viernes, 2 de septiembre de 2011

En la nube de verano

En vacaciones el tiempo parece pasar más lentamente, "se dilata sin las fracturas del horario", como dice Antonio Rodríguez de las Heras.
Pero las vacaciones pasan fugaces como una nube de verano, y nos cuesta un montón volver a las rutinas de la vida reglada.
Por eso, en este mundo tan propenso a "patologizar" todo lo que se ponga a tiro, ya han etiquetado una nueva patología social, el famoso "síndrome postvacacional", que puede llegar a afectar a más de la mitad de las personas con síntomas como irritabilidad, tristeza, apatía, ansiedad, insomnio, dolores musculares, nauseas, palpitaciones, sensación de ahogo o problemas de estómago.
En resumen, que no nos hace maldita la gracia volver al trabajo -o al colegio, cuando éramos niños- y quisiéramos prolongar indefinidamente las cálidas sensaciones de las vacaciones.
Dicen que el sindrome se pasa en pocos días, pero la cosa se complica cuando el mundo y el tiempo al que hemos de regresar -descendiendo de la nube- sigue empantanado en una crisis permanente y aparece repleto de malos augurios e incertidumbres.
No es que en las vacaciones hayamos podido evadirnos por completo de las miserias del presente, que se las arreglan para colarse por todas las rendijas, pero no parecen tan crudas cuando nuestros ojos están llenos de mar o de montaña, de paisajes hermosos, cuando nuestro ánimo y el de quienes nos rodean es el de sonreir a la vida, gozar del silencio, de la siesta o de la fiesta.
Por eso, en nuestro deseo de estirar las vacaciones, de mantener vivas sus buenas vibraciones, este tiempo postvacacional es época de buenos propósitos y nos proponemos hacer ejercicio, aprender inglés, escribir un diario, pintar acuarelas... 
Y por eso, como me descubrió hace algunos años un amigo editor, este es el tiempo de los fascículos, de los cursos por entregas, de las colecciones más exóticas...
Claro que también es cierto que los buenos propósitos a menudo duran poco y quienes nos apuntamos al gimnasio o iniciamos entusiastas la colección de abanicos o miniaturas de jarrones chinos abandonamos con facilidad el empeño. Conozco algún coleccionista de colecciones inacabadas que podrían servir para contar su biografía postvacacional.
El caso es que hoy, flotando todavía en la nube del verano, me pregunto como es posible que hayamos caido en la trampa de un mundo al revés, donde el goce y el disfrute de la vida son la excepción mientras que el estrés y el miedo son la regla.

7 comentarios:

  1. Querido amigo Fernando, Amén.
    Me gustaría que incorporaras a este Blog la posibilidad de poder compartir en "Las Redes Sociales" tus sabias impresiones... Si quieres ;)
    Un fuerte abrazo.

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  2. Querido PepeLuis,
    Gracias por tus palabras.
    Como verás, he cambiado la configuración del blog, para responder a tu propuesta y para renovar y refrescar su aspecto, que falta le hacía.
    He cambiado un pasado oscuro por un presente claro y luminoso, para llevar la contraria a la musica dominante del momento.
    Un abrazote para ti.

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  3. Ay!! Yo pensaba que me había librado del sindrome de las pelotas este y te leo y digo pues vaya ;D Y me pillas con lo de los buenos propósitos... Hoy el sexto día de dieta y me surgen ganas de trastear menos en twitter y facebook, tres días minimo de piscina a la semana, leer más y poner en su sitio a las series de TV que es lo unico que veo en la caja lista, estar más encima de los proyectos largos probando otra manera más incisiva, conversar con los amigos y amigas delante de buenos yantares o en casas interneteras como la tuya,...
    Bueno. Construyamos el sol.
    Un abrazo enorme!

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  4. Querido Gallas: qué alegría reencontrarte aquí!
    Comparto los buenos propósitos, que -aunque no se cumplan (todos, del todo)- son como la utopía que nunca se alcanza pero nos hace avanzar.
    Me gustaría estar más cerca para compartir conversaciones y yantares. Y tengo muchas ganas de que nos veamos y hagamos cosas juntos.
    Otro fuerte abrazo para ti!

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  5. Si la participasion esta dentro de mis placeres deberes. Ya estoy pensando como vernos y enredarnos un poco más.

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  6. Lo cierto es que nos quejamos de las rutinas y al mismo tiempo no sabríamos vivir sin ellas. Volver al trabajo en los tiempos que corren se ha convertido en un lujo al que no todo mundo accede. Maldita la gracia. No recordaba una vuelta al trabajo que me haya costado más que este año. Y lo peor, es cuando oigo a mi mujer decir: "no puedes volver porque no te has ido" En fin...
    Me gusta tu blog y me alegro de reencontrarme contigo aunque sea virtualmente.

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  7. Hola Paco!
    Me alegro de reencontrarte y de que te guste este rincóncito hecho de palabras.
    Tienes razón con lo del lujo. No podemos quejarnos. Aunque nos toque los cataplines volver a la rutina.
    Por eso,y aunque sea difícil (y más en estos tiempos que corren), escucha a tu mujer y encuentra la manera de "irte" todos los días, dejando atrás el curro.
    Un abrazote

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