domingo, 16 de octubre de 2011

99%

Guardo muchas sensaciones vivas de la manifestación de ayer.
Una de las más hermosas era la de caminar junto a miles de personas, en Cádiz, si, pero también en Sevilla, en Málaga, en Madrid, en Barcelona, en Bilbao... y también en Costa Rica, en Mexico, en Chile, en Argentina... Sentía mis brazos unidos a los de Antonio, Jesús, Fernando, Pep, Asier, Oscar, Marisa, Tato... y también sentía la presencia allí de Carlos, Raúl, Paulo... Éramos miles y miles, uniendo las fuerzas de nuestras voces y también las de nuestros deseos, nuestra voluntad decidida por cambiar las cosas. Ayer sentí, como nunca, la dimensión planetaria de esta lucha, me sentí hermano de esos millones de personas a quienes no conozco pero con quienes camino de la mano gritando: ¡¡¡Otro Mundo es Posible!!!
La mayor parte de la manifestación la pasamos Nené y yo en "la cola", con un montón de jóvenes familias cargadas de gente menuda. Allí estaba mi amiga Hanna -de quien ya os he hablado- y sus amigas Candela y Lucía -todas con cuatro años recién cumplidos- formando un frente de carritos infantiles, inventado sus propios lemas y gritando divertidas "¡queremos más jardines para jugar!"
Sentí que hacen bien estas madres y padres que vienen a las manis con sus criaturas, es un buen aprendizaje para los tiempos que vienen pues serán estos niños y niñas quienes sufrirán en mayor medida el impacto de lo que hoy se hace y se deja de hacer por parte de los poderosos.
Luego, avancé más deprisa, atravesando la multitud heterogénea, hasta llegar a la cabecera donde se concentraba la gente más jóven y ruidosa, con la batukada marcando el ritmo de las consignas más radicales: "¡Si esto no se arregla: guerra, guerra, guerra!", "¡Si no hay solución, habrá revolución!"
Mi sensación, entonces como otras veces en la corta historia del movimiento 15M, fué la de que estos muchachos y muchachas tienen -y no me extraña- prisa por hacer esos cambios radicales que se necesitan y no solo sienten indignación sino que empiezan a sentir impaciencia ante la pasividad y la ineptitud de los poderosos. De ahí a la violencia hay un solo paso que no debe darse.
Durante la marcha, nos preguntábamos por su sentido y utilidad: quienes gobiernan -y quienes mandan en quienes gobiernan- son sordos y sacan brillo a las porras. Confían en que la desesperanza, el cansancio y la represión desinflarán las protestas y devolverán la gente a sus casas.
Pero quizás, decíamos ayer, el objetivo no deba ser tanto llamar la atención de los poderosos sino de quienes miran desde los balcones, desde las páginas de la prensa, los telediarios o la redes sociales.
Creo que es un gran hallazgo del movimiento recordarnos que somos una inmensa mayoría (el 99%) quienes pagamos las crisis, mientras que una minoría (el 1%) acumula el poder y la riqueza.
El problema es que solo una pequeña parte de nuestra sociedad ha tomado conciencia de ello y ha alzado la voz. La gran mayoría somos complices de los intereses de los más poderosos, hemos hecho nuestros sus valores y deseos, aspiramos a ser como ellos.
Pero el mundo solo cambiará realmente cuando consigamos que el 99% abramos los ojos y descubramos que -en mayor o menor medida- todos y todas somos victimas del sistema.

2 comentarios:

  1. Buenas tardes, a punto de convertirse en noche, Fernando y Cía. Me alegra verte contento por tu participación junto a varios millones de personas en los cinco continentes.
    Coincido plenamente contigo en la necesidad de que esa gran mayoría del 99% de la humanidad que aún no ha despertado su conciencia, se despierte. Les necesitamos a ellos y ellas. Con ellos será posible, sin ellos y ellas no.

    Un abrazo,

    Manuel

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  2. Gracias por tu comentario, Manuel.
    Espero que tu también estés muy contento.
    Tenemos por delante una tarea laboriosa y paciente: sumar personas para esa nueva mayoría social que -una vez despertada la conciencia- construyamos un mundo mejor.
    Casi nada. Tela.
    Pero, como tu dices, sin ellos y ellas no será posible.
    Un abrazo para ti también.

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