viernes, 30 de diciembre de 2011

Deseos

Quisiera aprender a vivir cada día con menos.
Alcanzar la serenidad de una vida más y más sencilla.
Disfrutar la compañía de las personas que quiero.
Presenciar otros atardeceres y caminar por la orilla del mar, empapándome del ruido de las olas.
Gozar largas sobremesas de conversaciones pausadas, con el sol entrando por la ventana de la cocina y una copa de vino en la mano.
Realizar trabajos que desafíen mi imaginación y mi conciencia.
Encontrar nuevos libros que me trasladen a otros universos, o releer las viejas historias que guarda mi memoria.
Muchas horas de juegos con mis amigas y amigos más pequeños.
Viajar, no solo por los nuevos paisajes sino por la aventura de descubrir otras personas y culturas.
Muchos amaneceres de abrazos y ternuras, de confidencias susurradas, de besos de mariposa.
Volver a encontrar a los amigos que están lejos, abrazarlos, decirles que les quiero.
Llenar los oídos y el corazón de muchas músicas.
Navegar silencios para escuchar mi alma.
Caminar las calles del brazo de las gentes humildes, gritando por el mundo, por la justicia, por la libertad, por la vida.


A punto de empezar el año 2012, que -según la profecía de los Mayas- será el último de la cuenta, lanzo mis deseos al viento, por si algún genio -de los que viven en lámparas maravillosas- los escucha. Mi deseo es que todos y todas vivamos un año lleno de paz y felicidades (ya sabéis, de esas pequeñitas y cotidianas).
 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Que compartan ellos

Tengo varios amiguetes de esos a los que llaman PSH, o sea, "personas sin hogar".
Por lo general, son gente que han tenido una vida dura, difícil, porque un día metieron la pata, o les vinieron muy mal dadas, o tiraron por la calle equivocada... y -rodando rodando- se encontraron al fondo del pozo, sin hogar, sin familia, sin amigos, sin esperanza, sin nada.
Su historia está llena de caídas, pero también de "levantadas", de resoluciones y esfuerzos por salir del hoyo, por dejar el alcohol o las drogas -que fueron causa o consecuencia de la calle- por recuperar a sus familias rotas, por encontrar un trabajo que les permita "normalizar" sus vidas.
Les admiro mucho. Creo que, en su misma situación, teniendo que superar los retos a los que hacen frente, hace tiempo que yo estaría hundido o tal vez ya me habría quitado de enmedio.
Mi vida es y ha sido, sin duda, muy fácil al lado de la suya.
En la mayoría de los casos, estos amiguetes comparten los mismos valores -y hasta los mismos prejuicios- que la sociedad que los excluye. Es una paradoja, si, pero la vida en la calle no les ha quitado el sueño de querer ser como esos hombres y mujeres que les miran con desprecio o incluso con asco cuando se cruzan con ellos. 
A veces, alguno de esos amiguetes tiene "conciencia social" y gasta una mirada crítica con esta sociedad nuestra, y saben que lo suyo no es una cuestión de caridad sino de justicia social.
El otro día, uno de ellos me decia: "lo vuestro (se refería a la gente "solidaria", "progresista") es cojonudo, dais lo que os sobra -cuando lo dáis- pero... ¿compartir lo que tenéis? ¡Y una mierda! Tu en tu casa y yo en la calle."
Estábamos en medio de una "celebración navideña", rodeados de "voluntarios" y "trabajadoras sociales" que se ocupan de echar una mano a las PSH. Me tragué con dificultad el pincho de tortilla, miré para mis adentros, y no tuve más remedio que reconocer que el tio tiene razón: se me -nos- llena la boca reclamando otro reparto de la riqueza para construir un mundo más justo, pero hablo -hablamos- de los gobiernos, de los políticos, de los banqueros... de los otros.
Y, mientras tanto, sigo viviendo acojonado por el miedo de perder todas esas cosas -muchas de ellas innecesarias, inútiles- que llenan mi vida.
Ah!... por cierto... el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que multará con 750 euros a las personas que busquen comida en los cubos de basura.

domingo, 18 de diciembre de 2011

El gobierno que nos merecemos (notas sobre el CIB)

Con que alegría nos despachamos -la gente de a pie- con la clase política, criticando la corrupción, los privilegios, el enchufismo, el escaqueo, el mangoneo, la prevalencia de la mediocridad, etc., etc.
En las barras de los bares (preferentemente), en las tertulias familiares, en las charlas de autobús o en la cola del pan, ya es un lugar común eso de que "los políticos son todos iguales", o aquello otro de "aquí todo el mundo va a pillar lo que pueda", o también lo de que "son unos energúmenos y se pasan la vida insultándose entre ellos, sin ponerse de acuerdo".
No digo yo que no haya mucho fundamento en esas críticas, que no haya sobradas razones para el exabrupto y para mentarles la madre a políticos y políticas. Lo que vemos y leemos en los periódicos y  telediarios es para indignarse.
Lo que tiene menos explicación es que se nos caliente tanto la boca contra esa "gentuza", para -a renglón seguido- saltarnos la cola, tratar de enchufar a nuestro primo, pagar "en negro" o eludiendo el IVA, explotar a quien se ponga a tiro (si somos empresarios), escaquearnos del puesto de trabajo, tirarnos de los pelos en la comunidad de vecinos, etc., etc.
Los políticos y las políticas no son extraterrestres, no han llegado en un platillo volante, son nuestra gente, nuestros hermanos, nuestras cuñadas, tu primo, mi tia... somos nosotros y nosotras mismos.
No es que tengamos una clase política y un gobierno -municipal, regional, nacional, europeo- que son un desastre, pero -eso si- tenemos una ciudadanía responsable, solidaria, cívica, éticamente impecable.
No, esa clase política es un reflejo de los ciudadanos y las ciudadanas que somos, y sus bajos niveles de exigencia ética, y sus altos niveles de mediocridad son los mismos que se respiran en la vida social, profesional, empresarial, etc., de la sociedad de la que formamos parte y somos cómplices.
Tampoco digo que no haya gente decente, ciudadanos y ciudadanas responsables que son un ejemplo de cívismo, de la misma forma que existen empresarios honrados y políticos honestos. Pero el nivel medio de Civismo Interior Bruto (CIB) de nuestra sociedad es, en términos generales, más bien bajito.
Asi que, hay que cambiar a los políticos y a las políticas, y a los gobiernos, y a los empresarios y a los banqueros... pero también -y para empezar- hay que cambiar a los ciudadanos y a las ciudadanas, a nosotros mismos, porque si esa base social no cambia tampoco cambiarán los lideres sociales, quienes dirigen y gobiernan, que son -repito- un fiel reflejo de la sociedad que somos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

De inventores, poetas y maestros

Ya he declarado mi admiración -vieja en el tiempo- hacia Antonio Rodríguez de las Heras, de quien me honro en ser amigo.
Pues bien, dice Antonio: "Sabremos si hemos entrado un día en la Sociedad del Conocimiento... si en esa sociedad tres actividades, tres personajes, tienen la consideración, el reconocimiento que no han tenido en este modelo de hoy y en los anteriores. Estos tres personajes son: el inventor, el poeta y el maestro. Porque no habrá una nueva sociedad, basada en transformar información en conocimiento, sin tecnología, cultura y educación".
Me gusta imaginar esa sociedad del futuro que valore en tanto a esos tres personajes, que esté atenta a sus búsquedas y sus hallazgos.
Pero no cabe esperar al futuro.
El futuro es ahora, ahora, ahora...
El presente es inaprensible.
El futuro nos atrapa siempre.
Y cuando no lo hace es que la muerte ha llegado. 
Por eso me siento en la plaza a buscar con la mirada y el oido a los poetas, los maestros y los inventores de ahora mismo.
Respecto a los poetas, uno de ellos está llamando a la puerta de nuestras conciencias. Se llama Jorge Riechmann, y nos dice: "La poesía puede abordarlo todo en estos tiempos sombríos, los conflictos políticos, sociales, ecológicos, económicos, que dan forma a la vida cotidiana de la gente. Necesitamos una cultura que se dé cuenta de la deriva terrible en la que llevamos decenios inmersos. Una cultura de oposición radical a los poderes hoy dominantes, una cultura que sepa hacerse cargo de las pérdidas y que saque fuerzas de flaqueza para enfrentarse a esa plutocracia nihilista que gobierna nuestras sociedades. Hay que reivindicar la cultura de la pobreza."
Y me detengo un rato en sus poemas.
En cuanto a los maestros, tenemos -afortunadamente- muchos maestros y maestras a quienes escuchar, de quienes aprender, que pueden ayudarnos a entender la complejidad del presente que vivimos.
El mismo Antonio Rodríguez de las Heras es un ejemplo de ello, y un buen ejemplo porque acompaña la sabiduría con la humildad, es un maestro cercano y accesible.
Pero escucho ahora la voz de otro maestro, este se llama Daniel Innerarity, y dice: "Creo que la ciudadanía tiene más capacidad de escuchar la verdad y de reconocer los errores de lo que los políticos se creen. Tratan a la gente como si fuera menor de edad...Podemos comprender y exigir al mismo tiempo. No lo que hacemos ahora: desentendernos de nuestros deberes como ciudadanos, no formarnos una opinión ajustada a la complejidad de las cosas y al mismo tiempo no soportar que nos digan la verdad".
Tampoco nos faltan inventores, de hecho son hoy mucho más apreciados que los poetas o los maestros. Son como líderes mundiales o estrellas del rock, por ejemplo el recientemente desaparecido Steve Jobs.
Podría destacar a muchos de quienes parecen convertir la tecnología en la nueva panacea universal, pero he preferido fijarme en un modesto invento, lo llaman "Un litro de luz" y sirve para iluminar las oscuras chabolas de Filipinas. Me quedo con él por humilde y luminoso, porque me habla de cómo introducir un poco de luz en la vida de las personas más pobres.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Es la participación ciudadana, estúpido

