad por parte de nuestra regidora y de su partido (y me temo que por parte de muchos regidores y regidoras, y muchos partidos, en muchos lugares de nuestra geografía).
La ciudad es un espacio para el negocio, se trata de "rentabilizar" todo lo que se deje. El progreso es crecer y producir. La calidad de vida se confunde con el nivel de vida, con tener más y más (aunque esté mal repartido).
Es la "ciudad-centro comercial", complementaria de la "ciudad-parque temático" en la que todo se organiza como un espectáculo para turistas.
Los parques y plazas ¿de qué sirven, si no producen nada? ¿solo para que correteen los niños y las niñas, para que aprendan a montar en bicicleta, para que jueguen al escondite? ¿para que las parejitas se arrullen cuando cae la tarde?¿para que las personas mayores se sienten a tomar el sol y a recordar? ¿para que la gente se encuentre?
Todo ello son cosas inútiles, improductivas, ¿innecesarias?
No es que la economía de la ciudad no sea importante (¿lo único?) pero a mi entender se trata de un medio para que la gente pueda vivir y ser feliz, no de un fin en si mismo al que haya que sacrificar la convivencia y el bienestar de quienes vivimos en ella.
La falta de imaginación de nuestros políticos, su falta de ideas y proyectos para construir las ciudades y la sociedad de mañana es preocupante.
No podemos dejar el futuro en sus manos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

IndignAcción

El juego de palabras (que tanto me gusta) está servido: "frente a la acción indigna... la indignAcción".
Al parecer, somos muchas las personas indignadas por la indigna "Campaña del Lince" de la Conferencia Episcopal Española contra el aborto, y prueba de ello es que se multiplican las entradas sobre el tema en los blogs más diversos y crecen (como la espuma) los grupos críticos en las redes sociales.
Todo eso está muy bien... pero existe el riesgo de quedarse en el "derecho al pataleo".
Los sectores sociales más reaccionarios -en ésta y en otras cuestiones de interés general- utilizan los medios de comunicación masiva (prensa, radio, televisión), movilizan a sus grupos de intelectuales y científicos (?) para firmar manifiestos, llenan las calles de vallas publicitarias y carteles, salen en manifestación, como ocurrirá el próximo fin de semana en Madrid, o adornan con lazos blancos las procesiones de Semana Santa.
No cabe duda de que tienen bien engrasada su poderosa maquinaria de propaganda.
Frente a ello, la reacción de quienes defendemos una sociedad laica, en la que prime el respeto, la libertad de pensamiento y la libertad de elección, ajena a las imposiciones morales de cualquier grupo religioso... suele ser mucho más tímida.
Todo ello traslada la sensación de que una "mayoría social" toma posición contra el aborto, o la Educación para la Ciudadanía, o el matrimonio entre homosexuales, o por una muerte digna, etc., cuando las encuestas sociológicas apuntan lo contrario.
¿Es suficiente con manifestar nuestra indignación en la Red, en los blogs y redes sociales?
¿No tiene eso algo de "autosatisfacción", de reforzarnos a nosotras y nosotros mismos, quienes pensamos igual?
¿Cómo llegar a los millones de personas que no se mueven por el ciberespacio, que no tienen otras referencias que las que les llegan a través de los medios masivos?
¿Cómo podemos traducir nuestras opiniones críticas en posiciones "políticas"?
¿De qué forma podemos pasar de la indignación a la indignAcción?

(La imagen está tomada de El Retorno de los Charlatanes)

viernes, 20 de marzo de 2009

Quien al cielo escupe...

