viernes, 28 de diciembre de 2012

Feliz Consumidad!

Empezaré con un tópico: "no me gusta la Navidad".
Ya se que está tan de moda despotricar contra estas fiestas que resulta hasta vulgar, pero es la verdad.
El significado religioso de la celebración hace tiempo que se perdió, al menos para la inmensa mayoría de  la gente, quedando convertida en la fiesta del consumo y las comilonas.
Pero la cosa viene de lejos, antes de que se inventaran los belenes, se remonta a las celebraciones ancestrales del solsticio de invierno, cuando vivíamos en tribus y nos reuníamos por estas fechas para la matanza de los animales -que eran difíciles de alimentar durante los meses más fríos-  y nos hartábamos de comer carne fresca, por si acaso no teníamos otra oportunidad en los próximos meses de hambruna.
También está el antecedente de los "potlach", las fiestas en que los pueblos indios de la costa del Pacífico, y también en otras culturas, intercambiaban regalos como signo de prestigio social. Cuanto más regalabas, cuanta más comida repartías, más rico y poderoso demostrabas ser.
Así que, en estas fechas, debe activarse nuestra memoria genética y, rememorando a los ancestros, nos hartamos de comer e intercambiamos regalos. Y  como dice el Papa Noel maligno de la imagen, parece que el amor familiar haya que demostrarlo gastando.
Hay, sin embargo, abundantes argumentos para defender la Navidad, que si la ilusión de los niños, que si los encuentros familiares... Son razones poderosas, pero me pregunto si no es posible dedicar a la gente menuda mayor atención -y de mejor calidad- durante el resto del año o en estas mismas fechas, sin bombardearles a regalos, sin espolear sus instintos consumistas.
Y también me pregunto si no hay otros momentos posibles para el encuentro de las familias que no sea por obligación en fechas predeterminadas y sin contar con los deseos de las personas, hasta el extremo de que las peleas familiares navideñas hayan acabado por convertirse en un lugar común, objeto de chistes.
Personalmente, trato -a veces con poco éxito- de que mi escaso espíritu navideño no amargue las fiestas a quienes me rodean y, aunque sea sin entusiasmo, intento estar a la altura de las circunstancias, camuflarme en el paisaje y difuminarme en el ambiente general.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Volver

Vuelvo, en estas fechas señaladas, a mi madrileño barrio de Aluche.
Aquí viví más de 20 años, me casé y nacieron mis hijos.
Aquí creció mi conciencia social, al calor de las primeras asociaciones vecinales y la escuela popular de personas adultas que ayudé a levantar.
Aquí aprendí viejos tangos, como "Volver", y otras muchas canciones que cantaba con mi amigo Jose Ibarra a la guitarra (como siempre cantábamos en todos los festivales populares que se prodigaban en la época, nos anunciábamos como "Los de siempre").
El paisaje urbano sigue siendo hoy muy parecido al de entonces: un barrio periférico, lleno de bloques de viviendas modestas, con ropa tendida en sus fachadas, como los que se levantaban en muchas ciudades españolas en los 60 y 70.
Tan solo han cambiado los comercios, y hoy abundan los locutorios, en las panaderías se venden arepas y alguna carnicería se anuncia como "halal".
Callejeando, la música que sale por las ventanas son bachatas y ballenatos caribeños.
Los árboles del parque, que vimos surgir en un descampado lleno de ratas, son hoy mucho más altos y frondosos, y en esta mañana soleada de domingo se sientan bajo su sombra los inmigrantes polacos a compartir sus comidas típicas y matar la nostalgia del país lejano a base de vodka.
En mi barrio ha cambiado sobre todo el paisaje humano.
La población autóctona,  la que colonizó el barrio hace 40 años, ha envejecido. Me he acercado a la Asociación de Vecinos de Puerto Chico, una de las primeras que nació en los últimos años del franquismo, y en su puerta se anuncian "Talleres de Memoria" para combatir los efectos de la edad. Es todo un síntoma.
Mi barrio es -dice Nené- como la ONU. En él viven -ojalá que siempre en paz y armonía- gentes venidas de América Latina, de África y del Este de Europa.
Los niños que corren y juegan hoy por el parque tienen, sobre todo, rasgos indígenas y pieles oscuras o por el contrario son rubios y de pieles pálidas. En el colegio del barrio conviven más de 24 orígenes nacionales.
Junto a la dulce nostalgia de los años vividos, de las experiencias de juventud que fueron mi escuela de vida, paseando por el barrio siento hoy la emoción de un futuro mestizo e imagino, dentro de otros 20 años, a las nuevas familias que lo habitaran, los nuevos españoles y españolas que aquí nacerán, de sangres mezcladas, de raíces diversas.
No me produce ningún miedo, ningún rechazo, al contrario, me llena de esperanza en ese futuro mejor que nos aguarda.

