viernes, 29 de enero de 2010

Tecnofilias y tecnofobias

"Yo no soy tecnófobo, pero...", me avisaba un amigo, hace algún tiempo, para recitar a continuación toda la letanía de inconvenientes de las TIC, empezando por aquello de: "Internet nos acerca a las personas más lejanas, y nos aleja de las más cercanas".
Mi amigo dice que los mercaderes nos venden todas las virtudes de las tecnologías y nos ocultan la mayor parte de sus desventajas.
No se trata solo de su elevado "coste ecológico", de la cantidad de energía que necesitan para su producción, transporte y funcionamiento, con una inmensa estructura de redes, servidores, satélites,... o de las montañas de "basura tecnológica" -altamente contaminante- que acumulan nuestras "sociedades desarrolladas".
Son, sobre todo, sus desventajas en términos de desarrollo personal, de relaciones humanas.
Las TIC crean adicción, dependencia, deterioran las relaciones interpersonales, favorecen la individualización, el aislamiento, las relaciones virtuales que -con frecuencia- pueden ser causa de frustraciones.
Mi amigo dice que las TIC nos estimulan a ver el mundo a través de una pantalla, a vivir atrapados en entornos virtuales, mientras la vida "real" pasa de largo a nuestro lado.
Siento que mi amigo exagera un poco, aunque no me parece mal que, en medio de tanto furor tecnológico, haya quienes nos llamen la atención sobre los riesgos y los inconvenientes.
Pienso que, tal vez, estamos viviendo un sarampión tecnológico, la pasión infantil por el nuevo juguete que atrapa a los niños... durante un rato, que encontraremos un punto de equilibrio en el que no dependamos de las tecnologías sino que ellas estén a nuestro servicio, al servicio de la vida y no sustituyéndola.
Quizás, ese mismo fenómeno de "tecnofilia" se ha producido en otras épocas y la humanidad se ha sentido fascinada ante otros avances tecnológicos -desde la invención de la rueda- hasta que nos acostumbramos a ellos y los integramos con normalidad en la vida cotidiana.
Pero lo cierto es que la Sociedad de Consumo ha convertido las nuevas tecnologías en un objeto predilecto de consumo/deseo y se las apaña para vendernos continuamente nuevos avances, nuevos objetos tecnológicos, que hemos de tener sin falta... y que se quedan obsoletos rápidamente... para dejar paso a "lo ultimo"... sin lo cual "no podemos vivir".
Me acordaba de mi amigo estos días, a cuenta de la "esperada" presentación del iPad, convertida en acontecimiento mediático y seguida con auténtica "fan(s)cinación" (de "fan") por otras personas que quiero y respeto.
Mientras tanto, el sol se oculta en el mar, allá por el horizonte.

jueves, 21 de enero de 2010

Racismo

Racismo y xenofobia. Así se llaman las opiniones y actitudes que están mostrando ciertos partidos y grupos políticos, ciertas personas e instituciones.
Acusan a las personas inmigrantes de causar inseguridad ciudadana y producir un excesivo gasto en salud, educación, asistencia social..."Aquí no cabemos todos", dicen.
Se veía venir.
Cuando las vacas eran gordas, nos venían bien como mano de obra barata: que se ocuparan de cuidar a nuestras personas mayores y a las más chicas, que limpiaran nuestras casas, que nos sirvieran, que realizaran los trabajos que nadie quería, en condiciones -de horario, salariales, de derechos...- que nadie hubiera aceptado.
Pero cuando las vacas son flacas, cuando crece el descontento social, hay que buscar culpables.
Es indecente. Mucho más cuando se aprovecha el malestar y la ignorancia de la gente para rapiñar votos, para tratar de ganar elecciones. Es indigno.
Sabemos -hace mucho tiempo- por las investigaciones realizadas, que es falso que las personas inmigrantes quiten el trabajo a nadie, o sean la causa de nuestros problemas. Decir eso es pura demagogia racista.
Pero, por si eso no fuera suficiente, se nos olvidan algunos hechos, por ejemplo:
  • Que nuestros países enriquecidos alcanzaron sus "niveles de desarrollo" gracias al expolio histórico de los países empobrecidos de los que vienen las personas inmigrantes.
  • Que sin su aportación sería imposible mantener los "niveles de bienestar" de nuestras sociedades (por ejemplo, el pago de las pensiones).
  • Que la inmigración tiene una de sus causas principales en un reparto injusto de la riqueza, de forma que para que -en nuestras sociedades occidentales- podamos vivir con mucho más de lo que necesitamos, hay millones de personas en el mundo que pasan hambre, enfermedad, carecen de derechos...
  • Que el nuestro ha sido -hasta hace poco tiempo- un país de emigrantes y conocemos en carne propia el dolor y las mentiras de la xenofobia y el racismo, aunque nuestra memoria sea débil.
  • Que no aprovechamos las vacas gordas para llevar a cabo una adecuada política de acogida e integración social de la población inmigrante, que preferimos mirar hacia otro lado y no ver las condiciones indignas de muchas personas inmigrantes, sembrando así la semilla de la exclusión y la marginación que hoy nos causan miedo.
¿De qué nos quejamos?
El futuro es mestizo.
La convivencia intercultural es una cuestión de justicia y de humanidad.
O construimos entre todas las personas -incluidas las inmigrantes- una nueva sociedad mejor, o el futuro será de apartheid, exclusión, racismo, violencia... como algunas personas parecen pretender.
Pero -ya digo- se veían venir estos vientos xenofobos.
Frente a ellos no cabe tolerancia alguna.
Hacen falta posturas contundentes y lenguajes claros: lo que proponen se llama racismo.