Parafraseando la famosa frase de Bill Clinton, es bueno recordarles a quienes se preguntan como superar la tremenda derrota del PSOE aquello de "es la participación ciudadana, estúpido".
Las razones de la debacle electoral hay que buscarlas no tanto en la crisis económica -como argumentan quienes pretenden echar balones fuera- sino en la gestión de la crisis.
O sea, que es verdad que el gobierno de Zapatero y el PSOE en su conjunto no han tenido la culpa de la crisis mundial, ni de la burbuja inmobiliaria, ni de las altas cifras de desempleo...
Pero también es cierto que han mostrado una estruendosa falta de ideas, un vergonzante sometimiento a las imposiciones del mercado y del gran capital, una incapacidad absoluta para articular propuestas alternativas... como apuntábamos hace ya algún tiempo.
Y las promesas de la campaña electoral cayeron en el vacío de la incredulidad y la desconfianza hacia quienes hoy proponían algo que no quisieron o supieron hacer ayer.
Pero, cuando se ha consumado la derrota anunciada, a la hora de preguntarse por sus causas, se elude la autocrítica y, cuando se trata de pensar en las soluciones, se vuelve a recurrir a las viejas recetas: encontrar un nuevo lider y un nuevo discurso. Y a esperar que la crisis desgaste al gobierno del PP y que, dentro de cuatro u ocho años, les vuelva a tocar gobernar a quienes hoy han sido derrotados.
Se olvidan de que, mientras tanto, al mismo tiempo que la crisis del capitalismo se ha ido extendiendo y profundizando, han ocurrido otras cosas: ha crecido la desafección ciudadana hacia la democracia, se han movilizado cientos de miles de personas en España -y en todo el mundo- reclamando un cambio radical en la manera de entender la economía y la política, en la forma de practicar la democracia.
Y, en el fondo, ocultas por la crisis económica y financiera, siguen avanzando las otras crisis: la medioambiental, la energética, la alimentaria... amenazando el futuro de la humanidad (aunque parezca que lo único que hay que "salvar" son los bancos y los beneficios de las grandes empresas).
No está la cosa para más de lo mismo. Las viejas soluciones conducen a los mismos resultados. Es el momento de cambiar o desaparecer.
A la derecha le basta con conservar el poder -que no necesariamente el gobierno- y para conseguirlo todo vale.
Pero a la izquierda no le vale cualquier cosa, no se conforma, no somete el pensamiento crítico a la disciplina del pensamiento único.
El camino para construir un futuro mejor posible pasa por profundizar la democracia, hacerla más participativa, implicar a todos los ciudadanos y ciudadanas en la búsqueda y puesta en marcha de las respuestas a los grandes desafíos que enfrentamos.
Y eso significa empezar por abrir los partidos, hacerlos más democráticos y participativos, multiplicar la reflexión colectiva y el debate, convocar y escuchar todas las voces, valorar todas las ideas, sumar todas las manos.
Ya sabemos que no será fácil, pero eso es lo que toca: la participación ciudadana, estúpido.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Elogio de la contradicción

Dice un amigo que "toda persona tiene derecho al menos a cincuenta contradicciones, siempre que no sean fundamentales."
Por su parte, Unamuno decía que la realidad misma, la vida es contradictoria, "y lo que más le une a cada uno consigo mismo, lo que hace la unidad íntima de nuestra vida, son nuestras discordias íntimas, las contradicciones interiores de nuestras discordias".
Digo todo esto porque a menudo me siento cargado de contradicciones personales, que a veces me hacen sentir mal, que incluso me producen sentimiento de culpa.
Lo de la culpa lo llevo fatal porque no conozco un sentimiento más chungo, más venenoso, más inutil, un callejón sin salida.
¡Fuera culpas!
En todo caso, mejor es sentirse "responsable", porque es un sentimiento que mueve a dar respuesta. Así pues: me siento responsable de mis contradicciones.
Paulo Freire decía que la incoherencia, la contradicción entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos, es lo que nos mueve a buscar la coherencia, a tratar de ser mejores personas.
Porque en la vida cotidiana es imposible la coherencia absoluta, es difícil vivir siempre como se piensa, aunque es preciso intentarlo porque, si no, se puede acabar pensando como se vive (como decían Paul Bourget o Victoria Ocampo, que a ambos se les atribuye la frase).
Total, que uno trata de ser consciente de sus contradicciones, y esa conciencia se convierte en un motor de cambio personal y, además, sirve para ser más tolerante con las contradicciones ajenas, para no juzgar duramente a las otras personas cuando muestran sus incoherencias, propias de la condición humana.
El límite de la aceptación y la tolerancia está -pienso- en esas "contradicciones fundamentales", que dice mi amigo, cuando nuestras incoherencias hacen daño a otras personas, cuando se convierten en coartadas del  privilegio o la injusticia, del abuso o la opresión.
Y también cuando, lejos de tratar de superar la incoherencia, de convertirla en un factor de crecimiento personal y colectivo, hacemos gala de ella, presumimos sin pudor de nuestras contradicciones.
Este elogio de la contradicción no es una invitación a la incoherencia, aunque sí una llamada a la humildad y a la tolerancia: nadie tiene toda la razón, nadie es absolutamente coherente, todas las personas tenemos contradicciones.
Aceptarnos a nosotras mismas -con nuestras contradicciones- implica también aceptar a las otras personas -con las suyas-.


Estas reflexiones tan "filosóficas" me ocupan hoy porque siento que en el momento presente se expresan -al mismo tiempo y con especial virulencia- dos tendencias contradictorias: una profunda intolerancia hacia quienes son diferentes, y la exhibición de la propia incoherencia, de las propias contradicciones convertidas en trinchera.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Olla o makunta

Dos exploradores son capturados por una tribu canibal. El gran jefe les ofrece elegir: "¿Olla o makunta?".
El primer explorador, para evitar que se lo coman, elige makunta, y a continuación es sodomizado por toda la tribu, tras lo cual muere y es devorado.
El segundo explorador, tratando de ahorrarse la sodomización masiva, dice: "Yo prefiero olla", a lo que el gran jefe le responde: "Está bien, será olla. Pero primero... un poco de makunta."
El chiste es viejo (y malo), pero me viene a la memoria a cuenta de los tiempos que estamos viviendo, y particularmente, en esta vispera de las elecciones generales en nuestro país.
Los mercados, la prima de riesgo, las agencias de rating, las instituciones financieras, los gobiernos, y las instituciones intergubernamentales, los poderes fácticos, las grandes empresas, los agentes económicos... han decidido hace tiempo que esta crisis la vamos a pagar la gente de a pie, los sectores populares, las clases más débiles.
Nos recortarán derechos y prestaciones, nos subirán los impuestos directos e indirectos, nos bajarán las pensiones y las ayudas sociales... lo que haga falta para que los beneficios no se resientan, para que los grandes capitalistas sigan engordando sus cuentas corrientes.
Se nos dijo, hace tres años, que iban a "refundar el capitalismo", pero me da la sensación de que es el capitalismo el que nos está refundando y refundiendo.
Votemos lo que votemos, elijamos lo que elijamos,nos pongamos como nos pongamos, no nos vamos a librar ni de la olla ni de la makunta.
Y, si no, al tiempo.

Os dejo aquí, para quitarle hierro al asunto, ese bonito tema que dice: "Todo es carnaval".

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La pila

El otro día cumplí  ...eeenta tacos.
Un puñao tan grande que me da escalofríos hasta mentarlo.
Recuerdo la broma que les hacía a mis padres, al final de sus vidas, cuando se quejaban de dolores varios. Les decía: "eso es la pila", y cuando me preguntaban: "¿qué pila?", yo respondía: "la pila de años que tienes encima".
Pues bueno, sin llegar a eso, yo también empiezo a sentir el peso de la pila.
Tengo veinte o treinta años menos de los que tenían mis padres cuando les bromeaba, pero ya he entrado en una "edad provecta", como se decía antaño.
Mi amigo Jóse, un medico buenísimo que me receta todos los años por estas fechas una buena dosis de jamón ibérico, dice que, a partir de los cuarenta, si te despiertas por la mañana y no te duele nada es que te has muerto.Personalmente puedo dar fe de ello. Los dolores no se van, solo cambian de sitio.
Pero no era de la pila de mis años de la que quería hablar, sino de la avalancha de afecto que recibí en mi cumpledécadas. 
Yo había rechazado previamente cualquier celebración o festejo que hiciera más duro el trago de ingresar en la cofradía de los "yayoflautas", como dice mi amigo Antonio, pero no se me ocurrió borrar las huellas del delito.
O sea, no tuve la precaución de engañar al feisbu y falsear anticipadamente mis fechas de nacimiento, eliminándolas o cambiándolas de mes, así que me llegaron una gran cantidad de llamadas y mensajes que me tuvieron todo el día pegado al teléfono y al ordenador.
No, no me voy a quejar por ese chute de cariño. Todo lo contrario. Fué lo mejor del día.
Eso y la espectacular comida que preparó Nené (para tres o cuatro veces más comensales) y su espectacular regalo de yacuzi y masaje que disfruté esa misma mañana, sin más dilación.
Si tiene alguna ventaja esto de cumplir años es precisamente que te recuerden que te quieren, que se alegren contigo (o a pesar de ti) de que sigas cumpliendo.
Soy una persona afortunada, muy afortunada. Y estoy dispuesto a aguantar otros ...eeenta, aunque solo sea por gozar a ese montón de gente que me regala su amistad.
Agradecido y emocionado.


jueves, 10 de noviembre de 2011

Novillos y rabonas

Jejeje. La semana pasada hice novillos. Aunque también podría decir hacer la vaca, irse de pinta, irse de capiura, comer jobos, echar o hacerse la pera, hacer la cimarra, hacerse la rabona o hacerse rata, que de todas esas maneras se le llama a la cosa en el amplio universo de la lengua hispana.
En fin, que me escaqueé de la (sana) costumbre de escribir todas las semanas una nueva entrada en este blog (¡y ya van 202!).
Como cuando íbamos al colegio y nos saltábamos una clase -o todo el día- para escaparnos a jugar al Retiro o a callejear por ahí.
En la escuela de la vida -pienso ahora- tan importantes como las clases de geografía y matemáticas fueron esas pequeñas transgresiones, esas aventuras de bolsillo que vivimos con la excitante sensación de burlar la norma y asomarnos por una rendija al mundo prohibido de las personas adultas.
Y es que a veces era muy difícil aguantar las clases aburridas, mientras la vida transcurría fuera.
Ojalá -a estas alturas- fuera posible también hacer novillos, escaquearse de los malos momentos, huir de los marrones, saltar -como Alicia- al otro lado del espejo para vivir una vida distinta.
Digo esto porque estoy hasta el coco de las primas de riesgo, la dictadura de los mercados, las agencias de rating... y todas sus puñeteras madres.
Y me engollipa la campaña electoral, con la sensación de que todo lo que nos dicen ya lo hemos oido, ya nos lo han prometido antes, ya lo han incumplido otras veces.
Veo como en Europa se salvan los bancos mientras se hunde la gente, se toman decisiones sin contar con la ciudadanía, se tumban gobiernos para evitar referendos y se colocan a los tecnócratas -agentes del capitalismo más descarnado- en los puestos de mayor poder...
Y...¡me entran unas ganas de hacer novillos!

