jueves, 30 de diciembre de 2010

Virgencita...

La semana pasada avisaba de la que se nos viene encima: Zapatero no se presentará a las próximas elecciones, una parte importante de quienes solemos votar a la izquierda nos quedaremos en casa refunfuñando, ganará la derecha (¿por mayoría absoluta?) y Rajoy será presidente del gobierno...
No sigo con este ejercicio de "prospectiva", porque me está amargando el fin de año, y bastante tiene uno encima como para pre-ocuparse de penas futuras.
Me gustaría poder decir aquello del chiste del paralítico que bajaba a toda velocidad por una empinada cuesta, con su silla de ruedas fuera de control: "Virgencita, que me quede como estoy!" (un abrazo a mi amigo Pedro). Pero lo cierto es que no me parece ni un poquito bien como está el patio y no quisiera que siguiera igual.
El caso es que me pregunto cómo van a cambiar las cosas... ¿ellas solas? No parece muy sensato confiar los cambios necesarios a la Providencia.
Y no hay cambio social sin política. De hecho, hasta cuando la maldecimos y abjuramos de ella, estamos haciendo política.
Me estrujo el coco (como el personaje de la escultura de Rodin en las calles de Cádiz), preguntándome por la crisis de la izquierda (¡otra crisis más!).
Junto al desastre histórico del "socialismo real", que se mostró como un castillo de naipes, sin raíces profundas en el pueblo al que decía representar, el fracaso de la socialdemocracia que no parece capaz de generar un pensamiento alternativo, una propuesta nueva, distinta al capitalismo depredador y salvaje.
En clave más cercana, ni el PSOE convertido en maporrero del mercado, ni Izquierda Unida en permanente contradición con su propio nombre, ni las múltiples capillitas extraparlamentarias, ni la izquierda abstencionista... parecen capaces de unir sus fuerzas (¿Quéeeee?!!), ni de generar por si solas una nueva alternativa, un nuevo lenguaje y una nueva práctica política capaz de articular una mayoría social suficiente para transformar la realidad, sea por vía parlamentaria o por vía revolucionaria.
Pero... ¿es posible construir esa mayoría social transformadora sin unidad de la izquierda, sin que cada una de sus partes -TODAS- se apeen del burro de sus particulares razones para encontrarse en el "mínimo común multiplicador"?
Mucho dogmatismo y mucho sectarismo habrá que podar. Mucho protagonismo y mucha mediocre ambición de poder habrá que erradicar. Mucho aprendizaje de la "tolerancia freiriana" y de la escucha activa será necesario para llegar a ese punto.
Si embargo, el único objetivo que -a estas alturas- parece coherente (y decente) es precisamente la unidad de la izquierda. ¿O no?

viernes, 24 de diciembre de 2010

Zapatero no se presentará a las próximas elecciones

Nunca más volveremos a creer las palabras de los políticos.
Mira que ya era difícil, pero todavía aguardábamos sus declaraciones, sus propuestas ante los grandes problemas que enfrentamos, porque seguimos necesitando la esperanza, anhelamos poder creer en algo.
Las revelaciones de Wikileaks están acabando con los últimos residuos de "inocencia política" que nos quedaban.
El gobierno de los EEUU está quedando con su culo global al aire. Aunque sus vergüenzas, ahora expuestas a la luz pública, eran un secreto a voces que no nos ha sorprendido.
Tan solo han venido a confirmar lo que ya sospechábamos: los EEUU siguen siendo los matones del patio global, que pretenden hacer pasar por el aro a cualquiera que no se pliegue a sus intereses. Y que le den mucho a la ética.
Pero el gobierno español -por hablar de lo que nos toca más cerca- no ha salido mejor parado.
No es que tuviera un alto indice de popularidad antes de Wikileaks.
Su gestión de la crisis económica, la exhibición impúdica de falta de ideas, su sometimiento a las imposiciones del mercado y del gran capital, su incapacidad para articular propuestas alternativas... ya habían conseguido una rara unanimidad social.
De la derecha extrema ya conocíamos su rabia ancestral y su fobia antizapateril y antipesoe. Pero, quienes les votamos (aunque fuera tapándonos las narices) no esperábamos que traicionaran una y otra vez sus compromisos, los programas por los que fueron elegidos, logrando así la desafección masiva de la izquierda crítica.
Los papeles de Wikileaks han sido el remate.
Nos han confirmado que este gobierno ha tratado a la ciudadanía como si fuéramos menores de edad, como gente estúpida a la que se le dice cualquier cosa que la contente, para luego afirmar -a su espalda- otra cosa distinta, y hacer más tarde lo contrario de lo que se dijo. El gobierno ha exhibido un doble lenguaje, una mediocridad, una capacidad de sumisión y lameculismo hacia los EEUU, una falta de dignidad... que han acabado por descalificarlo.
Por eso estamos en condiciones de asegurar que Zapatero no se presentará a las próximas elecciones.
Ni él está por la labor de sufrir un varapalo histórico, ni el PSOE va a consentirlo. Tratarán de salvar los muebles, de achicar el máximo de agua del bote que se hunde, de minimizar los daños.
No le perdonaremos a ZP que le haya puesto en bandeja las próximas elecciones a la derecha cutre y corrupta. Es seguro que nos acordaremos de él -y de su familia- muchas veces en los próximos años.
Pero es que, además, el daño que le han hecho a la democracia y a la izquierda supone una carga de profundidad de largo alcance. Han acabado con los restos de confianza en la política, con las últimas esperanzas acerca de "otra forma de hacer política" que todavía abrigábamos.
Costará muchos años reconstruir la confianza y la esperanza.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Mi amiga Hanna

El martes pasado se me planteó el dilema de participar en un taller sobre el cuidado de las personas que formamos las asociaciones o hacer de canguro para mi amiga Hanna.
Me apetecía mucho el taller que dinamizaba mi amiga Lita, porque el tema es más que importante (y porque Lita es mucha Lita), pero no lo dudé mucho.
Desde siempre he preferido la compañía de los más pequeños.
En nuestra casa compartida de Huérmeces del Cerro, en los ya remotos veraneos con nuestras familias hermanas, me gustaba comer en la "mesa de los niños", participar en sus juegos, construir cabañas o pescar renacuajos en el rio.
Y más tarde, a lo largo de toda mi vida, siempre he buscado su cercanía.
Algunos de mis mejores amigos no levantaban cuatro palmos del suelo.
Ahora, es mi amiga Hanna -que ya ha cumplido tres años- quien ocupa un lugar destacado en mi corazón.
Ella también, como mi querido Javi hace algunos años, me llama a veces Fernandito y me acepta e integra como compañero de sus juegos. Es muy lista, divertida y cariñosa, y se le ocurren unas ideas alucinantes.
El martes estuvimos jugando a muchas cosas, a las casitas, al escondite, a chocar las palmas, a hacer canciones... y a un fantástico juego surrealista que se inventó sobre la marcha en el que nos "quitábamos" mutuamente las madres para luego "comérnoslas", sin que eso nos planteara ningún problema emocional porque -tal y como me explicó, ante mi inquietud por aquello de que "madre solo hay una"- disponíamos de un amplio stock de madres invisibles.
Esa relación gozosa con mis pequeños amigos y amigas me permite volver a ser un niño, y -como saben bien mis amigos y amigas más grandes- cuando estoy con ellos y comparto sus juegos, pierdo toda inhibición y toda la vergüenza, se me olvidan todas las cosas "serias e importantes".
Como algunos maestros zen, yo también creo que el camino del crecimiento personal, el de la iluminación o el satori, consiste en recuperar la mirada de cuando éramos niños.
Sin duda, entonces estábamos llenos de una ancestral sabiduría que perdemos conforme nos vamos haciendo más mayores, por lo que su recuperación no es precisamente una tarea fácil.
Así que, tal y como contaba al empezar esta nota, el martes me perdí el taller sobre el cuidado de las personas y preferí pasar directamente a la práctica, y cuidar y -sobre todo- cuidarme, con la fantástica ayuda de mi amiga Hanna.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sin palabras