Vaya por delante -una vez más- mi respeto por todas las personas creyentes, de todas las religiones.
Tengo muchos amigos y amigas que viven su fe con sencillez y honestidad, sin pretender imponer sus creencias a nadie, sin ofender a quienes no las comparten.
Pero parece que la jerarquía de la Iglesia Católica se empeña una y otra vez en provocar, convirtiendo sus particulares y legítimas convicciones en un arma arrojadiza o en una obligación para el resto de la gente.
Esta semana han sido dos las provocaciones.
Una, el Papa, que en su viaje a Africa sigue -contra todas las evidencias científicas y contra el sentido común- condenando el uso del preservativo y mantiene que no solo no sirve para resolver el problema del SIDA, sino que lo agrava (???¡¡¡).
La segunda la Conferencia Episcopal Española que, en su campaña contra el aborto, impulsa una (costosa) campaña publicitaria (¿con el dinero público que recibe de los impuestos de toda la ciudadanía?) tremendista, agresiva, demagógica...
Ayer leía la carta de un lector de El Público que se declaraba ateo y agradecía a la jerarquía católica su continuo esfuerzo por el impulso del ateismo, mucho más eficaz que cualquier campaña en los autobuses urbanos.
Hoy recibo este cartel que recorre Internet de correo en correo, donde se pone en evidencia la hipocresía de una jerarquía que parece obsesionada por las células madre o por los embriones, pero que no muestra el mismo empeño militante por defender la vida combatiendo el hambre y la pobreza, denunciando a las grandes fortunas, condenando la acumulación de bienes y el reparto desigual de la riqueza en el mundo.
Creo que el cartel refleja una crítica justa, aunque quizás los términos en que se plantea sean igualmente agresivos, no demasiado respetuosos, pero es que "quien al cielo escupe... a la cara le cae".

jueves, 12 de marzo de 2009

Nuevas utopías?

La pregunta recorre los medios de comunicación convencionales y también la blogosfera: esta crisis que tenemos en todo lo alto... ¿es coyuntural o estructural? ¿está de paso o ha venido para quedarse?
A mi me recuerda lo que, hace ya muchos años, decía Antonio Rodriguez de las Heras (un sabio de esos que andan por ahí y que tiene un ojo fenomenal para anticipar lo que se nos viene encima), cuando nos prevenía de que estábamos pasando de la "Crisis de la Sociedad" a la "Sociedad de la Crisis", en la que la crisis es algo estructural y no pasajero, parte fundamental del paisaje social en el que hemos de desenvolvernos.
Alguien ha llegado a decir que esta crisis es al capitalismo lo que la caída del Muro de Berlin fué al comunismo.
Personalmente, no tengo muy claro que ésta sea una crisis estructural y me parece muy difícil hacer vaticinios.
Creo que el sistema capitalista ha demostrado una capacidad de supervivencia fuera de toda duda, se adapta a lo que venga para mantener el reparto desigual de la riqueza, para que unos pocos sigan acumulando bienes a costa de la mayoría.
Ojalá me equivoque, ojalá estemos asistiendo al final de este sistema injusto,
violento, opresor, insostenible...
Pero, si así fuera (mantengo los dedos cruzados) , si esta crisis es el principio del fin del capitalismo, necesitamos urgentemente nuevas utopías, nuevos horizontes hacia los que avanzar, necesitamos soñar ese Otro Mundo Posible para poder construirlo.
Echo de menos esos sueños, esas nuevas utopías, y por eso me agradó tanto descubrir, de la mano de mi amiga bloguera Ana, la voz del mexicano Gerardo Fernandez Casanova, que dice en su artículo "La crisis: ¿Estructural o coyuntural?" :

"El nuevo modelo a crear tendrá que colocar al hombre y a la mujer en el centro paradigmático, en lugar del capital que hoy domina. El humanismo, plenamente identificado en el socialismo del siglo XXI, constituye la alternativa real para ordenar las relaciones entre las gentes y de estas con la naturaleza, en términos de preservar la vida y llevarla hacia el rumbo de la perfección. El amor al prójimo convertido en la norma de la convivencia, ajena a la limosna o a la filantropía culposa. El estado, liberado de su criminal dependencia respecto del capital, convertido en el representante de la sociedad para garantizar la libertad, la igualdad y la fraternidad. El esfuerzo cultural, en su más amplia acepción, destinado a la creación de la mujer y el hombre nuevos, para que quien hable sea el espíritu".

