viernes, 7 de enero de 2011

¡¡¡Me cago en los mios!!!

La verdad es que fué una pasada el fracaso parlamentario de la Ley Sinde, que trataba de imponer limitaciones a las descargas gratuitas en Internet.
Es otra prueba de que cada día tiene más fuerza la opinión pública en la Red y/o de que ésta les produce mucho miedo a los políticos.
Personalmente no lo tengo muy claro, no se como se hacen compatibles los legítimos derechos de los creadores y artistas con un Internet libre y gratuito, accesible para todas las personas, sin censuras...
Pero si se que la solución no pueden ser las viejas respuestas, incrementar la represión y la censura, mantener el chiringuito de las llamadas "industrias culturales", los peajes abusivos de la SGAE...
La Revolución Tenológica y la Sociedad de la Información exigen soluciones nuevas, innovar las formas de producción y difusión de la cultura, como tantas otras cosas que -en todos los órdenes de la vida social- es preciso reinventar.
Pero esta entrada no va dedicada a la Ley Sinde, sino a las reacciones que generó su fracaso.
Por un lado, se cabrearon algunos artistas, como Alejandro Sanz, Miguel Bosé, o el propio director de la Academia de Cine, Alex de la Iglesia, entre otros.
El caso es que, nada más manifestar su enfado, tal vez no con las formas adecuadas ni teniendo en cuenta los argumentos y razones de quienes se oponían a esa ley, sus páginas en las redes sociales se convirtieron en un hervidero de insultos.
¡Lo que han podido decir de estas gentes y de sus familias! A mi me produjo sonrojo leer las "delicias" que les dedicaban en Twitter y Facebook.
Pero este es solo un ejemplo, de los muchos que podriamos mencionar, en los que los comentarios de las noticias de los periódicos digitales, las redes sociales o cualquier foro abierto en la Red aparecen llenos de insultos y descalificaciones, sea cual sea el tema de que se trate.
Es el fenómeno Troll, que asola Internet y tiene un enorme éxito en este país de energúmenos.
Se trata de la imposición ruidosa de la propia opinión ("por cohóne") y la descalificación grosera de cualquier otra.
Es lo más contrario a una cultura del diálogo y del contraste de ideas que pueda imaginarse.
Si Internet parece una herramienta idonea para construir colectivamente conocimientos, en estos casos se muestra como un arma perfecta para generar irracionalidad y división.
A mi me produce nauseas, especialmente cuando quienes destilan sus insultos tienen -en teoría- las mismas opiniones y posturas ideológicas que yo. Creo que se autodescalifican, que sus exabruptos les quitan la razón, desdicen la bondad de las causas que dicen defender.
Me avergüenza pensar que sus ideas puedan ser las mias.
Creo que no basta con tener razón -y no hay nadie que la tenga TODA- si no se tiene ningún respeto por las razones ajenas y se carece de la educación necesaria para exponer las propias sin insultar al otro.

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo, ¡carajo!, por fín alguien se atreve a hablar con educación, me cago en la mare que te parió y a los demás les den por culo.

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  2. Si, si, y si... Ayer mismo moderé un comentario en mi blog absolutamente Troll. Y si, están fuera de si y no hay que tener en consideración semejantes barbaridades pero producen un ruido que resuena y hace daño. Esto también tiene las dos caras de la moneda. Y es una cosa y la otra... me temo. Un abrazo!

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