viernes, 16 de abril de 2010

Cambiar para resistir

Hace tiempo -coincidiendo con la convalecencia de mi infarto- publiqué aquí una serie de notas dedicadas a "las nuevas asociaciones" en las que trataba de imaginar el futuro próximo de las organizaciones solidarias.
Tengo pendiente volver sobre aquellas reflexiones porque, a pesar de ser bastante recientes, siento que el tiempo y los cambios sociales corren tan aprisa que las ideas envejecen fácilmente.
El título de esta entrada -"Cambiar para resistir"- es un juego de palabras con mi amigo Jose F. Gras (con el que aparezco en la foto), a cuenta de aquella otra entrada en la que comenté la paradoja de las organizaciones que -en estos momentos de multicrisis- esperan tiempos mejores para producir los cambios que necesitan ahora.
Mi opinión es que no podemos esperar que el paso del tiempo resuelva nuestros problemas (personales, organizacionales, sociales...), no podemos dejar que las inercias o las tendencias nos impongan las soluciones.
Eso dejaría reducidas nuestras oportunidades a aceptar "lo que hay", a acomodarnos lo mejor posible allí donde nos arrastre la corriente, sin posibilidad de influir en el futuro, de orientar los cambios, de elegir la dirección hacia la que queremos navegar, sin ser protagonistas de nuestra vida personal y colectiva.
Creo que, al menos, tenemos la obligación -y la ocasión- de intentar esos cambios necesarios.
Tengamos éxito o no.
Pero bueno, esta nota se está poniendo muy filosófica y profunda, y lo que yo quería era anotar aquí algunos pensamientos y conversaciones recientes sobre los cambios fundamentales que -para resistir a las inercias del tiempo- necesitan hacer nuestras organizaciones.
Porque, definitivamente, creo que -muy a menudo- nuestras organizaciones han cubierto una etapa, han agotado su impulso fundacional, se pueden volver insignificantes, quedarse descolgadas de los cambios sociales.
Y deben desaparecer, o reinventarse -¿refundarse?- haciendo sin miedo los cambios necesarios para poder seguir siendo socialmente significativas, para poder impulsar y acompañar la construcción de otra sociedad y otro mundo posible.
Y, entre esos cambios necesarios, apunto tres que me parecen fundamentales:
  • Las nuevas organizaciones han de librarse de todo el lastre posible, de las estructuras duras, de la rigidez formal, del funcionarismo y el burocratismo. Han de adoptar formas y estructuras más blandas, flexibles, ligeras... que no limiten y encorseten, que faciliten y multipliquen las oportunidades para poder cumplir su misión y alcanzar sus objetivos.
  • Lo he repetido -como un mantra- en muchas jornadas y encuentros varios: el camino no es el de Juan Palomo. El futuro es de quienes sean capaces de cooperar y compartir: el conocimiento, el protagonismo, la información, las identidades, el esfuerzo, los recursos... Sinergia. Trabajo en red. Construcción Colectiva. Sumar sin perder flexibilidad y agilidad, sin perder la autonomía de las partes.
  • Es el momento de reinventar las organizaciones, pero también sus prácticas y sus formas de acción. No podemos seguir proponiendo las mismas viejas recetas con las mismas viejas fórmulas. Es el momento de la creatividad y la innovación. Nuestras acciones, nuestras actividades han de proponer algo diferente, que capte la atención y el interés de las gentes. Que llegue a las cabezas y también a los corazones. Que nos emocione.
Nos queda mucho por hablar, por ejemplo de los valores y aprendizajes que requieren estos cambios.
Y de un concepto clave: "mestizaje", que está conectado a todo lo demás (la flexibilidad, el trabajo en red, las nuevas formas de acción...) y que me conecta con otro amiguete, Asier Gallástegui.
Y de la escucha.
Nos queda mucho por escuchar, mucho por pensar, mucho por sentir, mucho por decir, mucho por hacer.

5 comentarios:

  1. Estimado abuelo Fernando, uno te citar Padre Espiritual y yo Abuelo; creo que ya empieza a ser mayor, interesante tu reflexión hoy viernes: Reconozco que el "desconcierto permanente" que hay en las entidades o Ong´s, es un estado habitual, eso no me desestabiliza. Con el tiempo he ido asumiendo que si hay tiempo suficiente, y con un corto plazo sostenible, las etapas en las que el desconcierto se agudiza, suelen dar mejores cosechas, personales y profesionales.

    Nunca pensé que fuera algo específico, sino un proceso de madurez. Por eso en medio de esta incertidumbre general, me “confunde” ver los esfuerzos de reconocidas y prestigiadas personas de los ámbitos institucionales y políticos (en el resto también, pero estos son los míos habituales) por aparentar y afirmar una seguridad y una claridad de ideas que no tienen, ¿o sí?, pero que sólo deja margen a dos opciones: la sonrisa benevolente y políticamente correcta (como las que se dedican mutuamente en la alternancia de discursos) o la interrogante del razonamiento no esperado que llena el aire de silencios repentinos.

