jueves, 30 de diciembre de 2010

Virgencita...

La semana pasada avisaba de la que se nos viene encima: Zapatero no se presentará a las próximas elecciones, una parte importante de quienes solemos votar a la izquierda nos quedaremos en casa refunfuñando, ganará la derecha (¿por mayoría absoluta?) y Rajoy será presidente del gobierno...
No sigo con este ejercicio de "prospectiva", porque me está amargando el fin de año, y bastante tiene uno encima como para pre-ocuparse de penas futuras.
Me gustaría poder decir aquello del chiste del paralítico que bajaba a toda velocidad por una empinada cuesta, con su silla de ruedas fuera de control: "Virgencita, que me quede como estoy!" (un abrazo a mi amigo Pedro). Pero lo cierto es que no me parece ni un poquito bien como está el patio y no quisiera que siguiera igual.
El caso es que me pregunto cómo van a cambiar las cosas... ¿ellas solas? No parece muy sensato confiar los cambios necesarios a la Providencia.
Y no hay cambio social sin política. De hecho, hasta cuando la maldecimos y abjuramos de ella, estamos haciendo política.
Me estrujo el coco (como el personaje de la escultura de Rodin en las calles de Cádiz), preguntándome por la crisis de la izquierda (¡otra crisis más!).
Junto al desastre histórico del "socialismo real", que se mostró como un castillo de naipes, sin raíces profundas en el pueblo al que decía representar, el fracaso de la socialdemocracia que no parece capaz de generar un pensamiento alternativo, una propuesta nueva, distinta al capitalismo depredador y salvaje.
En clave más cercana, ni el PSOE convertido en maporrero del mercado, ni Izquierda Unida en permanente contradición con su propio nombre, ni las múltiples capillitas extraparlamentarias, ni la izquierda abstencionista... parecen capaces de unir sus fuerzas (¿Quéeeee?!!), ni de generar por si solas una nueva alternativa, un nuevo lenguaje y una nueva práctica política capaz de articular una mayoría social suficiente para transformar la realidad, sea por vía parlamentaria o por vía revolucionaria.
Pero... ¿es posible construir esa mayoría social transformadora sin unidad de la izquierda, sin que cada una de sus partes -TODAS- se apeen del burro de sus particulares razones para encontrarse en el "mínimo común multiplicador"?
Mucho dogmatismo y mucho sectarismo habrá que podar. Mucho protagonismo y mucha mediocre ambición de poder habrá que erradicar. Mucho aprendizaje de la "tolerancia freiriana" y de la escucha activa será necesario para llegar a ese punto.
Si embargo, el único objetivo que -a estas alturas- parece coherente (y decente) es precisamente la unidad de la izquierda. ¿O no?

2 comentarios:

  1. Hace unos meses nos juntamos algunos amigos. Todos relacionados en diferente intensidad con diferentes corrientes de un partido de izquierdas. Creamos el manifiesto pabernista (pa´ habernos matao) tenemos hasta pagina en fb http://www.facebook.com/group.php?gid=137080342973212 Comenzaba nuestra definición fundacional: "Grupo político autoescindible que reivindica la consecución del bien y la evitación del mal, a no ser que sea p'a bien"
    La politica es otra cosa a esto de la democracia parlamentaria, "más pequeña, más hermosa" Lo local me convoca y desde ahi redes de gente implicadas en lo local. No sé, pensemos que 2011 va a estar plagada de conexiones que nos hagan sentir bien, de esas de por dentro,... Pensemos que nos vamos a volver a tomar un vino con unas croquetas. Y haremos politica.
    Un beso
    Feliz e intenso 2011

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  2. Querido Asier,
    Me apunto a todos tus buenos deseos (y a la facción gaditana del "pabernismo").
    Apostemos por las conexiones, de todas las formas posibles, sumando fuerzas para hacer lo que nos gusta hacer, lo que creemos que hay que hacer, y haciendo -al fin- política.
    Un besote y feliz año también para ti y todos los tuyos.

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