lunes, 28 de marzo de 2011

Encuentros en el laberinto ("se hace camino al andar")


Se reune un grupo de educadores y educadoras, que no trabajan en la escuela ni en ningún otro lugar del sistema educativo, sino en las calles, en los barrios, en los colectivos y las organizaciones solidarias.
Su tarea cotidiana consiste en animar y acompañar a distintos grupos sociales (jóvenes, mujeres, inmigrantes, gentes golpeadas por la exclusión social, ciudadanas y ciudadanos de a pie...) en ciertos aprendizajes radicales (que tocan sus raices): aprender a leer el mundo, aprender a decir con voz propia, aprender a cambiar el mundo -desde el más cercano al más global- para que la felicidad (personal y colectiva) sea posible.
Son personas apasionadas con la participación, con la democracia, con eso que (con palabra tan fea) se ha llamado el "empoderamiento" de la cuidadanía.
Son herederas, continuadoras de la acción educadora que iniciaron -hace ya muchos años- otras viejas luchadoras sociales, creadoras de los ateneos populares, de las casas del pueblo, de las primeras universidades populares.
Son hermanas -más allá del tiempo- de Saul Alinsky, de Paulo Freire, de Carlos Nuñez, y de tantas otras gentes que abrieron el camino.
Se reunen hoy -en la Escuela Popular de la Prospe, en la Asociación de Vecinas Valle Inclán, ejemplos vivos de esto que digo- para compartir sueños y experiencias, para aprender juntas.
No hay protocolo, boato, ni discursos.
El escenario es sencillo, desnudo, austero.
Prevalece -en las formas y los modos- la cercanía, la autenticidad, la emoción, el afecto, el cuidado y la escucha.
La libertad y la creatividad se respiran en el aire, sin esfuerzo, sin alharacas ni artificios.
Si, reconocen que el momento es difícil, que la confusión y el desconcierto les amenazan, a ellas, a las personas y grupos con quienes trabajan, a las organizaciones que les articulan y cobijan.
A veces se sienten perdidas en medio del laberinto de injusticias y desigualdades, de burocracias y sectarismos, de sinsentidos que confunden.
Pero se declaran alegres y tranquilas, confiadas unas en otras, en medio de la que está cayendo.
Reivindican la esperanza y la ternura -como lo hizo el viejo Paulo Freire- unen sus brazos y tejen redes para ser más fuertes y capaces.
Y rien, y se abrazan, y lloran, agradecidas -a la vida- y emocionadas, y se conjuran para volver a encontrarse, un poco más allá, en el camino.


El VI Encuentro de Educación para la Participación (VIEPA) se celebró en el Barrio de la Prosperidad, de Madrid, los días 25, 26 y 27 de marzo de 2011

sábado, 19 de marzo de 2011

La Marea... humana

Los medios de comunicación, y en particular los de Cádiz, nos han estado preparando estos días para la "Marea del Siglo": que si la luna se va a ver más grande que nunca, que si se van a ver los fondos marinos de lugares nunca antes vistos, que si la pleamar subirá hasta alturas insólitas...
En fin, una marea de 117º, cuando las "normales" tienen alrededor de 112º.
Total, que esta mañana, a pesar de ser
sábado, me he levantado tempranito para verla.
Un espectáculo.
Pero no me refiero solamente a la bajamar, que efectivamente ha sido la mayor que he visto desde que vivo en Cádiz.
Otro espectáculo era la marea... de gente que nos hemos echado a la calle, a hora tan temprana, para ver -o, diría mejor, para fotografiar- ese fenómeno natural.
Miles de personas en el Paseo Marítimo y el Campo del Sur.
Familias enteras, pandillas y grupos humanos diversos.
Atascos de tráfico y disputas por los aparcamientos.
Cientos de personas mariscando en las rocas, buscando erizos y coñetas, aprovechando la bajamar.
Una "procesión naturalista" de cientos de personas, llenando la carretera hacia el Castillo de San Sebastián para rodearlo caminando por las escolleras descubiertas.
Pero, lo que más me ha impresionado -ya digo- ha sido la enorme cantidad de máquinas fotográficas (incluida la mia) o, en su ausencia, de móviles fotografiando el acontecimiento.
Nunca fué tan fotografiada una marea.
En nuestra Sociedad de la Comunicación, en estos albores de la Revolución Tecnológica, parece que algo no existe si no lo fotografiamos.
Ya en 2005, en el entierro de Juan Pablo II, me llamó
la atención -por primera vez- el bosque de cámaras y móviles que sobresalían por encima de las cabezas de la multitud para fotografiar el paso del féretro.
Pero este es un fenómeno que se repite en cada situación de una cierta trascendencia, y no digamos si su importancia es global, lo que se llama un "acontecimiento histórico".
Parece que fuera más importante la foto que el momento mismo.
Necesitamos fotografiarlo... ¿para conservar el recuerdo? ¿para tener la certeza de que estábamos allí? ¿para poder subirlo cuanto antes al feisbu (o al blog)?
Que alguien me lo explique.

