lunes, 31 de octubre de 2011

Milú

Ayer fuimos al cine con Lita y Antonio.
Una maravilla: la magia del cine -en sala grande, a oscuras- con la espectacularidad del 3-D... y Tintín.
No se qué les parecerá la pelicula a los espectadores norteamericanos, pero si se que para quienes nos hemos criado con las míticas historietas de Hergé, esta versión cinematográfica es un auténtico regalo.
Tintín, el capitan Haddock, Hernandez y Fernandez, la Castafiore... y Milú.
Todos los personajes, recreados con las más modernas tecnologías, tan cercanos a su imagen en el comic, nos atraparon desde el primer fotograma, consiguieron fascinarnos.
Fué toda una experiencia.
La media de edad del público del cine no sobrepasaba los 10 años, a pesar de que algunos peinamos canas. Y allí vibramos, todos y todas a una, con las escenas de acción, las persecuciones, la batalla con los piratas... y reimos a mandíbula batiente con las peripecias de Milú.
El perrito de Tintín adquiere, en esta versión cinematográfica, un protagonismo que no tenía en las historietas originales.
Me parece un acierto, no solo porque es un gran personaje, digno de un Oscar, sino porque -en una clave más personal- durante toda la pelicula me trajo el recuerdo de mi perro Max.
Si, Max, como Milú, era un fox terrier, y sus expresiones, sus gestos, sus posturas... eran los mismos que aparecen en la pelicula.
Todavía me cuesta mucho hablar de él, de lo que significó para mi, lo que me enseñó, lo que me dió.
Pero ayer por la tarde era como verle vivo de nuevo. Mi viejo amigo.
En resumen: disfruté mucho y -en medio de tanto mal rollo- me apetecía mucho compartirlo con vosotros y vosotras.

viernes, 21 de octubre de 2011

El discurso del candidato

Conciudadanos y conciudadanas:
Vivimos tiempos muy difíciles.
No se trata solamente de la profunda crisis economica, que golpea especialmente a los sectores más débiles de nuestra sociedad y que -paradójicamente- está sirviendo para que los ricos sean más ricos.
Es que, además, esa crisis está ocultando otros problemas muy importantes: la crisis medioambiental, el calentamiento global, con gravísimas consecuencias de todo tipo; la crisis alimentaria, que condena al hambre a 1.000 millones de personas; la crisis migratoria, con millones de personas desplazándose en busca de un futuro mejor; la crisis energética; etcetera, etcetera.
Son muchos los problemas, los desafíos que llenan de incertidumbre nuestro futuro colectivo.  
Y no tenemos soluciones. Carecemos de respuestas. Las viejas formas de enfrentar los problemas se demuestran cada día ineficaces.
El gobierno ha fracasado.
La oposición tampoco ha sido capaz de ofrecer ninguna alternativa.
Los partidos políticos, y hasta la propia democracia representativa, sufren la desafección, el rechazo por parte de la ciudadanía.
No puedo haceros ninguna promesa para obtener vuestro voto.
No tengo soluciones mágicas. Y quien os diga que las tiene os miente, os engaña.
La verdad es que no sabemos cómo responder a tantos y tan graves problemas.
Lo único que sabemos con certeza es que necesitamos el esfuerzo y el compromiso de todas y todos. Poner a funcionar la inteligencia colectiva. Sacar lo mejor de cada persona y cooperar entre todas.
Solo desde la participación activa y el trabajo en equipo podremos encontrar las soluciones.
Y no vendrán sin sacrificio, sin esfuerzo, sin renunciar a muchas cosas que hemos acumulado en los tiempos del consumismo y el despilfarro.
El único camino es el de la solidaridad, el del apoyo mutuo, el de la suma de esfuerzos por encima de las diferencias, de las razas, de la cultura, de las religiones...
No se trata de que me cedáis vuestro voto y vuestra responsabilidad, votad por quien queráis o no votéis, pero -sobre todo- apostad por vosotras y vosotros mismos.
Esta es nuestra hora, el momento de construir colectiva y solidariamente una vida mejor para todas las personas y, sobre todo, para nuestras hijas y nuestros hijos.
A ello os invito.

