viernes, 11 de febrero de 2011

Motivos personales

Desde hace algunas semanas vengo colaborando en un nuevo blog colectivo, que se ocupa en temas de participación social y ciudadanía, llamado Participasión.
Allí me he comprometido a aportar, cada cierto tiempo, alguna reflexión sobre la participación social o la situación del tejido asociativo, de los Movimientos Sociales, en esta Era de Cambios.
Hoy mismo he colgado un texto titulado "¿Hacia el colapso del tejido asociativo solidario?", donde me pregunto qué va a pasar con las asociaciones y colectivos solidarios ante el recorte brutal de los presupuestos destinados a las políticas sociales, como consecuencia de la crisis económica, y ante el impago sistemático de las subvenciones y servicios por parte de las administraciones públicas, quebradas en su tesorería.
Lo cierto es que esa colaboración hace que estas "Memorias" se liberen de algunos de sus contenidos más sesudos y quede mucho más espacio para otras entradas más personales, aquellas que tratan de compartir las pequeñas experiencias que componen la vida cotidiana.
Es todo un reto para mi.
En primer lugar, porque siempre me ha resultado relativamente fácil exponer mi visión sobre la sociedad y la política. Esos temas, más "serios", son también más impersonales, menos comprometidos.
Pero, como ya he comentado alguna vez, me cuesta mucho más hablar de mi, de mis emociones y sentimientos, como creo que nos ocurre a casi todos los varones (educados para ser "machos pirulos").
Y sin embargo, a lo largo de los tres años de vida de este cuaderno virtual, siempre me ha sorprendido que las entradas que han tenido mayor eco, más respuestas por parte de las personas amigas, han sido precisamente aquellas que hablaban de cuestiones más personales: miedos, sueños, incertidumbres, alegrías, penas, encuentros, pérdidas...
Me he preguntado muchas veces por la razón de esto, pues, junto al pudor por mostrar mi cara más escondida, siempre he tenido la sensación de que esos "asuntos personales" no podían interesarle a nadie, por nimios, por insignificantes, por vulgares incluso.
No se cuales puedan ser tus respuestas, las de esas personas que pasaís de vez en cuando por aquí y os paráis a leer.
Por mi parte, he llegado a pensar que, en estos tiempos duros, necesitamos reconocernos -como en un espejo- en la humanidad de las otras personas, en sus emociones y sentimientos, más que en sus convicciones e ideas.
Nos sentimos, quizás, personas pequeñitas, perdidas y solas en medio de un mundo hostil, violento, tan global y tan grande.
Y nos ayuda, nos da calorcito, descubrir que las otras personas se sienten igualmente frágiles, en medio de sus luces y sus sombras.
Necesitamos más que nunca el afecto, la caricia, el abrazo, la palabra de aliento.
Quisiera que este rincón fuera también un territorio de ternuras.

2 comentarios:

  1. Muchos besitos y abrazos antes que nada! Me gusta esta entrada y lo qué dices y estoy de acuerdo. Me gusta ver esa parte en los demás. Como habrás comprobado ya, yo no soy de piedra, jeje. Saluditos

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  2. Gracias Pilar!!
    Si, ya me había dado cuenta de que, pese a tu seudónimo, no eres de piedra, y tienes un corazoncito tierno y dulce.
    Un besote grande.

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