viernes, 11 de marzo de 2011

Felicidad Interior Bruta

Aunque no te lo creas, resulta que en Butan, un pequeño país del Himalaya, miden su desarrollo atendiendo no al famoso PIB (Producto Interior Bruto), sino a la FIB, la Felicidad InteriorBruta, porque consideran que el verdadero desarrollo de la sociedad humana se encuentra en la conjunción del desarrollo material y espiritual.
Las cuatro bases fundamentales de esa Felicidad Interior Bruta son el desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el buen gobierno.
En esta nuestra sociedad consumista y derrochadora, a pesar de la crisis (¡hay que ver como se ha puesto el personal porque le "obligan" a reducir la velocidad máxima de circulación de los coches en las autopistas!), desarrollo es sinónimo de crecimiento: tener más (más coches, más televisores, más teléfonos móviles, más centros comerciales, más objetos innecesarios, más nivel de vida...) aunque sea a costa de tener menos (menos tiempo, menos naturaleza, menos relaciones, menos convivencia, menos calidad de vida...).
Pero no parece que la felicidad consista en ese "tener más" (y más, y más, y más), y si no, basta con mirar -especialmente en tiempos de crisis- las caras de la gente en nuestras "sociedades desarrolladas", llenas de miedo -por lo que perdemos y podemos perder- de incertidumbre, de soledad, de angustia.
No, crecimiento no es igual a felicidad.
Pero la búsqueda de la felicidad -que parece que va a ser reconocida como un derecho constitucional en Brasil- no es solo una tarea individual.
Como dice Eduard Punset, que es un señor que me cae muy bien, de acuerdo con las últimas investigaciones de los especialistas en estos temas, "más allá de la persona, resulta que su felicidad y sus ánimos dependen de los valores del mundo que habita y del entramado pergeñado con los demás. La felicidad, en definitiva, va mucho más allá del comportamiento individual y depende de la organización social". Por eso dice el primer ministro de Butan que "la principal responsabilidad de cualquier gobernante es ayudar a la gente a ser plenamente feliz".
La gente de Butan nos enseña que son nueve los factores que componen la FIB: el bienestar psicológico (el optimismo y la autoestima), la salud, la cantidad de tiempo libre para el ocio, la vitalidad comunitaria, la educación, la cultura, el medioambiente, la implicación en asuntos de la vida política y el nivel de vida.
Cada uno de esos factores merece un comentario, una reflexión profunda, pero su simple enunciado-y más todavía si los observamos juntos- nos muestra claramente -una vez más- que este sistema en el que vivimos -y del que formamos parte- (el capitalismo neoliberal) no está pensado ni sirve para alcanzar la felicidad.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cuidadanía

Nos contaba Salvador, en la visita a la Casa Grande del Pumarejo ya mencionada en este cuaderno de notas, que la larga experiencia de lucha vecinal les ha ido enseñando nuevas maneras de entender la vida y les ha hecho descubrir nuevos conceptos y palabras.
Contaba que ya han dejado de hablar de "lo publico", concepto pervertido y falseado por la burocracia administrativa, para hablar de "lo común", subrayando así la importancia de lo comunitario, de la imprescindible red de relaciones interpersonales que sostienen la vida en comunidad.
Decía que, con frecuencia, los errores han sido fuente de nuevos hallazgos, y nos ponía el ejemplo de la placa que inauguraron con motivo de la apertura del Centro Vecinal y del bochorno del artesano cuando, al descubrirla, allí fijada en la pared de la Casa, se descubrió también el "error" tipográfico por el que se destinaba aquel centro al "uso y disfrute de la cuidadanía".
Pero el error era un acierto y así hicieron suyo ese nuevo concepto: "cuidadanía", que significa ciudadanía que cuida su entorno, su barrio, su convivencia, que cuida a sus conciudadanos y conciudadanas.
Busco la palabra en Google, para ver hasta donde ha llegado, y la vuelvo a encontrar en una página dedicada al decrecimiento donde dice que la cuidadanía es "poner la vida en el centro", reconocer que “la vida vivible está por construir en la interacción con otros”.
Y se nos proponen allí "otras formas de vida basándose en las relaciones sociales, la cercanía, la austeridad, la vida en común y la ralentización del tiempo. Elementos que lejos de ser limitantes son los que enriquecen la vida y la llenan de alegría. No son nuevos los estudios que apuntan que la felicidad subjetiva no está asociada al consumo y al dinero sino más bien a la vida comunitaria donde prima la relación".
Y al parecer hay toda una corriente de pensamiento que está buscando en esa dirección.
Hace algún tiempo me atrevía a reclamar "una movilización para construir un mundo y una sociedad mejores, positivos, alegres, más felices. Vivir con menos no significa vivir peor".
El descubrimiento de la cuidadanía es, sin duda, una buena noticia.