sábado, 2 de julio de 2011

Elogio del fracaso

Hubo un tiempo en que llevaba la cuenta de mis "fracasos" profesionales, como hacían los pistoleros muescas en su pistola para recordar los muertos que  iban dejando en su camino.
Tal vez hubiera podido encontrar un trabajo estable, o algún enchufe en la Administración, para pasar tranquilamente los años. Oportunidades no me faltaron.
Algunos de mis ex-socios, a quienes embarqué a su pesar en viejos proyectos, resolvieron su vida y viven hoy de las rentas. Pero siempre fuí un culo inquieto y abandoné las situaciones más prometedoras para implicarme en proyectos apasionantes de futuro incierto.
Quería cambiar el mundo, no me conformaba con andar de paso.
Casi siempre, aquellos proyectos apasionantes en los que participé tuvieron un recorrido apasionado y repleto de aprendizajes y experiencias. Dejaron una profunda huella, seguro que en mi mismo, pero probablemente también en otras personas.
Creo que, mientras duraron, contribuyeron -humildemente- a hacer un poco mejor el mundo.
Porque -eso si- pronto descubrí que el mundo se cambia cada día, allí donde es más cercano, en la pequeña parcela inmediata y cotidiana que cada cual -cada persona, cada iniciativa, cada proyecto- ocupa.
Pero, seguramente, desde la perspectiva de esta sociedad competitiva y productivista, que confunde desarrollo con acumulación -tener más, y más, y más...- y que entiende el éxito cómo relumbrón y aplausos, en términos de imagen, de productos y no de procesos, aquellos proyectos terminaron en "fracasos".
Profesionalmente, he tenido que "volver a empezar" unas cuantas veces. La penúltima de ellas, cuando nos vinimos a Cádiz, dejando atrás Madrid y sus oportunidades, y me inventé una consultora de nombre CERO.
A mi padre, que nunca entendió bien mi trayectoria profesional, le parecía de mal gusto tentar a la suerte con un nombre tan "negativo", pero era la forma -un tanto irónica- de reconocer que, una vez más, iba a "empezar de cero."
Hoy -precisamente hoy- rescato la voz siempre hospitalaria de María Zambrano, que habla así del fracaso:
"Y es que posee la historia un ritmo inexorable que condena al fracaso a todo aquello que se le adelanta o que le desborda.
Fracaso en razón de su misma nobleza y de su insobornable integridad; también, porque en el fracaso aparece la máxima medida del hombre, lo que el hombre tiene tan desprendido de todo mecanismo, de toda fatalidad, y que nada puede quitárselo.
Lo que en el fracaso queda es algo que ya nada ni nadie pueden arrebatarnos.
Y este género de fracaso era entonces y sigue siendo ahora la garantía de un renacer más completo".
No pretendo situarme a la altura de la grandeza del fracaso que ella elogia, pero me apunto a la esperanza del renacer que ella sueña.

6 comentarios:

  1. Fracaso no significa
    que somos unos fracasados
    Significa que todavía
    no hemos tenido buen éxito.

    Fracaso no significa
    que no hemos logrado nada
    Significa que
    hemos aprendido algo.

    Fracaso no significa
    que hemos actuado como necios
    Significa que
    hemos tenido mucha fé.

    Fracaso no significa
    que hemos sufrido el descredito
    Significa que estuvimos
    dispuestos a probar.

    Pues eso... A seguir fracasando. Ya sabemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.

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  2. (y además lo que no mata, anónimo, engorda) Fernando, mientras escribías a favor del fracaso escribía en contra de los dogmas: uno de ellos, que el llamado éxito sea algo lineal, plano, material..., otro espejismo mentiroso y aburrido; hoy hace años que formalizamos Grupo RED: menudos fracasos en estos 14 años y los que te rondaré, un abrazo

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  3. Al "Anónimo" (o "anónima") gracias por esas coplas del fracaso, que tan bien vienen.

    A José, más engorde... no gracias! Ya sabes que me siento "co-fracasante" con Grupo Red y a mucha honra. Ya quisieran. Abrazos siempre.

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  4. A veces, es eso que nos dices de no conformarnos con estar de paso.
    En otras, no sabemos, no entendemos los mecanismos con que la vida (que somos nosotros/as mismos/as)nos va conformando y nos va situando, pero que tiramos por la calle de enmedio buscando nuevos retos, eso, siempre es así. Vivirse en una constante evolución.
    gracias

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  5. Cuando una tomatera, en tierra blanda, abonada y bien regada enraiza, no necesita mucha raiz para dar una espléndida cosecha, pero el mismo peso de los tomates tiende a volcarla...
    Con poco riego, en tierra dura, necesita ahondar mucho la raiz buscando agua, será mas resistente y sus frutos durarán mas y tendrán mejor sabor.
    Joé, que cosa más cursi para justificar el exito de mi magnifica carrera de fracasos.
    Salud

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  6. Un abrazo , Fernando. A ti , a Nené y a Ana a la que hago por estos mares del sur.

    Guillermo

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