viernes, 16 de julio de 2010

Maledicencias

Uno de los deportes nacionales (junto al fútbol) que más nos unen es hablar mal de otras personas. Incluso sin conocerlas.
Esto ocurre en las mejores familias, en la Administración, en las empresas, en los partidos políticos, y hasta en las organizaciones sociales que pretendemos cambiar el mundo.
Practicamos la maledicencia con quienes decimos que son nuestros compañeros y amigos, y no digamos si, encima, son (o los sentimos como) nuestra competencia (afectiva, profesional, política...).
Hace unos días recordábamos a varios prestigiosos activistas y profesionales del mundo de lo sociocultural, de la participación ciudadana y el desarrollo comunitario, que no pueden verse entre sí, que evitan cruzarse en los mismos encuentros o jornadas, que presumen de ir por ahí arreglando lo que los otros han estropeado previamente.
En opinión de quienes compartíamos mesa y sobremesa, cada una de esas personas, de esos activistas, tienen cosas muy importantes que decir y que aportar a la construcción de una sociedad mejor, como lo han demostrado en sus libros y publicaciones, en sus trabajos, en sus proyectos...
Sus discursos y sus prácticas son diferentes, pero nunca antagónicos sino complementarios, y por esa diversidad doblemente interesantes... si pudieran entrar en diálogo y no en confrontación, si fueran capaces de construir juntos.
Pero tal cosa no suele ocurrir.
El personalismo, la competencia, el protagonismo, la descalificación del otro... prevalecen por encima de la solidaridad y el compromiso con la transformación social.
Hay un grupo de amiguetes en Bilbao, con mucho sentido del humor, que han creado una organización política de nuevo cuño, cuyos fines son "la unidad de la izquierda, a través de la escisión correlativa hasta la extenuación, de manera que la unidad de la izquierda se conseguirá cuando en cada formación política sólo acabe habiendo un único militante o militanta".
Es toda una metáfora, o una caricatura, de nuestra dificultad para entendernos, de nuestro gusto por la maledicencia.
En fin, que como hemos reiterado una y otra vez, el cambio social no llegará si no cambian las organizaciones que han de impulsarlo, y éstas no cambiarán -y aquí está la clave- si no cambiamos las personas que las formamos.
Pero no queremos enterarnos.

4 comentarios:

  1. una forma de maledicencia es la difamación, y hay quienes pasan de las palabras a los hechos (en todas partes cuecen habas: en lo profesional y en lo político no me libro de casi ninguna), es importante saber cómo incoporar el lado oscuro de las emociones a nuestras organizaciones..., a las relaciones personales que a pesar de todo más nos interesan, besos

    ResponderEliminar
  2. .. Y, otra forma más de maledicencia (quizá la que produce mayor indefensión) consiste en culpar a la víctima. Culpar a las personas por su malestar o sus dificultades sociales, en lugar de por la presencia de otras terceras personas implicadas o por el sistema social existente. Puro fascismo.
    Nené

    ResponderEliminar
  3. Hola Fernando; veo en este mensaje tuyo que falta amistad, y mira lo que me ha enviado una amiga, que viene bien para lo de la amistad. Ayer fue el día del amigo en Argentina y mi amiga me remitió este precioso e-mail. Quiero compartirlo contigo y con vosotros/as...

    Las amistades están hechas a trocitos
    Trocitos de tiempo que vivimos con cada persona.
    No importa la cantidad, sino la calidad de tiempo que pasamos con un amigo.
    Algunos necesitan días, y otros solamente cinco minutos.

    Hay amistades hechas de risas o dolores compartidos; otras de horas de escuela; otras de juegos de juventud, salidas, cines, o diversiones; otras de un momento clave vivido en coincidencia...; y luego están aquellas que nacen sin saber por qué...
    ... incluso de silencios comprendidos, o de simpatía mutua sin explicación.

    Hoy en día, muchas amistades se alimentan de e-mails y no son menos importantes.
    Los hay que se comunican bien con nosotros de ese modo, y otros no.

    Saint-Exupéry dice en “El Principito”:
    “El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante”.

    El tiempo que perdemos con cada amigo, pensando en él para enviarle algo, hace a ese amigo importante.
    Es tiempo ganado, aprovechado y vivido.

    Algo en esa comunicación se conserva para unos minutos, para un año o para siempre.
    Sin verse ni oírse, pero sabiendo del otro instantáneamente, podemos reír o llorar con él.

    Lo importante es aprovechar al máximo el minuto vivido, y atesorarlo después en ese baúl de los recuerdos que es el archivo de Hotmail u otro...
    Ahí también están nuestros amigos.

    Todos los días, al abrir el ordenador, salen todos esos trocitos de amistad de mis archivos, y llegan unos nuevos, marcados en negrita, que me hacen mucha ilusión, en la Bandeja de entrada.
    Para mí, son un tesoro, porque me hacen sentir querido y recordado.
    ¡¡Gracias por tu trocito!!

    ResponderEliminar
  4. Está claro que esto del blog es un placer personal... que se multiplica cuando las personas amigas entran al diálogo.
    Gracias a los tres por vuestros comentarios y aportaciones.
    Jose, me imagino las maledicencias que te rodearán en lo profesional, y sobre todo en lo político. Menos mal que eres muy buena gente y el lado oscuro no logrará abducirte.
    Nené, aunque a veces tengas alguna duda, siempre me encanta escucharte.
    Pedro, tus trocitos, tus tesoros, tus mensajes compartidos... siempre los recibo como regalos. Un abrazo muy fuerte.

    ResponderEliminar