martes, 18 de diciembre de 2012

Esto no puede seguir así

Debe ser que se acerca el fin del mundo.
La cosa es que cada vez me encuentro más gente -aquí y allá- que repite el mismo mantra: "esto no puede seguir así".
La otra mañana estábamos tomando un café en la Plaza Nueva, con Asier Gallastegi y un par de amigos, de los que te encuentras callejeando por el Casco Viejo (porque digan lo que digan los aborígenes, Bilbao es un pueblito). Uno de ellos no paraba de hablar excitado, citando al profeta Jeremías, aquél que pedía arrepentimiento al pueblo de Israel por sus pecados. Y repetía el mantra, reputeaba a los políticos inconscientes que nos han conducido hasta aquí, maldecía los despropósitos de esta sociedad de consumo que nos consume, se encabronaba por nuestra complicidad personal y colectiva con el sinsentido de un sistema que ha dejado de preocuparse por las personas y echaba pestes de quienes -como los antiguos israelitas- se niegan a ver el "desastre" que viene.
¿Desastre o liberación?
Si es verdad que esto se acaba...¡bienvenido sea! ¡Al fin vamos a poder dedicar nuestras energías -personales y colectivas- a construir un mundo nuevo, un mundo mejor!
Hemos de mirar al futuro con esperanza y con ilusión.
El derrumbe del mundo viejo producirá sin duda mucho ruido, pero es lo mejor que nos puede ocurrir.
Para quienes llevan siglos muriendo o sobreviviendo en los países empobrecidos, esquilmados, con carencia de todo, con violencia y hambre, perjudicados en el reparto de la riqueza, la diferencia no va a ser muy grande. No lo van a notar mucho. Es más,se librarán al fin de la bota occidental que apretaba su cuello y su futuro.
Sin embargo, para quienes hemos vivido en la abundancia y el derroche -a costa de la miseria de los otros- el dolor será grande. No será fácil pasar de la orgía del consumo a la escasez, a la austeridad, al decrecimiento.
Pero, superado el trauma de perder tantas cosas innecesarias, volveremos a encontrar lo esencial: las relaciones con los otros, la solidaridad, la cooperación, el apoyo mutuo, el reencuentro con la naturaleza, con nuestra esencia humana, con lo sencillo.
El presidente de Uruguay, Pepe Mujica, un político de esos que dignifican la política, lo explica mucho mejor que yo:

   
Pues eso, lo dicho, que este mundo viejo se vaya de una vez al carajo y ¡Feliz Mundo Nuevo!

martes, 11 de diciembre de 2012

El principio del mundo nuevo (1)

Ya se intuye, se adivina.
Aún es difícil verlo porque las señales son todavía débiles y dispersas.
Y muchos de los signos son desconocidos, incomprensibles para los ojos de quienes venimos del pasado, de los viejos valores y actitudes, de los viejos conceptos y categorías.
Además, el ruido del mundo que se muere nos aturde, nos impide escuchar los pasos del que llega.
Pero hay millones de pequeños indicios que anuncian el mundo que ya está naciendo en las entrañas de éste.
Ese mundo nuevo será el de la cooperación.
Frente a quienes han defendido -de manera engañosa y egoísta  que era la competencia la que hacía avanzar el mundo, cada día es más visible la fuerza incontenible de la cooperación.
Con perplejidad ante la paradoja, descubrimos que cuanto más se comparte -el conocimiento, el saber, los bienes materiales, el poder, la riqueza...- más se tiene.
Quienes guardan para si lo que poseen, quienes acumulan lo que no necesitan, quienes recelan y desconfían del otro, se hacen más y más pobres cada día que pasa.
El mundo nuevo será también el de la igualdad entre todas las personas, por el hecho de serlo.
Quienes afirmen su supremacía sobre otras -por su género, su raza, su posición social, su origen nacional, su religión, o por cualquier otra razón irracional- caerán en el ridículo y la vergüenza.
Quienes pretendan imponer por la fuerza, por la violencia, su propia afirmación mediante la negación del otro, recibirán el rechazo general y serán apartados de la vida común.
El mundo nuevo será el de la reconciliación con la naturaleza, con los demás seres vivos que pueblan el planeta, un mundo de respeto y cuidado a la madre tierra, que a su vez nos cuida, cuida la vida.
Será un mundo intolerante con las agresiones al entorno natural, no habrá pretexto o causa alguna que lo justifique. Por el contrario, el reencuentro con la naturaleza se convertirá en uno de los principios y fines de la acción humana, de la economía, de la cultura, del arte, de la política...
Si, tal vez no sea fácil el nacimiento de ese mundo nuevo. Seguro que el viejo se resistirá a morir. Probablemente no sea un camino llano, sin obstáculos, y demos pasos atrás para volver a emprender la marcha con más fuerza.
Tal vez se precisen muchos años para que el cambio sea masivo, universal, y llegue a todas las personas y a todo el planeta.
Tal vez hayamos muchas personas que no alcancemos a verlo en su plenitud.
Pero tened la certeza de que llegará. Ya está llamando a la puerta.
Con la fuerza de la historia y del devenir del ser humano, de nuestro inevitable y luminoso destino. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Esperando el fin del mundo

