viernes, 13 de mayo de 2011

El Abrazo

La otra tarde, mientras asistía al homenaje-presentación en Cádiz del último libro de Ramón Fernández Durán -precisamente el día antes de su muerte- uno de los dinamizadores del coloquio me preguntó mi opinión.
Repetí lo que ya he dicho aquí otras muchas veces: me parece importantísimo desvelar y denunciar la cruda realidad de un sistema que en su descomposición amenaza la existencia misma de la especie humana, pero -al mismo tiempo- es fundamental mostrar las alternativas, anunciar las ventajas y oportunidades de otro mundo posible que, además, es mejor para todos y todas.
De otra manera, si únicamente llamamos la atención sobre las injusticias y la dura realidad, ello solo causará desesperanza e impotencia.
Tenemos por delante el reto de ilusionarnos e ilusionar a una mayoría social, alienada por los espejismos del consumismo, para que quiera cambiar el mundo, para que renuncie a las falsas promesas del capitalismo, al individualismo y la competencia, y acepte y desee una nueva forma de vida basada en la austeridad, en la sencillez, en la convivencialidad y la cooperación.
No será fácil.
Pero tenemos algunas buenas oportunidades, de hecho están emergiendo cada día, en todo el mundo, miles de iniciativas que apuntan en otra dirección, que se fundamentan en otros valores, que proponen y practican otras maneras de vivir y de relacionarnos.
Sin ir más lejos, este próximo fin de semana está cargado de convocatorias cercanas que demuestran que hay mucha gente que no se resigna y quiere construir algo distinto.
Es esencial hacer visibles todas estas alternativas.
Aunque también es cierto -como se señalaba también en aquél coloquio en torno a la figura imprescindible de Ramón- que siguen siendo demasiadas las divisiones, las fracturas, las fronteras que fragmentan a las iniciativas transformadoras.
Sigue habiendo demasiados protagonismos, personalismos, dogmatismos, sectarismos, particularismos, fundamentalismos, purismos, matices, malentendidos...  que dividen y debilitan a quienes decimos querer transformar el mundo, y que hacen incoherente y contradictorio nuestro propio mensaje.
Ese otro mundo que queremos solo será posible si lo construirmos todos y todas, uniendo todas las fuerzas, sin excluir a nadie.
Para eso vamos a necesitar mucha humildad, mucho respeto al diferente, mucha escucha activa y mucho aprendizaje del otro, mucha capacidad para sumar, mucha disposición a contaminarnos, a mezclarnos, a mestizarnos.
Vamos a necesitar guardarnos nuestras particulares certezas para ser capaces de encontrarnos en las incertidumbres colectivas, renunciar a llevar las riendas y apostar por empujar el carro.
Vamos a necesitar muchos cambios en los valores y las actitudes personales y colectivas, antes de atrevernos a cambiar el mundo.
Traigo aquí hoy la imagen del famoso cuadro de Juan Genovés llamado "El abrazo" (1976).
Creo que necesitamos, ahora más nunca, reconocernos mutuamente, aceptarnos, encontrarnos en un abrazo local y global, capaz de transformar el mundo.

2 comentarios:

  1. En la derecha pueden odiarse entre si, pero cuando llegan las elecciones votan todos y todos a una.
    En la izquierda somos mucho más exigentes y si no piensas como yo pues cada uno por su lado.
    No está mal la exigencia ideológica pero haría falta más capacidad para llegar a acuerdos. Si no, siempre acaba gobernando la derecha.

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  2. Más variaciones sobre el mismo tema:

    "A menudo, seguimos caminando cada cual por nuestro lado, promoviendo iniciativas muy valiosas que pierden una parte importante de su valor porque son particulares, aisladas, porque no cuentan con las otras.
    Algunas iniciativas son tan lúcidas, tan "importantes" (importan tanto a quienes las promueven) que nacen con dificultades intrínsecas para abrirse a otras. Solo cabe sumarse a ellas.
    Otras nacen "ciegas", o con los ojos vueltos hacia el propio ombligo, sin ser conscientes de que su camino pasa por los mismos caminos de otras muchas iniciativas, que sus objetivos serán imposibles si hacen el camino solas, que sus luchas interesan a los otros, les son necesarias...
    La construcción de otro mundo posible se hará desde el respeto a la diversidad y el reconocimiento del otro o no se hará.
    Se hará desde la humildad, la generosidad y la escucha activa o no se hará.
    Se hará desde la duda y el cuestionamiento de las propias convicciones, para apropiarse de las ajenas, para contaminar y mestizar todas ellas, para encontrar el mínimo común transformador, o no se hará."

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