martes, 13 de abril de 2010

Cínicos

¡Si Diógenes -aquél que buscaba hombres honestos con una linterna- levantara la cabeza!

"Cinismo: Escuela filosófica que pensaba que la felicidad venía de una vida simple y acorde con la naturaleza y despreciaba la riqueza y cualquier forma de preocupación material." (Wikipedia)

"Cinismo: Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. Impudencia, obscenidad descarada." (Diccionario de la Real Academia de la Lengua)

Decididamente, de aquellos filósofos cínicos a los
modernos cínicos va una gran diferencia que ilustra bien la definición del diccionario.
Estamos rodeados de cínicos contemporáneos que nadan -como pez en el agua- en la desvergüenza y la mentira.
Tenemos -por un lado- a esa caterva de políticos corruptos que no solamente roban el dinero público sino que miran para otro lado y niegan impúdicamente sus culpas. Creen que la desmemoria ciudadana- junto con la anulación de las escuchas judiciales- servirá para que olvidemos sus palabras y sus prácticas obscenas.
Y tenemos también, encabezando la lista mundial del cinismo, a la cúspide de la jerarquía eclesiástica, de la Iglesia Católica, que pretende tapar el escándalo de la pederastia de muchos curas en todo el mundo
(segun el Evangélio, tendrían que "atarse al cuello una rueda de molino y arrojarse al mar"), atacando a quienes critican la ocultación y el silencio cómplice de tantos años.
Unos y otros cínicos se declaran víctimas de campañas insidiosas que pretenden manchar su imagen y su buen nombre, como si no estuvieran suficientemente enfangados por sus obscenas acciones u omisiones.
Unos y otros cínicos se permiten dar lecciones, pontificando sobre como deben vivir o comportarse los otros, mientras niegan con sus actos impúdicos el valor de aquellos principios que predican.
Pero -una vez más- no me escandaliza tanto el cinismo de estos políticos o estos clérigos como la apatía social y la tolerancia irracional de quien les justifica o compadece, de quienes parecen dispuestos a seguirles votando o venerando sin exigirles coherencia y ejemplaridad en sus palabras y en sus actos.
¡Qué pena!

1 comentario:

  1. Fernando, querido: los mal llamados cínicos contemporáneos, no son genuinamente cínicos, ojalá lo fueran!! Otro ejemplo de "vaciamiento"y subversión del sentido de los términos y los conceptos... La Iglesia ha hecho lo propio con las enseñanzas de Jesús el Nazareno, que si se levantara de la tumba, no esperaría que lo crucuficaran se autocrucificaría.
    Un beso grande.

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