Dicen que el mundo se va acabar dentro de nada.
Ya tarda mucho ¿no?
Yo estoy impaciente perdío, nerviosito, a ver si llega de una puñetera vez el finde (del mundo).
No es que no estuviéramos avisados, ya lo anunciaron los mayas, aunque para ellos los mundos se sucedían unos a otros sin pausa, como las secuelas de Viernes 13.
Para confirmar el acontecimiento, dicen otros -filósofos y sociólogos, que son como mayas pero sin pirámides- que estamos ante un cambio de era.
Pues ya era hora de cambiar de era: ésta se está quedando viejuna cada día que pasa, se le notan las goteras por todas partes. Ya no da más de sí.
Y, para completar el cuadro profético, hay un montón de gente (de la "new age") que dice que se va a producir una "confluencia astral" y está a punto de comenzar la Era de Acuario, que "traerá consigo una edad de hermanamiento universal arraigada en la razón, donde será posible solucionar los problemas sociales de una forma justa y equitativa, y con mayores oportunidades para la mejora intelectual y espiritual."
¡Chachi! ¡Genial! ¡Lo que nos hacía falta!
Total, que pase lo que pase el 21 de diciembre, será para mejor. Así que...¿quien dijo miedo?
Yo ya estoy preparando mis calzoncillos rojos (unos con unos dibujos de chiles que me regaló mi amigo Juan Carlos Nuñez) las 12 uvas y el cava para recibir como se merece al nuevo mundo.
Aunque, pensándolo bien, probablemente el mundo (el viejo) ya se ha acabado sin que nos hayamos dado cuenta. Es cierto que sus efectos perversos siguen afectándonos, pero es que las resacas son muy malas.
Ponemos la tele y lo que vemos y escuchamos son noticias de otro mundo que ya no existe.
En realidad, Rajoy, Rubalcaba, Angela Merkel... y toda su parentela son del viejo mundo, ese que ya se ha muerto, pero no se han coscao todavía, como en una película de zombis.
Por si acaso, recomiendo a mis "improbables lectores", que nos revisemos nuestras respectivas entretelas del alma para comprobar que no estamos muertos.
Es lo que pasa en todos los cambios de mundo, que cuesta notarlos, parece que no se ha ido el viejo y no acaba de llegar el nuevo.
Pero, como decía Edgar Morín, “todo comienza siempre con una innovación, un nuevo mensaje rupturista, marginal, modesto, a menudo invisible para sus contemporáneos… De hecho, todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida. Estas iniciativas no se conocen unas a otras; ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro.”
O sea, que más nos vale ponernos las pilas, buscar la llave Allen en la caja de herramientas y empezar a armar el mundo nuevo.
Y, eso si, permitidme que sea el primero en felicitarnos: ¡Feliz Mundo Nuevo!

viernes, 23 de noviembre de 2012

Luces en la oscuridad

Ya os he contado alguna vez que tengo un grupo de amiguetes con los que, los lunes por la tarde, hacemos un blog para ver si conseguimos cambiar ciertas miradas y romper algunos silencios.
El grupo va cambiando con el tiempo y hay gentes que aparecen y otras que desaparecen. Algunas, como Juanlu se van para siempre.
Actualmente tenemos en el grupo a un coleguita, Antonio, que lo ve todo negro. El hombre está pasando por una depresión, porque no ve salida a lo suyo.
El otro día, después de curiosear un rato por las diferentes entradas, le preguntaba qué le había parecido el blog y Antonio me respondía: "Está lleno de pena, igual que el mundo, que está lleno de pena".
"Vale -le dije yo- es cierto que este mundo está oscuro como una noche cerrada, pero en mitad de esa noche negra se enciende una cerilla. Es la luz de una persona buena, de un proyecto solidario, de una iniciativa pequeñita que trata de mejorar el mundo. Es una luz chiquita, humilde, pero si te fijas, no está sola, hay otras muchas. Son miles, millones de luces en la oscuridad."
Y, para demostrárselo, como ejemplo de una de esas luces chiquitas buscamos en el Youtube el documental "El Tren de las Moscas", que también he mencionado en estas paginas.
Yo quería que Antonio viera la cara de Las Patronas, de ese grupo de mujeres hermosas que se buscan la vida para hacer llegar comida y agua a los inmigrantes ilegales que atraviesan Mexico apiñados sobre los trenes, camino del sueño americano. Pero Antonio solo vio las caras tristes de los inmigrantes y la pobreza de aquellas mujeres generosas.
Cuando yo le señalé este problema en la visión, que le impide ver las luces en la oscuridad, Antonio me contestó: "Igual es que tengo que cambiar de gafas".
Si, seguro, tenemos que cambiar las gafas porque, como en la historia del monje sensible, nos estamos perdiendo una parte fundamental de la película.
El caso es que nos hemos propuesto, en nuestro grupo bloguero, iniciar una campaña de búsqueda de "luces en la oscuridad", iniciativas que alimenten nuestra esperanza en el futuro.
Recuerdo ahora lo que decía, Edgar Morín: "De hecho, todo ha recomenzado, pero sin que nos hayamos dado cuenta. Estamos en los comienzos, modestos, invisibles, marginales, dispersos. Pues ya existe, en todos los continentes, una efervescencia creativa, una multitud de iniciativas locales en el sentido de la regeneración económica, social, política, cognitiva, educativa, étnica, o de la reforma de vida. Estas iniciativas no se conocen unas a otras, ninguna Administración las enumera, ningún partido se da por enterado. Pero son el vivero del futuro."

