sábado, 8 de octubre de 2011

Mujeres

Llevaba algunos días pensando en dedicarle unas letras a una mujeruca que mendiga unas monedas cerca de mi casa.
Es una mujer mayor, menuda, casi una anciana. Lleva su pelo gris recogido en un moño y un vestido azul pálido abotonado, siempre pulcro.
Su bolso ajado cuelga de sus brazos que se cruzan bajo el pecho.
Se coloca, no todos los días, siempre en el mismo lugar, medio oculta en la entrada de un garaje, como si no quisiera que la vieran.
No habla ni alarga la mano a las personas que pasan, aunque cualquiera que la vea sabe que pide una ayuda. De vez en cuando llora en silencio, desconsolada, imagino que por el dolor de sus penas y la vergüenza de tener que pedir, y se seca las lágrimas con un arrugado pañuelo que saca de su bolso.
No se cuales serán las necesidades que la llevan a mendigar, pero su dignidad y su tristeza me conmueven siempre. Tal vez me recuerda a mi madre, o quizás son sus lágrimas calladas las que tocan mi corazón.
Pero, con toda su fragilidad, esa mujer me transmite fuerza y decisión, superación, coraje para echarse a la calle a buscar ayuda.
Esta semana hemos sabido que el Premio Nobel de la Paz de este año 2011 ha sido concedido a tres mujeres, a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y a las activistas por  los derechos humanos Leymah Gbowee, también liberiana, y Tawakkul  Karman, yemení.
También, hace pocos días conocíamos la triste noticia de la muerte de Wangari Maathai, la "Mujer Árbol", keniana, impulsora de una revolución verde protagonizada por las mujeres, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2004.
Y, antes, en 1994, lo recibió Aung San Suu Kyi, la opositora birmana que lleva más de veinte años luchando contra la dictadura militar en su país.
Son solo algunos ejemplos de la impresionante fuerza vital de las mujeres. Tal vez los más visibles, los más mediáticos, pero sabemos que -de forma silenciosa- otros muchos millones de mujeres están cambiando el mundo cada día.
Así, hace unos meses traía aquí la historia de Las Patronas, las mujeres veracruzanas que preparan agua y alimentos para ayudar a los inmigrantes sudamericanos que pasan clandestinos en "El tren de las moscas", camino del sueño americano.
En estos tiempos de incertidumbre y desesperanza, es una gran suerte que las mujeres ocupen cada día más espacios de poder y de influencia, a pesar de las resistencias que oponemos los varones hasta llegar a veces a la violencia o la muerte de aquellas que se resisten a la sumisión.
Tengo pocas dudas de que el futuro es de las mujeres, de que ellas liderarán la construcción de otro mundo posible, de otro mundo mejor.
El futuro será mujer y será mestizo.
Las mujeres y los hombres aprenderemos a sumar, a poner en pie nuevas ideas y soluciones a partir de lo mejor de cada cual, de cada género, de cada raza y cada cultura.

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