lunes, 31 de octubre de 2011

Milú

Ayer fuimos al cine con Lita y Antonio.
Una maravilla: la magia del cine -en sala grande, a oscuras- con la espectacularidad del 3-D... y Tintín.
No se qué les parecerá la pelicula a los espectadores norteamericanos, pero si se que para quienes nos hemos criado con las míticas historietas de Hergé, esta versión cinematográfica es un auténtico regalo.
Tintín, el capitan Haddock, Hernandez y Fernandez, la Castafiore... y Milú.
Todos los personajes, recreados con las más modernas tecnologías, tan cercanos a su imagen en el comic, nos atraparon desde el primer fotograma, consiguieron fascinarnos.
Fué toda una experiencia.
La media de edad del público del cine no sobrepasaba los 10 años, a pesar de que algunos peinamos canas. Y allí vibramos, todos y todas a una, con las escenas de acción, las persecuciones, la batalla con los piratas... y reimos a mandíbula batiente con las peripecias de Milú.
El perrito de Tintín adquiere, en esta versión cinematográfica, un protagonismo que no tenía en las historietas originales.
Me parece un acierto, no solo porque es un gran personaje, digno de un Oscar, sino porque -en una clave más personal- durante toda la pelicula me trajo el recuerdo de mi perro Max.
Si, Max, como Milú, era un fox terrier, y sus expresiones, sus gestos, sus posturas... eran los mismos que aparecen en la pelicula.
Todavía me cuesta mucho hablar de él, de lo que significó para mi, lo que me enseñó, lo que me dió.
Pero ayer por la tarde era como verle vivo de nuevo. Mi viejo amigo.
En resumen: disfruté mucho y -en medio de tanto mal rollo- me apetecía mucho compartirlo con vosotros y vosotras.

viernes, 21 de octubre de 2011

El discurso del candidato

Conciudadanos y conciudadanas:
Vivimos tiempos muy difíciles.
No se trata solamente de la profunda crisis economica, que golpea especialmente a los sectores más débiles de nuestra sociedad y que -paradójicamente- está sirviendo para que los ricos sean más ricos.
Es que, además, esa crisis está ocultando otros problemas muy importantes: la crisis medioambiental, el calentamiento global, con gravísimas consecuencias de todo tipo; la crisis alimentaria, que condena al hambre a 1.000 millones de personas; la crisis migratoria, con millones de personas desplazándose en busca de un futuro mejor; la crisis energética; etcetera, etcetera.
Son muchos los problemas, los desafíos que llenan de incertidumbre nuestro futuro colectivo.  
Y no tenemos soluciones. Carecemos de respuestas. Las viejas formas de enfrentar los problemas se demuestran cada día ineficaces.
El gobierno ha fracasado.
La oposición tampoco ha sido capaz de ofrecer ninguna alternativa.
Los partidos políticos, y hasta la propia democracia representativa, sufren la desafección, el rechazo por parte de la ciudadanía.
No puedo haceros ninguna promesa para obtener vuestro voto.
No tengo soluciones mágicas. Y quien os diga que las tiene os miente, os engaña.
La verdad es que no sabemos cómo responder a tantos y tan graves problemas.
Lo único que sabemos con certeza es que necesitamos el esfuerzo y el compromiso de todas y todos. Poner a funcionar la inteligencia colectiva. Sacar lo mejor de cada persona y cooperar entre todas.
Solo desde la participación activa y el trabajo en equipo podremos encontrar las soluciones.
Y no vendrán sin sacrificio, sin esfuerzo, sin renunciar a muchas cosas que hemos acumulado en los tiempos del consumismo y el despilfarro.
El único camino es el de la solidaridad, el del apoyo mutuo, el de la suma de esfuerzos por encima de las diferencias, de las razas, de la cultura, de las religiones...
No se trata de que me cedáis vuestro voto y vuestra responsabilidad, votad por quien queráis o no votéis, pero -sobre todo- apostad por vosotras y vosotros mismos.
Esta es nuestra hora, el momento de construir colectiva y solidariamente una vida mejor para todas las personas y, sobre todo, para nuestras hijas y nuestros hijos.
A ello os invito.

domingo, 16 de octubre de 2011

99%

Guardo muchas sensaciones vivas de la manifestación de ayer.
Una de las más hermosas era la de caminar junto a miles de personas, en Cádiz, si, pero también en Sevilla, en Málaga, en Madrid, en Barcelona, en Bilbao... y también en Costa Rica, en Mexico, en Chile, en Argentina... Sentía mis brazos unidos a los de Antonio, Jesús, Fernando, Pep, Asier, Oscar, Marisa, Tato... y también sentía la presencia allí de Carlos, Raúl, Paulo... Éramos miles y miles, uniendo las fuerzas de nuestras voces y también las de nuestros deseos, nuestra voluntad decidida por cambiar las cosas. Ayer sentí, como nunca, la dimensión planetaria de esta lucha, me sentí hermano de esos millones de personas a quienes no conozco pero con quienes camino de la mano gritando: ¡¡¡Otro Mundo es Posible!!!
La mayor parte de la manifestación la pasamos Nené y yo en "la cola", con un montón de jóvenes familias cargadas de gente menuda. Allí estaba mi amiga Hanna -de quien ya os he hablado- y sus amigas Candela y Lucía -todas con cuatro años recién cumplidos- formando un frente de carritos infantiles, inventado sus propios lemas y gritando divertidas "¡queremos más jardines para jugar!"
Sentí que hacen bien estas madres y padres que vienen a las manis con sus criaturas, es un buen aprendizaje para los tiempos que vienen pues serán estos niños y niñas quienes sufrirán en mayor medida el impacto de lo que hoy se hace y se deja de hacer por parte de los poderosos.
Luego, avancé más deprisa, atravesando la multitud heterogénea, hasta llegar a la cabecera donde se concentraba la gente más jóven y ruidosa, con la batukada marcando el ritmo de las consignas más radicales: "¡Si esto no se arregla: guerra, guerra, guerra!", "¡Si no hay solución, habrá revolución!"
Mi sensación, entonces como otras veces en la corta historia del movimiento 15M, fué la de que estos muchachos y muchachas tienen -y no me extraña- prisa por hacer esos cambios radicales que se necesitan y no solo sienten indignación sino que empiezan a sentir impaciencia ante la pasividad y la ineptitud de los poderosos. De ahí a la violencia hay un solo paso que no debe darse.
Durante la marcha, nos preguntábamos por su sentido y utilidad: quienes gobiernan -y quienes mandan en quienes gobiernan- son sordos y sacan brillo a las porras. Confían en que la desesperanza, el cansancio y la represión desinflarán las protestas y devolverán la gente a sus casas.
Pero quizás, decíamos ayer, el objetivo no deba ser tanto llamar la atención de los poderosos sino de quienes miran desde los balcones, desde las páginas de la prensa, los telediarios o la redes sociales.
Creo que es un gran hallazgo del movimiento recordarnos que somos una inmensa mayoría (el 99%) quienes pagamos las crisis, mientras que una minoría (el 1%) acumula el poder y la riqueza.
El problema es que solo una pequeña parte de nuestra sociedad ha tomado conciencia de ello y ha alzado la voz. La gran mayoría somos complices de los intereses de los más poderosos, hemos hecho nuestros sus valores y deseos, aspiramos a ser como ellos.
Pero el mundo solo cambiará realmente cuando consigamos que el 99% abramos los ojos y descubramos que -en mayor o menor medida- todos y todas somos victimas del sistema.

sábado, 8 de octubre de 2011

Mujeres

Llevaba algunos días pensando en dedicarle unas letras a una mujeruca que mendiga unas monedas cerca de mi casa.
Es una mujer mayor, menuda, casi una anciana. Lleva su pelo gris recogido en un moño y un vestido azul pálido abotonado, siempre pulcro.
Su bolso ajado cuelga de sus brazos que se cruzan bajo el pecho.
Se coloca, no todos los días, siempre en el mismo lugar, medio oculta en la entrada de un garaje, como si no quisiera que la vieran.
No habla ni alarga la mano a las personas que pasan, aunque cualquiera que la vea sabe que pide una ayuda. De vez en cuando llora en silencio, desconsolada, imagino que por el dolor de sus penas y la vergüenza de tener que pedir, y se seca las lágrimas con un arrugado pañuelo que saca de su bolso.
No se cuales serán las necesidades que la llevan a mendigar, pero su dignidad y su tristeza me conmueven siempre. Tal vez me recuerda a mi madre, o quizás son sus lágrimas calladas las que tocan mi corazón.
Pero, con toda su fragilidad, esa mujer me transmite fuerza y decisión, superación, coraje para echarse a la calle a buscar ayuda.
Esta semana hemos sabido que el Premio Nobel de la Paz de este año 2011 ha sido concedido a tres mujeres, a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y a las activistas por  los derechos humanos Leymah Gbowee, también liberiana, y Tawakkul  Karman, yemení.
También, hace pocos días conocíamos la triste noticia de la muerte de Wangari Maathai, la "Mujer Árbol", keniana, impulsora de una revolución verde protagonizada por las mujeres, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2004.
Y, antes, en 1994, lo recibió Aung San Suu Kyi, la opositora birmana que lleva más de veinte años luchando contra la dictadura militar en su país.
Son solo algunos ejemplos de la impresionante fuerza vital de las mujeres. Tal vez los más visibles, los más mediáticos, pero sabemos que -de forma silenciosa- otros muchos millones de mujeres están cambiando el mundo cada día.
Así, hace unos meses traía aquí la historia de Las Patronas, las mujeres veracruzanas que preparan agua y alimentos para ayudar a los inmigrantes sudamericanos que pasan clandestinos en "El tren de las moscas", camino del sueño americano.
En estos tiempos de incertidumbre y desesperanza, es una gran suerte que las mujeres ocupen cada día más espacios de poder y de influencia, a pesar de las resistencias que oponemos los varones hasta llegar a veces a la violencia o la muerte de aquellas que se resisten a la sumisión.
Tengo pocas dudas de que el futuro es de las mujeres, de que ellas liderarán la construcción de otro mundo posible, de otro mundo mejor.
El futuro será mujer y será mestizo.
Las mujeres y los hombres aprenderemos a sumar, a poner en pie nuevas ideas y soluciones a partir de lo mejor de cada cual, de cada género, de cada raza y cada cultura.