viernes, 16 de noviembre de 2012

Caca de conejo

Genuinas cacas de conejo
Andaba bicheando por las tripas de este blog cuando descubrí, entre sus diversas utilidades, una lista de las entradas más leídas a lo largo de su existencia (¡superados ya los cuatro años!).
Cual sería mi sorpresa al comprobar que esa lista aparece encabezada por "El Año del Conejo Chino", seguida de "¿Cambio Social sin Cambio Personal?", y, en tercer lugar "Caca en el Coco".
Las tres entradas no pueden ser más dispares, pero especialmente la dedicada al Año del Conejo Chino que está planteada en una clave personal, jocosa, anecdótica, y no tiene ninguna pretensión. Al menos en comparación con otras entradas en las que he intentado reflejar -con mucho mayor esfuerzo- opiniones sesudas sobre la realidad social o política, mis gustos literarios o algunas modestas experiencias vitales.
Me preguntaba cuáles podrían ser los intereses de mis "improbables lectores" -como diría mi apreciado Manuel Rodríguez Rivero- para preferir esas entradas concretas, cuando descubrí en las entretelas de este invento otra nueva utilidad desconocida que revela las palabras claves de búsqueda que traen a la gente despistada, desde los buscadores como Google, a este recóndito rincón de la red.
Pues bien, las dos palabras más buscadas son: "conejo" y "caca", lo cual explica en buena parte esa lista de entradas populares.
La enseñanza que saco de todo ello es que estas Memorias del Futuro Imperfecto se benefician de las búsquedas de los y las amantes del conejo (supongo que tanto en su variante gastronómica como en la erótica) y, así mismo, de quienes se decantan por la coprofilia como perversión de cabecera.
Está claro que, si quieres conseguir muchos lectores y lectoras para tu blog y un buen "posicionamiento" en los buscadores, lo importante no es tanto lo que dices en tus entradas, sino como las titulas.
El otro día comprobaba, jugando con mi amiga Hanna, que las palabras mágicas "caca, culo, pedo, pis" siguen generando fascinación en la infancia y consiguen despertar la risa en edades comprendidas entre los 3 y los 6 años, como mínimo.Pero, al parecer, la cosa tiene también su versión cibernética.
¡Somos como niños (y niñas)!
(Por si acaso, he titulado esta entrada combinando las dos palabras mágicas, a ver si así consigo engañar a las estadísticas y colocarme en la cabeza del rankin bloguero).

sábado, 10 de noviembre de 2012

Váyanse al infierno!!!

Me produce repugnancia, me escandaliza el cinismo de quienes nos gobiernan, que ahora se muestran compungidos por el suicidio de Amaia y prometen ponerle remedio a los desahucios.
Lo mismo me ocurre cuando en el principal partido de la oposición, sus líderes prometen hacer lo que antes -cuando podían- no hicieron.
Me pregunto si los ejecutivos de los bancos que nos han llevado a esta situación, que siguen recibiendo dinero público para sanear sus pérdidas, que promueven la ejecución de los miles de desahucios que se producen en nuestro país, pueden conciliar el sueño cada día.
Me pregunto si pueden dormir los jueces que dictan las sentencias, los secretarios judiciales que las ejecutan y los policías que las hacen cumplir.¿Pueden abrazar cada mañana a sus familias y luego salir a la calle a desalojar otros hogares y a aporrear a quienes se oponen a los desahucios?
¿Acaso tienen el corazón podrido?
Me escandaliza esta sociedad nuestra, de la que formamos parte todos y todas, que puede pasar sin transición de la aflicción por las muertes del Madrid Arena, fruto del afán desmedido de lucro, la ineficacia y la corrupción política, y del suicidio de Amaia -fruto de las mismas causas- a los cotilleos sobre la Esteban y la Campanario o los últimos goles de Messi y Cristiano Ronaldo.
Pero de todo lo que me repugna y escandaliza, el primer puesto lo ocupa la postura de la jerarquía católica, de la Conferencia Episcopal, de Monseñor Rouco Varela y sus colegas, que tan fácilmente se escandalizan por el matrimonio gay, la Educación para la Ciudadanía o la ley del aborto... pero no levantan su voz, ni convocan manifestaciones, ni amenazan con la excomunión a quienes hacen negocio con la crisis y con la desgracia de millones de personas.
¡Sepulcros blanqueados! les hubiera llamado Jesús de Nazaret, mientras les expulsaba del templo a correazo limpio.
¡Váyanse al infierno!