Cuando era muy joven aprendí a hacer mimo y pantomima.
Me enseñó Antonio Malonda.
Eran los primeros años 70.
Durante el curso estudiaba (o "hacía que") en la universidad y, en verano trabajaba -en los "hoteles-villa" del Club Puente Cultural- organizando actividades para amenizar las vacaciones de familias que, en muchos casos, veraneaban por primera vez junto al mar.
Parece increible que entonces, en aquellos años difíciles, junto a las obligadas fiestas de disfraces, las excursiones o las gymkanas, hicieramos también lecturas poéticas (Machado, Lorca, Miguel Hernandez...), disco-foros, representaciones de teatro independiente y de mimo, entre otras muchas actividades culturales que hoy resultarían completamente insólitas en la programación de cualquier centro turístico.
Pero no era mi intención derivar por el sendero de la nostalgia de un pasado en el que todo parecía posible.
Esta nota quería evocar la magia del mimo, de aquel teatro del silencio.
Era fascinante como lográbamos transmitir tantas emociones, sin palabras, con el puro gesto.
Era sorprendente de que manera tan fácil conectaban aquellas pequeñas historias silenciosas con las mentes y los corazones de las gentes.
Unos pocos años más tarde, algunos domingos por la mañana me iba hasta el parque de El Retiro con mi hija Ana, y montábamos allí nuestro espectáculo mínimo, junto a otros muchos artistas callejeros. Y no se nos daba mal cuando pasábamos la gorra.
Es curioso, porque mi vida profesional fué más tarde, y hasta hoy, todo palabras.
Hablar y hablar y hablar: conferencias, seminarios, ponencias, cursos y talleres.
Me he ganado la vida hablando sin parar.
Y hablando, muchas veces, sin tener nada realmente importante que decir.
En nuestra sociedad y en nuestro tiempo tenemos miedo al silencio, a los silencios, a lo que pueda ocurrir, a lo que podamos descubrir en ellos.
Y por eso, hoy como nunca, el mundo está lleno de "blablablas" sin sentido.
Voces y voces, tapándose unas a otras. Ruido y barullo. Aturdiéndonos.
Hoy comentábamos con Nené la importancia de la escucha, la necesidad del silencio, para darnos la oportunidad de mirarnos adentro.
Y recordé aquellos viejos tiempos, cuando sabía hacer mimo.


viernes, 3 de diciembre de 2010

TIC y taca

¿Son -quizás- tecnologías para asociaciones que todavía no existen?
Eso es lo que me preguntaba, el pasado fin de semana, en el II Encuentro MOVIMIENTOS EN LA RED cuando, ponente tras ponente y debate tras debate, se ponía en evidencia que las Tecnologías de la Información y la Comunicación, las TIC, son idóneas para organizaciones horizontales, descentralizadas, que trabajan en red, que construyen colectivamente los conocimientos, que se apoyan en la participación directa, que fomentan la comunicación en todas las direcciones...
Uno de los interrogantes que nos convocaba a este Encuentro es por qué está resultando tan difícil, tan lento, el proceso de apropiación de las TIC para una gran parte de las asociaciones y colectivos sociales de nuestro entorno.
Mientras la sociedad en que vivimos, aquella a la que decimos dirigirnos, incorpora cada día más y más las nuevas tecnologías a la vida cotidiana, la mayoría de las organizaciones sociales continúan siendo "analógicas", siguen funcionando con modelos organizativos y formas de acción propias del siglo pasado, y a veces -incluso- del antepasado.
Curiosamente, las iniciativas más innovadoras de los Movimientos Sociales en Internet están siendo promovidas por los colectivos más alternativos, más rompedores, los que se posicionan más claramente frente al sistema y proponen nuevas formas de organización y de acción.
Frente a ellos, una mayoría de las ONGs, de las asociaciones y organizaciones "tradicionales", más integradas en el sistema -aunque sea por vía de la subvención y la dependencia institucional- están haciendo un uso convencional de Internet y las TIC, copiando a menudo las estrategias comerciales.
Una "conclusión" clarísima de nuestro encuentro es que no se trata de incorporar sin más las TIC, porque hay que hacerlo, porque es la moda... y, luego, ya veremos que hacemos con ellas.
La pregunta obligada que ha de hacerse cualquier organización social ante las nuevas tecnologías es ¿para qué las queremos? ¿qué necesidades de nuestra organización y de nuestra acción pueden ser mejor resueltas con las TIC?
O sea, primero hemos de tener claras nuestras necesidades y nuestros objetivos y después buscar las herramientas adecuadas para darles respuesta, y no al contrario.
Esta perogrullada pone patas arriba la mayor parte de las estrategias y las políticas de implantación de las TIC en el tejido asociativo llevadas a cabo en los últimos años: primero se repartieron ordenadores en las asociaciones y se les crearon miles de páginas web. Hoy nos preguntamos porque la mayoría de aquellas páginas están muertas de asco o son poco más que curiosos folletos digitales.
En fin, pienso que -independientemente de lo que ocurra con las TIC- estamos asistiendo a una crisis profunda, terminal, de un viejo modelo de organizaciones sociales.
Muchas asociaciones y ONGs van a desaparecer, o se van a acabar de integrar completamente como una parte más del sistema, indistinguible.
Y, mientras, están surgiendo ya -aunque a veces nos cueste mucho verlas- las nuevas formas de participación, de organización y de acción social.
Para estas últimas es seguro que las TIC serán -lo son ya- una herramienta fundamental para transformar el mundo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Cuidado

Un grupo de hombres, sentados en círculo, está hablando del "cuidado: "¿Cómo llevas lo de cuidar a otras personas? ¿Y que te cuiden a tí?".
A su alrededor, varias mujeres observan, escuchan y, en ciertos momentos, sonrien.
La escena se desarrolla en un taller sobre asociaciones igualitarias que dinamiza Hilario Sáez.
Por lo general, a los hombres nos cuesta mucho hablar de nuestros sentimientos. Eso es "cosa de mujeres".
Y, sin embargo, cuando logramos romper el silencio surgen las emociones, en el borde de los ojos, en la voz que se quiebra.
A todos nos cuesta mucho aceptar que nos cuiden -decimos-, es como si se pusiera en evidencia nuestra fragilidad, esa debilidad que hemos de disimular para ser fuertes y competitivos, para triunfar en este mundo de machos.
Nos han enseñado que "los hombres no lloran hasta que tienen las tripas en la mano".
Lo de cuidar a otras personas queda en el penúltimo lugar de nuestras prioridades, para cuando nos queda tiempo, después de atender lo importante.
Y, en todo caso, la ideología judeo-cristiana ha incrustado en nuestras mentes la idea de sacrificio junto a la de cuidado. Uno se entrega a los demás, se sacrifica por ellos, se inmola... para ganar el cielo.
Pero esa es también una gran mentira. No solo la del cielo, sino la del sacrificio.
Como saben muy bien quienes cuidan -con y desde el corazón- a otras personas, a menudo es mucho más lo que se obtiene que lo que se entrega. "Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da", como dice Jorge Drexler en la canción que copio más abajo.
El cuidado es una ocasión para la ternura y el cariño, para la empatía y la con-pasión, y todo ello nos hace mejores personas, más humanos. Es parte fundamental de la vida.
De eso saben mucho las mujeres.
En aquella conversación de hombres yo recordé a mi madre, que descubrió -con 88 años- la satisfacción del cuidado a las otras personas.
Y rememoraba la última conversación que tuve con ella, poco antes de su muerte, cuando -hablando de la ternura, del cariño y del cuidado- se lamentaba por "todo lo que se había perdido."
Yo no quiero perdérmelo, por eso, todas las mañanas, al acabar la meditación, le pido al cielo que abra mi corazón, que lo haga más tierno y sensible hacia las otras personas, que me enseñe a cuidarlas y a dejarme cuidar, y le doy gracias por la vida, por mis amigos, por mi compañera y por mis hijos.

La foto se llama "Ternura" y es una abuelita, con un brazo herido, que habla con un viejo perrito.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Nosotr@s, el sistema

La semana pasada viajé a Las Palmas de Gran Canaria, para participar en las 2as Jornadas Internacionales de Participacion y Desarrollo Social.
No se qué habré podido aportar allí. Si se lo que me he traído de vuelta, todo lo que he aprendido (incuyendo la interesante "lección" de la maliense Aminata Traoré, que aparece en la foto).
Ha sido un "chute" de esperanza, volver a abrazar a viejos y nuevos amigos, descubrir tantas iniciativas ciudadanas interesantes que se están desarrollando en aquella ciudad, con el apoyo de un equipo entusiasta de dinamizadoras y dinamizadores del Ayuntamiento de Las Palmas (si, a veces hasta los ayuntamientos aciertan).
Pero, más allá del gozo de constatar que siguen surgiendo nuevas manos y nuevas voces para cambiar el mundo, las Jornadas han servido para confirmar el diagnóstico de una realidad en crisis, la percepción del fracaso de un sistema, de un modelo económico, cultural, social... que nos acogota más y más conforme se agota.
Y también -de nuevo- la conciencia de que no hay otro mundo -mejor- posible sin la ciudadanía, de que la gente -organizada, organizándose- es imprescindible para producir los cambios necesarios.
Pero los colectivos, las asociaciones y organizaciones sociales también estamos en crisis, en horas bajas. No es sorprendente en un mundo en el que todo está en crisis, en medio del ojo del huracán, en pleno cambio de era.
Las viejas formas organizativas se resisten a desaparecer y las nuevas están todavía inventándose.
Y es grande el desánimo entre quienes pretendemos cambiar el mundo.
Pero cuando nos encontramos, cuando compartimos nuestras dudas y nuestros sueños, nuestras fortalezas y también nuestras debilidades, entonces es mucho más fácil reconocer el "poder social", nuestro potencial, nuestra capacidad de cambiar las cosas.
Eso es algo de lo que ha pasado en Las Palmas.
Y allí, también, se han escuchado llamadas a la insumisión, a la resistencia frente al sistema, nuestro enemigo común.
Pero asi mismo hemos podido reconocer que nosotr@s también somos el sistema, que tenemos plenamente interiorizados los valores, las actitudes, los hábitos, las conductas, los modelos mentales... que permiten que continue en pie. Y que no hay cambio posible del sistema si no cambiamos las personas -y las organizaciones- que lo sostenemos.
De vuelta a Cádiz, escucho -en medio de una multitud de jóvenes- una charla en Enric Duran que impulsa la Cooperativa Integral Catalana y propone no esperar, empezar a construir YA -en nuestras personas y en nuestras organizaciones- las alternativas a este mundo imposible, al capitalismo depredador.
Resistencia, insumisión, clandestinidad.
Unir fuerzas, ponernos de acuerdo, al margen de las administraciones y de los poderes fácticos, sin esperar su permiso, tejiendo redes con todas las personas y sectores, con todas las iniciativas que quieren transformar el mundo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Procrastinacionismo