domingo, 16 de octubre de 2011

99%

Guardo muchas sensaciones vivas de la manifestación de ayer.
Una de las más hermosas era la de caminar junto a miles de personas, en Cádiz, si, pero también en Sevilla, en Málaga, en Madrid, en Barcelona, en Bilbao... y también en Costa Rica, en Mexico, en Chile, en Argentina... Sentía mis brazos unidos a los de Antonio, Jesús, Fernando, Pep, Asier, Oscar, Marisa, Tato... y también sentía la presencia allí de Carlos, Raúl, Paulo... Éramos miles y miles, uniendo las fuerzas de nuestras voces y también las de nuestros deseos, nuestra voluntad decidida por cambiar las cosas. Ayer sentí, como nunca, la dimensión planetaria de esta lucha, me sentí hermano de esos millones de personas a quienes no conozco pero con quienes camino de la mano gritando: ¡¡¡Otro Mundo es Posible!!!
La mayor parte de la manifestación la pasamos Nené y yo en "la cola", con un montón de jóvenes familias cargadas de gente menuda. Allí estaba mi amiga Hanna -de quien ya os he hablado- y sus amigas Candela y Lucía -todas con cuatro años recién cumplidos- formando un frente de carritos infantiles, inventado sus propios lemas y gritando divertidas "¡queremos más jardines para jugar!"
Sentí que hacen bien estas madres y padres que vienen a las manis con sus criaturas, es un buen aprendizaje para los tiempos que vienen pues serán estos niños y niñas quienes sufrirán en mayor medida el impacto de lo que hoy se hace y se deja de hacer por parte de los poderosos.
Luego, avancé más deprisa, atravesando la multitud heterogénea, hasta llegar a la cabecera donde se concentraba la gente más jóven y ruidosa, con la batukada marcando el ritmo de las consignas más radicales: "¡Si esto no se arregla: guerra, guerra, guerra!", "¡Si no hay solución, habrá revolución!"
Mi sensación, entonces como otras veces en la corta historia del movimiento 15M, fué la de que estos muchachos y muchachas tienen -y no me extraña- prisa por hacer esos cambios radicales que se necesitan y no solo sienten indignación sino que empiezan a sentir impaciencia ante la pasividad y la ineptitud de los poderosos. De ahí a la violencia hay un solo paso que no debe darse.
Durante la marcha, nos preguntábamos por su sentido y utilidad: quienes gobiernan -y quienes mandan en quienes gobiernan- son sordos y sacan brillo a las porras. Confían en que la desesperanza, el cansancio y la represión desinflarán las protestas y devolverán la gente a sus casas.
Pero quizás, decíamos ayer, el objetivo no deba ser tanto llamar la atención de los poderosos sino de quienes miran desde los balcones, desde las páginas de la prensa, los telediarios o la redes sociales.
Creo que es un gran hallazgo del movimiento recordarnos que somos una inmensa mayoría (el 99%) quienes pagamos las crisis, mientras que una minoría (el 1%) acumula el poder y la riqueza.
El problema es que solo una pequeña parte de nuestra sociedad ha tomado conciencia de ello y ha alzado la voz. La gran mayoría somos complices de los intereses de los más poderosos, hemos hecho nuestros sus valores y deseos, aspiramos a ser como ellos.
Pero el mundo solo cambiará realmente cuando consigamos que el 99% abramos los ojos y descubramos que -en mayor o menor medida- todos y todas somos victimas del sistema.

sábado, 8 de octubre de 2011

Mujeres

Llevaba algunos días pensando en dedicarle unas letras a una mujeruca que mendiga unas monedas cerca de mi casa.
Es una mujer mayor, menuda, casi una anciana. Lleva su pelo gris recogido en un moño y un vestido azul pálido abotonado, siempre pulcro.
Su bolso ajado cuelga de sus brazos que se cruzan bajo el pecho.
Se coloca, no todos los días, siempre en el mismo lugar, medio oculta en la entrada de un garaje, como si no quisiera que la vieran.
No habla ni alarga la mano a las personas que pasan, aunque cualquiera que la vea sabe que pide una ayuda. De vez en cuando llora en silencio, desconsolada, imagino que por el dolor de sus penas y la vergüenza de tener que pedir, y se seca las lágrimas con un arrugado pañuelo que saca de su bolso.
No se cuales serán las necesidades que la llevan a mendigar, pero su dignidad y su tristeza me conmueven siempre. Tal vez me recuerda a mi madre, o quizás son sus lágrimas calladas las que tocan mi corazón.
Pero, con toda su fragilidad, esa mujer me transmite fuerza y decisión, superación, coraje para echarse a la calle a buscar ayuda.
Esta semana hemos sabido que el Premio Nobel de la Paz de este año 2011 ha sido concedido a tres mujeres, a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y a las activistas por  los derechos humanos Leymah Gbowee, también liberiana, y Tawakkul  Karman, yemení.
También, hace pocos días conocíamos la triste noticia de la muerte de Wangari Maathai, la "Mujer Árbol", keniana, impulsora de una revolución verde protagonizada por las mujeres, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2004.
Y, antes, en 1994, lo recibió Aung San Suu Kyi, la opositora birmana que lleva más de veinte años luchando contra la dictadura militar en su país.
Son solo algunos ejemplos de la impresionante fuerza vital de las mujeres. Tal vez los más visibles, los más mediáticos, pero sabemos que -de forma silenciosa- otros muchos millones de mujeres están cambiando el mundo cada día.
Así, hace unos meses traía aquí la historia de Las Patronas, las mujeres veracruzanas que preparan agua y alimentos para ayudar a los inmigrantes sudamericanos que pasan clandestinos en "El tren de las moscas", camino del sueño americano.
En estos tiempos de incertidumbre y desesperanza, es una gran suerte que las mujeres ocupen cada día más espacios de poder y de influencia, a pesar de las resistencias que oponemos los varones hasta llegar a veces a la violencia o la muerte de aquellas que se resisten a la sumisión.
Tengo pocas dudas de que el futuro es de las mujeres, de que ellas liderarán la construcción de otro mundo posible, de otro mundo mejor.
El futuro será mujer y será mestizo.
Las mujeres y los hombres aprenderemos a sumar, a poner en pie nuevas ideas y soluciones a partir de lo mejor de cada cual, de cada género, de cada raza y cada cultura.