domingo, 4 de noviembre de 2012

Punto muerto

La otra noche hablaba con Hilario de la perplejidad y el desconcierto en este tiempo que vivimos, y recordábamos aquel chiste de la familia reunida en torno a la cama del agonizante mientras veían enfriarse la cena: "Ni cenamos ni se muere padre".
Así, en ese punto muerto, parecen encontrarse nuestra sociedad, las organizaciones sociales, las empresas, las instituciones públicas...
No acabamos de creernos que esta crisis va en serio, que es profunda y afecta a todo el sistema.
Y nos resistimos a cambiar.
Todavía escuchamos a mucha gente decir eso de "cuando pase la crisis", y muchas organizaciones solidarias parecen esperar que vuelvan las vacas gordas de las subvenciones, para retomar los proyectos y los servicios allí donde los dejamos.
Esas expectativas de volver a la casilla de salida nos paralizan, nos bloquean para avanzar.
No queremos asumir que el juego ha cambiado.
Dicen, quienes observan con más perspectiva la marcha de las cosas, que estamos ante un cambio de era, que el mundo no va a ser nunca más el mismo que conocimos.Y que las viejas formas de dar respuesta a los problemas y las necesidades no nos van a servir más.
Ya no se trata de resistir, aguantar el chaparrón, dejar que pase la tormenta. No queda otra alternativa que reinventar.
Hay que reinventar la comunidad y lo comunitario, la solidaridad y el apoyo mutuo, la complementariedad y la cooperación, las formas de relacionarnos, de cuidarnos mutuamente.
Hay que reinventar las formas de producir, las formas de consumir, las formas de compartir, el uso y aprovechamiento de los bienes disponibles.
Hay que reinventar las formas de hacer política, el reparto del poder, las formas de gobernar y administrar lo común, las formas de convivir.
Hay que reinventar las formas de relación con la naturaleza.
Hay que reinventar el mundo, y nadie va hacerlo por nosotros y nosotras.
En el viejo mundo que se muere nos enseñaron a esperar las respuestas del gobierno, de los poderes públicos. Para eso votábamos cada cuatro años.
En el nuevo mundo que está por nacer, la responsabilidad y la iniciativa es nuestra.
Y más vale que nos vayamos enterando cuanto antes.

martes, 30 de octubre de 2012

Más mujeres (cambiando el mundo)


Ya he declarado anteriormente, en este mismo lugar, mi fe en las mujeres.
Me parece una suerte para la humanidad (especialmente para nosotros los varones) y un motivo de esperanza en el futuro que, cada vez más, aunque sea pasito a pasito, ocupen nuevos espacios de influencia.
Si, ya se que los varones -los machos- nos resistimos como gato panza arriba, que no nos resignamos a perder poder, que seguimos empleando la violencia para tratar de apagar su voz, retenerlas en la sumisión, mantenerlas en la invisibilidad. Pero es una lucha perdida.
Más temprano que tarde, las mujeres conquistarán -en todo el mundo- el espacio de igualdad que les pertenece. 
Por eso me alegro tanto de que Malala se recupere bien de sus heridas. Qué bueno. Necesitamos muchas mujeres como ella, abriendo caminos, rompiendo esquemas, cambiando el mundo.
El suyo es un heroismo que ha admirado a todo el planeta. Pero las mujeres nos han acostumbrado desde siempre a un heroismo callado, humilde, sin alharacas.
En todos estos años de trabajo en lo social, recorriendo mil y un lugares, he conocido innumerables ejemplos de ello.
Y estos días pasados, viajando por Galicia, me he encontrado de nuevo con más de esas mujeres, la gran mayoría de las cuales no recibirán nunca ningún reconocimiento público ni tampoco lo esperan, que tras descubrirse y construirse a si mismas -en los cursos de educación de personas adultas, en las pequeñas asociaciones de mujeres- siguen dedicando su vida a ayudar a otras personas, creando comedores populares para las personas sin hogar o las familias más golpeadas por la crisis, inventando pequeñas empresas para jóvenes en riesgo de perderse, reuniendo dineros de aquí y de allá para enviar canastillas y cunas a los orfanatos en Africa.
En eso, entre otras muchas tareas solidarias, ocupaba generosamente su tiempo Ana Mendez España, la madre de mi amigo Hilario, fallecida el pasado año, a la que hace pocos días dedicaban una calle en su pueblo.
Me alegré mucho, por la memoria de Ana y por la satisfacción de sus hijos, y también porque sentí que en ella se celebraban los ejemplos, los testimonios de y tantas tantas mujeres que cambian cada día el mundo, haciéndolo mejor, más habitable.Tacita a tacita. 