Mañana me querré un poquito más.
Mañana pondré orden en los papeles y organizaré mi tiempo.
Mañana dedicaré un buen rato a hablar con Nené de nosotros y nuestras vidas.
Mañana me ocuparé de mi salud y pediré cita con el médico.
Mañana llamaré a mis hijos para saber de sus vidas y decirles cuanto les quiero.
Mañana dejaré de ver la televisión.
Mañana aprenderé a decir que no a ciertas propuestas.
Mañana volveré a dibujar pequeñas historietas.
Mañana empezaré a hacer una dieta para perder algo de peso.
Mañana me ocuparé de mis amigos, les llamaré por teléfono, les diré que les añoro.
Mañana volveré a escuchar música a todas horas.
Mañana dejaré de agobiarme por lo que es como es.
Mañana buscaré otras personas con las que cambiar el mundo.
Mañana dejaré de leer los periódicos.
Mañana bajaré a la playa y dejaré que mi mirada se pierda en el horizonte.
Mañana volveré a hacer Qi Gong todas las mañanas.
Mañana saldré a la calle a protestar por tanta injusticia.
Mañana reciclaré el vidrio y el papel que se acumulan en el lavadero.
Mañana dejaré de preocuparme por el futuro y me dedicaré a disfrutar el presente.
Mañana pensaré lo que quiero hacer a partir de mañana.
Mañana dedicaré tiempo a jugar con los niños como un niño.
Mañana aprenderé a comunicarme mejor.
Mañana empezaré a caminar todas las tardes por la orilla del mar.
Mañana buscaré nuevos amigos.
Mañana no le prestaré atención al Facebook.
Mañana participaré en política para cambiar las cosas.

Aquí os dejo la canción, que bien pudiera ser el "Himno de la Procrastinación", de aquél cantautor memorable Alberto Cortez, "A partir de mañana".

viernes, 29 de octubre de 2010

En la zona de confort

Hace unos días nos preguntaba José Ignacio Artillo por qué, siendo conscientes de la necesidad de cambiar y conociendo incluso los medios para producir esos cambios necesarios, hay tantas y tantas organizaciones sociales que no nos ponemos a ello.
Efectivamente, estamos atravesando momentos difíciles para las asociaciones ciudadanas, para una gran mayoría de ellas.
Por un lado, no corren vientos favorables a la participación social y muchas organizaciones están "en cuadro", sostenidas por muy pocos miembros, sin una base de respaldo social.
Por otra parte, los procesos de profesionalización que han vivido muchas asociaciones, para compensar esas crisis del voluntariado y la participación social, se ven condicionados por la crisis económica.
Se ha cerrado el grifo de las subvenciones públicas, se retrasan los pagos de las administraciones, no hay dinero y ello hace que sea preciso recortar las actividades, los servicios y prestaciones, que sea necesario prescindir del personal técnico que se contrató en el pasado.
Estamos sufriendo el estallido de la "burbuja asociativa", las perversas consecuencias de la dependencia económica de las administraciones públicas que ha sido la norma de los últimos años para un gran número de organizaciones sociales.
Pero, por si el panorama no fuera suficientemente complejo, se están produciendo en nuestra sociedad muchos cambios, de una profundidad y con una rapidez desconocidas.
La revolución de las TIC está cambiando las formas de conocimiento y los hábitos de comunicación y relación social.
Y, mientras tanto, hay muchas asociaciones y organizaciones sociales que, lejos de plantearse los cambios necesarios en sus formas de organizacion, de acción y comunicación, prefieren esperar a "que pase la crisis".
Mantienen la fantasía de que, dentro de poco, las cosas volverán a ser como hace unos años, volverán a abrirse los grifos de las subvenciones y las asociaciones volverán a ser lo que eran.
Pero las cosas no eran, tampoco en tiempos de "vacas gordas", como debían de ser y la subordinación y la dependencia de los poderes públicos nunca fué buena.
Es verdad que, en este espejismo, las organizaciones sociales no son muy distintas a una mayoría social que está haciendo planes para "cuando pase esta crisis".
Pero, en fin, en todos los casos, se trata de esa "zona de confort" que nos recordaba Artillo: el conjunto de creencias, ideas preconcebidas, hábitos adquiridos... que nos dan seguridad, donde nos sentimos cómodos, y que -con mucha facilidad- se convierten en barreras para hacer los cambios que necesitamos.
Hasta que no nos quede más remedio.

viernes, 22 de octubre de 2010

Sentarse y sentirse

Por la mañana, al despertarme, lo primero que hago -tras pasar por el baño- es dedicarle un rato a la meditación.
Llevo haciéndolo varios años, ya van para seis, casi todos los días.
No se trata de ningún tipo especial de meditación, ni hay ninguna mística religiosa tras ella.
Es, tan solo, "sentarme y sentirme", como lo definía un monje budista, dejar fluir los pensamientos sin agarrarme a ellos, poner la atención en la respiración.
A veces es más fácil. Los pensamientos se disuelven como jirones de niebla y llega suavemente el silencio interior. Y no siento el cuerpo.
En otras ocasiones, la cabeza bulle sin parar y los pensamientos vuelven, una y otra vez, a llamar machaconamente la atención. Los músculos inmóviles protestan, doloridos.
Dicen los viejos sabios que la meditación debe hacerse sin ninguna intencion, sin buscar resultados, pero siempre -incluso cuando es más difícil- me hace sentir bien, y no recuerdo una sola vez que me haya arrepentido de hacerla, que lo haya vivido como algo sin sentido.
La experiencia es todavía más especial si medito en medio de la naturaleza, frente al mar o en el campo, escuchando la sinfonía de olas y pajaros, sintiendo el sol o el viento en el rostro.
Hay días que me despierto con las preocupaciones, los miedos y las incertidumbres apretándome el pecho. Y ese rato de meditación hace que cambie mi mirada, mi visión del mundo, y puedo respirar sin angustia.
Por eso, especialmente tras el infarto, no he querido perder la meditación, que ha sido -sin buscarlo- una magnífica terapia y un regalo de la vida.
Si, es un regalo parar, en medio de tanta prisa, la quietud en mitad del tráfago, poder mirar "hacia adentro", escuchar el silencio interior, en tiempos de tanto ruido y tanta palabrería.


Aquí os dejo el regalo de la música de Hariprasad Chaurasia que demuestra que también es posible meditar -y ayudar a meditar- mientras se toca la flauta.

viernes, 15 de octubre de 2010

Espejismo

Después de darle muchas vueltas me decido a coger ese libro de la biblioteca.
Su autor es el favorito de un buen amigo que me lo ha recomendado muchas veces, aunque, no se por qué, siempre he evitado sus novelas.
Lo meto en mi cartera y, al tomar el autobús de regreso a casa, empiezo a ojearlo.
Ahí llega la primera sorpresa.
El protagonista tiene un nombre muy parecido al mío, con alguna letra cambiada tan solo.
Casualidades de la vida y la literatura, me digo.
Más tarde, tras la comida, antes de echar mi cabezada habitual, retomo la lectura.
Trata de un hombre maduro, a punto de cumplir los sesenta, que se siente perdido en medio de una época que se acaba.
Me veo reflejado en el retrato, y, según van avanzando las páginas, crece mi asombro al descubrir más y más detalles que coinciden con mi propia vida.
¿Como es posible que aquél hombre -igual que yo- visite a sus padres ancianos todos los miércoles por la tarde?
¿Como explicar que, siendo niño, jugara solo al fútbol en el patio de su casa, lo mismo que hacía yo?
¿Y su grave enfermedad, hace dos años, como la mía?
Las coincidencias se multiplican en cada capítulo.
Ya no me cabe ninguna duda: el libro habla de mi.
Los detalles no son idénticos, están levemente deformados, las fechas, los nombres, los lugares... pero es mi historia la que cuenta.
¿Puede ser una casualidad?
¿Acaso -sin saberlo yo- el autor me conoce y es precisamente mi vida la que describe?
¿Seré tan solo un personaje de novela que se cree vivo?
¿Qué me ocurrirá cuando pase la última página?
He llegado, agitado por una ansiedad creciente, hasta la página 89.
En ella, el protagonista se sienta frente al ordenador y escribe asustado.
Como yo ahora.

