jueves, 17 de junio de 2010

Mala memoria


Yo nací en una familia pequeñoburguesa de derechas, de las que ganaron la Guerra.
Mi padre, seguidor de Gil Robles, estuvo preso durante casi toda la contienda en la cárcel de Alicante por "desafecto a la República".
Mi madre pasó la guerra en Madrid y nos contaba de hambre, miedo y bombardeos. Para protegerse, y por consejo de un secretario de Azaña, se afilió a la CNT -con cuyas siglas se formaba entonces un acróstico: "Carcas Nada Temáis, Aquí Ingresáis Todos" (CNT-AIT)- y, efectivamente, los compañeros de la confederación le libraron, pistola en mano, de una detención irregular por formar parte de la asociación pía de San Carlos Borromeo.
No es que en mi familia fueran fanáticos, pero la historia solo tenía una versión: la de los vencedores.
Sin embargo, en los veranos, cuando íbamos de vacaciones a Pontevedra, mi tio Manolo contaba -en voz baja- otras historias, las de la retaguardia nacional: las cuadrillas de falangistas "limpiando" los pueblos, los muertos en las cunetas, las familias quemadas en sus casas, la represión... aquello no cuadraba con la "versión oficial" en la que los malos eran siempre los rojos.
Hasta mucho más tarde no descubrí que el del Frente Popular era el gobierno legítimo de la República, democráticamente elegido, y que "el Glorioso Alzamiento Nacional" había sido en realidad un golpe de estado militar, apoyado por el fascismo y el nazismo.
Y que aquellas brutalidades que me contaban de niño sobre "paseos" y chekas, eran tan solo una parte de la historia, que se repetía aumentada en el bando de quienes decían defender la religión católica y la civilización occidental frente a la barbarie roja.
No pretendo ninguna revancha, mucho menos en mi pequeña historia familiar. Las cosas fueron como fueron y cada cual las vivió como pudo, donde le tocó.
Cualquier guerra civil es una catástrofe y está llena de crueldad y de dolor.
Pero... ¿a qué viene prolongarlo? ¿por qué negar a quienes perdieron sus seres queridos la recuperación de sus cuerpos, de su dignidad, de su memoria? ¿a quién le puede molestar? ¿qué intereses oscuros se esconden tras la negación de la represión franquista? ¿por qué a los energúmenos de este país les escuece tanto?
Siento que, aunque el discurso de quienes se oponen a la memoria histórica sea justo el contrario, en realidad no quieren cerrar ninguna herida, se niegan a asumir la propia crueldad, a reconocer la dignidad del otro, a aceptar que todos fuímos vencidos.

6 comentarios:

  1. Si tú lo viviste así, imagínate yo que me queda mucho más lejos...
    Pero nunca podrá serme ajeno el dolor, el sufrimiento y la necesidad de justicia de aquellos que perdieron parte de ellos mismos en esa guerra y de los que la pierden a diario en todos los conflictos sin sentido que suceden en este mundo absurdo.
    Por tanto, nunca podré entender a los que por orgullo, vergüenza o prepotencia, pretenden prolongar el dolor y la agonía de los que siguen sufriendo y buscando respuestas después de tanto tiempo, únicamente para encontrar,al fin, la paz en sus vidas y un sentido a tanto despropósito.

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  2. A los vencedores les cuesta reconocer la miseria de su victoria, la razón de los vencidos. Eso confirma que el objetivo de muchos franquistas era la aniquilación del contrario. Lo sorprendente es que 70 años después haya muchos que aparentemente volverían a repetirlo.

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  3. hace poco una compañera me contaba de un usuario que atendía que había solicitado el reconocimiento de victima de su padre (alcade de un pueblo de badajoz cuando estalló la guerra civil). Vino el buen hombre a recoger la documentación que habian enviado del ministerio. Antonio ya ha llegado esto, pero no esto no da derecho a ninguna paga, solo viene el documento en el que se le reconoce como victima de la guerra civil.
    El buen hombre lo coje y solo lee el nombre de su padre y la palabra victima, ¿me puede leer usted por favor? quiero escucharlo.
    Después se fué emocionado, aliviado, tranquilo. (creo que aquel día no quiso montar ninguna barricada, ni tuvo ganas de vengarse de nadie)

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  4. Jorge M. Reverte publica hoy un artículo en El PAÍS, Los muertos de todos, que abunda en muchas de las razones de esta entrada.

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  5. Muchas veces me pregunto por qué está tan viva en mi memoria nuestra guerra civil (una memoria hecha de la memoria de otros ya que no la viví). Y descubro que es cierto que si cubrimos una herida con una capa de barniz se pudrirá la carne por debajo y dolerá por mucho tiempo. Rasquemos esa capa y soportemos el olor.
    (Nené Ortiz)

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  6. Fernando, felicidades por el blog y enhorabuena por mantener oxigenado el criterio.

    Efectivamente hay aun dos Españas porque, no solo no quieren reconocer la dignidad de los vencidos sino que, ademas, ni siquiera creen que seamos todos iguales ante la ley de la vida y la de los hombres. La iglesia catolica española no quiere admitir su abierta participacion en la mayoria de los crimenes cometidos tras acabar la contienda como consecuencia de sus delaciones.
    Ni siquiera han pedido perdon que, seria lo minimo humanamente exigido.

    Un saludo.

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