lunes, 28 de febrero de 2011

Naufragos en el laberinto

Este sábado estuvimos en Sevilla para encontrarnos con un grupo de amigos y amigas a preparar el próximo VI Encuentro de Educación para la Participación.
Por la mañana temprano me desayunaba con la entrevista que Amador Fernandez-Savater le hacía en Público al psicoanalista e investigador Franco Ingrassia, y que se abre así: "Los lazos sociales que establecemos resultan cada vez más inestables, débiles y heterogéneos. Toda experiencia compartida se despliega hoy sobre un fondo de contingencia, fragilidad e incertidumbre".
Más adelante, dice Ingrassia, hablando de la "dispersión" que caracteriza nuestro tiempo: "crece una cierta sensación de ser como náufragos a la deriva, sin capacidad de incidencia sobre nuestro rumbo, aferrados a recursos que encontramos desarticulados, en flotación, pero sin los cuales no podríamos subsistir. El acceso a la salud, la vivienda, la cultura, el trabajo o la experiencia amorosa se vuelven precarios, intermitentes, sujetos a composiciones tan contingentes como las condiciones en las cuales deben desplegarse".
Mira por donde, nuestra reunión se realizaba en el Centro Vecinal de la Casa Grande del Pumarejo, un antiguo palacio señorial, abandonado por la desidia administrativa y el furor especulativo, recuperado y defendido con uñas y dientes por vecinos y cuasivecinos del barrio, que se niegan a perder este espacio de vida y relación, de cultura y de memoria, que lo convierten día a día en un rincón de convivencia y de construcción colectiva.
Nuestro VIEPA 2011, que se realizará en el madriñeño Barrio de la Prospe, tendrá por lema "Miradas de ida y vuelta: encuentros, laberintos y caminos". Y por eso dedicamos mucho tiempo de nuestra reunión a hablar de los encuentros que hemos disfrutado -los cinco anteriores de Educación para la Participación, pero también otros muchos- y que han ido alimentando nuestros aprendizajes personales y colectivos a lo largo del tiempo.
También nos asomamos -solo un poco- a los laberintos de la realidad y el momento presente. Laberintos de cambios continuos y crisis permanentes, de miedos y contingencias, de aparentes callejones sin salida, de dispersión y pérdida de raices, de espejismos e incertidumbres... que a veces pareciera que fueran a atraparnos.
Y nos preguntamos -pensando en nuestro próximo encuentro- por los caminos que hemos de recorrer para construir las nuevas formas de la Educación para la Participación aquí y ahora.
Como apuntando algunas respuestas a nuestros interrogantes, Ingrassia concluye la entrevista: "La dispersión no es un enemigo, sino el nuevo fondo de lo social a partir de cual debemos tomar las decisiones individuales y colectivas. El desafío no es hoy, como podía ser en los años 60, luchar contra los papeles y los lugares previamente asignados para nosotros por la maquinaria estatal, ni tampoco la toma del poder, sino más bien la autoproducción -de forma constante y a través de la creatividad- de los modos en los que queremos vivir allí donde la dispersión tiende a destituir las configuraciones que osan establecerse. En condiciones de dispersión no hay cadenas que romper, sino experiencias colectivas que componer y sostener en entornos altamente variables, de modo que, posiblemente, la cuestión pase por pensar en términos de autoorganización y de políticas igualitarias".
Esas palabras encontraban su pleno sentido en la Casa Grande del Pumarejo, una experiencia colectiva y creativa repleta de emoción, de autoorganización y construcción de nuevas relaciones y espacios para la vida.
Este lunes en que escribo es el Día de Andalucía, y para que quede constancia, aquí os dejo el regalo de Enrique y Estrella Morente cantando la emoción del Himno de Andalucía.

4 comentarios:

  1. Experiencias colectivas,nuevas formas de relación... realmente la Casa del Pumarejo es un ejemplo de todo eso que nos llena de esperanza.
    Seguro que hay otras muchas experiencias en esa misma dirección.
    Tenemos que hacerlas visibles y aprender de ellas.
    Creo que por ahí van las claves de un futuro mejor.
    Saludos

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  2. >> Los dos reyes y los dos laberintos
    >> Jorge Luis Borges

    Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

    FIN

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  3. Con Juan Villar, comparto la convicción de que son muchas las experiencias que -como la Casa Grande del Pumarejo- nos muestran que otro mundo es posible (y mejor), y es fundamental hacerlas visibles y aprender de ellas.
    A Postpost, gracias por el cuento de Borges -constructor de laberintos- tan hermoso. Es cierto, a veces los laberintos no necesitan pasillos ni muros. A veces, incluso, están en nuestro interior.
    A los dos, gracias por vuestras voces.

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  4. No hay soluciones mágicas, pero siempre nos quedan las palagras de Antonio Gramsci: "Contra el pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad"

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