Este pequeño cuento se debe a la lectura de "Dublinesca" de
Enrique Vila-Matas y a la historia de Samuel Riba que allí se cuenta.

viernes, 8 de octubre de 2010

Elogio del Bosquimano

Hace unas semanas hubo un apagón general en Cádiz.
No fué muy largo, poco más de diez minutos, pero pude imaginarme como sería nuestra sociedad sin electricidad: nada de televisión, ni Internet, los bancos bloqueados, las administraciones públicas paralizadas, los frigoríficos descongelados y los alimentos estropeados...
Realmente la nuestra es una sociedad muy frágil, muy vulnerable.
Entiendo perfectamente el miedo que tienen los gobiernos a los apagones, el grave problema que significan.
En nuestras sociedades avanzadas y desarrolladas hemos olvidado habilidades básicas, que nos servían para sembrar y cosechar, hacer fuego, construir nuestras viviendas...no sabemos hacer nada por nosotros mismos y nos hemos entregado en manos de la tecnología, dependemos absolutamente de la electricidad, sin ella no somos capaces de calentarnos, ni alimentarnos, ni entretenernos, ni comunicarnos... no seríamos capaces de sobrevivir sin ella.
Hace unos días veía en la televisión un documental sobre los bosquimanos.
Se trata de uno de los pueblos más antiguos, pero han sido históricamente acosados, expoliados, expulsados de las tierras donde vivían, ricas en minerales y diamantes.
Los pocos que quedan, viven en grupos familiares, cazan y recolectan frutos, raíces y tubérculos en las tierras inhospitas del desierto de Kalahari.
Los bosquimanos son capaces de desenvolverse y sobrevivir en el entorno más duro y hostil.
Me pregunto si realmente son un pueblo atrasado y primitivo, un obstáculo para el progreso y el desarrollo, como dicen los gobiernos de la zona.
O, por el contrario, tal vez sean un ejemplo de sabiduría, de capacidad de sobrevivencia, de vida en armonía con la naturaleza, de aprovechamiento de sus recursos, de autodependencia.
¿Quiénes son los débiles, ellos o nosotros? ¿Quién debe aprender de quién?

viernes, 1 de octubre de 2010

Razones para la esperanza

Siempre resulta más fácil ver a nuestro alrededor las miserias, los problemas, las debilidades, las dificultades... el "lado oscuro" de la realidad. Mientras que nos cuesta una barbaridad descubrir el "lado luminoso", las fortalezas, las oportunidades... que la vida y el mundo nos ofrecen.
Sabemos que -aunque no podamos verlas- están ahí, o al menos deben estar, porque la realidad -como aprendió "el monje sensible"- es yin y yang, en ella se entretejen necesariamente las luces y las sombras, el dolor y la felicidad.
Pero en este momento histórico, en este mundo imposible, frente a la avalancha de malos augurios que nos llueven encima, necesitamos urgentemente descubrir las razones para la esperanza.
Paulo Freire afirmaba, especialmente en los últimos años de su vida, cuando el capitalismo neoliberal mostraba su peor cara, el derecho y el deber de la esperanza, porque sin ella no hay futuro. Nos invitaba a soñar con un mundo más justo y a pelear por construirlo. Soñar para poder construir nuestros sueños.
Pero, ya digo, muchas veces las razones para la esperanza se esconden y nos cuesta encontrarlas, convertirlas en el punto de apoyo, en la base de nuestras luchas personales y colectivas.
El fin de semana pasado anduve por tierras de Valencia, participando en un Encuentro de Asociaciones de l'Horta Sud.
La tarde del sábado anduvimos buscando razones para la esperanza con un amplio grupo de jóvenes, de las Casas de Juventud y la Asociación de Esplais, que juntamente con la gente más veterana, de la Fundación Movimiento Ciudadano, están poniendo en pié el Movimiento Laico y Progresista en aquellas tierras.
Jovenes y mayores, uniendo fuerzas, demostrando que es posible aprender unas de otros, compartir experiencias, apoyarse mutuamente.
Todo ello es en sí mismo una poderosa razón para la esperanza.
Se pueden sumar sueños, sumar fuerzas, construir juntos.
Exige generosidad y compromiso, pero se puede.
Como siempre, en viajes como éste, es mucho más lo que me traigo a casa que lo que haya podido aportar allí.
Gracias por ello a las amigas y amigos de l'Horta Sud.
En Valencia, como en Aragón, en Canarias, en Andalucía o donde quiera que me lleva la vida, siempre repito obsesivamente la misma demanda: evitar el aislamiento, mostrarnos, comunicarnos, conectarse con aquellas -muchas, pequeñas, humildes...- iniciativas que comparten el mismo sueño de construir un mundo mejor y que nos necesitamos mutuamente, desesperadamente, para alimentar la esperanza.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Yo no soy racista, pero...

Nuestra sociedad es cada día más racista.
Como la lluvia fina que va calando, así penetran en nuestro tejido social -en nuestros cerebros- los prejuicios contra los que son diferentes.
Suavemente, casi sin sentirlo. No somos racistas, pero...
Es un fenómeno típico en tiempos de crisis: los moros, los gitanos rumanos, los inmigrantes en general, se convierten en chivos expiatorios de nuestros miedos.
Que si son delicuentes, que si viven miserablemente (como si eso fuera voluntario), que si quieren construir mezquitas para rezar, que si saturan los servicios públicos de salud, que si nos quitan el trabajo... Mentiras repetidas que calan en los grupos y sectores más incultos y desinformados de nuestra sociedad, pero también en los que -se supone- tienen más educación y capacidad de razonar.
Racismo sociológico.
Otro clásico: los pobres contra los que son más pobres todavía.
En vez de volcar nuestro cabreo en los más ricos, en quienes están sacando tajada de la crisis y se han beneficiado de todas las crisis... en vez de cuestionar y criticar un sistema -el capitalismo- que ha demostrado su fracaso histórico, condenando al hambre y la miseria a millones de personas, contaminando y destrozando el entorno natural... volvemos nuestra frustración y nuestra ira hacia los más débiles de la escala social, hacia los diferentes, hacia los otros.
Pero, lo grave -ya digo- es que estas formas de pensar están cada día más extendidas a nuestro alrededor, entre "la gente de la calle", en nuestras cabezas y corazones.
Todos y todas tenemos la culpa por haber renunciado a pensar críticamente, por aceptar como inevitable este sistema injusto. Como dice Slavoj Zizek: "parece increible, pero nos es más fácil imaginar la destrucción del mundo que la del capitalismo".
Pero los principales culpables son quienes tienen la responsabilidad -política- de liderar a la ciudadanía pero tiran de demagogia, utilizan las más bajas pasiones e instintos, nos manipulan para sacar rendimiento electoral: los sinvergüenzas (literalmente) de Sarkozy y Berlusconi, los lideres y lideresas del PP en Cataluña (¿y en el resto del Estado?).
Es indecente... y extremadamente peligroso.