domingo, 28 de octubre de 2012

La omertá

La omertá es la ley del silencio que impone la mafia a sus miembros. Quien se vaya de la lengua que se atenga a las consecuencias.
Estos días pasados, caminando bajo la lluvia por las calles mágicas de Santiago de Compostela, hablábamos -como no- de la puta crisis.
David decía que es necesario bracear tres veces más para no retroceder demasiado, que la supervivencia de las pequeñas organizaciones, de las pequeñas cooperativas, empresas o asociaciones, es ya de por si un milagro, todo un logro en los tiempos que corren.
Me hablaban, él y Jorge (que tiene una familia fantástica, con tres hijos adoptados de pieles oscuras) de los derroches del pasado reciente (cuando "vivíamos por encima de nuestras posibilidades"), a cuenta del caso ejemplar de la Ciudad de la Cultura compostelana, un proyecto megalómano que nadie sabe como culminar y menos aún como llenar de contenido y sentido.
Y buscábamos culpables.
Encabezando la lista están -siempre lo están- los políticos, los especuladores y los banqueros, en comandita, haciendo piña, confundiéndose entre sí, apoyándose mutuamente, de espaldas al pueblo.
Pero esto es lo fácil. Lo que es menos satisfactorio es reconocer que quienes nos llevaron al borde del desastre contaron con nuestra complicidad y silencio.
No nos atrevíamos a levantar la voz ante los despropósitos sin límite que se produjeron de manera generalizada, no fuera a ser que nos señalaran con el dedo y nos excluyeran de la fiesta.
Resulta alentador ver ahora nuestras calles llenas de "mareas" de distintos colores, constatar como se movilizan en defensa de los servicios públicos las personas que trabajan en el sistema sanitario, en el sistema educativo, en los servicios sociales, o como protestan quienes trabajan en la administración pública, incluyendo a la propia policía.
Pero... ¿hasta ahora no hemos caido en la cuenta del deterioro de los servicios públicos, del fracaso del sistema educativo, de la degradación del sistema de salud, de la burocratización e ineficacia de la administración, de la descomposición de la propia democracia? ¿Por qué nos hemos mantenido todos estos años en un silencio cómplice y solo salimos a la calle cuando nos tocan los puestos de trabajo o los salarios? ¿Acaso no nos hemos atrincherado en nuestra comodidad, dedicándonos a echar balones fuera, argumentando que no era nuestra competencia, que para eso elegíamos cada cuatro años a los políticos?
La crisis tiene una cara dramática, terrible, especialmente para quienes están al final de la cola en el reparto del bienestar, para las personas y grupos sociales más débiles.
Pero tal vez tenga también su lado positivo, quizás nos obligue sin remedio a cambiar, a salir de nuestras "zonas de confort", a romper con la ley del silencio, a asumir nuestra responsabilidad y comprometernos -sin excusas- con el buen funcionamiento de lo común.
Ojalá.    

viernes, 19 de octubre de 2012

¡Viva Bhután!

Jigme Khesar Namgyal , Rey de Bhután
El nivel de tonterías por habitante se ha disparado en España, dejando a la Prima de Riesgo en bragas (es una imagen demoledora) y superando los 39.068 metros con los que Felix Baumgartner batió el record de caida libre.
Entre los ejemplos más recientes: el ministro de educación propone "españolizar a los niños catalanes"; el consejero de interior de la Generalitat Catalana pone en guardia -nunca mejor dicho- a los mossos d'escuadra por si hubiera que defender con las armas el previsto referendum por la independencia; el director general de la policía anuncia que será delito sacar fotos de policías que aporrean a manifestantes y abusan de su fuerza.
Mientras, cada vez que abre la boca nuestro presidente MariaNO tiembla el misterio y, cuando asegura que no bajará las pensiones, el personal corre a poner velas a Jesús de Medinaceli a la vista del historial de incumplimientos y eufemismos mentirosos que se gasta el pollo.
En Cataluña, los nacionalistas han encontrado la alfombra perfecta bajo la cual esconder los recortes, las políticas de desmantelamiento del estado de bienestar, la corrupción... Aseguran que la independencia beneficiará a Cataluña, aunque no explican como se repartirán los beneficios y si estos seguirán engordando los bolsillos de los de siempre.
En Madrid (mira que me jode que se identifique mi pueblo natal con el centralismo, el cerrilismo, la burrocracia, el nacionalismo español...¿¡qué culpa tendrá Madrid!?) también se ha abierto la veda del facherío patriota que responde a las tonterías ajenas con "dos huevos duros" más.  
Parece que se ha iniciado el concurso "a ver quien dice la tontería más gorda" y se multiplican los candidatos.
En fin, que cada vez es más irrespirable el clima nacional, ya de por si espesito, tanto que estoy pensando pedir asilo politico en Bhután, ese pequeño país del Himalaya que mide su desarrollo de acuerdo con el nivel de Felicidad Interior Bruta alcanzado para sus ciudadanos y ciudadanas, donde el rey renunció voluntariamente a su poder absoluto para impulsar la democracia.
Lo único que me preocupa es el mal de altura y el frio de aquellas montañas, pero creo que, a pesar de ello, merecerá la pena hacerse con una buena colección de bufandas y aprender bhutanés.
¡Viva Bhután!

