jueves, 23 de septiembre de 2010

Yo no soy racista, pero...

Nuestra sociedad es cada día más racista.
Como la lluvia fina que va calando, así penetran en nuestro tejido social -en nuestros cerebros- los prejuicios contra los que son diferentes.
Suavemente, casi sin sentirlo. No somos racistas, pero...
Es un fenómeno típico en tiempos de crisis: los moros, los gitanos rumanos, los inmigrantes en general, se convierten en chivos expiatorios de nuestros miedos.
Que si son delicuentes, que si viven miserablemente (como si eso fuera voluntario), que si quieren construir mezquitas para rezar, que si saturan los servicios públicos de salud, que si nos quitan el trabajo... Mentiras repetidas que calan en los grupos y sectores más incultos y desinformados de nuestra sociedad, pero también en los que -se supone- tienen más educación y capacidad de razonar.
Racismo sociológico.
Otro clásico: los pobres contra los que son más pobres todavía.
En vez de volcar nuestro cabreo en los más ricos, en quienes están sacando tajada de la crisis y se han beneficiado de todas las crisis... en vez de cuestionar y criticar un sistema -el capitalismo- que ha demostrado su fracaso histórico, condenando al hambre y la miseria a millones de personas, contaminando y destrozando el entorno natural... volvemos nuestra frustración y nuestra ira hacia los más débiles de la escala social, hacia los diferentes, hacia los otros.
Pero, lo grave -ya digo- es que estas formas de pensar están cada día más extendidas a nuestro alrededor, entre "la gente de la calle", en nuestras cabezas y corazones.
Todos y todas tenemos la culpa por haber renunciado a pensar críticamente, por aceptar como inevitable este sistema injusto. Como dice Slavoj Zizek: "parece increible, pero nos es más fácil imaginar la destrucción del mundo que la del capitalismo".
Pero los principales culpables son quienes tienen la responsabilidad -política- de liderar a la ciudadanía pero tiran de demagogia, utilizan las más bajas pasiones e instintos, nos manipulan para sacar rendimiento electoral: los sinvergüenzas (literalmente) de Sarkozy y Berlusconi, los lideres y lideresas del PP en Cataluña (¿y en el resto del Estado?).
Es indecente... y extremadamente peligroso.

El cartel que ilustra esta entrada es de Elso Brino

viernes, 17 de septiembre de 2010

Lo que los libros me cuentan

Mi madre se lamentaba, en sus ultimos años, porque no nos iba a dejar ninguna herencia. Pero no tenia en cuenta algunos "intangibles", por ejemplo la herencia del placer de la lectura, del gusto por los libros.
En casa siempre los hubo, y mi padre le regalaba a mi madre un libro el 4 de cada mes, para recordar el día que se casaron.
Soy un lector empedernido, mi mesilla está repleta de libros por leer, continuamente estoy leyendo y viajo con alguno siempre encima.
Hace más de tres años decidimos asociarnos a la biblioteca pública, porque ya no había sitio en casa para guardar más libros, porque debíamos ahorrar en nuestra castigada economía y porque creemos firmemente en los servicios públicos y -frente al consumismo feroz- apostamos por la cultura de compartir solidariamente los recursos, también los libros.
El caso es que, desde entonces, se han incorporado a nuestra vida algunos ritos gozosos, como el visitar cada dos o tres semanas la biblioteca para devolver los libros ya leidos, explorar sus grandes estanterías y buscar nuevas lecturas.
Pero, además, junto al viejo y conocido placer de la lectura, han surgido nuevas experiencias y sensaciones ligadas a los libros.
Porque los libros de la biblioteca pública conservan las huellas, la memoria de quienes los visitaron antes.
Esas huellas son, a veces, el resultado de un descuido o un pequeño accidente doméstico. Como las esquinas dobladas de las páginas, que señalaron el lugar al que llegaron en su lectura, o las manchas de unas manos sucias, la grasa de un bocadillo, el café derramado, la ceniza de un cigarro...
En otras ocasiones, son huellas más explícitas, como el subrayado de una frase que captó el interés del lector o una palabra desconocida, o incluso correcciones al autor o a la traducción.
Existen activistas contra el laismo o el leismo, o detectives literarios que buscan cualquier error ortográfico o gramatical que puedan descubrir.
También hay quien anota, en el margen o al pie de página, sus sentimientos o reacciones a lo que están leyendo, su acuerdo o desacuerdo, como si fueran pintadas que ocupan los muros imaginarios de los libros.
Y hay quien persigue incoherencias o contradicciones en el texto, en la trama de la historia, y coloca allí una señal de aviso para quienes transiten esos mismos caminos.
A veces, en mitad de la lectura, no puedo dejar de pensar en ello: ¿quienes fueron los lectores y lectoras que pasaron antes por aquí? ¿como eran?¿cuales eran sus vidas? ¿qué sentían y pensaban al leer estas mismas páginas?
E imagino historias fantásticas, que son un regalo más de los muchos que me hacen los libros.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Razones para la Huelga

