domingo, 18 de diciembre de 2011

El gobierno que nos merecemos (notas sobre el CIB)

Con que alegría nos despachamos -la gente de a pie- con la clase política, criticando la corrupción, los privilegios, el enchufismo, el escaqueo, el mangoneo, la prevalencia de la mediocridad, etc., etc.
En las barras de los bares (preferentemente), en las tertulias familiares, en las charlas de autobús o en la cola del pan, ya es un lugar común eso de que "los políticos son todos iguales", o aquello otro de "aquí todo el mundo va a pillar lo que pueda", o también lo de que "son unos energúmenos y se pasan la vida insultándose entre ellos, sin ponerse de acuerdo".
No digo yo que no haya mucho fundamento en esas críticas, que no haya sobradas razones para el exabrupto y para mentarles la madre a políticos y políticas. Lo que vemos y leemos en los periódicos y  telediarios es para indignarse.
Lo que tiene menos explicación es que se nos caliente tanto la boca contra esa "gentuza", para -a renglón seguido- saltarnos la cola, tratar de enchufar a nuestro primo, pagar "en negro" o eludiendo el IVA, explotar a quien se ponga a tiro (si somos empresarios), escaquearnos del puesto de trabajo, tirarnos de los pelos en la comunidad de vecinos, etc., etc.
Los políticos y las políticas no son extraterrestres, no han llegado en un platillo volante, son nuestra gente, nuestros hermanos, nuestras cuñadas, tu primo, mi tia... somos nosotros y nosotras mismos.
No es que tengamos una clase política y un gobierno -municipal, regional, nacional, europeo- que son un desastre, pero -eso si- tenemos una ciudadanía responsable, solidaria, cívica, éticamente impecable.
No, esa clase política es un reflejo de los ciudadanos y las ciudadanas que somos, y sus bajos niveles de exigencia ética, y sus altos niveles de mediocridad son los mismos que se respiran en la vida social, profesional, empresarial, etc., de la sociedad de la que formamos parte y somos cómplices.
Tampoco digo que no haya gente decente, ciudadanos y ciudadanas responsables que son un ejemplo de cívismo, de la misma forma que existen empresarios honrados y políticos honestos. Pero el nivel medio de Civismo Interior Bruto (CIB) de nuestra sociedad es, en términos generales, más bien bajito.
Asi que, hay que cambiar a los políticos y a las políticas, y a los gobiernos, y a los empresarios y a los banqueros... pero también -y para empezar- hay que cambiar a los ciudadanos y a las ciudadanas, a nosotros mismos, porque si esa base social no cambia tampoco cambiarán los lideres sociales, quienes dirigen y gobiernan, que son -repito- un fiel reflejo de la sociedad que somos.

6 comentarios:

  1. Su post parece que nos culpabiliza a la ciudadanía por los desmanes de los políticos ¿no deberían ser ellos quienes dieran ejemplo?

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  2. Si, Isabel, los políticos y las políticas deberían -sin duda- dar ejemplo, y creo que debemos ser muy exigentes en cuanto a la ética y la honestidad en el ejercicio de la política.
    Pero no cabe "echar balones fuera", culparles de todo, delegar nuestra responsabilidad cívica en las personas que son elegidas cada cuatro años.
    Nos hace falta una revolución ética -que diría el añorado Carlos Nuñez- pero no solo para los políticos y las políticas sino también para toda nuestra sociedad, para nosotros y nosotras.
    Gracias por tu opinión y un saludo

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  3. Yo creo que estas en los cierto, somos los ciudadanos los que día a día construimos al sociedad que queremos, los politcos hacen tanto en cuento les dejamos hacer. En el fondo les envidiamos por como viven y no porque desde su posición puedan (y deban) cambiar las cosas.

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  4. Hola Fernando, como esa reflexión, o parecida, fue de las que cayeron entre las múltipls, diversas y variopintas que nos hicimos el otro día en Zafra -entre bar y bar-, no puedo por más que reafirmar y apreciar tu comentario. La sociedad que dejemos tras nuestro paso será cosa nuestra, no de los políticos (exclusivamente).

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  5. Gracias Diego, por tu comentario.
    Creo, contigo que, efectivamente, a mucha gente que les critica les gustaría vivir como los políticos y aprovecharse de sus privilegios.
    Por eso pienso que la revolución ética empieza por uno/a mismo/a.
    Un saludo

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  6. Gracias Angel, por tu comentario y por el buen rato que disfrutamos el otro día en Zafra. ¡Qué se repita! (y no necesariamente esperando a la próxima Navidad).
    Si, esta nota empezó a concretarse esa tarde gozosa, y comparto contigo la idea de que lo que dejemos a nuestros hijos y nuestros nietos será responsabilidad de todos y todas, sin echar balones fuera.
    Un fuerte abrazo

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