sábado, 13 de octubre de 2012

Elogio del Hombre Orquesta

Cuando era niño pasé un verano en la casa que mis tíos alquilaban en una aldea del municipio de Marín, cerca de la playa de Mogor.
Por las mañanas, mi tío Manolo nos llevaba en su Dauphine a Pontevedra, junto a mis primos, Rafaél, Cristina, Manolito y Clara, y nos repartía en las academias donde recuperábamos los suspensos obtenidos en el curso.
Luego, a la hora de comer, volvíamos a Mogor y la tía Pachi nos esperaba con la comida en un merendero de la playa.
Y allí, medio asilvestrados, pasábamos la tarde jugando, explorando las rocas y los campos de maiz que rodeaban la playa, hasta que los pescadores llegaban con sus barcas al atardecer, y les ayudábamos a arrastrar a la orilla las redes cargadas de peces, antes de volver a casa.
Fué un verano fantástico, lleno de experiencias nuevas y mágicas para un niño de Madrid.
En aquella playa conocí a personajes maravillosos. A Isaura, la hija del patrón del merendero, que quería ser cantante y entonaba, con voz engolada: "Sapore di sale, sapore di mare, me sabes amarago, a cosa peredida..."
Por aquél merendero paraba a menudo Xan Balán, que años más tarde salió mucho por la tele y se hizo famoso como hombre orquesta, con una puerta y el nombre de John Balan (porque era un visionario que quería ser americano).
Xan se arrimaba de espaldas al mostrador del merendero y con su boca imitaba todos los instrumentos de viento, trompetas y saxofones, mientras que, repiqueteando con los nudillos y los pies, se ocupaba de la percusión. Y, así, interpretaba pasodobles y otras coplas, para regocijo de quienes le escuchábamos con la boca abierta.
Me he acordado de aquél  primer hombre orquesta que conocí, porque estos días he nombrado (o sea, puesto nombre) como "Hombre Orquesta Sinfónico" a mi amigo Asier Gallástegui, que lo mismo hace de "coach", que de "community manager", que se monta unas "constelaciones organizacionales", que filma y edita videos, que hace de consultor artesano... Y, además, todo lo hace bien.
Asierchu es un sobresaliente representante de ese gremio de gentes que nos movemos de aquí para allá trabajando con distintos grupos, dinamizando formación presencial y virtual, exponiendo presentaciones y ponencias, elaborando materiales y herramientas... en fin, que lo mismo hacemos un zurcido que un bordado.
No será fácil, como apunta el propio Asier, explicar lo que somos y lo que hacemos, pero -con toda humildad- creo que el mundo sería un poquito más triste si no hubiera gente dispuesta a acompañar -como haga falta, con los recursos que haya, poniendo toda la creatividad en juego- la música del cambio social.
¡Larga vida a los hombres y mujeres orquesta!

viernes, 28 de septiembre de 2012

Para cambiar las cosas...