lunes, 3 de octubre de 2011

Taller de Abrazos

"El Abrazo" de Juan Genovés
El primer objetivo propuesto era "realizar un encuentro" y -dándole vueltas- se me ocurrió que nada como un buen abrazo para encontrarse.
Así que les propuse iniciar las jornadas con un Taller de Abrazos y les pareció bien la idea.
Empecé contándoles que quienes saben de esto dicen que las personas necesitamos un mínimo de 6 a 8 abrazos diarios para mantener una buena salud y alcanzar el equilibrio afectivo.
Y les hablé de Mātā Amritanandamayī Devi, más conocida como Amma, la gurú india que lleva 30 años viajando por el mundo repartiendo millones de abrazos.
También les expliqué que el abrazo es cosa de dos -o más- personas, y requiere la entrega de quienes participan en él. Es absurdo abrazar a un maniquí. Es imposible abrazar a alguien que se resiste y se niega al abrazo.
El abrazo debe realizarse con plena conciencia, dándose tiempo, sin prisas.
Y tras estas indicaciones previas, comenzamos a experimentar algunos de los muchos tipos de abrazos que existen.
Comenzamos con el “Abrazo al Espacio”, en el que cada cual abraza al universo, al mundo que le rodea, a un árbol, a la hierba, al aire…recogiendo con sus manos y llevando hacia su corazón la energía del cosmos que todo lo llena, abrazándose con ella.
Seguimos con el “Abrazo de Mariposa”, en el que cada cual abraza su propio cuerpo, cerrando los ojos, concentrándose en su propia respiración, escuchando su corazón.
Luego vino el “Abrazo de Verano”, por parejas, en silencio, cogiéndonos mutuamente por los hombros, mirándonos a los ojos, abrazándonos con la sonrisa y la mirada.
Y, más tarde, el "Abrazo por la Espalda”, rodeándonos con los brazos y la cabeza, transmitiéndole fuerza y energía a la otra persona, para cambiar después los papeles.
Después llegó el “Abrazo Mental”, con las cabezas juntas, en silencio, mejilla con mejilla, los ojos cerrados, abrazándonos por la cintura y tratando de conectar con las emociones de la otra persona, sintiendo lo que siente.
Continuamos con el “Abrazo con Masaje”, acariciando mutuamente la espalda de la otra persona, tratando de transmitirle bienestar y tranquilidad.
El siguiente fué el “Abrazo Oriental”, rodeándonos con todos los brazos y dejando caer nuestra cabeza en el hombro de la otra persona, acompasando nuestra respiración y nuestra mente.
Más tarde vino el "Abrazo de Invierno" o “Abrazo del Oso”, con todo el cuerpo, ronroneando o emitiendo pequeños gruñidos, tratando de dar calor y contener a la otra persona.
Seguimos con el “Abrazo por Tríos”, abrazándonos estrechamente de tres en tres personas, rotando para estar en medio y recibir el abrazo de las otras dos.
Nuestro taller terminó con el “Abrazo de Grupo”, cogiéndonos de las manos, luego de los brazos, de la cintura, para ir formando un círculo más y más pequeño, hasta formar una piña compacta.
Pero, además, reservamos -para concluir las jornadas- el "Abrazo del Caracol", que nos enseñó Tato Iglesias, en el cual todo el grupo, cogido por las manos, va enrollándose sobre si mismo formando una estrecha espiral de abrazos.
Por último, comentamos la experiencia entre todos y todas.
Confesamos que, especialmente al principio, no nos había sido muy fácil entregarnos al abrazo, pero, conforme avanzaba la experiencia, crecía la confianza en las otras personas del grupo, y sentíamos su energía, y la nuestra al compartirla.
Las risitas nerviosas del comienzo fueron transformándose en silencio y concentración. Los abrazos fueron ganando en intensidad y emoción.
Luego, en los días siguientes de las jornadas nos entregamos a la reflexión y al análisis, que evaluamos al final como muy provechosos y productivos.
Quiero creer que ayudó mucho el haber iniciado el camino con la emoción y la fuerza del abrazo.
Y por eso quería compartirlo aquí, para celebrarlo y para animaros a que lo experimentéis cuando tengáis oportunidad y me contéis después los resultados.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Que le den...(al sistema)

Pertenezco a esa mayoría de la población que no entiende un pimiento de lo que está ocurriendo en el mundo con la economía, por qué un día cae la bolsa, y al siguiente sube la prima de riesgo, y al otro se producen recortes en los servicios públicos, y más tarde baja la calificación de la deuda, y así sucesivamente.
A pesar de este estado permanente de confusión e ignorancia -en el que nos mantienen con ahinco- tengo claras algunas cosas:
  • Que las gentes de a pie vivimos acojonadas, con el alma en un puño, muertas de miedo. Diciendo por lo bajini aquello de "¡virgencita, que me quede como estoy!". Es un sinvivir. Y esto le viene muy bien a quienes manejan el cotarro. O sea, que mientras el personal tiembla es más fácil que no se resista y trague con todo lo que le echen.
  • Que los ricos son cada vez más y más ricos. O sea, que la economía debe ir fatal pero hay algunas personas que en todo el mundo están sacando tajada, para las que no hay recortes, cuyos beneficios crecen y crecen. Seguro que a esas personas -(¡pobrecitas!)- también les están subiendo el precio del caviar,  los maseratti y los yates, y como decía aquella señora -digna del Libro de los Idiotas- sufren mucho porque "¡no tienen cash!", pero el caso es que cada vez son más ricas. ¡Hasta el punto de que algunas de ellas proponen -tímidamente- que les suban los impuestos!
  • Que los pobres son cada vez más y más pobres. O sea, que el pato de la crisis económica, como siempre en la historia, lo siguen pagando los de abajo, y a estas alturas del siglo XXI, las generaciones sucesivas de gentes humildes tienen todas las papeletas para vivir peor que sus predecesores. Vamos pa peor. Y eso vale para las personas y para los países, o sea, que si en Europa lo estamos pasando mal, en Africa ni te cuento.
  • Que con todo este rollo de la crisis económica se acabó lo de preocuparnos y ocuparnos de otras crisis "menores": el calentamiento global, las hambrunas, el agotamiento energético, la crisis migratoria, el deterioro global de los derechos humanos, etc., no hay tiempo, interés ni recursos para nada más que no sea salvar a los bancos y combatir el deficit.¡Los especuladores y banqueros primero! 
Estos días existe una gran preocupación mediática por la quiebra de Grecia, el fin del Euro, la amenaza de una recesión... y los economistas del FMI empiezan a hablar de "crisis sistémica", cual si fueran perroflautas antisistemas. Nos amenazan con que el sistema se va al garete.
Y yo me pregunto si eso es un drama -y en todo caso para quien- si hemos de tener tanto miedo porque el sistema se colapse, se vaya a la misma mierda, o hemos de celebrarlo con champán.
Seguro que el derrumbe del sistema no será muy cómodo, especialmente para las sociedades que hemos vivido satisfechas en el consumismo y el derroche, pero probablemente será la única posibilidad de construir algo nuevo.
Tal vez sea eso lo que nos lleve a explorar el decrecimiento y a perseguir la Felicidad Interior Bruta.

    lunes, 19 de septiembre de 2011

    Mocos

    Ya se que el título no es muy sugestivo que digamos, pero es que tengo un trancazo desde hace tres días, y solo tengo mocos, y mocos, y más mocos.
    Lo menos llevo gastados 15 paquetes de pañuelos de papel y estoy hasta el gorro de beber agua y -de rebote- pasarme día y noche meando.
    Yo que estaba tan contento con mis baños matinales en la playa, con mis zumos de naranja, con mis ejercicios de Qi Gong... convencido de que -este año si- iba a librarme del catarro.
    Y aquí me tienes, tirado en la cama, congestionado hasta las trancas, invadido por los estornudos, toses... y mocos.
    Cuando estoy acatarrado, especialmente los primeros días, no estoy para nada y para nadie.
    Lo único que me apetece es dormitar -si puedo, a ratos, con agitación febril- y dejar pasar el tiempo (mientras estornudo, bebo agua, meo, toso y me sueno los mocos).
    A cuenta del catarro, he dejado de escribir mi entrada habitual en este blog el viernes pasado, y de participar en unas interesantes jornadas de debate en Valcarcel Recuperado, y de acudir a la manifestación en defensa de los servicios públicos del domingo, y de reunirme con los compañeros de Luz y Sal para hacer nuestro blog colectivo...
    Y es que, ya digo, cuando tengo un catarro, en su fase más aguda, no tengo ganas de hablar, de leer, de hacer nada, de comer... no estoy para nadie.
    Mi mujer -que dice que siempre se lo pego- no quiere acercarse a menos de un par de metros de mi, y se niega a darme besos, abrazos o cualquier otra muestra de cariño (de chingar ni hablamos). El catarro lleva añadida la pena de ostracismo familiar.
    Y luego, eso que dicen de que los catarros duran siete días con medicación y una semana sin ella, o sea, que ya te puedes tomar lo sea que no te queda otra que vivirlo, todo el proceso, paso por paso: el goteo de la nariz, los estornudos, los mocos, la congestión nasal, la voz tomada, la fiebre, el dolor de cabeza, el picor de garganta, la tos de garganta, la tos de pecho...
    Así que me lo tomo con paciencia... y con una aspirina cada seis horas.