El cartel que ilustra esta entrada es de Elso Brino

viernes, 17 de septiembre de 2010

Lo que los libros me cuentan

Mi madre se lamentaba, en sus ultimos años, porque no nos iba a dejar ninguna herencia. Pero no tenia en cuenta algunos "intangibles", por ejemplo la herencia del placer de la lectura, del gusto por los libros.
En casa siempre los hubo, y mi padre le regalaba a mi madre un libro el 4 de cada mes, para recordar el día que se casaron.
Soy un lector empedernido, mi mesilla está repleta de libros por leer, continuamente estoy leyendo y viajo con alguno siempre encima.
Hace más de tres años decidimos asociarnos a la biblioteca pública, porque ya no había sitio en casa para guardar más libros, porque debíamos ahorrar en nuestra castigada economía y porque creemos firmemente en los servicios públicos y -frente al consumismo feroz- apostamos por la cultura de compartir solidariamente los recursos, también los libros.
El caso es que, desde entonces, se han incorporado a nuestra vida algunos ritos gozosos, como el visitar cada dos o tres semanas la biblioteca para devolver los libros ya leidos, explorar sus grandes estanterías y buscar nuevas lecturas.
Pero, además, junto al viejo y conocido placer de la lectura, han surgido nuevas experiencias y sensaciones ligadas a los libros.
Porque los libros de la biblioteca pública conservan las huellas, la memoria de quienes los visitaron antes.
Esas huellas son, a veces, el resultado de un descuido o un pequeño accidente doméstico. Como las esquinas dobladas de las páginas, que señalaron el lugar al que llegaron en su lectura, o las manchas de unas manos sucias, la grasa de un bocadillo, el café derramado, la ceniza de un cigarro...
En otras ocasiones, son huellas más explícitas, como el subrayado de una frase que captó el interés del lector o una palabra desconocida, o incluso correcciones al autor o a la traducción.
Existen activistas contra el laismo o el leismo, o detectives literarios que buscan cualquier error ortográfico o gramatical que puedan descubrir.
También hay quien anota, en el margen o al pie de página, sus sentimientos o reacciones a lo que están leyendo, su acuerdo o desacuerdo, como si fueran pintadas que ocupan los muros imaginarios de los libros.
Y hay quien persigue incoherencias o contradicciones en el texto, en la trama de la historia, y coloca allí una señal de aviso para quienes transiten esos mismos caminos.
A veces, en mitad de la lectura, no puedo dejar de pensar en ello: ¿quienes fueron los lectores y lectoras que pasaron antes por aquí? ¿como eran?¿cuales eran sus vidas? ¿qué sentían y pensaban al leer estas mismas páginas?
E imagino historias fantásticas, que son un regalo más de los muchos que me hacen los libros.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Razones para la Huelga

Es posible, como dice El País, que la Huelga General del 29 de Septiembre vaya a ser un fracaso, pero yo iré a la huelga por muchas razones:
  • Porque la crisis generada por los bancos y especuladores financieros la están pagando las personas y los sectores sociales más débiles.
  • Porque con la crisis aumenta el número de ricos y multimillonarios, los beneficios de los bancos y las grandes empresas, sin que nadie ponga coto a ese despropósito.
  • Porque pareciera que este mundo imposible y este sistema de locos fueran inevitables, que no hubiera ninguna otra posibilidad de hacer un mundo más justo y humano, más solidario.
  • Porque me parece indecente que las principales medidas para combatir la crisis sean recortar derechos, salarios, políticas sociales... aumentar la precariedad.
  • Porque las medidas del gobierno le hacen el juego al capital y al mercado, exhibiendo una impresionante falta de imaginación para pensar y construir otras alternativas posibles.
  • Porque la ciudadanía está muerta de miedo y no se mueve, aunque le sangren y golpeen, y hay que sacudirnos la modorra, la apatía, salir a la calle, levantar la voz.
  • Por darle un aviso prelectoral al gobierno de Zapatero, para que deje de mirar tanto a la derecha y empiece a mirar un poquito a su izquierda.
  • Por fastidiar a la derecha reaccionaria, que se va a alegrar del varapalo al gobierno que significa la Huelga General, pero se le atragantará esa alegría si los sectores populares, la ciudadanía ocupa las calles.
  • Para que sirva de punto de partida a la movilización de los sectores progresistas, para combatir la resignación social y empezar a contrarrestar la marea derechista y la amenaza de que los neocon ganen las próximas elecciones (¡nos vamos a enterar de lo que vale un peine!).
  • Porque, aunque los sindicatos no sean precisamente un ejemplo de coherencia, compromiso, democracia y participación... y necesiten un cambio profundo en sus formas de organización y de acción, no podemos permitirnos que se debiliten y desaparezcan.
  • Porque, como dice Jose Luis Sampedro, citando al Baghavat Gita:"No es digno eludir las batallas necesarias, hay que empeñarse en ellas, vayan a ganarse o no".
  • Por darle en las narices a El País y a todas las personas, grupos de presión y medios interesados en que la Huelga General sea un fracaso.
Y tu, ¿tienes más razones?

Mientras lo piensas y dejas tu comentario,
aquí te regalo esta bellísima canción de Leon Gieco


viernes, 3 de septiembre de 2010

Basura moderna

Todos los años, al terminar las vacaciones, antes de retomar la tarea, tengo por costumbre hacer una buena limpieza general de mi espacio de trabajo.
Lo hago porque de otra forma los papeles acabarían sepultándome, echándome de mi sitio, pero -sobre todo- porque me parece una buena forma de iniciar el curso: poniendo orden en el caos.
Dicen que quien ordena "fuera", los armarios, los cajones,... también pone orden "dentro", en su cabeza, en su espíritu. Y yo lo creo, lo he experimentado muchas veces, especialmente en momentos de bajón o confusión profunda.
Asi que, con esas buenas intenciones, este año me propuse profundizar en la limpieza postvacacional, meterle mano a las estanterías llenas de libros, darle la vuelta a los cajones, revisar a fondo los papeles...
La cosa ha durado más de dos días, y eso que no he llegado a los estratos profundos, a las capas más hondas de papeles y cachivaches que se resisten a perecer año tras año, los que llamo "los restos del naufragio".
El resultado de la operación han sido tres carritos llenos de papeles para el contenedor azul.
De repente, en las estanterías han aparecido muchos huecos. He tirado docenas de libros y folletos, de esos que producen sin medida los servicios de publicaciones de las instituciones y que regalan en abultados paquetes a ponentes e invitados de las diversas jornadas y eventos que suelen organizar.
Me pregunto quién leerá esa extensa bibliografía sobre la fauna y flora local, la evolución estadística del uso del cachirulo, la cria de la chinchilla o cualquier otro tema peculiar... y quien compensa los miles de arboles sacrificados a mayor gloria y autobombo institucional.
Conservo algunos cientos de libros "de consulta" que prácticamente no he consultado en los últimos dos o tres años y que, me temo, no voy a consultar mucho en los próximos.
En la actualidad, la casi totalidad de las consultas profesionales las hago a través de Internet, en Google, Wikipedia u otros recursos parecidos. A muchos libros y documentos de interés también puedo acceder a través de la Red. La información alli es tanta (aunque no necesariamente sea buena) que deja poco espacio para los viejos libros.
Y éstos se van quedando reducidos a objetos de valor sentimental que me recuerdan momentos especiales o personas queridas, convertidos en pre-antiguallas.
Otro subproducto de la limpieza general son tres grandes bolsas de plástico llenas de "basura tecnológica", esperando a ser llevadas al punto limpio más cercano.
Ahí están el viejo y estropeado ordenador portatil, teclados que ya no funcionan, un antiguo modem, ratones polvorientos, docenas de cables, cientos de inútiles disketes de 3 y medio...
No imaginaba que se hubiera acumulado tanta cacharrería en unos pocos años. Aunque, pensándolo bien, no es extraño pues estos son objetos producidos para envejecer deprisa, de usar, tirar y cambiar por el último modelo.
Veo en la Red las impresionantes imágenes de los modernos basureros tecnológicos en China, Ghana u otros países, y pienso que estamos perdiendo algún tornillo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Postales veraniegas


Reencuentro con los magníficos paisajes de Huermeces y con los viejos amigos.
Aquí parece que el tiempo se hubiera detenido y no hayan pasado más de 30 años.
Pero es solo un sueño de verano del que pronto se despierta.









La catedral de Siguenza para mi solo. Me paseo por sus naves umbrías. Imagino historias de monjes y guerreros. Me pregunto por qué, siempre, permanece cerrada la Capilla de El Doncel ¿será para sacerle unos euritos al personal?







Los campos castellanos están repletos de girasoles.
La generosa primavera los ha puesto altos y brillantes.
Siempre me gustó esta planta humilde, utilitaria, y tan hermosa.










De vuelta en Cádiz.
Bajamos muy temprano a la playa.
Mientras Nené camina y busca conchas por la orilla, yo hago mis ejercicios de Chi Kung.
El aire es limpio.
Pareciera que cada mañana el mundo se estrena.








El pajarito estaba en la calle, aturdido, como si hubiera caido de un nido.
Le subo a casa y le doy agua.
Al rato, ya recuperado, se escapa por la ventana del lavadero dejando una huella de alegría y libertad.







Todas las tardes, mientras pedaleo en la bicicleta estática, el sol se pone en la ventana, junto al Castillo de San Sebastián.
Hoy se cruza un barco, camino de Africa.
Cada puesta de sol es especial, diferente, única.
Tengo un montón de fotos. Podría hacer una exposición.






Por las mañanas, muy temprano, en la playa solitaria, nos damos un baño entre los primeros rayos de sol.
Es un momento fantástico que nos tonifica el cuerpo y la mente para todo el día.








Cuantas horas de lectura, tumbados en la cama, bajo el ventilador.
Cuantas aventuras y viajes imaginarios.
Nuestros veranos siempre han sido muy lectores.
La oportunidad de leer sin límite, aunque llegue la madrugada.





