"El decrecimiento será, por las buenas o por las malas. O cambiamos -ya- de modelo y de sistema, para aprender a vivir, a producir y a consumir de otra manera, o la alternativa será el caos, la barbarie".Hace unos días, Fernando Cembranos nos describía así un presente, que llamó de "amargura general", en el que los recursos básicos -el agua, el aire, el suelo...- están en pleno deterioro por causa de un sistema basado en el crecimiento sin límites y en el consumo progresivo de energía, para mayor beneficio de 200 grandes compañías multinacionales.
De una u otra forma, por las buenas o por las malas, estamos ante el fin de un modelo de vida y de sociedad.
En el futuro, necesariamente, habremos de vivir de otra manera, con mucho menos, cooperando y no compitiendo.
Este panorama parece refrendado por una gran cantidad de investigaciones científicas que, desde hace cuarenta años, nos vienen poniendo sobre aviso de los peligros de este sistema productivista, consumista, derrochador, contaminador, desigual, deshumanizante, excluyente...
Pero los poderosos y los gobernantes, los grandes medios de comunicación, han llamado catastrofistas a quienes han denunciado la situación y han preferido mirar para otro lado. Aquí no pasa nada. "Cuando pase esta crisis..."
En estos mismos días, hemos visto naufragar la Cumbre del Clima en Copenhage, hemos asistido al coro de grillos, al parloteo esteril de "los lideres mundiales", cobardes, defendiendo sus intereses mediocres, con ideas y discursos enanos, incapaces de ponerse de acuerdo en las medidas necesarias para hacer frente a los problemas de la humanidad, escurriendo el bulto.
Uno de los lemas de quienes, en las calles de Copenhage, reclamaban medidas era "si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado."
Es una vergüenza.
Que se vayan todos.
Ciertamente las perspectivas no son buenas, y no parece que "los lideres mundiales" vayan a hacer algo significativo para garantizar un futuro más optimista a la humanidad.
Pero no podemos cruzarnos de brazos, hacer como si nada ocurriese.
Tendremos que movilizarnos, en todo el mundo, frente a nuestros propios gobiernos, salir a la calle -como lo hicimos ante la Guerra de Irak- para exigir que se muevan y que movilicen a todos los demás gobiernos, y pongan en marcha las medidas necesarias, por encima de los intereses de las grandes empresas, aunque eso signifique cambiar de modelo y de sistema.
Por las buenas o por las malas.