Es posible, como dice El País, que la Huelga General del 29 de Septiembre vaya a ser un fracaso, pero yo iré a la huelga por muchas razones:
  • Porque la crisis generada por los bancos y especuladores financieros la están pagando las personas y los sectores sociales más débiles.
  • Porque con la crisis aumenta el número de ricos y multimillonarios, los beneficios de los bancos y las grandes empresas, sin que nadie ponga coto a ese despropósito.
  • Porque pareciera que este mundo imposible y este sistema de locos fueran inevitables, que no hubiera ninguna otra posibilidad de hacer un mundo más justo y humano, más solidario.
  • Porque me parece indecente que las principales medidas para combatir la crisis sean recortar derechos, salarios, políticas sociales... aumentar la precariedad.
  • Porque las medidas del gobierno le hacen el juego al capital y al mercado, exhibiendo una impresionante falta de imaginación para pensar y construir otras alternativas posibles.
  • Porque la ciudadanía está muerta de miedo y no se mueve, aunque le sangren y golpeen, y hay que sacudirnos la modorra, la apatía, salir a la calle, levantar la voz.
  • Por darle un aviso prelectoral al gobierno de Zapatero, para que deje de mirar tanto a la derecha y empiece a mirar un poquito a su izquierda.
  • Por fastidiar a la derecha reaccionaria, que se va a alegrar del varapalo al gobierno que significa la Huelga General, pero se le atragantará esa alegría si los sectores populares, la ciudadanía ocupa las calles.
  • Para que sirva de punto de partida a la movilización de los sectores progresistas, para combatir la resignación social y empezar a contrarrestar la marea derechista y la amenaza de que los neocon ganen las próximas elecciones (¡nos vamos a enterar de lo que vale un peine!).
  • Porque, aunque los sindicatos no sean precisamente un ejemplo de coherencia, compromiso, democracia y participación... y necesiten un cambio profundo en sus formas de organización y de acción, no podemos permitirnos que se debiliten y desaparezcan.
  • Porque, como dice Jose Luis Sampedro, citando al Baghavat Gita:"No es digno eludir las batallas necesarias, hay que empeñarse en ellas, vayan a ganarse o no".
  • Por darle en las narices a El País y a todas las personas, grupos de presión y medios interesados en que la Huelga General sea un fracaso.
Y tu, ¿tienes más razones?

Mientras lo piensas y dejas tu comentario,
aquí te regalo esta bellísima canción de Leon Gieco


