viernes, 10 de junio de 2011

La Soledad del Corredor de Fondo

Parece que el paso de los días y la prolongación de las acampadas del 15M empiezan a desgastar los ánimos, y emergen los naturales conflictos que se derivan de la convivencia humana.
Así se refleja en varios artículos de prensa que ponen en evidencia la dificultad de construir consensos, o en testimonios personales que manifiestan su decepción, y se dan de "baja del movimiento 15M".
Pienso que, probablemente, no existe tarea más difícil que construir diálogos y consensos en el marco de una asamblea masiva, en la que confluyen personas tan heterogéneas y diversas como las que participan por todo el país en el 15M.
Se pasan de ingenuidad quienes creen que el solo recurso a los métodos asamblearios supone una superación automática de las tentaciones de protagonismo, imposición, manipulación... y que implica una inmediata capacitación de quienes participan en las habilidades sociales de escucha, respeto, capacidad de negociación y consenso, etc., que son fundamentales para cualquier construcción colectiva.
En mi opinión, los milagros no existen, y creer que en algo menos de un mes -desde el 15M- se iban a producir -por arte de birlibirloque- un cambio en los valores, actitudes, hábitos, costumbres, comportamientos, vicios y virtudes... personales y colectivos de la ciudadanía, o de una parte de ella... es creer en los milagros.
Los contravalores, los comportamientos egoistas e insolidarios, las actitudes incívicas, el irrespeto, la falta de escucha, etc., están absolutamente interiorizadas en nuestras cabezas y nuestros corazones.
Por eso, también, están apareciendo en el 15M las primeras expresiones de fragmentación, sectarismo, patrimonialización, descalificación del diferente, etc., que han acompañado siempre la ya larga historia de los movimientos sociales y de la izquierda.   
La primera e imprescindible revolución que hemos de hacer es la nuestra, la de cada uno y cada una. Una auténtica Revolución Etica.
Si no cambiamos las personas, no cambiarán nuestras asambleas, nuestras organizaciones, nuestros gobiernos, nuestras sociedades.
Si no cambiamos las personas, otro mundo no es posible.
Pero, además, los cambios han de producirse  no solamente en los miles de personas que participan en el movimiento 15M. Porque, nos guste o no, somos solo -todavía- una inmensa minoría social.
Los cambios de conciencia, de valores, de actitudes y comportamientos han de alcanzar a una mayoría social que está por construir.
Y ello exige tiempo, paciencia y constancia.
Esta no es una carrera de velocidad, sino una carrera de fondo.
Los cambios que se precisan van a costar mucho esfuerzo.
Lo siento por quienes pensaban que lo del 15M era coser y cantar y que, en unas pocas semanas, habríamos logrado nuestros objetivos.
Pero no cabe desalentarse cuando surgen las primeras (ni las segundas, ni las terceras, ni las...) dificultades.
Claro que hay (y seguirá habiendo) gente que trata de instrumentalizar y manipular -desde las viejas actitudes sectarias- el movimiento, claro que hay gente que dice estar enamorada de las asambleas pero en su corazón piensa que es ella la que tiene la razón, la verdad, y buscará cualquier forma para que ésta -la suya- prevalezca, claro que hay gente dispuesta a dividir en nombre de la unidad.
Y esto no ha hecho más que empezar.
Cuanto más "éxito" tenga el movimiento, más gente interesada en aprovecharse de él habrá.
Porque, insisto, no se trata -solo- de que cambien "las otras personas", sino que tenemos que cambiar también "nosotras".

5 comentarios:

  1. Hola Fernando hoy tu texto me sugieren la siguiente reflexión; Las preguntas exigen respuestas. La mente suele ser muy buena para responder preguntas casi instantáneamente; casi sin pensar. El problema está en que las respuestas "instintivas", aunque llenan el silencio, pueden no ser muy efectivas. El peligro de estas respuestas, es que pueden matar a las preguntas, de la misma forma que las decisiones asesinan las alternativas. "No lo sé" es una respuesta muy poco escuchada, porque el ego se siente vulnerable cuando confiesa su ignorancia. Aunque es una respuesta muy honesta y amable, tampoco es efectiva, ya que también se cierra a la respuesta.

    Lo que necesitamos es cantidad. Una gran cantidad de posibles respuestas. Respuestas nuevas. No las mismas que nos han llevado hasta aquí, sino otras que nos lleven hacia "allá". Cultivar el hábito de dar muchas respuestas -nuevas, osadas y creativas- impulsa a mirar más allá. Estas respuestas abren puertas, descubren nuevos caminos, crean nuevas oportunidades y despiertan nuevas esperanzas.

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  2. Si Pedro, creo que la cosa se sigue moviendo entre las preguntas y las respuestas. Hemos de seguir haciéndonos preguntas, las viejas que están todavía por resolver y las nuevas que aparecen a cada paso en el camino.
    Y hemos de inventar respuestas, muchas, nuevas. Las viejas, como tu dices, se han demostrado inútiles. Asi que nos toca desplegar la creatividad, la osadía, la imaginación, la inteligencia colectiva para mirar más allá.
    Yo también lo creo.
    Un abrazote

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  3. y no olvidar que cuando encontramos las respuestas, nos cambiaron las preguntas, por lo que debemos estar siempre en una búsqueda constante, buscar y probar, y sino es positivo buscar otras alternativas que sean más favorables para todos.

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  4. Yo diria este comentario tratando de entender
    Mas que lo que ocurre en las calles, debería preocuparnos lo que discurre por nuestras cabezas. Parece que el 15M se ha convertido en el eje de la controversia en lugar de un instrumento o un canal que nos puede permitir ir centrando ideas y argumentos.

    Desde el principio he reconocido la media distancia con la que he contemplado el discurrir de los hechos, a pesar de que mi tendencia natural es la de emocionarme con la voz de la ciudadanía. Quizá mi escepticismo se deba a la falta de perspectiva o de claridad para formar opinión. O quizá, a que me abruma el peso de contribuir a agitar unas aguas que no sé hacia dónde dirigir.

    Pero lo que realmente me apena es, que en tan poco tiempo, se empiece a utilizar como arma arrojadiza el hecho de opinar en alto. Es en la contradicción, la propia y la ajena, donde encontraremos luz para cuestionar los supuestos e ir resolviendo algunos conflictos. La duda no importa… al contrario. Porque la respuesta, nunca será la verdad. ¿No consiste en eso educar?

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