Para despedir las vacaciones, salimos en un barquito -lleno de familias de veraneantes- a ver la puesta de sol en medio de la bahía.
Al zarpar, todo es bullicio, risas y fotos.
Al volver, despues de que el sol se haya escondido tras el horizonte, todo es silencio y melancolía.

viernes, 30 de julio de 2010

Tiempo de verano

Me gusta escribir estas notas.
Suelo hacerlo -siempre que puedo- los viernes por la tarde, cuando ya se acaba la jornada y la semana laboral.
Son ratitos gustosos en los que me paro a pensar e intento expresar -con una cierta intención estética- esos pensamientos.
Y busco musicas y fotos hermosas que acompañen las palabras.
A veces, el contenido de estas notas ya viene elegido de antemano, porque la coyuntura, las circunstancias del momento señalan con su dedo los temas.
En otras ocasiones, he de mirar adentro de mi, rescatar de allí los sentimientos y las emociones, para trenzar con ellos una imagen, una instantanea.
Trato de pensar con libertad y sentido común, pero escuchando también al corazón, dejando fluir las emociones.
No creas que es tan fácil. Exige constancia y una cierta disciplina escribir todas las semanas.
Pero me siento satisfecho de estas notas, por el solo hecho de tejerlas, de escribirlas.
Me parece todo un lujo, en estos tiempos de prisas, de miradas superficiales, de pensamientos de usar y tirar.
Es como si me regalara a mi mismo un momento especial todas las semanas.
Y la satisfacción crece cuando alguien llega hasta aquí a leer esas notas, a compartirlas.
Y se multiplica cuando uno u otra dejan su huella, su comentario. Cuando mi voz deja de ser un monólogo y se convierte en diálogo.
Entonces merece la pena cualquier esfuerzo.
Pero ahora, como el año pasado, quiero guardar silencio por un tiempo.
Tiempo de verano, como canta Ella.
Será hasta septiembre.
Hasta entonces, siempre, os deseo muchas pequeñas felicidades.

La foto es de Gabriela Cartharius

viernes, 23 de julio de 2010

Sueños

Hubo una larga temporada que no soñaba, dormía profundamente, como un tronco, pero echaba de menos los sueños.
Desde hace algún tiempo los he recuperado, sueño casi todas las noches, con una gran intensidad.
En mis sueños vuelven amigos que perdí.
Les abrazo, reimos, y les digo cuanto les añoro.
A veces, regresa a mis sueños mi madre y su presencia es tan real como si estuviera viva. Cojo su mano, tan cálida y suave, la cubro de besos, y apoyo mi cabeza en su hombro.
Estos no son sueños tristes, cuando despierto lo hago con una sonrisa, agradecido a la vida que me regala estos momentos.
Pero no siempre los sueños son gratos. A veces son oscuros y amargos, me llenan de angustia o miedo, siento sombras inciertas que acechan, o me pierdo en laberintos imposibles. Y me despierto agitado de la pesadilla para refugiarme entre los brazos amigos de Nené.
En mis sueños vuelo.
No como un pájaro que se desliza por el cielo, sino más bien como un pez que nadara en el aire.
Tomo carrerilla, me impulso, me elevo hasta unos tres metros de altura y avanzo impulsado por mis brazos y mis piernas, flotando ligero sobre las cabezas de las gentes.
Es una sensación fantástica, de plenitud.
A lo largo de la historia, en todas las culturas, los sueños han sido considerados como revelaciones, profecías, mensajes o augurios misteriosos.
Para Freud y quienes le han seguido, son una vía privilegiada de acceso al inconsciente y estan llenos de significados ocultos.
No se qué puedan querer decir mis sueños, no me preocupa su significado, aunque se que existen diccionarios para la interpretación de los sueños.
Me basta con soñarlos, y espero la sorpresa que me reserva cada noche.

Os dejo aquí la voz dulce de mi bella "prima", Marina de la Riva, que oportunamente canta "Sonho Meu".

viernes, 16 de julio de 2010

Maledicencias

Uno de los deportes nacionales (junto al fútbol) que más nos unen es hablar mal de otras personas. Incluso sin conocerlas.
Esto ocurre en las mejores familias, en la Administración, en las empresas, en los partidos políticos, y hasta en las organizaciones sociales que pretendemos cambiar el mundo.
Practicamos la maledicencia con quienes decimos que son nuestros compañeros y amigos, y no digamos si, encima, son (o los sentimos como) nuestra competencia (afectiva, profesional, política...).
Hace unos días recordábamos a varios prestigiosos activistas y profesionales del mundo de lo sociocultural, de la participación ciudadana y el desarrollo comunitario, que no pueden verse entre sí, que evitan cruzarse en los mismos encuentros o jornadas, que presumen de ir por ahí arreglando lo que los otros han estropeado previamente.
En opinión de quienes compartíamos mesa y sobremesa, cada una de esas personas, de esos activistas, tienen cosas muy importantes que decir y que aportar a la construcción de una sociedad mejor, como lo han demostrado en sus libros y publicaciones, en sus trabajos, en sus proyectos...
Sus discursos y sus prácticas son diferentes, pero nunca antagónicos sino complementarios, y por esa diversidad doblemente interesantes... si pudieran entrar en diálogo y no en confrontación, si fueran capaces de construir juntos.
Pero tal cosa no suele ocurrir.
El personalismo, la competencia, el protagonismo, la descalificación del otro... prevalecen por encima de la solidaridad y el compromiso con la transformación social.
Hay un grupo de amiguetes en Bilbao, con mucho sentido del humor, que han creado una organización política de nuevo cuño, cuyos fines son "la unidad de la izquierda, a través de la escisión correlativa hasta la extenuación, de manera que la unidad de la izquierda se conseguirá cuando en cada formación política sólo acabe habiendo un único militante o militanta".
Es toda una metáfora, o una caricatura, de nuestra dificultad para entendernos, de nuestro gusto por la maledicencia.
En fin, que como hemos reiterado una y otra vez, el cambio social no llegará si no cambian las organizaciones que han de impulsarlo, y éstas no cambiarán -y aquí está la clave- si no cambiamos las personas que las formamos.
Pero no queremos enterarnos.

viernes, 9 de julio de 2010

Patriotismo basura

Con la perspectiva de ser Campeones del Mundo de Fútbol -el pulpo Paul ya lo ha predicho o "pretentaculado"- y con las calles llenas de banderas rojigualdas, parece que el patriotismo se cotiza al alza.
Todos y todas vamos a ganar el Mundial.
Si lo pierden serán ellos, los jugadores de la selección, los culpables.
Ya decía Napoleón aquello de que las batallas siempre las ganaban sus generales y las perdía él.
Estoy sorprendido por la enorme afición al fútbol y la devoción hacia la selección nacional que se ha disparado en nuestro país, a juzgar -entre otros muchos indicadores- por las grandes concentraciones humanas en torno a las pantallas gigantes en las plazas de pueblos y ciudades, repletas de camisetas rojas y de banderas nacionales.
Ante tales exibiciones patrióticas me deja perplejo que, terminado el partido, el personal vuelva a sus casas con el corazón exaltado, repleto de emociones y dejando las plazas repletas de basura.
Es un patriotismo semejante al de los gaditanos y gaditanas que se llenan la boca hablando de la belleza incomparable de sus playas, pero no tienen el menor escrúpulo en dejarlas llenas de mierda cualquier fin de semana de verano.
Estoy seguro de que el mismo ejemplo cívico-patriótico ocurrirá en los pueblos y ciudades de muchas de las personas que estén leyendo estas notas.
Patriotismo basura, de charanga y pandereta, que se apunta a la exaltación colectiva, a la ruidosa celebración de los éxitos -sobre todo si el esfuerzo lo ponen otras personas- pero no quiere saber nada de responsabilidades.
Resulta que hay un juez en Getafe que, a las personas inmigrantes que solicitan la nacionalidad española, las examina con una serie de preguntas sobre la cultura española que, a buen seguro, no seríamos capaces de responder la mayoría de quienes hemos nacido en este país.
No me parece mal, porque esto de "ser español" (o española) parece una cosa muy seria como para regalarla así como así, y mucho más si "ganamos" el Mundial.
Lo que propongo es que se nos retire la nacionalidad española a todas las personas aborígenes que no seamos capaces de responder acertadamente a las dichosas preguntitas.
O, todavía mejor, otra propuesta patriótica: el "carné ciudadano" por puntos, que -como en la conducción de automóviles- se van retirando a las personas que demuestren actitudes incívicas o insolidarias.
Entonces veríamos cuantos y cuantas patriotas caminan por nuestras calles.

