lunes, 17 de mayo de 2010

Necesitamos la esperanza

He pasado unos días en Tenerife, invitado a unas jornadas sobre participación social y ciudadanía, charlando con gentes de asociaciones, con técnicas y políticas (eran mujeres), disfrutando de ratos muy guapos con gente muy querida.
Muchas de nuestras conversaciones reflejaban el desasosiego y la incertidumbre de este tiempo que nos ha tocado vivir: las crisis, la corrupción, la injusticia, el destrozo de la naturaleza por la avidez del capitalismo, la falta de previsión y de respuesta al reto de la inmigración y la multiculturalidad, que con tanta facilidad se puede convertir en una bomba de relojería...
En una animada comida, despúes de darle un repaso a la difícil situación del mundo, un jóven que estudia Educación Social, de esos que se lo creen, concluía: "yo soy pesimista, esto no tiene arreglo".
Al escucharle, se me encogió el corazón.
Pensé en aquella pintada callejera, recogida por Eduardo Galeano, que proponía "dejar el pesimismo para tiempos mejores".
No podemos permitirnos el lujo de caer en la desesperanza, de perder en ella a esos jóvenes que han de cambiar el mundo.
Pienso que una parte de la tarea que nos corresponde a quienes trabajamos por la participación social, por el fortalecimiento de la ciudadanía, es contribuir a desvelar la realidad, a que las gentes tomemos conciencia crítica de lo que ocurre. Es imprescindible para que las cosas cambien.
Pero no es suficiente. Junto a la conciencia crítica necesitamos la esperanza, sin ella todo es oscuro y sin sentido.
Recordando a Paulo Freire, hemos de repetirnos una y otra vez que los retos complejos que hoy enfrentamos no son el resultado de ningún destino fatal, sino producto de la acción humana. Y de la misma forma que los hombres y mujeres creamos esos problemas, los hombres y mujeres podemos cambiar el mundo.
Hemos de buscar razones para la esperanza, alimentarla sin descanso, alentar las experiencias positivas, recuperar la autoestima colectiva, sentirnos capaces.
Porque es preciso que creamos firmemente en ello para encontrar las fuerzas que nos permitan levantarnos, ponernos en pie, unir nuestras manos y nuestras voces y gritar bien fuerte: ¡Basta ya! ¡Detengamos a quienes especulan con nuestro futuro! ¡Construyamos entre todas y todos otro mundo!

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