    viernes, 9 de septiembre de 2011

    El Papel Point

    Las tecnologías nos aportan -quien lo duda- muchas ventajas y posibilidades, pero -aunque a veces parezcamos ignorarlo- traen también consigo algunos inconvenientes.
    Por ejemplo, están los problemas de concentración, la dispersión de la atención que conlleva la multiplicación de estimulos.
    O aquello de que las TIC nos acercan a la gente más lejana y nos alejan de la gente más cercana.
    O los riesgos de la "infoxicación", que hace que el exceso de información la vuelva insignificante, irrelevante para quien ha llegado a la saturación.
    O la pérdida de la privacidad y el riesgo de control o manipulación de nuestras ideas, discursos, gustos, intereses...
    Personalmente, me da mucho palo la creciente dependencia en la que se desenvuelven cada vez más amigos y amigas que no pueden vivir sin consultar continuamente su twitter o sin retransmitir su vida en tiempo real informando al resto de la humanidad de donde están, de lo que hacen, de lo que comen...
    Un efecto perverso muy comentado recientemente es el de la pérdida de capacidad de razonamiento complejo y la simplificación de ideas que implica el uso abusivo del Power Point y que ha provocado la constitución en Suiza de un partido político que propone su prohibición.
    Acabo de participar en los Encuentros Internacionales de Juventud de Cabueñes, que se han realizado en los primeros días de septiembre. En las semanas anteriores me encontré ante el dilema de utilizar el ordenador para preparar mi intervención vulnerando así mi autocompromiso de "silencio tecnológico" durante las vacaciones, por lo que opté por realizar un "Papel Point". O sea, busqué folios de colores y rotuladores, y me entretuve en sintetizar los puntos principales de mi exposición.
    Fué muy divertido rotular aquellas ideas -con colores distintos y grafismos llamativos que aprendí en mis remotos años de trabajo como animador turístico- mientras iba rumiándolas, elaborándolas en mi cabeza.
    Mi intención, que luego no pude aplicar totalmente por las condiciones del espacio, era presentar aquellas ideas, hacerlas circular de mano en mano entre las personas participantes y fijarlas luego con masilla autoadhesiva a las paredes, puertas y ventanas de la sala, de manera que acabaran rodeándonos y llenando nuestro entorno visual.
    Era, en fin, una manera de salir del paso -con una cierta elegancia- para disculpar la ausencia del obligado Power Point que no puede faltar en cualquier ponencia o mesa redonda que se precie.
    Mi sorpresa fué descubrir que a las personas jóvenes participantes en aquél encuentro les resultaba simpático, atractivo y sugerente el cambio de código y entraban con gusto al juego del Papel Point.
    La sorpresa se completa cuando mi amigo y compañero Antonio Moreno, coordinador del taller, me envía un mensaje SMS para contarme que las personas participantes han decidido utilizar el Papel Point como "tecnología" para la devolución de resultados en la sesión conjunta de puesta en común de conclusiones con las gentes de los otros encuentros simultaneos que se han desarrollado durante esos días.
    La anecdota viene a cuento de los riesgos de las tecnologías, y en particular el de que acabemos  convirtiéndonos en otra pieza más de la red, del engranaje que recibe y difunde mecanicamente información, que consume mensajes, sin pararse siquiera a degustarlos, a digerirlos, a elaborarlos.
    Creo que la clave está precisamente en la creatividad, en la imaginación, que son cualidades genuinamente humanas de las que carecen las maquinas.
    Y me viene a la cabeza la presentación que, precisamente sobre las TIC y las redes sociales, hicieron en el mismo encuentro Neyda y Olga, mediante una pequeña representación teatral -ayudada con recursos multimedia- en la que desplegaban las ideas principales que querían someter al debate. Fué magnífico.
    Pienso que, lejos de conformarnos con las cómodas rutinas tecnológicas, con el tecno-pensamiento único, hemos de poner a funcionar la imaginación y refrescar nuestras ideas, nuestro discurso, nuestro diálogo, nuestra acción llenándolos de fantasía, poesía, mágia, humor... que nos permitan escapar de los riesgos de empobrecimiento del pensamiento y las relaciones humanas que se esconden, arteramente, tras la fascinación de las TIC.

    viernes, 2 de septiembre de 2011

    En la nube de verano

    En vacaciones el tiempo parece pasar más lentamente, "se dilata sin las fracturas del horario", como dice Antonio Rodríguez de las Heras.
    Pero las vacaciones pasan fugaces como una nube de verano, y nos cuesta un montón volver a las rutinas de la vida reglada.
    Por eso, en este mundo tan propenso a "patologizar" todo lo que se ponga a tiro, ya han etiquetado una nueva patología social, el famoso "síndrome postvacacional", que puede llegar a afectar a más de la mitad de las personas con síntomas como irritabilidad, tristeza, apatía, ansiedad, insomnio, dolores musculares, nauseas, palpitaciones, sensación de ahogo o problemas de estómago.
    En resumen, que no nos hace maldita la gracia volver al trabajo -o al colegio, cuando éramos niños- y quisiéramos prolongar indefinidamente las cálidas sensaciones de las vacaciones.
    Dicen que el sindrome se pasa en pocos días, pero la cosa se complica cuando el mundo y el tiempo al que hemos de regresar -descendiendo de la nube- sigue empantanado en una crisis permanente y aparece repleto de malos augurios e incertidumbres.
    No es que en las vacaciones hayamos podido evadirnos por completo de las miserias del presente, que se las arreglan para colarse por todas las rendijas, pero no parecen tan crudas cuando nuestros ojos están llenos de mar o de montaña, de paisajes hermosos, cuando nuestro ánimo y el de quienes nos rodean es el de sonreir a la vida, gozar del silencio, de la siesta o de la fiesta.
    Por eso, en nuestro deseo de estirar las vacaciones, de mantener vivas sus buenas vibraciones, este tiempo postvacacional es época de buenos propósitos y nos proponemos hacer ejercicio, aprender inglés, escribir un diario, pintar acuarelas... 
    Y por eso, como me descubrió hace algunos años un amigo editor, este es el tiempo de los fascículos, de los cursos por entregas, de las colecciones más exóticas...
    Claro que también es cierto que los buenos propósitos a menudo duran poco y quienes nos apuntamos al gimnasio o iniciamos entusiastas la colección de abanicos o miniaturas de jarrones chinos abandonamos con facilidad el empeño. Conozco algún coleccionista de colecciones inacabadas que podrían servir para contar su biografía postvacacional.
    El caso es que hoy, flotando todavía en la nube del verano, me pregunto como es posible que hayamos caido en la trampa de un mundo al revés, donde el goce y el disfrute de la vida son la excepción mientras que el estrés y el miedo son la regla.

    viernes, 29 de julio de 2011

    "Ponerse" de vacaciones

    Las vacaciones se sueñan siempre en tecnicolor y a menudo se viven en blanco y negro, como se puede.
    Cuanto más las imaginas, cuanto más fantaseas, cuantas más expectativas pones en ellas, más fácil es que venga la realidad con las rebajas.
    En las vacaciones, como en la vida misma -porque las vacaciones no son una excepción de la vida- hay yin y yang, días buenos y malos, alegrías y tristezas, encuentros y desencuentros, soledad y compañía...
    Uno se va de vacaciones con sus virtudes y sus defectos, con sus miedos, sus ilusiones, sus fantasmas, sus malos rollos y sus buenas ondas...
    Cuando vivíamos en Madrid las vacaciones eran la ocasión para escapar de la gran ciudad, pero desde que vivimos en Cádiz esa necesidad de huir ha desaparecido. Aquí, donde vivimos cada día, es donde muchas personas sueñan con disfrutar sus vacaciones.
    Por eso, al menos para mi, las vacaciones son algo más que un cambio de lugar (aunque quizás tenga algo que ver que no haya "posibles" para muchos viajes). 
    Cuando los amigos preguntan cuando me "voy" de vacaciones, suelo responder que "me pondré" de vacaciones en Agosto. O sea, no se trata de "irse" sino de "ponerse".
    Para mi, las vacaciones son sobre todo una actitud, una postura, una disposición... del cuerpo y del espíritu.
    Eso significa tiempo: para dormir sin despertador, para leer hasta las tantas, para escribir en cualquier momento, cuando llega una idea, para dibujar (aunque lo tenga medio abandonado, pero ese es mi propósito), para no hacer nada...
    Y significa silencio: silencio tecnológico, cerrando -por el calor- este blog, y el feisbú, y el correo electrónico...(¿seré capaz?) y silencio físico, que busco en el Qi Gong y la meditación.
    Y significa encuentros (y -a veces- hasta encontronazos) con la pareja, con los hijos, con la familia, con los amigos...
    No se si es una buena formula, pero he aprendido a no esperar (casi) nada, a estar abierto a todo, a construir las vacaciones con lo que cada día trae.
    Al menos eso es lo que intento, no siempre con éxito.
    Pero, sea como sea, cruzo hoy los dedos para que quienes frecuentáis este rincón hecho de palabras y yo mismo tengamos unas felices vacaciones.
    Hasta septiembre.

