Me he debido volver a quedar dormido de nuevo, porque la pesadilla continúa donde la dejé.Sigo frente al televisor, las palabras siguen brotando de él, sin parar, llenándolo todo.
Como las palabras huecas hacen el aire irrespirable, decido tomar medidas drásticas: le quito el sonido al televisor.
Oh...! Qué alivio! Qué tranquilidad!
Parece que ahora no siento tanto agobio.
Pero... ¿qué veo? ¿que está ocurriendo ahora?
Ahora, las imágenes silenciosas se rebelan (¿o se revelan?) contra las palabras, parecen decir algo distinto, lo contrario de lo que antes decían.
Veo la cara gesticulante de ese señor con barba que habitualmente grita diciendo que todo está mal, que se rompe España, que essto ess un desasstre, y -así sin voz- no parece tan preocupado como lo sugieren sus palabras, es más... parece rebosante de contento!!
¿De qué se alegra? ¿Por qué se ríe? ¿No estaba todo tan mal?

Y veo después a aquél otro señor de las cejas afiladas, que decía que todo iba bien, que no había de qué preocuparse, que nos íbamos a comer el mundo,... y su rostro cariacontecido y ojeroso me habla de frustración, de pesimismo, de desencanto.
¿De qué se lamenta? ¿Por qué se preocupa? ¿No estaba todo tan bien?
¿Cual es la verdad? ¿Quién miente?
¿Acaso debo alegrarme de que todo vaya mal?
¿Acaso debiera estar preparando la huída, y estoy aquí tan tranquilo?
Me parece que va a ser difícil descubrir la verdad mientras no consiga apagar el televisor.


