viernes, 4 de junio de 2010

Cuando pase la crisis...

Ya hace más de veinte años que Antonio Rodríguez de las Heras nos prevenía de que lo que pasaba no era una "crisis de la sociedad" -como ya se decía entonces- sino que estábamos entrando en la "sociedad de la crisis".
O sea, que las crisis ya no iban a ser nunca más algo circunstancial, coyuntural, sino parte sustantiva de la propia estructura social, de la vida cotidiana.
Que no son algo pasajero, que han venido para quedarse.
Cuando algunas voces anuncian el comienzo del fin de la actual crisis económico-financiera, otras avisan que ya se está gestando la próxima.
Pero, por si no fuera suficiente con la economía, también tenemos crisis ecológica, energética, alimentaria, sanitaria, migratoria, de valores...
No es que falle un determinado aspecto del sistema, es el conjunto del sistema el que está en crisis, o mejor -para seguir jugando con las palabras- la crisis es el sistema.
La cosa se parece mucho a "la Gran Crisis de la sociedad super-productora", que auguraba Ivan Illich.
El sistema se demuestra absurdo, contradictorio, imposible, y como señala hoy mismo Juan José Millas, "la situación es idéntica a una de esas pesadillas en las que corres sin avanzar, caes sin caer, subes las escaleras sin llegar nunca a la azotea o, peor aún, descubriendo que la ascensión conducía al sótano".
Pero lo que más me llama la atención del momento presente no es la creciente evidencia de descomposición del tinglado, como ya anticipaba Ramón Fernandez Durán, sino la ceguera en la que compiten gobernantes, intelectuales, medios de comunicación y ciudadanía en general.
Una de las frases más comunes que se escuchan -en la calle, en los medios- es eso de "cuando pase esta crisis...", como si todo esto fuera efectivamente una pesadilla y en cualquier momento fuéramos a despertarnos de nuevo en la opulencia de la sociedad del consumismo, en medio de la fiesta del crecimiento sin fin.
Por el contrario, quienes miran al futuro pronostican que nuestros hijos y nietos vivirán peor que nosotros.
Esta negación frívola de la realidad, este mirar para otro lado, tiene como consecuencia inmediata la falta de cualquier ejercicio de imaginación para inventar soluciones y respuestas a los problemas.
No se está reinventando la economía, ni las finanzas, ni la política, ni la democracia, ni la ciudadanía, ni la sociedad, ni la ecología... ni nada.
Cuando pase esta crisis, lo que nos espera -si eso fuera posible- es más de lo mismo.
Virgencita, que todo siga exactamente igual que estaba!
Ja.

1 comentario:

  1. Entre las carcajadas del bebé y la del señor del bigote, me quedo con la del bebé. Es más abierta y sincera. El otro... ¿de qué se ríe?

    ResponderEliminar