martes, 19 de enero de 2010

Claves para la Movilización Social (3)

"Todo comienza siempre con una innovación, un nuevo mensaje rupturista, marginal, modesto, a menudo invisible para sus contemporáneos... De hecho, todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida. Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro. Se trata de reconocerlas, de censarlas, de compararlas, de catalogarlas y de conjugarlas en una pluralidad de caminos reformadores".

El mensaje, cuajado de esperanza, es del sociólogo y filósofo Edgar Morín, en su artículo "Elogio de la Metamorfosis", publicado el El Pais de este domingo pasado.
Morin coincide en el pesimista análisis de la realidad que ya hacía Alain Touraine, o -hace 35 años- Ivan Illich, pero se esfuerza en señalarnos razones para la esperanza, pues nos recuerda que "ya no basta con denunciar, hace falta enunciar", en línea con lo que ya decíamos aquí hace casi dos semanas.
Efectivamente, es imprescindible soñar y describir otro futuro, sin olvidarse de pelear por hacerlo posible, como nos proponía el maestro Paulo Freire.
Asi pues, la clave de la esperanza es fundamental para lograr la movilización social que ha de permitirnos enfrentar las graves crisis que vivimos.
Una movilización para construir un mundo y una sociedad mejores, positivos, alegres, más felices.
Vivir con menos no significa vivir peor.
Pero, como apuntábamos en entregas anteriores, se hace preciso conseguir la fuerza política para exigir los cambios sociales necesarios, y necesitamos también aprender a llevarlos a cabo, colectivamente, cooperando.
Y estas dos claves, la educativa y la política, seguirán dándonos que pensar y dándonos motivos para próximas entregas.
Quisiéra que estas "Claves" no se quedaran en monólogos, que provocaran respuestas y nuevas reflexiones. Agradezco vivamente todos los comentarios que me inspiran y enseñan, que ayudan a imaginar Otro Mundo Posible y las formas de caminar hacia él.
La foto es de Sergio Tudela

jueves, 14 de enero de 2010

Haiti, con H de Hipocresía

¿Cuanto tiempo permanecerán - en los informativos de televisión y en nuestras retinas- las terribles imágenes de Haiti? ¿Cuanto tardaremos en olvidar que allí y en otros muchos países se produce un desastre humanitario todos los días del año? ¿Cuanto dinero enviaremos -gobiernos y particulares de los países enriquecidos- para la ayuda humanitaria (y para tranquilizar nuestras malas conciencias)? ¿Se acercará un poquito al 0,7% del dinero dedicado a salvar a los bancos y las grandes empresas? ¿Dedicará el Ayuntamiento de Cádiz -o el de tu pueblo- la misma cantidad destinada a la iluminación navideña y la Cabalgata de Reyes, por ejemplo? ¿Se lo exigiremos así la ciudadanía, aunque la próxima Navidad no tengamos luces? ¿Por qué nos conmueven tanto estos desastres y nos importan un carajo las hambrunas, las pandemias, la violencia permanente, la conculcación de los derechos humanos, la miseria... en las que viven millones de personas, para que podamos seguir consumiendo y derrochando en los "países desarrollados"? ¿Hasta cuando el cinismo y la hipocresía de darnos golpes de pecho, donar nuestro abrigo viejo y un kilo de arroz, montar marathones solidarios, soltar una lagrima de cocodrilo... cada vez que se produce un terremoto o un tsunami, pero sin cambiar un ápice nuestro sistema de vida injusto?