    viernes, 22 de julio de 2011

    De la paternidad y la abuelidad

    Hace pocos días, mi amigo Ignacio -a quien conozco desde que nació- ha sido papá y mi amigo Jose -su padre- ha sido abuelo. Me alegro mucho por ellos.
    También me alegro por Lea -la recién nacida- y por Inés su madre, y por Cristina, su abuela primeriza, pero esta entrada va dedicadas a los varones.
    Ignacio está todavía bajo los efectos de la impresión -él fué quien cortó el cordón umbilical- y dice que está "muy blandito", se emociona por cualquier cosa y se le saltan las lágrimas.
    No me sorprende. Yo también me sentía muy especial cuando nació mi hija Ana, pensaba que tenía que notárseme en la cara y necesitaba comunicárselo a toda la gente con la que me cruzaba en la calle. Y, tres años después, la experiencia de ver nacer a mi hijo Pablo fué, sin duda, una de las más importantes de mi vida.
    Creo que existe una patología, que los psicólogos llaman "envidia del embarazo", que afecta a ciertos varones y se manifiesta con síntomas de vómitos, nauseas, estreñimiento, e incluso con un incremento de peso proporcional al de sus mujeres embarazadas.
    Lo comprendo: siempre he pensado que la maternidad es un gran privilegio de las mujeres, un regalo que les ha hecho la vida.
    Poder gestar en su vientre, durante nueve meses, un nuevo ser. Sentir día tras día como crece y se mueve. Parir y saber que esa personita que mama de tu pecho es carne de tu carne, una parte de ti misma.
    Me parece algo envidiable, una experiencia única.
    A los varones nos queda -quizá- el consuelo de poder vivir todo ello de cerca y, de unos años para aquí, el permiso social para sentir y expresar nuestros sentimientos en lo que supone una nueva forma de ser padres.
    Si, en medio de todos los cambios que nos toca hacer a los varones, redefiniendo la masculinidad en una sociedad no patriarcal, también nos toca reinventar la paternidad.
    Lo de Jose es otra historia. Nunca fué especialmente "niñero" pero con los años ha ido descubriendo la magia y la alegría de la infancia y lleva mucho tiempo soñando con su "abuelidad".
    Esta nueva condición también está removiendo sus emociones y sentimientos, le está cambiando y le hará, sin duda, más tierno y más sensible, todavía. Será un abuelo extraordinario.
    Y todo ello, en estos tiempos difíciles que corren, se convierte en una buena noticia, en un grito de esperanza, en una apuesta por la vida que quiero celebrar hoy.

    viernes, 15 de julio de 2011

    Instantaneas playeras (que nunca hice)

    • La parejita que, al salir el sol, duerme abrazada sobre la arena (no encontraron otro lugar donde vivir su pasión). 
    • Los operarios que avanzan -sin prisa- recogiendo bolsas de plástico, papeles, sombrillas rotas, pañales usados, restos de comida... "olvidados" por el personal el día anterior.
    • Los surfistas que esperan, meciéndose en el agua, la llegada de la ola perfecta. De vez en cuando, uno la coge, se yergue sobre la tabla y se desliza, se desliza, se desliza... y se cae.
    • El jubilado de finas y pálidas piernas que camina muy deprisa de espigón a espigón, una y otra y otra vuelta, y de vez en cuando da una carrerita, como si se le escapase el autobús.
    • Las señoras que caminan por la orilla mientras despellejan a sus vecinas, hablando todas a la vez, con turbantes en la cabeza y bañadores de ballenas comprados en algún mercadillo... hace veinte años.
    • Los solitarios barrigudos que se ponen al sol como lagartos, junto a las piedras del espigón, oteando la playa por si descubren alguna muchacha haciendo topless, para realizar -entonces- alguna excursión exploratoria.
    • La pareja mayor que, puntualmente, llega a "su lugar" y, haya quien haya allí, instalan su campamento de sillas y sombrilla, desplazando al intruso que lo ocupaba.
    • Las palomas que esperan a que se duche algún bañista para beber el agua dulce que se derrama por el desaguadero (ésta si la hice).
    • El hombre que agita sus brazos en un ejercicio que pareciera ensayo para un vuelo (alguna mañana conseguirá despegar y se unirá a las gaviotas que navegan el viento).
    • La mujer solitaria que se ha traido esta mañana la cámara y pide a una parejita paseante que haga el favor de sacarle una foto, mientras posa coqueta y despliega una sonrisa de felicidad de anuncio.
    • El tipo panzón que todas las mañanas, temprano, hace lentamente su tabla de gimnasia china, como un ritual solemne (los paseantes ocasionales le miran perplejos y comentan: "hay gente pa tó").

    viernes, 8 de julio de 2011

    Por la mañana temprano...

    Por las mañanas me despierto casi siempre cabreado.
    Dice mi amiga Clara -que entiende de estas cosas- que la razón de ese cabreo es que nací con forceps. Que estaba tan agustito en la tripa de mi madre y no queria salir, cuando se empeñaron en que naciera.
    Y esa primera frustración es la que recuerdo cada mañana al salir del sueño y tener que levantarme.
    El caso es que, desde hace algunos años, lo primero que hago -tras pasar por el baño- es dedicarle un buen rato a la meditación.
    Enciendo una vela. Me siento en mi pequeño taburete de meditación. Cierro los ojos, relajo el cuerpo y centro mi atención en la respiración. Contando mentalmente: uno, dos, tres... las inspiraciones, hasta que llego a seis, o mi mente se distrae con cualquier ruido o cualquier pensamiento, y entonces vuelvo a empezar: uno, dos, tres...
    Un monje zen al que le preguntaron, definía la meditación como "sentarse y sentirse".
    No hay más.
    Al cabo del tiempo, un reloj interior me da un toque de atención y el hormigueo de las piernas entumecidas me avisa de que ha pasado una hora y debo volver a la cotidianeidad.
    Lo hago con un nuevo espíritu, reconciliado con la vida, de otro humor mucho más alegre.
    Así que debo agradecerle mucho a la meditación, que me ayuda a ser mejor persona o, en todo caso, algo más soportable.
    Pero, desde hace unas cuantas semanas, coincidiendo con la llegada del tiempo de verano, más caluroso, he cambiado mi tiempo de meditación -que todavía conservo para los fines de semana y esperando a la llegada de las vacaciones- por la playa.
    Nada más despertarme me pongo el traje de baño y bajo a la playa que está muy cerca de mi casa.
    A esa hora tan temprana, cuando el sol empieza a levantarse sobre la ciudad, la playa está todavía en sombra, solitaria, silenciosa... si es que puede llamarse silencio -que yo creo que si- al ruido de las olas rompiendo en la orilla.
    Me busco un lugar, por lo general junto a la "Piedra Barco", donde puedo dejar mi bolsa, y después de unos ejercicios de calentamiento, realizo una antigua serie de ejercicios de Qi gong, llamada "Las Ocho Piezas del Bordado", el Ba Duan Jin.
    En ello, en el movimiento lento y concentrado, pongo toda mi mente y todo mi cuerpo.
    Al cabo, me baño en el mar, sobre el que caen los primeros rayos de sol.
    No puedo describir la sensación que me llena.Si diré que suelo lanzar gritos -pequeños- de alegría y placer.
    Y diré también que todo ello me hace empezar el día con fuerza y con ánimo.
    Cuento todo esto, no para dar envidia a quienes puedan leerme (aunque, pensándolo bien, quizás haya algo de eso), sino porque quiero, necesito mejor, compartir esos momentos de plenitud.
    La vida es siempre Yin y Yang, pero muchas veces es más fácil -al menos para mi- ver solo su lado oscuro y olvidar su cara luminosa.

    sábado, 2 de julio de 2011

    Elogio del fracaso

    Hubo un tiempo en que llevaba la cuenta de mis "fracasos" profesionales, como hacían los pistoleros muescas en su pistola para recordar los muertos que  iban dejando en su camino.
    Tal vez hubiera podido encontrar un trabajo estable, o algún enchufe en la Administración, para pasar tranquilamente los años. Oportunidades no me faltaron.
    Algunos de mis ex-socios, a quienes embarqué a su pesar en viejos proyectos, resolvieron su vida y viven hoy de las rentas. Pero siempre fuí un culo inquieto y abandoné las situaciones más prometedoras para implicarme en proyectos apasionantes de futuro incierto.
    Quería cambiar el mundo, no me conformaba con andar de paso.
    Casi siempre, aquellos proyectos apasionantes en los que participé tuvieron un recorrido apasionado y repleto de aprendizajes y experiencias. Dejaron una profunda huella, seguro que en mi mismo, pero probablemente también en otras personas.
    Creo que, mientras duraron, contribuyeron -humildemente- a hacer un poco mejor el mundo.
    Porque -eso si- pronto descubrí que el mundo se cambia cada día, allí donde es más cercano, en la pequeña parcela inmediata y cotidiana que cada cual -cada persona, cada iniciativa, cada proyecto- ocupa.
    Pero, seguramente, desde la perspectiva de esta sociedad competitiva y productivista, que confunde desarrollo con acumulación -tener más, y más, y más...- y que entiende el éxito cómo relumbrón y aplausos, en términos de imagen, de productos y no de procesos, aquellos proyectos terminaron en "fracasos".
    Profesionalmente, he tenido que "volver a empezar" unas cuantas veces. La penúltima de ellas, cuando nos vinimos a Cádiz, dejando atrás Madrid y sus oportunidades, y me inventé una consultora de nombre CERO.
    A mi padre, que nunca entendió bien mi trayectoria profesional, le parecía de mal gusto tentar a la suerte con un nombre tan "negativo", pero era la forma -un tanto irónica- de reconocer que, una vez más, iba a "empezar de cero."
    Hoy -precisamente hoy- rescato la voz siempre hospitalaria de María Zambrano, que habla así del fracaso:
    "Y es que posee la historia un ritmo inexorable que condena al fracaso a todo aquello que se le adelanta o que le desborda.
    Fracaso en razón de su misma nobleza y de su insobornable integridad; también, porque en el fracaso aparece la máxima medida del hombre, lo que el hombre tiene tan desprendido de todo mecanismo, de toda fatalidad, y que nada puede quitárselo.
    Lo que en el fracaso queda es algo que ya nada ni nadie pueden arrebatarnos.
    Y este género de fracaso era entonces y sigue siendo ahora la garantía de un renacer más completo".
    No pretendo situarme a la altura de la grandeza del fracaso que ella elogia, pero me apunto a la esperanza del renacer que ella sueña.