Me apunto, con entusiasmo, a ese sueño.

sábado, 7 de marzo de 2009

Innovación Decente

"Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los estudiantes no han hecho."
Paulo Freire

Esta semana he dinamizado un taller de "Metodologías Participativas aplicadas a la Innovación Docente", con un grupo de profesores y profesoras de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, invitado por mi amigo Antonio Molina Flores, profesor y Vicedecano de Innovación Docente de esa facultad.
La experiencia ha sido muy positiva y una magnífica ocasión para reflexionar colectivamente sobre los retos de la universidad en el horizonte de los cambios que plantea el famoso "Decreto Bolonia", con la satisfacción de comprobar que, junto a las inevitables resistencias al cambio, también existen profesores y profesoras que se arriesgan a innovar y a introducir en sus prácticas docentes metodologías más participativas, grupales, interactivas...
No es que los pequeños cambios en la docencia de un grupito de profesores/as vayan a transformar todo el complejo sistema universitario (¿o si? decía el poeta Antonio Colinas: "lo importante es sembrar") pero sabemos que son imprescindibles.
Ciertamente no debe ser fácil, para una universidad entendida como "templo del saber académico", asumir la necesidad de cambios profundos que la aproximen a la realidad y a los/as jóvenes del siglo XXI, de la Sociedad del Conocimiento.
Creo que, en cuanto a la Innovación Docente, fundamentalmente se trata de una cuestión de "perspectiva": de fijar la atención en el profesorado o de hacerlo en los alumnos y alumnas.
El primer enfoque se preocupa y ocupa de como se "imparten las enseñanzas", venera la erudición, consagra la exposición magistral, y exige que los alumnos y alumnas hagan el esfuerzo de "elevarse" al nivel de quienes "enseñan".
El segundo se ocupa y preocupa de como se "aprenden los conocimientos", y exige que profesores y profesoras hagan el esfuerzo de "descender" al nivel de quienes aprenden y de encontrar la manera en que les sea más fácil hacerlo.
El primero es más vertical, autoritario, "bancario", que diría Paulo Freire.
El segundo es más horizontal, democrático, participativo, dialéctico,...
En los tiempos que corren, a la vista de las necesidades y los retos que plantea una sociedad en cambio permanente, repleta de incertidumbres y desafíos, y también de los hábitos, actitudes y valores de una juventud que cambia a ese mismo ritmo vertiginoso, resulta suicida instalarse en el inmovilismo, lo único que parece apropiado, y hasta decente, es la innovación: Innovación Decente.

lunes, 2 de marzo de 2009

La Revolución Ética

Me acuerdo mucho estos días de mi hermano Carlos Nuñez Hurtado, y no solo porque pronto hará un año que nos dejó, sino porque hace ya más de diez nos prevenía -en su libro "La Revolución Ética"- contra la pérdida de "la capacidad de asombro, de vergüenza, de indignación o de escándalo", contra la "cultura de la normalidad" que acepta "el engaño, la mentira, la inmoralidad, el "robo legal" (llamado comunmente "ingenio" para los negocios), el crimen, la intolerancia, la falta de respeto cotidiano en la familia, en la calle y en prácticamente todos los espacios".
Efectivamente, pareciera que el lema de este tiempo nuestro fuera: "todo vale".
En la economía desde luego, y ahí está para demostrarlo la presente crisis global nacida de la avidez de lucro y de la ausencia de cualquier escrúpulo ético.
Y también en la política, en la que abundan la mentira, la corrupción, el doble lenguaje, el incumplimiento de los compromisos, la ambición de poder al coste que sea.
Pero, de la misma forma, en las relaciones sociales y también en la ética de las personas, en nuestro comportamiento público, como ciudadanos y ciudadanas, que se escuda a menudo en los incumplimientos de los otros, de quienes gobiernan y dirigen la sociedad, para justificar nuestras propias corruptelas cotidianas, nuestra falta de civismo, la ausencia de una ética ciudadana.
Carlos Nuñez nos proponía una Revolución Ética, que significa "un cambio profundo, desde lo individual, lo personal y lo familiar, hasta lo social, lo público, lo político y lo estructural."
Pensaba en ello cuando leía el artículo de Gianni Vattimo, "¿Es la religión enemiga de la civilización?" , en El País de este domingo, donde nos dice que "ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones".
Si, necesitamos una reacción contundente, radical, hemos de alzarnos frente a tanta indecencia, tanta falsedad, tanto cinismo, tanta falta de ética como se está instalando en nuestras vidas.