lunes, 3 de octubre de 2011

Taller de Abrazos

"El Abrazo" de Juan Genovés
El primer objetivo propuesto era "realizar un encuentro" y -dándole vueltas- se me ocurrió que nada como un buen abrazo para encontrarse.
Así que les propuse iniciar las jornadas con un Taller de Abrazos y les pareció bien la idea.
Empecé contándoles que quienes saben de esto dicen que las personas necesitamos un mínimo de 6 a 8 abrazos diarios para mantener una buena salud y alcanzar el equilibrio afectivo.
Y les hablé de Mātā Amritanandamayī Devi, más conocida como Amma, la gurú india que lleva 30 años viajando por el mundo repartiendo millones de abrazos.
También les expliqué que el abrazo es cosa de dos -o más- personas, y requiere la entrega de quienes participan en él. Es absurdo abrazar a un maniquí. Es imposible abrazar a alguien que se resiste y se niega al abrazo.
El abrazo debe realizarse con plena conciencia, dándose tiempo, sin prisas.
Y tras estas indicaciones previas, comenzamos a experimentar algunos de los muchos tipos de abrazos que existen.
Comenzamos con el “Abrazo al Espacio”, en el que cada cual abraza al universo, al mundo que le rodea, a un árbol, a la hierba, al aire…recogiendo con sus manos y llevando hacia su corazón la energía del cosmos que todo lo llena, abrazándose con ella.
Seguimos con el “Abrazo de Mariposa”, en el que cada cual abraza su propio cuerpo, cerrando los ojos, concentrándose en su propia respiración, escuchando su corazón.
Luego vino el “Abrazo de Verano”, por parejas, en silencio, cogiéndonos mutuamente por los hombros, mirándonos a los ojos, abrazándonos con la sonrisa y la mirada.
Y, más tarde, el "Abrazo por la Espalda”, rodeándonos con los brazos y la cabeza, transmitiéndole fuerza y energía a la otra persona, para cambiar después los papeles.
Después llegó el “Abrazo Mental”, con las cabezas juntas, en silencio, mejilla con mejilla, los ojos cerrados, abrazándonos por la cintura y tratando de conectar con las emociones de la otra persona, sintiendo lo que siente.
Continuamos con el “Abrazo con Masaje”, acariciando mutuamente la espalda de la otra persona, tratando de transmitirle bienestar y tranquilidad.
El siguiente fué el “Abrazo Oriental”, rodeándonos con todos los brazos y dejando caer nuestra cabeza en el hombro de la otra persona, acompasando nuestra respiración y nuestra mente.
Más tarde vino el "Abrazo de Invierno" o “Abrazo del Oso”, con todo el cuerpo, ronroneando o emitiendo pequeños gruñidos, tratando de dar calor y contener a la otra persona.
Seguimos con el “Abrazo por Tríos”, abrazándonos estrechamente de tres en tres personas, rotando para estar en medio y recibir el abrazo de las otras dos.
Nuestro taller terminó con el “Abrazo de Grupo”, cogiéndonos de las manos, luego de los brazos, de la cintura, para ir formando un círculo más y más pequeño, hasta formar una piña compacta.
Pero, además, reservamos -para concluir las jornadas- el "Abrazo del Caracol", que nos enseñó Tato Iglesias, en el cual todo el grupo, cogido por las manos, va enrollándose sobre si mismo formando una estrecha espiral de abrazos.
Por último, comentamos la experiencia entre todos y todas.
Confesamos que, especialmente al principio, no nos había sido muy fácil entregarnos al abrazo, pero, conforme avanzaba la experiencia, crecía la confianza en las otras personas del grupo, y sentíamos su energía, y la nuestra al compartirla.
Las risitas nerviosas del comienzo fueron transformándose en silencio y concentración. Los abrazos fueron ganando en intensidad y emoción.
Luego, en los días siguientes de las jornadas nos entregamos a la reflexión y al análisis, que evaluamos al final como muy provechosos y productivos.
Quiero creer que ayudó mucho el haber iniciado el camino con la emoción y la fuerza del abrazo.
Y por eso quería compartirlo aquí, para celebrarlo y para animaros a que lo experimentéis cuando tengáis oportunidad y me contéis después los resultados.