    viernes, 24 de junio de 2011

    Izquierda

    Saul Alinsky decía: "primero la organización, luego el programa".
    Y, efectivamente, las ideas, los objetivos son imprescindibles para poder cambiar el mundo, pero si no tienes capacidad para llevarlos a cabo se quedan convertidos en meros deseos, aunque sean buenos.
    Así que el viejo organizador de la lucha por los derechos civiles, en los EEUU de los años 60, defendía que el primer paso era sumar voluntades, agrupar fuerzas, construir organización, para -desde ella, desde el "poder" que ella implica- ir definiendo, paso a paso, los objetivos a conseguir (el programa).
    Ese proceso organizativo, de agrupamiento de fuerzas -decía Alinsky (y todas las personas sabias que he tenido la suerte de conocer)- ha de hacerse desvelando las necesidades y problemas reales de la gente, partiendo de la realidad cotidiana.
    Y los objetivos de cambio que definamos deben ser "para el éxito", han de estar al alcance de nuestra organización, de su  fuerza y sus capacidades, porque  los objetivos que no se pueden conseguir solo generan frustración y desencanto.
    Asi que, quienes queremos transformar el mundo -en nuestro barrio, pero también en todo el planeta- tenemos por delante el reto de agruparnos y construir las formas de organización imprescindibles para poder lograrlo.
    Y organización significa unidad... capacidad de encontrarnos en un "mínimo común multiplicador" que nos mueva a avanzar colectivamente en la misma dirección.
    Este es uno de los retos más importantes que enfrenta el movimiento 15M ¿Cómo se articulará? ¿En qué formas organizativas cristalizará?
    No lo tiene nada fácil, aunque conservo a punto, dispuesta, toda mi capacidad de sorpresa. 
    Porque la historia de los movimientos transformadores, revolucionarios, la historia de la izquierda está llenita de divisiones, disputas, escisiones, fracturas, peleas internas... repleta de personajes "siniestros".
    Están quienes son tan puros que no están dispuestos a negociar ni una coma de sus principios, aunque se queden solos, aunque no avancen un solo palmo.
    Están quienes viven en un convencimiento tal de sus propias verdades que no esperan otra cosa sino que el resto de la gente se rinda a la evidencia y se sume a su proyecto.
    Están quienes desconfían de las otras personas en quienes suponen siempre ignorancia, intereses ocultos o tendencias a la manipulación... y por eso prefieren adelantarse y ser ellas quienes manipulen a las demás.
    Están quienes se suben con facilidad al discurso de la participación y la democracia, pero ejercen -en su vida particular y en la vida organizativa- los modos más autoritarios/as e impositivos/as.
    En fin, la historia de la izquierda abunda en personalismos, protagonismos, autoritarismos, sectarismos, dogmatismos, cainismos, revanchismos...
    Uno de los rasgos más caracteristicos de la izquierda ha sido la aparente incapacidad esencial para escuchar al otro, al diferente. A menudo la izquierda -en sus diferentes facciones- ha sido más dura y cruel, más intransigente con quienes eran afines y cercanos que con sus antagonistas.
    De esta bronca histórica que me estoy marcando no se libra nadie: ni los socialdemócratas, ni los comunistas, ni los anarquistas... todos han dejado sobradas pruebas de sectarismo y exclusión.
    Y en nuestro presente más cercano, a veces (solo a veces), se adivinan tentaciones parecidas también en las "nuevas izquierdas", incluyendo a los ecosocialistas e incluso a ciertos sectores de "los indignados".
    Cuando se habla de reconstrucción, reinvención o refundación de la izquierda, la tendencia suele ser mirar al de al lado: Que cambien ellos o ellas. 
    Pero -lo seguiré repitiendo una y otra vez, a ver si de tanto repetirlo...- la Revolución empieza por una misma y por uno mismo, por el propio grupo de afines, por la propia organización, por la propia tendencia o partido político, por la parte de la izquierda que te pilla más cerca.
    Si no consigues cambiar tu y tu organización... ¿vas a lograr cambiar el mundo?

    viernes, 17 de junio de 2011

    Deprisa, deprisa...

    En muchos aeropuertos y estaciones ferroviarias, cada vez más, existen unos pasillos rodantes para recorrer las grandes distancias entre una y otra terminal.
    Te subes a ellos, acarreando tus maletas, te colocas discretamente a la derecha y te dejas llevar.
    O, si tienes mucha prisa, avanzas por el espacio de la izquierda para sumar tu velocidad a la del pasillo.
    Claro que, en ambos casos pero especialmente si vas caminando, cuando se acaba la cinta fácilmente corres el riesgo de salir despedido y dar con tu cabeza y tu equipaje en la luna del "free shop" que se anuncia allá al fondo.
    Recupero ahora esta imagen porque siento que el tiempo corre, ultimamente, muy deprisa.
    Se me escapa de las manos.
    Todo ocurre a una gran velocidad.
    Sin darme oportunidad de mirar a mi alrededor, a las otras personas, al paisaje.
    Deprisa, deprisa.
    Estos que vivimos son, sin duda, tiempos de cambio. Cambios profundos en todos los órdenes. Todo cambia.
    Cambios sociales, si, pero también -por eso- personales.
    Porque nada de lo que ocurre en nuestro entorno, en esta sociedad "glocal" nos es ajeno.
    Todo nos influye y nos importa. Todo nos construye. Incluso cuando no somos conscientes de ello.
    Nuestro mundo está cambiando cada instante.
    Hay quienes se resisten, quienes se niegan a esos cambios, quienes pretenden mantener inamovible la realidad... inutilmente.
    Cuando se quieren dar cuenta, todo es diferente.
    Y ellos o ellas se han quedado convertidos en rígidas momias.
    Pero tampoco es fácil para quienes quieren -queremos- acompañar esos cambios.
    Como en el pasillo rodante, el vértigo puede llegar a atraparnos, nuestra visión se nubla, todo es borroso, todo se confunde.
    Y podemos sentirnos perdidos.
    Echo de menos una pausa, que el tiempo, que el pasillo se detenga un instante, para tratar de comprender.
    Pero no es posible.
    Solo cabe dejarse llevar.





    Estos días se escuchan muchas voces que -de forma abierta o solapada- se niegan a aceptar los cambios que vienen. Dicen que las cosas son como son, que no hay alternativa. Piden moderación y sensatez a quienes reclaman otro mundo. Denigran a quienes no se conforman. Apelan, sin vergüenza, al orden o a la democracia, aunque lo que defienden de verdad son los privilegios, la violencia de unos pocos.
    Siento que todo se ha dicho ya. Y siento que el pasillo rodante de la historia les "escupirá" al final de la cinta, por mucho que se resistan.

    viernes, 10 de junio de 2011

    La Soledad del Corredor de Fondo

    Parece que el paso de los días y la prolongación de las acampadas del 15M empiezan a desgastar los ánimos, y emergen los naturales conflictos que se derivan de la convivencia humana.
    Así se refleja en varios artículos de prensa que ponen en evidencia la dificultad de construir consensos, o en testimonios personales que manifiestan su decepción, y se dan de "baja del movimiento 15M".
    Pienso que, probablemente, no existe tarea más difícil que construir diálogos y consensos en el marco de una asamblea masiva, en la que confluyen personas tan heterogéneas y diversas como las que participan por todo el país en el 15M.
    Se pasan de ingenuidad quienes creen que el solo recurso a los métodos asamblearios supone una superación automática de las tentaciones de protagonismo, imposición, manipulación... y que implica una inmediata capacitación de quienes participan en las habilidades sociales de escucha, respeto, capacidad de negociación y consenso, etc., que son fundamentales para cualquier construcción colectiva.
    En mi opinión, los milagros no existen, y creer que en algo menos de un mes -desde el 15M- se iban a producir -por arte de birlibirloque- un cambio en los valores, actitudes, hábitos, costumbres, comportamientos, vicios y virtudes... personales y colectivos de la ciudadanía, o de una parte de ella... es creer en los milagros.
    Los contravalores, los comportamientos egoistas e insolidarios, las actitudes incívicas, el irrespeto, la falta de escucha, etc., están absolutamente interiorizadas en nuestras cabezas y nuestros corazones.
    Por eso, también, están apareciendo en el 15M las primeras expresiones de fragmentación, sectarismo, patrimonialización, descalificación del diferente, etc., que han acompañado siempre la ya larga historia de los movimientos sociales y de la izquierda.   
    La primera e imprescindible revolución que hemos de hacer es la nuestra, la de cada uno y cada una. Una auténtica Revolución Etica.
    Si no cambiamos las personas, no cambiarán nuestras asambleas, nuestras organizaciones, nuestros gobiernos, nuestras sociedades.
    Si no cambiamos las personas, otro mundo no es posible.
    Pero, además, los cambios han de producirse  no solamente en los miles de personas que participan en el movimiento 15M. Porque, nos guste o no, somos solo -todavía- una inmensa minoría social.
    Los cambios de conciencia, de valores, de actitudes y comportamientos han de alcanzar a una mayoría social que está por construir.
    Y ello exige tiempo, paciencia y constancia.
    Esta no es una carrera de velocidad, sino una carrera de fondo.
    Los cambios que se precisan van a costar mucho esfuerzo.
    Lo siento por quienes pensaban que lo del 15M era coser y cantar y que, en unas pocas semanas, habríamos logrado nuestros objetivos.
    Pero no cabe desalentarse cuando surgen las primeras (ni las segundas, ni las terceras, ni las...) dificultades.
    Claro que hay (y seguirá habiendo) gente que trata de instrumentalizar y manipular -desde las viejas actitudes sectarias- el movimiento, claro que hay gente que dice estar enamorada de las asambleas pero en su corazón piensa que es ella la que tiene la razón, la verdad, y buscará cualquier forma para que ésta -la suya- prevalezca, claro que hay gente dispuesta a dividir en nombre de la unidad.
    Y esto no ha hecho más que empezar.
    Cuanto más "éxito" tenga el movimiento, más gente interesada en aprovecharse de él habrá.
    Porque, insisto, no se trata -solo- de que cambien "las otras personas", sino que tenemos que cambiar también "nosotras".