Por cierto... ya han comenzado las rebajas en El Corte Inglés.

viernes, 8 de enero de 2010

Claves para la Movilización Social (2)

"Se necesitará de grupos capaces de analizar con coherencia la catástrofe y de expresarla en un lenguaje común. Deberán saber abogar por la causa de una sociedad que establece cercos y hacerlo en términos concretos, comprensibles para todos, deseables en general y aplicables inmediatamente."
Quien así habla es Ivan Illich que, hace más de 35 años, ya nos ponía en guardia ante la "Gran Crisis".
Él nos aporta -en mi opinión- otra clave fundamental para la movilización social a la que nos convocaba Alain Touraine: la recuperación del lenguaje, que, en palabras de Illich, "es el primer pivote de la inversión política".
Se trata de recuperar "un lenguaje común, comprensible para todos, que llegue".
A menudo, nuestros discursos -los de quienes decimos querer cambiar el mundo- suenan oscuros, tristes y lastimeros,
dogmáticos y sectarios, a viejo, a retórica del pasado.
Así que hemos de volver a aprender a decir la realidad, a contarla con
nuevas palabras, capaces de convencer y seducir a una nueva mayoría social.
No basta con mostrar los problemas que existen, es preciso
"formular aquello que queremos, aquello que podemos y aquello que no necesitamos... en términos deseables y aplicables".
No es suficiente con denunciar el presente, es necesario anunciar un futuro mejor posible.
Saul Alinsky, otro precursor del cambio social, nos avisaba de que "cuando las personas se sienten impotentes y piensan que no tienen los medios para cambiar la situación, no se interesan por el problema
".
Es lo que se ha llamado la "ideología de la impotencia": si no podemos cambiar nada, para que molestarnos en hacer algo.
Para poder interesar a la mayoría
, convencerla y movilizarla hacia un cambio social tan profundo como el que necesitamos, hemos de demostrar -con nuevos lenguajes- que esta realidad no es inevitable, la única posible, y que el fin de esta sociedad productivista y consumista -incluyendo las limitaciones y renuncias que ello implica- no es necesariamente un desastre, sino que puede ser la oportunidad para construir una sociedad mejor donde los hombres y mujeres pueden ser más felices, conviviendo en armonía entre si y con la naturaleza.
La foto es de Sebastian YEPES

miércoles, 6 de enero de 2010

Claves para la Movilización Social (1)

"La construcción de un nuevo tipo de sociedad, de actores y Gobiernos, depende antes que nada de nuestra conciencia y de nuestra voluntad, o, más sencillamente aún, de nuestra convicción de que el riesgo de que se produzca una catástrofe es real, cercano a nosotros y de que, por tanto, tenemos que actuar necesariamente. Pero esta convicción no se forma por sí misma en cada ser humano... En vez de soñar de forma irresponsable con una salida a la crisis que suele definirse, demasiado alegremente, en función de la reanudación de los beneficios de los bancos, debemos tomar conciencia de la necesidad de renovar y transformar la vida política para que ésta sea capaz de movilizar todas las energías posibles contra unas amenazas que son mortales."
No, no es un radical antisistema quien hace esta reflexión, es Alain Touraine en El País de hoy.
Muy mal deben andar las cosas cuando el habitualmente moderado sociólogo francés parece estar de acuerdo en su diagnóstico con Fernando Cembranos y con quienes defienden el decrecimiento.
Touraine nos señala -en mi opinión- dos claves fundamentales para que se produzca la movilización social capaz de hacer frente a las amenazas.
La primera, es la convicción de que el riesgo de que se produzca la catástrofe es real.
Necesitamos que esa convicción sea másiva, que alcance a la mayoría de la población.
Y tal cosa no va a ser fácil, porque a pesar de los indicios crecientes de la gravedad de las crisis, la mayoría social -especialmente en los países enriquecidos- continuamos fascinados por la ficción del crecimiento y el consumo, esperando "la salida de la crisis".
Como dice Touraine, no es una convicción que se forme por si sola, así que va a ser necesario que, paralelamente al agravamiento de las condiciones de vida, multipliquemos la sensibilización y la concienciación social.
Aquí tenemos una responsabilidad individual -cada uno y cada una- y colectiva -cada organización, cada movimiento social- de contribuir al desvelamiento de la realidad.
A estas alturas, quienes callan o niegan son complices.
Y, repito, no será fácil despertar las conciencias, porque a las gentes no nos gusta que nos amarguen la fiesta del consumo, que nos hablen de problemas y riesgos, que nos exploten el globo, la ilusión del crecimiento sin fin.
Una segunda clave es la conciencia -también masiva, mayoritaria- de que tenemos que actuar, de que no podemos esperar a la acción de los gobiernos o los representantes políticos.
De nuevo topamos aquí con las resistencias de una sociedad acomodada, apática, que ha delegado la acción y la responsabilidad política en manos de los partidos.
¿Cómo hacerlo? ¿Cómo poner en pie formas inéditas de organización y acción política, que sean capaces de articular a una nueva mayoría social, que está por construir, que será necesariamente plural y heterogénea, que carece de los valores y habilidades sociales necesarios para autoconstituirse?