sábado, 3 de julio de 2010

Elogio de la incertidumbre

Sostiene el sabio Heisenberg, en el principio de incertidumbre, que no es posible obtener certezas respecto a los fenómenos físicos sino solo probabilidades y que las conclusiones que se alcancen sobre ellos dependerán siempre de quien los observa.
En realidad, ese famoso principio tiene mucha más chicha, y una enorme importancia para la física cuántica, como se puede comprobar si buscamos en Google, pero nos basta con este apunte para fundamentar el elogio.
El caso es que me siento confortado al comprobar que la incertidumbre tiene sus principios científicos, y que en la física, como en la vida, "nada es verdad ni es mentira, todo es según del color del cristal con que se mira".
Sin embargo, la incertidumbre nunca ha tenido buena prensa, no es muy popular, genera inseguridad, da miedo.
Necesitamos la tranquilidad de las certezas, pequeñas o grandes verdades a las que agarrarnos.
En estos tiempos llenos de incertidumbres, nadie se atreve a hablar de ellas, a mentar a la bicha.
Si quieres "tener éxito" es preciso mostrar seguridad, convicción, certeza,... o al menos aparentarlas.
Personalmente, desde hace algunos años, me he propuesto -en cualquier exposición o conferencia de las que me toca hacer- señalar sin pudor las contradicciones del presente y las incertidumbres del futuro, denunciar la falsedad de las certezas, de las soluciones milagrosas, alentar la duda.
Me parece que es bueno dudar.
La duda es la antesala del aprendizaje, de la sorpresa, del descubrimiento.
Cuando creemos que ya hemos llegado, nada nos empuja a seguir buscando.
Siempre me han creado desconfianza las personas demasiado seguras de si mismas, cargadas de razón, llenas de certezas. Y mucho más cuando éstas son absolutas. Con mucha facilidad acaban convirtiéndose en fanatismos.
Como en el cuento de los ciegos y el elefante, cada cual -en su ceguera- pretende conocer la totalidad cuando solo palpa una pequeña parte.
Vivir en la incertidumbre no es fácil, o poner en duda las propias percepciones.
Eso nos obliga a prestar más atención a las razones y a las percepciones ajenas.
No es que todo me de lo mismo, o no tenga opinión -o sentimientos- sobre las personas o sobre las cosas, más bien al contrario, pero trato de no olvidar que son "mis" opiniones y sentimientos, que mi mirada está condicionada por mis experiencias, por mi biografía.
Pero, además, con el paso de los años, siento que cada vez son más raras las certezas, más frecuentes las dudas, más cercana y hospitalaria la incertidumbre.
Como el viejo Sócrates, "solo se que no se nada".
Y no me importa.

miércoles, 23 de junio de 2010

Adios, Don José

"Perdone que le moleste, Don José, solamente quería estrechar su mano y decirle cuanto le admiro."
Había ensayado muchas veces la frase con la que iba a abordarle cuando me encontrara con él. Porque tenía esa fantasía, que algún día, en algún aeropuerto, le vería a lo lejos, y, superando la timidez, sería capaz de acercarme a saludarle.
Mi admiración nació con "La balsa de piedra", a la que llegué por casualidad y que me fascinó desde la primera página, cuando comienza a abrirse aquella grieta en los Pirineos.
Entonces busqué con avidez sus otros libros, el "Ensayo sobre la ceguera", "Todos los nombres"... y seguí fascinado.
Eran sus palabras, tejidas de aquella manera singular, tan cercana y directa, pero también sus historias, inquietantes, llenas de interrogantes para el pensamiento y de ternura para el corazón.
No siempre era fácil leerle, había que hacerlo despacio, saboreando las palabras, desvelándolas una a una, como quien deshace una madeja.
Sus novelas han sido buenas compañeras para mi, hasta la última, "Caín" que me reconcilió con el malo por antonomasia.
Pero más allá de su literatura, admiraba su compromiso con la construcción de un mundo mejor, su palabra limpia, su presencia generosa allí donde fuera necesario denunciar la injusticia, su pensamiento siempre crítico, que no hacía componendas con las incoherencias de "los nuestros".
Y todo eso con la libertad, la irreverencia y la sencillez de los grandes maestros.
Creo que por eso le odiaban tanto, por eso se han despachado con toda su mala baba el diario del Vaticano, l'Osservatore Romano, y otros medios reaccionarios. Por eso son tan poco creibles otros elogios postumos (de alguien a quien Saramago definió diciendo: "no es estúpido, pero se esfuerza mucho por parecerlo").
Creo que a él le hubieran divertido mucho estas reacciones.
Estos días, he leido -y he escrito- muchas veces la palabra gracias.
Gracias por una vida tan generosa.
Traigo aquí un video hermoso, en el que se unen una vieja canción que siempre me emociona y la imagen sencilla de este maestro que se nos ha ido.

jueves, 17 de junio de 2010

Mala memoria


Yo nací en una familia pequeñoburguesa de derechas, de las que ganaron la Guerra.
Mi padre, seguidor de Gil Robles, estuvo preso durante casi toda la contienda en la cárcel de Alicante por "desafecto a la República".
Mi madre pasó la guerra en Madrid y nos contaba de hambre, miedo y bombardeos. Para protegerse, y por consejo de un secretario de Azaña, se afilió a la CNT -con cuyas siglas se formaba entonces un acróstico: "Carcas Nada Temáis, Aquí Ingresáis Todos" (CNT-AIT)- y, efectivamente, los compañeros de la confederación le libraron, pistola en mano, de una detención irregular por formar parte de la asociación pía de San Carlos Borromeo.
No es que en mi familia fueran fanáticos, pero la historia solo tenía una versión: la de los vencedores.
Sin embargo, en los veranos, cuando íbamos de vacaciones a Pontevedra, mi tio Manolo contaba -en voz baja- otras historias, las de la retaguardia nacional: las cuadrillas de falangistas "limpiando" los pueblos, los muertos en las cunetas, las familias quemadas en sus casas, la represión... aquello no cuadraba con la "versión oficial" en la que los malos eran siempre los rojos.
Hasta mucho más tarde no descubrí que el del Frente Popular era el gobierno legítimo de la República, democráticamente elegido, y que "el Glorioso Alzamiento Nacional" había sido en realidad un golpe de estado militar, apoyado por el fascismo y el nazismo.
Y que aquellas brutalidades que me contaban de niño sobre "paseos" y chekas, eran tan solo una parte de la historia, que se repetía aumentada en el bando de quienes decían defender la religión católica y la civilización occidental frente a la barbarie roja.
No pretendo ninguna revancha, mucho menos en mi pequeña historia familiar. Las cosas fueron como fueron y cada cual las vivió como pudo, donde le tocó.
Cualquier guerra civil es una catástrofe y está llena de crueldad y de dolor.
Pero... ¿a qué viene prolongarlo? ¿por qué negar a quienes perdieron sus seres queridos la recuperación de sus cuerpos, de su dignidad, de su memoria? ¿a quién le puede molestar? ¿qué intereses oscuros se esconden tras la negación de la represión franquista? ¿por qué a los energúmenos de este país les escuece tanto?
Siento que, aunque el discurso de quienes se oponen a la memoria histórica sea justo el contrario, en realidad no quieren cerrar ninguna herida, se niegan a asumir la propia crueldad, a reconocer la dignidad del otro, a aceptar que todos fuímos vencidos.

viernes, 11 de junio de 2010

Cuando sea mayor...

Hace algunos días, mi amigo Cesar me pregunto: "Y tu, si no hubieras sido lo que eres... ¿que te hubiera gustado ser?".
Se me atrangantó el potaje canario que nos estábamos comiendo (en Villaflor, al pie del Teide, los tajinastes florecidos...) y pedí un poco de tiempo para responder.
Para Cesar es fácil, el sabe que es fotógrafo y dentro de unos días inaugura exposición, aunque lleve casi veinte años trabajando de dinamizador juvenil en Los Realejos.
En mi caso, la cosa es más complicada. Para empezar...¿que es lo que soy?
A lo largo de mi vida profesional me he definido de mil maneras: animador, educador popular, educador social, formador, consultor de organizaciones...
Hace algunos años, un periodista que grababa una entrevista para la televisión -en algún encuentro o congreso de los muchos que cargo en mi curriculum- me pidió que explicara claramente mi profesión: "como para que lo entienda su madre", me dijo.
Me tuve que reir. Siempre resultó un problema explicarle a mis padres a qué me dedicaba. Nada de lo que les contaba acerca del trabajo con los grupos, de la formación participativa, del desarrollo de las organizaciones sociales... encajaba en sus esquemas.
Cuando, en sus últimos años le pasé a mi padre alguno de los primeros libros del Equipo Claves, por ver si aquello le aclaraba algo las cosas, conseguí que se quedara más confuso todavía.
Pero, además, como digo, el paso de los años y los cambios de coyunturas sociales y profesionales han hecho que las definiciones variaran. Y, así, los años que trabajé con Peugeot en la formación de sus formadores y cuadros directivos, me tuve que poner el disfraz de "consultor" porque ese era el código que entendían.
Total que, con tantas vueltas, al cabo del tiempo...¿ qué soy yo?
Y, encima, si no fuera lo que soy ¿qué me gustaría ser?
La pregunta de Cesar parecía demandar respuestas sesudas y profundas.
Pasados unos minutos respondí: "No se... algo relacionado con la Comunicación."
Pero fué para salir del paso, y la preguntita siguió dándome vueltas en la cabeza.
Hasta hoy mismo.
En realidad, la respuesta es fácil, siempre estuvo ahí: mi sueño siempre fué ser cantante de boleros, formar parte de un trio musical de esos que se pasean por las mesas de los restaurantes, en Cuba, en América Latina, atendiendo las peticiones de la gente.

viernes, 4 de junio de 2010

Cuando pase la crisis...

