viernes, 1 de octubre de 2010

Razones para la esperanza

Siempre resulta más fácil ver a nuestro alrededor las miserias, los problemas, las debilidades, las dificultades... el "lado oscuro" de la realidad. Mientras que nos cuesta una barbaridad descubrir el "lado luminoso", las fortalezas, las oportunidades... que la vida y el mundo nos ofrecen.
Sabemos que -aunque no podamos verlas- están ahí, o al menos deben estar, porque la realidad -como aprendió "el monje sensible"- es yin y yang, en ella se entretejen necesariamente las luces y las sombras, el dolor y la felicidad.
Pero en este momento histórico, en este mundo imposible, frente a la avalancha de malos augurios que nos llueven encima, necesitamos urgentemente descubrir las razones para la esperanza.
Paulo Freire afirmaba, especialmente en los últimos años de su vida, cuando el capitalismo neoliberal mostraba su peor cara, el derecho y el deber de la esperanza, porque sin ella no hay futuro. Nos invitaba a soñar con un mundo más justo y a pelear por construirlo. Soñar para poder construir nuestros sueños.
Pero, ya digo, muchas veces las razones para la esperanza se esconden y nos cuesta encontrarlas, convertirlas en el punto de apoyo, en la base de nuestras luchas personales y colectivas.
El fin de semana pasado anduve por tierras de Valencia, participando en un Encuentro de Asociaciones de l'Horta Sud.
La tarde del sábado anduvimos buscando razones para la esperanza con un amplio grupo de jóvenes, de las Casas de Juventud y la Asociación de Esplais, que juntamente con la gente más veterana, de la Fundación Movimiento Ciudadano, están poniendo en pié el Movimiento Laico y Progresista en aquellas tierras.
Jovenes y mayores, uniendo fuerzas, demostrando que es posible aprender unas de otros, compartir experiencias, apoyarse mutuamente.
Todo ello es en sí mismo una poderosa razón para la esperanza.
Se pueden sumar sueños, sumar fuerzas, construir juntos.
Exige generosidad y compromiso, pero se puede.
Como siempre, en viajes como éste, es mucho más lo que me traigo a casa que lo que haya podido aportar allí.
Gracias por ello a las amigas y amigos de l'Horta Sud.
En Valencia, como en Aragón, en Canarias, en Andalucía o donde quiera que me lleva la vida, siempre repito obsesivamente la misma demanda: evitar el aislamiento, mostrarnos, comunicarnos, conectarse con aquellas -muchas, pequeñas, humildes...- iniciativas que comparten el mismo sueño de construir un mundo mejor y que nos necesitamos mutuamente, desesperadamente, para alimentar la esperanza.

3 comentarios:

  1. Gilberto Martínez3 de octubre de 2010, 21:43

    Gracias por la visita Fernando, pudimos aprender mucho contigo esa tarde, vuelve cuando quieras!

    Un saludo.

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  2. Los viejos sueños, eran buenos sueños. No se realizaron, pero es importante haberlos tenido.
    (Los puentes de Madison. Clint Eastwood)

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  3. Para ese edificio más justo que debemos construir entre todos(aunque no nos den licencia de obras)además de los ladrillos que cada uno podamos aportar y la necesaria comunicación entre equipos de trabajo, sería cuanto menos conveniente tener un plano de la obra terminada...
    Como carezco de esa vision positiva,(miopia utópica) me conformare pensando que a falta de ese techo que a todos nos cobije, los ladrillos empleados bien nos podrán ir valiendo de parapeto, y si la cosa se pone cruda de munición.

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