viernes, 7 de mayo de 2010

Mestizaje o Barbarie

Me encantan los libros de Amin Maalouf, los he leido casi todos.
En ellos -además de fascinantes historias- siempre he encontrado emociones que me han llegado al corazón, y también muchas razones para pensar.
Sus novelas nos hablan a menudo de gentes que cruzan fronteras y atraviesan países y culturas diferentes, que no son de aquí ni de allá y andan buscando su identidad en un mundo diverso, complejo, en conflicto, en cambio.
Me he acordado mucho estos días de Maalouf, a cuenta del yihab de Nawja, o de los gitanos rumanos de Badalona, dos nuevos ejemplos de esa intolerancia que crece en nuestras entrañas sociales.
He recordado especialmente uno de sus libros de ensayo, "Identidades Asesinas" -cuya lectura reposada recomiendo- en el que se pregunta por qué seguimos matándonos en nombre de la identidad religiosa, étnica, nacional...
Maalouf habla del miedo, de un miedo muy viejo que hoy se renueva y se refuerza en el caldo de la globalización.
Miedo a perder nuestra identidad, a que nos la arrebaten o nos impongan otra ajena. Miedo a un mundo y un tiempo de cambios que no entendemos.
Miedo, pero mucho miedo. Un miedo que nos hace atrincherarnos más y más en nuestras propias y particulares señas de identidad, y si no las tenemos las buscamos.
Tengo entendido que nunca como ahora se han vendido tantos "trajes folklóricos" en nuestro país, en todas sus "nacionalidades y regiones": de fallera, de huertano, de gaiteira, de chulapo, de flamenca, de payés...
Nunca como ahora ha tenido tanto éxito el folklore, el localismo, el patriotismo de patio de vecindad.
No deja de ser un síntoma preocupante: nos arrimamos a quienes son idénticos, para defendernos de "los otros".
En un mundo como el nuestro, plural y diverso, en el que las migraciones, las mezclas y los intercambios son contínuos y crecientes, parece suicida atricherarnos en lo que nos diferencia y separa.
Maalouf se pregunta por qué nos es tan difícil aceptar identidades múltiples, compartidas, que no se caractericen por la exclusión sino por la inclusión: no se trata de elegir entre ser "esto" o ser "aquello", sino de atreverse a ser "esto" y "aquello" al mismo tiempo.
Sumar, en vez de restar.
El esfuerzo -de reconocimiento, de respeto, de aprendizaje mutuo...- tiene que ser necesariamente compartido, por unos y por otros, por quienes llegan a esta sociedad y esta cultura diferentes a la suya, y por esta sociedad que les acoge, que ha de valorar, aprovechar e integrar la cultura de quienes aquí llegan.
Creo, lo he dicho muchas veces, que el futuro es -necesariamente- mestizo.
La alternativa al mestizaje es la barbarie: la negación, la exclusión del otro, todos contra todos.

5 comentarios:

  1. Me parece muy bonito todo lo que dice, pero completamente utópico, irreal.
    Precisamente porque hay mucho miedo y mucho chovinismo, la tendencia es a encerrarse en lo de uno.
    A ver quien es el guapo que plantea lo contrario, y cuanto dura.

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  2. Recuerdo aquél cuento -citado por E. Galeano- que decía que la utopía siempre está más allá cuanto más avanzas, y terminaba preguntando: "¿y para qué sirve la utopía?". Pues para eso: para avanzar.
    Tal vez, la utopía de un mundo mestizo, superando miedos y chovinismos, esté muy lejos, pero creo que hemos de avanzar hacia ella.
    Gracias por tu comentario.

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  3. Este libro es maravilloso!! Es de los libros que más recomiendo y también lo uso para acompañar personas y organizaciones. Para entender que algunas actiutudes de cerrazon y defensa parten del sentimiento de vulnerabilidad. Hay varias formas de mover ficha y una tiene que ver con cuidar y preservar algunas de señas vulnerables. Por poner un ejemplo; es dificil pensar en un mundo globalizado castellanoparlante o englishspeaking (pequeño homenaje a tu pasión por los anglicismos) desde la certeza de estar asisitiendo a la muerte del euskera.
    UN besazo mestizo!!

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  4. Lo entiendo muy bien. Me parece terrible que muera una lengua, una cultura...
    ¿Qué podemos hacer para que no sea así?
    Desde luego dejar de ver al otro como una amenaza, de atrincherarnos en lo nuestro, de evitar cualquier contaminación.
    Todo lo contrario: comunicarnos, compartir, aprender mutuamente...
    Es necesario que yo llegue a sentir -y a querer, apreciar- lo tuyo como mio, y tu llegues a sentir -y querer- lo mio como tuyo.
    Vamos, que no hay otra alternativa que no sea el mestizaje.
    Eskerrik asko!

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  5. Si. Si. Si El juego es doble. Pasa por apoyar lo vulnerable también. Darle fuerza para encontrarse con el otro. Desde la debilidad es dificil pensar en construir con otros. No lo entendí hasta que lei este libro. Un abrazo desde el Bilbao lluvioso a la Cadiz radiante.

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