Ya hace más de veinte años que Antonio Rodríguez de las Heras nos prevenía de que lo que pasaba no era una "crisis de la sociedad" -como ya se decía entonces- sino que estábamos entrando en la "sociedad de la crisis".
O sea, que las crisis ya no iban a ser nunca más algo circunstancial, coyuntural, sino parte sustantiva de la propia estructura social, de la vida cotidiana.
Que no son algo pasajero, que han venido para quedarse.
Cuando algunas voces anuncian el comienzo del fin de la actual crisis económico-financiera, otras avisan que ya se está gestando la próxima.
Pero, por si no fuera suficiente con la economía, también tenemos crisis ecológica, energética, alimentaria, sanitaria, migratoria, de valores...
No es que falle un determinado aspecto del sistema, es el conjunto del sistema el que está en crisis, o mejor -para seguir jugando con las palabras- la crisis es el sistema.
La cosa se parece mucho a "la Gran Crisis de la sociedad super-productora", que auguraba Ivan Illich.
El sistema se demuestra absurdo, contradictorio, imposible, y como señala hoy mismo Juan José Millas, "la situación es idéntica a una de esas pesadillas en las que corres sin avanzar, caes sin caer, subes las escaleras sin llegar nunca a la azotea o, peor aún, descubriendo que la ascensión conducía al sótano".
Pero lo que más me llama la atención del momento presente no es la creciente evidencia de descomposición del tinglado, como ya anticipaba Ramón Fernandez Durán, sino la ceguera en la que compiten gobernantes, intelectuales, medios de comunicación y ciudadanía en general.
Una de las frases más comunes que se escuchan -en la calle, en los medios- es eso de "cuando pase esta crisis...", como si todo esto fuera efectivamente una pesadilla y en cualquier momento fuéramos a despertarnos de nuevo en la opulencia de la sociedad del consumismo, en medio de la fiesta del crecimiento sin fin.
Por el contrario, quienes miran al futuro pronostican que nuestros hijos y nietos vivirán peor que nosotros.
Esta negación frívola de la realidad, este mirar para otro lado, tiene como consecuencia inmediata la falta de cualquier ejercicio de imaginación para inventar soluciones y respuestas a los problemas.
No se está reinventando la economía, ni las finanzas, ni la política, ni la democracia, ni la ciudadanía, ni la sociedad, ni la ecología... ni nada.
Cuando pase esta crisis, lo que nos espera -si eso fuera posible- es más de lo mismo.
Virgencita, que todo siga exactamente igual que estaba!
Ja.

viernes, 28 de mayo de 2010

"Cuando digo que te amo" (un coletazo de la pesadilla de la semana pasada)

Me he debido volver a quedar dormido de nuevo, porque la pesadilla continúa donde la dejé.
Sigo frente al televisor, las palabras siguen brotando de él, sin parar, llenándolo todo.
Como las palabras huecas hacen el aire irrespirable, decido tomar medidas drásticas: le quito el sonido al televisor.

Oh...! Qué alivio! Qué tranquilidad!
Parece que ahora no siento tanto agobio.

Pero... ¿qué veo? ¿que está ocurriendo ahora?
Ahora, las imágenes silenciosas se rebelan (¿o se revelan?) contra las palabras, parecen decir algo distinto, lo contrario de lo que antes decían.

Veo la cara gesticulante de ese señor con barba que habitualmente grita diciendo que todo está mal, que se rompe España, que essto ess un desasstre, y -así sin voz- no parece tan preocupado como lo sugieren sus palabras, es más... parece rebosante de contento!!
¿De qué se alegra? ¿Por qué se ríe? ¿No estaba todo tan mal?

Y veo después a aquél otro señor de las cejas afiladas, que decía que todo iba bien, que no había de qué preocuparse, que nos íbamos a comer el mundo,... y su rostro cariacontecido y ojeroso me habla de frustración, de pesimismo, de desencanto.
¿De qué se lamenta? ¿Por qué se preocupa? ¿No estaba todo tan bien?

¿Cual es la verdad? ¿Quién miente?
¿Acaso debo alegrarme de que todo vaya mal?
¿Acaso debiera estar preparando la huída, y estoy aquí tan tranquilo?

Me parece que va a ser difícil descubrir la verdad mientras no consiga apagar el televisor.

viernes, 21 de mayo de 2010

"Parole, parole, parole" (una pesadilla)

"Parole, parole, parole"... canta Mina: palabras, palabras, palabras... solo palabras entre nosotros.
En mi pesadilla estoy sentado frente a la tele, viendo las noticias.
El presidente de gobierno habla y habla, en una tribuna, y más tarde en otra, y en otra, sin parar.
Y, luego, el jefe de la oposición habla en otra tribuna, y en otra, y en otra más... atrapado en un discurso sin fin.
Veo -como a cámara rápida- la sucesión de ministros y ministras, políticos y políticas, tertulianos y tertulianas, jueces, empresarios, sindicalistas, banqueros, periodistas... que disputan por hablar, y dicen palabras incoherentes, sin sentido, contradictorias: crisis, mercado, futuro, inversión, gasto, recorte, ajuste, mentira, patriotismo, confianza, ricos, pobres, clase media, subvención, corrupción, democracia, constitución, nación, estatuto, memoria, prevaricación, historia, verdad, justicia, cohecho, venganza, elecciones, partido, unidad...
Nadie se escucha, todo el mundo habla al mismo tiempo, tratando de tapar la voz de los demás.
No entiendo nada.
¿Por qué hablan tanto? ¿Por qué no entiendo lo que dicen? ¿Por qué no hablan más claro? ¿Por qué no se escuchan? ¿Por qué siento que no dicen la verdad?
Las palabras se salen del televisor. Llenan la habitación. Son como humo.
Unas se van disolviendo, mientras otras vienen a ocupar su puesto.
El aire es espeso, difícil de respirar.
Me despierto empapado en sudor.
Nené, a mi lado, se despierta también y me pregunta: "¿Estás bien?"
Estoy agitado. Mi corazón palpita deprisa.
La pesadilla era tan real...

lunes, 17 de mayo de 2010

Necesitamos la esperanza

He pasado unos días en Tenerife, invitado a unas jornadas sobre participación social y ciudadanía, charlando con gentes de asociaciones, con técnicas y políticas (eran mujeres), disfrutando de ratos muy guapos con gente muy querida.
Muchas de nuestras conversaciones reflejaban el desasosiego y la incertidumbre de este tiempo que nos ha tocado vivir: las crisis, la corrupción, la injusticia, el destrozo de la naturaleza por la avidez del capitalismo, la falta de previsión y de respuesta al reto de la inmigración y la multiculturalidad, que con tanta facilidad se puede convertir en una bomba de relojería...
En una animada comida, despúes de darle un repaso a la difícil situación del mundo, un jóven que estudia Educación Social, de esos que se lo creen, concluía: "yo soy pesimista, esto no tiene arreglo".
Al escucharle, se me encogió el corazón.
Pensé en aquella pintada callejera, recogida por Eduardo Galeano, que proponía "dejar el pesimismo para tiempos mejores".
No podemos permitirnos el lujo de caer en la desesperanza, de perder en ella a esos jóvenes que han de cambiar el mundo.
Pienso que una parte de la tarea que nos corresponde a quienes trabajamos por la participación social, por el fortalecimiento de la ciudadanía, es contribuir a desvelar la realidad, a que las gentes tomemos conciencia crítica de lo que ocurre. Es imprescindible para que las cosas cambien.
Pero no es suficiente. Junto a la conciencia crítica necesitamos la esperanza, sin ella todo es oscuro y sin sentido.
Recordando a Paulo Freire, hemos de repetirnos una y otra vez que los retos complejos que hoy enfrentamos no son el resultado de ningún destino fatal, sino producto de la acción humana. Y de la misma forma que los hombres y mujeres creamos esos problemas, los hombres y mujeres podemos cambiar el mundo.
Hemos de buscar razones para la esperanza, alimentarla sin descanso, alentar las experiencias positivas, recuperar la autoestima colectiva, sentirnos capaces.
Porque es preciso que creamos firmemente en ello para encontrar las fuerzas que nos permitan levantarnos, ponernos en pie, unir nuestras manos y nuestras voces y gritar bien fuerte: ¡Basta ya! ¡Detengamos a quienes especulan con nuestro futuro! ¡Construyamos entre todas y todos otro mundo!