viernes, 26 de noviembre de 2010

Cuidado

Un grupo de hombres, sentados en círculo, está hablando del "cuidado: "¿Cómo llevas lo de cuidar a otras personas? ¿Y que te cuiden a tí?".
A su alrededor, varias mujeres observan, escuchan y, en ciertos momentos, sonrien.
La escena se desarrolla en un taller sobre asociaciones igualitarias que dinamiza Hilario Sáez.
Por lo general, a los hombres nos cuesta mucho hablar de nuestros sentimientos. Eso es "cosa de mujeres".
Y, sin embargo, cuando logramos romper el silencio surgen las emociones, en el borde de los ojos, en la voz que se quiebra.
A todos nos cuesta mucho aceptar que nos cuiden -decimos-, es como si se pusiera en evidencia nuestra fragilidad, esa debilidad que hemos de disimular para ser fuertes y competitivos, para triunfar en este mundo de machos.
Nos han enseñado que "los hombres no lloran hasta que tienen las tripas en la mano".
Lo de cuidar a otras personas queda en el penúltimo lugar de nuestras prioridades, para cuando nos queda tiempo, después de atender lo importante.
Y, en todo caso, la ideología judeo-cristiana ha incrustado en nuestras mentes la idea de sacrificio junto a la de cuidado. Uno se entrega a los demás, se sacrifica por ellos, se inmola... para ganar el cielo.
Pero esa es también una gran mentira. No solo la del cielo, sino la del sacrificio.
Como saben muy bien quienes cuidan -con y desde el corazón- a otras personas, a menudo es mucho más lo que se obtiene que lo que se entrega. "Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da", como dice Jorge Drexler en la canción que copio más abajo.
El cuidado es una ocasión para la ternura y el cariño, para la empatía y la con-pasión, y todo ello nos hace mejores personas, más humanos. Es parte fundamental de la vida.
De eso saben mucho las mujeres.
En aquella conversación de hombres yo recordé a mi madre, que descubrió -con 88 años- la satisfacción del cuidado a las otras personas.
Y rememoraba la última conversación que tuve con ella, poco antes de su muerte, cuando -hablando de la ternura, del cariño y del cuidado- se lamentaba por "todo lo que se había perdido."
Yo no quiero perdérmelo, por eso, todas las mañanas, al acabar la meditación, le pido al cielo que abra mi corazón, que lo haga más tierno y sensible hacia las otras personas, que me enseñe a cuidarlas y a dejarme cuidar, y le doy gracias por la vida, por mis amigos, por mi compañera y por mis hijos.

La foto se llama "Ternura" y es una abuelita, con un brazo herido, que habla con un viejo perrito.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Nosotr@s, el sistema

La semana pasada viajé a Las Palmas de Gran Canaria, para participar en las 2as Jornadas Internacionales de Participacion y Desarrollo Social.
No se qué habré podido aportar allí. Si se lo que me he traído de vuelta, todo lo que he aprendido (incuyendo la interesante "lección" de la maliense Aminata Traoré, que aparece en la foto).
Ha sido un "chute" de esperanza, volver a abrazar a viejos y nuevos amigos, descubrir tantas iniciativas ciudadanas interesantes que se están desarrollando en aquella ciudad, con el apoyo de un equipo entusiasta de dinamizadoras y dinamizadores del Ayuntamiento de Las Palmas (si, a veces hasta los ayuntamientos aciertan).
Pero, más allá del gozo de constatar que siguen surgiendo nuevas manos y nuevas voces para cambiar el mundo, las Jornadas han servido para confirmar el diagnóstico de una realidad en crisis, la percepción del fracaso de un sistema, de un modelo económico, cultural, social... que nos acogota más y más conforme se agota.
Y también -de nuevo- la conciencia de que no hay otro mundo -mejor- posible sin la ciudadanía, de que la gente -organizada, organizándose- es imprescindible para producir los cambios necesarios.
Pero los colectivos, las asociaciones y organizaciones sociales también estamos en crisis, en horas bajas. No es sorprendente en un mundo en el que todo está en crisis, en medio del ojo del huracán, en pleno cambio de era.
Las viejas formas organizativas se resisten a desaparecer y las nuevas están todavía inventándose.
Y es grande el desánimo entre quienes pretendemos cambiar el mundo.
Pero cuando nos encontramos, cuando compartimos nuestras dudas y nuestros sueños, nuestras fortalezas y también nuestras debilidades, entonces es mucho más fácil reconocer el "poder social", nuestro potencial, nuestra capacidad de cambiar las cosas.
Eso es algo de lo que ha pasado en Las Palmas.
Y allí, también, se han escuchado llamadas a la insumisión, a la resistencia frente al sistema, nuestro enemigo común.
Pero asi mismo hemos podido reconocer que nosotr@s también somos el sistema, que tenemos plenamente interiorizados los valores, las actitudes, los hábitos, las conductas, los modelos mentales... que permiten que continue en pie. Y que no hay cambio posible del sistema si no cambiamos las personas -y las organizaciones- que lo sostenemos.
De vuelta a Cádiz, escucho -en medio de una multitud de jóvenes- una charla en Enric Duran que impulsa la Cooperativa Integral Catalana y propone no esperar, empezar a construir YA -en nuestras personas y en nuestras organizaciones- las alternativas a este mundo imposible, al capitalismo depredador.
Resistencia, insumisión, clandestinidad.
Unir fuerzas, ponernos de acuerdo, al margen de las administraciones y de los poderes fácticos, sin esperar su permiso, tejiendo redes con todas las personas y sectores, con todas las iniciativas que quieren transformar el mundo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Procrastinacionismo

Mañana me querré un poquito más.
Mañana pondré orden en los papeles y organizaré mi tiempo.
Mañana dedicaré un buen rato a hablar con Nené de nosotros y nuestras vidas.
Mañana me ocuparé de mi salud y pediré cita con el médico.
Mañana llamaré a mis hijos para saber de sus vidas y decirles cuanto les quiero.
Mañana dejaré de ver la televisión.
Mañana aprenderé a decir que no a ciertas propuestas.
Mañana volveré a dibujar pequeñas historietas.
Mañana empezaré a hacer una dieta para perder algo de peso.
Mañana me ocuparé de mis amigos, les llamaré por teléfono, les diré que les añoro.
Mañana volveré a escuchar música a todas horas.
Mañana dejaré de agobiarme por lo que es como es.
Mañana buscaré otras personas con las que cambiar el mundo.
Mañana dejaré de leer los periódicos.
Mañana bajaré a la playa y dejaré que mi mirada se pierda en el horizonte.
Mañana volveré a hacer Qi Gong todas las mañanas.
Mañana saldré a la calle a protestar por tanta injusticia.
Mañana reciclaré el vidrio y el papel que se acumulan en el lavadero.
Mañana dejaré de preocuparme por el futuro y me dedicaré a disfrutar el presente.
Mañana pensaré lo que quiero hacer a partir de mañana.
Mañana dedicaré tiempo a jugar con los niños como un niño.
Mañana aprenderé a comunicarme mejor.
Mañana empezaré a caminar todas las tardes por la orilla del mar.
Mañana buscaré nuevos amigos.
Mañana no le prestaré atención al Facebook.
Mañana participaré en política para cambiar las cosas.

Aquí os dejo la canción, que bien pudiera ser el "Himno de la Procrastinación", de aquél cantautor memorable Alberto Cortez, "A partir de mañana".