    Y yo digo siempre que, como enredar de este mundo asociativo, debería ser más pragmático, esto es explorar menos y rentabilizar más, pero en mi obsesión por los conceptos, no he sido capaz todavía de definir con claridad esto de la rentabilidad y el éxito de la asociaciones. Así que, consciente de lo peligroso de mi opción, pero sabiendo también que el tiempo dirá muchas cosas, sonrío recordando las palabras de un amigo que constantemente me recuerda que “no existen marcos privilegiados de referencia”.
    Por eso yo construyo los míos con personas que me aportan y de las que puedo aprender. Con Tu aprendo a desmitificar y a interpretar la realidad de los nuevos modelos o mapa que, nos guste o no, se nos cuelan por las rendijas de nuestras verdades primermundistas. Con Fernando también, la confianza y la credibilidad empiezan por ti, por tu criterio, por tus capacidades así que no te dediques a contar tu vida en el entorno equivocado.
    ¡Hay que tener muy poca vergüenza! dice que “menos asesores de imagen y más expertos en patadas en el culo” y que en la red hay “tanta gente pasando tanto tiempo haciéndose VER que se olvidan de hacerse OIR". No hablan de lo mismo, pero yo veo una conexión clara: vayamos a los hechos.
    Lo cierto es que me provoca y me estimula el discurso claro, las ideas definidas, la mirada inteligente, los argumentos coherentes. Reconozco que me estoy volviendo impaciente e insoportable porque cada vez me cansan más los rellenadores de tiempos y los autos justificaciones. Y será también por eso que, a pesar de que yo me veo como el rey de la duda, las personas que me conocen me definen como una persona resolutiva y normal cómo tu abuelito Fernando.
    Poe cierto la foto de hoy me recuerdan a otra de este verano en la plaza de las flores de tu Cádiz.
    Un Besote
    Pedro

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  2. Hummmmm

    Si. Empezaba a leer la nota y me sentía dentro desde el minuto cero. ;D

    Complejo. Hace ya unos meses, es posible que hayan pasado incluso un par de años me llego la noticia de una fiesta de una organización cercana. Celebraban su disolución. Obviamente no se trataba de una fiesta para lanzar al mundo la buena nueva de un mundo justo y sostenible. No era una muerte dulce, se parecia más a un homicidio por asfixia.

    Hazce más tiempo un amigo me hablaba de un proceso en una orden religiosa que se preparaba para desaparecer. Nunca me habia sentido tan lejos de la iglesia y sus organizaciones. Esta información me toco por valiente, realista, adaptada,...

    Otra manera de acercarnos a la trascendencia.

    Y es que en la reflexión de cambiar-morir para resistir estas ideas me resuenan con fuerza. Es como si para continuar siendo tuvieramos que ir contra nuestro instinto de sobrevivir... Algo parecido a sacar licor de un vino, esencia de un perfume,...

    Ser conscientes de nuestra debilidad para ser fuertes. Y desde las dos (debilidad y fuerza) construir junto a otros y otras.

    Creo que vuelves a dibujar horizontes y esta vez, de nuevo, con estrategias que conectan con tripas, las emociones y la invitación a probar caminos diferentes.

    Mil gracias compañero.
    Me sigo quedando con preguntas. Igual vuelvo a este post más tarde ;D

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  3. Estoy totalmente de acuerdo. Una asociación o una ONG no es garantía de flexibilidad, apertura de miras, capacidad para conectar, habilidades sociales o siquiera inteligencia emocional. Puede tener todos los vicios y virtudes de cualquier otra institución formada por personas con sus miedos, sus inseguridades, sus manías.
    Por lo menos, hay que identificar las debilidades sin sufrir por ello. Y animarse a intentar nuavas maneras de hacer que hace pocos años eran impensables. Charo,

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  4. Gracias por vuestros jugosos comentarios:

    Pedro: me gustaría responder a la imagen que me reflejas, tener ideas definidas, un discurso claro y argumentos coherentes. Si tu eres el rey yo soy el presidente de la república de las dudas. Y lo de abuelito, ya me gustaría, pero mis hijos no están por la labor.

    Asier: también eres muy generoso. Me gusta conectarte y resonarte. Gracias a ti, a tus preguntas y a tus miradas complejas. Vino y licor, perfume y esencia... Sigamos destilando!

    Charo: qué gusto "leerte" por aquí! Creo que si, que es el momento de "animarse a intentar nuevas maneras de hacer", sin sufrir, disfrutando del intento.

    Abrazos para repartir.

    Abrazos a los tres.

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  5. Este “debate” se sitúas interesante, yo diría que es necesario para las deducciones del articulista, es este caso Fernando (El Abuelos de mundo asociativos moderno). Todos los movimientos sociales responden a una necesidad sentida por mucha gente, pero esta necesidad común resulta estéril si no se cristaliza en alguna forma de organización que unifique energías dispersas. Como está ocurriendo ahora con el tema de la Propiedad Intelectual y las Patentes.

    Las sociedades y sus movimientos son consecuencia de la interacción entre inteligencias individuales y, a la vista está, no siempre con los mismos resultados. ¿Inteligencia social, tal vez? ¿Una amenaza o una esperanza? Sí, es necesario el debate pero para eso hace falta “educar”, sobre todo en estos tiempos de “ponga un debate en su vida” y tertulias de pacotilla en la que todo el mundo vence y nadie convence.

    Debatir es necesario, pero no suficiente. En primer lugar porque para delimitar posiciones debemos tener claro el marco y qué es lo que se está debatiendo. En segundo lugar porque para que las argumentaciones no se conviertan en falacias se necesitan, con toda probabilidad, menos palabras y más datos.

    Antes de ponerse a gritar, hace falta mucha lectura y mucha reflexión (tiempo y esfuerzo, doy fe), sobre todo por parte de quienes ostentan la responsabilidad de dirigir un país. No les podemos permitir otra cosa. No nos lo podemos permitir.

    La complejidad de este tema precisa explicación y alternativas

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