viernes, 3 de septiembre de 2010

Basura moderna

Todos los años, al terminar las vacaciones, antes de retomar la tarea, tengo por costumbre hacer una buena limpieza general de mi espacio de trabajo.
Lo hago porque de otra forma los papeles acabarían sepultándome, echándome de mi sitio, pero -sobre todo- porque me parece una buena forma de iniciar el curso: poniendo orden en el caos.
Dicen que quien ordena "fuera", los armarios, los cajones,... también pone orden "dentro", en su cabeza, en su espíritu. Y yo lo creo, lo he experimentado muchas veces, especialmente en momentos de bajón o confusión profunda.
Asi que, con esas buenas intenciones, este año me propuse profundizar en la limpieza postvacacional, meterle mano a las estanterías llenas de libros, darle la vuelta a los cajones, revisar a fondo los papeles...
La cosa ha durado más de dos días, y eso que no he llegado a los estratos profundos, a las capas más hondas de papeles y cachivaches que se resisten a perecer año tras año, los que llamo "los restos del naufragio".
El resultado de la operación han sido tres carritos llenos de papeles para el contenedor azul.
De repente, en las estanterías han aparecido muchos huecos. He tirado docenas de libros y folletos, de esos que producen sin medida los servicios de publicaciones de las instituciones y que regalan en abultados paquetes a ponentes e invitados de las diversas jornadas y eventos que suelen organizar.
Me pregunto quién leerá esa extensa bibliografía sobre la fauna y flora local, la evolución estadística del uso del cachirulo, la cria de la chinchilla o cualquier otro tema peculiar... y quien compensa los miles de arboles sacrificados a mayor gloria y autobombo institucional.
Conservo algunos cientos de libros "de consulta" que prácticamente no he consultado en los últimos dos o tres años y que, me temo, no voy a consultar mucho en los próximos.
En la actualidad, la casi totalidad de las consultas profesionales las hago a través de Internet, en Google, Wikipedia u otros recursos parecidos. A muchos libros y documentos de interés también puedo acceder a través de la Red. La información alli es tanta (aunque no necesariamente sea buena) que deja poco espacio para los viejos libros.
Y éstos se van quedando reducidos a objetos de valor sentimental que me recuerdan momentos especiales o personas queridas, convertidos en pre-antiguallas.
Otro subproducto de la limpieza general son tres grandes bolsas de plástico llenas de "basura tecnológica", esperando a ser llevadas al punto limpio más cercano.
Ahí están el viejo y estropeado ordenador portatil, teclados que ya no funcionan, un antiguo modem, ratones polvorientos, docenas de cables, cientos de inútiles disketes de 3 y medio...
No imaginaba que se hubiera acumulado tanta cacharrería en unos pocos años. Aunque, pensándolo bien, no es extraño pues estos son objetos producidos para envejecer deprisa, de usar, tirar y cambiar por el último modelo.
Veo en la Red las impresionantes imágenes de los modernos basureros tecnológicos en China, Ghana u otros países, y pienso que estamos perdiendo algún tornillo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Postales veraniegas


Reencuentro con los magníficos paisajes de Huermeces y con los viejos amigos.
Aquí parece que el tiempo se hubiera detenido y no hayan pasado más de 30 años.
Pero es solo un sueño de verano del que pronto se despierta.









La catedral de Siguenza para mi solo. Me paseo por sus naves umbrías. Imagino historias de monjes y guerreros. Me pregunto por qué, siempre, permanece cerrada la Capilla de El Doncel ¿será para sacerle unos euritos al personal?







Los campos castellanos están repletos de girasoles.
La generosa primavera los ha puesto altos y brillantes.
Siempre me gustó esta planta humilde, utilitaria, y tan hermosa.










De vuelta en Cádiz.
Bajamos muy temprano a la playa.
Mientras Nené camina y busca conchas por la orilla, yo hago mis ejercicios de Chi Kung.
El aire es limpio.
Pareciera que cada mañana el mundo se estrena.








El pajarito estaba en la calle, aturdido, como si hubiera caido de un nido.
Le subo a casa y le doy agua.
Al rato, ya recuperado, se escapa por la ventana del lavadero dejando una huella de alegría y libertad.







Todas las tardes, mientras pedaleo en la bicicleta estática, el sol se pone en la ventana, junto al Castillo de San Sebastián.
Hoy se cruza un barco, camino de Africa.
Cada puesta de sol es especial, diferente, única.
Tengo un montón de fotos. Podría hacer una exposición.






Por las mañanas, muy temprano, en la playa solitaria, nos damos un baño entre los primeros rayos de sol.
Es un momento fantástico que nos tonifica el cuerpo y la mente para todo el día.








Cuantas horas de lectura, tumbados en la cama, bajo el ventilador.
Cuantas aventuras y viajes imaginarios.
Nuestros veranos siempre han sido muy lectores.
La oportunidad de leer sin límite, aunque llegue la madrugada.





Para despedir las vacaciones, salimos en un barquito -lleno de familias de veraneantes- a ver la puesta de sol en medio de la bahía.
Al zarpar, todo es bullicio, risas y fotos.
Al volver, despues de que el sol se haya escondido tras el horizonte, todo es silencio y melancolía.