    sábado, 4 de junio de 2011

    La Asamblea

    Casi todos los días, a eso de las 7 y media, me voy caminando hacia la plaza.
    Al llegar encuentro a mucha gente charlando en pequeños grupos, esperando a la asamblea.
    Es gente diversa. Muchos jóvenes, si, pero también de todas las edades, y gente madura que, como yo, no quieren perderse esto.
    Saludo a quienes conozco de otras movidas sociales y también a quienes voy descubriendo día tras día.
    He hecho amistad con un coleguita muy jóven -al que algunos medios de comunicación llamarían "perroflauta"- que desde el primer día se significó por su entusiasmo y por una insólita voz poética.
    El fué el que, asamblea tras asamblea, se preguntaba, como perplejo: "Porque esto es una revolución ¿no?".
    Lleva unos días con el ánimo bajo.
    Me dice: "Loco, estoy desbordado. Mi cabeza no para. Ya no doy más. Tengo miedo de no hacerlo bien. Si me dejo llevar, a veces me iría, pero otras veces me quedaría."
    Le digo que no se coma el coco, que no podemos entenderlo todo, le doy un abrazo y le animo a seguir su corazón.
    Luego, siempre más tarde de la hora prevista (¡que estamos en Cádiz!), empieza la asamblea, la gente se sienta en el suelo de la plaza y yo busco una silla y un sitio discreto para sentarme.
    Y entonces se suceden las intervenciones: el orden del día, las noticias de otras acampadas, la información de las comisiones de trabajo, la agenda de las próximas acciones, el turno de intervenciones libres...
    Algunas personas suelen hablar casi todos los días. Otras se animan a hacerlo un día u otro.
    Yo no lo he hecho todavía. Tal vez porque en la vida me ha tocado hablar muchas veces, quizás porque pienso que hoy las voces deben ser de otros -particularmente de los más jóvenes-, o porque siento que en esta ocasión hay mucho que decir, si, pero también mucho que escuchar.
    Escuchar es también una manera de participar, y una manera de aprender.
    A veces, es la emoción la que habla, a borbotones, desbordándose. Otras suenan discursos con sabor a pasado, por lo general cuando hablan viejos militantes. En ocasiones, se expresan demandas, objetivos y propuestas de todo tipo, algunas de ellas más que peculiares, que tratan de hacer avanzar el movimiento.
    Lo que se escucha cada dia no suele ser, en conjunto, un discurso coherente y estructurado. Por el contrario, son voces confusas, balbuceantes, cargadas de emociones, de contradicciones y de esperanza.
    Se expresa -de una u otra forma- la incertidumbre, la angustia, la indignación, la impotencia... de miles de personas que nos sentimos agobiadas por circunstancias que no comprendemos ni manejamos y que sentimos la necesidad de "hacer algo".
    Pero, al fin, la suma de unas y otras voces resuena siempre como una musica de fondo repleta de significados, de verdades.
    Lo que ocurre hoy en las plazas tiene pleno sentido: gentes diversas ocupando el espacio público, saliendo del aislamiento, relacionándonos, comunicándonos, compartiendo, hablando de política (¡), aprendiendo a expresarnos, a escucharnos, buscando acuerdos y consensos...
    Quienes exigen ideas claras y programas de acción estructurados no entienden lo que señala hoy Vicente Verdú en EL PAIS: "todas las críticas que se hagan a los movimientos del 15-M censurando sus ideas flou, sus propósitos variantes o sus propuestas en granel, carecen de pertinencia. Son señal, ni más ni menos, de que no se ha entendido nada. Y no ya de ese interesante movimiento sino del actual movimiento del mundo."

    domingo, 29 de mayo de 2011

    El peor sordo

    El PP está eufórico por su triunfo en las elecciones del pasado domingo y proclama que "el país quiere un cambio".
    ¡Que certero análisis!
    Pero, para producir ese cambio que dice representar -¡oh paradoja!- nos propone más de lo mismo.
    El PSOE, tras la derrota sin paliativos que atribuye a la crisis económica, al paro juvenil y a una deficiente estrategia de comunicación, dice haber entendido el mensaje.
    ¡Será por eso que también nos propone más de lo mismo!
    Mientras tanto, las plazas de muchas ciudades españolas palpitan llenas de gentes que acampan y se reunen todos los días en asamblea para hablar de política, reclamar su derecho a ser escuchadas, a participar, a ser tenidas en cuenta...
    Al mismo tiempo que los viejos partidos -en su autismo y su sordera histórica- hacen sus particulares análisis de la situación, o más bien cuentan lo ganado y lo perdido en términos electorales y de ocupación de sillones -que parece ser lo unico que les importa- la ciudadanía (y muy especialmente la gente más jóven) plantea en las plazas una enmienda a la totalidad de este sistema político y económico que considera su principal enemigo.
    "¡Es la democracia, imbecil!", podríamos decir parafraseando la famosa replica de Clinton.
    Dos de los lemas más coreados estos días en las manifestaciones y concentraciones callejeras dicen: "le llaman democracia y no lo es" y "que no, que no, que no nos representan".
    Ya digo, una enmienda a la totalidad, la reclamación de un cambio radical en la manera de entender la política y practicar la democracia.
    El PP se hace el sordo pero entiende pefectamente lo que reclaman, sabe que esas reivindicaciones radicales (que van a la raiz) suponen una clara amenaza para sus ambiciones de poder, por eso cada día es más beligerante y recurre a la descalificación, a razones de higiene urbana y orden público, a los intereses de los pobres comerciantes, para reclamar que se desalojen las acampadas.
    No entienden que cada golpe represivo refuerza al movimiento y que, como se ha recordado estos días, aunque la gente abandone las plazas, ya ha aprendido cual es el camino para volver a ellas.
    El PSOE está sordo, como boxeador noqueado. No entiende lo que le ha pasado. Con la boca chica parece culpar de la derrota electoral a los votantes que le abandonaron para quedarse en casa u ocupar las plazas.
    Es incapaz de reconocer sus errores y sus incumplimientos, de asumir que fué él quien abandonó a sus simpatizantes y votantes.
    Confía en que, reprimiendo el debate interno y cambiando -solo un poco- las caras de los carteles electorales, la desmemoria de la gente y el miedo a la derecha hará el resto.
    Pero la respuesta a este desencuentro no puede ser otra que la profundización en la participación y en la democracia, política y económica.
    No cabe pedir a sus simpatizantes y votantes potenciales que traguen con sus incoherencias (como hace la derecha al imponer la corrupción en sus listas) y les voten aunque sean con la nariz tapada, sino acercarse a ellos y ellas, abrir las orejas para escucharlos con humildad, y hacer suyas sus voces y sus sueños.

    La realidad se mueve más deprisa en estos días. Pareciera que ha pasado mucho tiempo desde el 15M, y solo son catorce días. Los esquemas y categorías se quedan desbordados o anticuados por momentos. Hemos de seguir reflexionando. Y, sobre todo, hay que seguir escuchando y observando.

    jueves, 19 de mayo de 2011

    En la Era del Mesometo

    Hace algunos años, mi amigo Rafa Lamata , en una de sus performances, describía el presente como la "Era del Mesometo".
    Por eso, en esta época de resignación y adocenamiento globalizado, cualquier gesto de rebeldía, cualquier movilización social ha de ser siempre bienvenida.
    Nos dan mucha envidia los tunecinos, los egipcios, los yemeníes... las multitudes de los pueblos árabes reclamando cambios en sus vidas, sus países y sus gobiernos, muchas veces a costa de la vida misma. 
    Su recuerdo -salvando las grandes distancias- ha sido inevitable estos días, ante las movilizaciones masivas de jóvenes (y no tan jóvenes) en las calles y plazas españolas, reclamando "Democracia real, YA!".
    Todavía no están muy claras las reivindicaciones concretas, aún no ha habido tiempo para que cristalicen, lo que se expresa de forma desordenada, balbuceante, es sobre todo indignación y cabreo. Es, fundamentalmente, un grito.
    Se protesta contra la corrupción en los partidos políticos, contra la dictadura del bipartidismo, contra el sometimiento a los dictados del mercado, contra los banqueros y especuladores que causaron la presente crisis económica y están sacando beneficio de ella, contra la precariedad y la incertidumbre de futuro a la que el sistema condena a la gente, especialmente a los más jóvenes...
    Es llamativo como estas movilizaciones han pillado por sorpresa a los partidos políticos, a los medios de comunicación, a los poderes económicos, a los sociólogos y politólogos, a los tertulianos...

    Se buscan y cocinan todo tipo de explicaciones, algunas de las cuales parecen especialmente lúcidas.
    ¡No se lo pueden creer!
    "¡Que la gente se revuelva y se sacuda la resignación!¡Que reclame cambios profundos! Hombre, eso está bien para El Cairo, para los arabes subdesarrollados, pero...¿en España? ¿en Europa?"
    Ya han comenzado -especialmente entre la carcundia más reaccionaria- las insidias y las descalificaciones ("son ácratas, peligrosos antisistema, revoltosos, agitadores...") y en ello se les nota el miedo ante situaciones que no pueden controlar, que se les escapan de las manos.
    La sorpresa ha sido también grande en los partidos de izquierda, adocenados en un pragmatismo posibilista, atrapados en la falta de respuestas diferentes a esta crisis profunda.
    No saben como reaccionar y si no se aplican el cuento, si no impulsan una auténtica regeneración de la democracia, un cambio radical en la forma de hacer política, la historia se los llevará por delante.
    Creo que ese cambio radical no debe quedarse tan solo en los partidos políticos, en los sindicatos o en los empresarios. No es que ellos estén podridos y el resto de la sociedad sea un ejemplo de ciudadanía. Es toda la sociedad la que se encuentra (nos encontramos) sumida en una profunda crisis de valores y actitudes, la que necesita una aténtica Revolución Etica.
    Por otro lado, la alegría por la movilización no nos debe hacer olvidar las dificultades de mantenerla y profundizarla.  La esperanza de quienes sostienen el sistema -los peligrosos "prosistema"- es que quienes ocupan hoy las plazas se cansen, se aburran y vuelvan a sus casas. Cuanto más tarden en ello, más crecerá la descalificación.

    Y luego está la cuestión de cómo traducir esa movilización -que es sobre todo indignación, cabreo- en participación política.
    Con las elecciones municipales y regionales a la vuelta de la esquina, este próximo fin de semana, no está claro si el mensaje de las movilizaciones ha de traducirse en abstención electoral, en votos a los partidos minoritarios, o en votos en blanco.
    ¿Es posible pasar de la democracia representativa a la democracia participativa abandonando simplemente las urnas? ¿Es esa una forma de hacerle el juego a la derecha, dispuesta a sacar tajada de tanto desconcierto?