La incapacidad, la inoperancia de quienes nos gobiernan alcanza las cotas más altas. Pareciera que vivieran en otra galaxia.
Y la impunidad de los especuladores y los banqueros que provocaron la crisis es total.
Mientras, el desempleo, la emigración y la pobreza aumentan.
Cada día perdemos más derechos sociales, laborales, ciudadanos.
Y la indignación y la desesperanza de la gente crecen y crecen.
Así que no es raro que salgamos a la calle.
Lo extraño es que todavía no hayamos prendido fuego a los bancos y hayamos arrasado las oficinas gubernamentales.
Pero la indignación no debe nublar nuestra inteligencia.
Si lo que queremos -de verdad- es cambiar las cosas, es preciso que tengamos en cuenta algunas cuestiones elementales:
  • La diversidad es necesaria, imprescindible. Es fantástico que surjan mil iniciativas, cientos de grupos, decenas de plataformas... pero si cada cual va a su bola, nos sale más a cuenta quedarnos en casa. Diversidad si, fragmentación no. No es posible que a cada persona o grupo que se le ocurra una idea, por buena que ésta sea, convoque una movilización universal y pretenda que todo el mundo deje lo que esté haciendo para llevar adelante SU idea. El protagonismo no tiene cabida en esta coyuntura. Quienes no sean capaces de sumar y sumarse a las iniciativas comunes, de trabajar con los demás, de encontrar el mínimo comun multiplicador con el resto de la gente que quiere cambiar las cosas, están de sobra. Que les den.
  • La constancia es necesaria, imprescindible. No bastará con una sola movilización, con salir a la calle un día. Habrá que insistir e insistir. Pero la acumulación de convocatorias es contraproducente, quema al personal. No se puede acudir a una asamblea general los lunes, manifestarse por los servicios públicos los martes, concentrarse los miércoles para rodear los parlamentos y delegaciones del gobierno, ocupar las oficinas bancarias los jueves, montar cadenas humanas en los barrios los viernes, marchar hacia Madrid los sábados, y el domingo hacer un apagón y una cacerolada desde nuestras casas. No hay dios que lo resista. Ese ritmo de movilizaciones implica que solo unas pocas, muy pocas personas, siempre las mismas, puedan participar en ellas, y el objetivo debe ser movilizar a la mayoría social. Como dice el lema tan repetido "no tenemos prisa, vamos muy lejos". 
  • La profundidad del cambio que perseguimos es necesaria, imprescindible. No pretendemos hacer apaños cosméticos, superficiales, necesitamos cambiar el sistema (como dice el lema: "no somos antisistema, el sistema es antipersonas"). Pero si lo queremos TODO y YA, de golpe, estamos aviados (como decía Saul Alinsky, eso "significa creer en la revelación más que en la revolución") . Contra aquello tan poético de Mayo del 68, no es realista pedir lo imposible, y excluye a una mayoría de gente que no se va a movilizar precisamente porque lo ve imposible y, por lo mismo, inútil. No vale reivindicar que se vayan todos los políticos, se encarcele a todos los banqueros, se derogue la constitución y abdique el rey. Suponiendo que estemos de acuerdo con esos objetivos finales...¿por donde empezamos? Nuestras movilizaciones tienen que tener objetivos concretos, claros, comprensibles y asumibles para una mayoría de la ciudadanía.
  •  Es necesario, imprescindible, que las formas de acción sean adecuadas. Queremos movilizar a la mayoría de la población, hemos de conseguirlo si pretendemos que se produzcan cambios efectivos y profundos. Y eso significa que hemos de utilizar formas de acción y movilización que incluyan a la mayoría. Los excesos de banderas y los protagonismos sectarios auyentan a la gente. La violencia no puede tener cabida en las movilizaciones, pero tampoco la agresión verbal, el insulto. Quienes gritan "¡PSOE PP, la misma mierda es!", están excluyendo a millones de personas. Quienes gritan "¡Policia asesina!" están estimulando y sirviendo de pretexto a su intervención violenta. Hemos de utilizar la creatividad y la imaginación colectiva para inventar y desarrollar nuevas formas de reivindicación y protesta que sean eficaces y también sean satisfactorias para quienes las utilicen, para una mayoría de la población.
Se que muchas de estas cuestiones son polémicas o, cuando menos, discutibles. Pero, si lo que pretendemos no es solamente un desahogo, darle cuerda a la indignación, expresar nuestro cabreo, si verdaderamente queremos provocar un cambio profundo, un cambio de sistema, no nos queda otra que empezar por cambiar los viejos métodos de lucha.
Hace algunos días, antes de acudir a una manifestación, compartía en las redes sociales la siguiente reflexión: "Hay cosas del 25S que no veo claras, pero prefiero equivocarme con la gente en la calle que acertar solo en mi casa". Sigo pensando lo mismo y, aunque sea lleno de confusión, seguiré estando en la calle.

viernes, 21 de septiembre de 2012

El perro de Ricky y los ciberborregos

El perro esperando la aparición de Ricky
¿Recordáis -hace ya algunos años- la historia de aquella fan de Ricky Martin captada "in fraganti" por la cámara oculta de un conocido programa de televisión, cuando se dejaba lamer el sexo -previamente untado con mermelada- por su perrito, mientras su ídolo se escondía en el armario para darle una sorpresa sorpresa?
La noticia corrió como la pólvora, en pocas horas, por todo el país. La gente aseguraba(mos) haberlo visto en directo, o conocer a alguien -un hermano, una prima, un amigo...- que lo había visto.
El caso es que no había ninguna fan, ni mermelada, ni perrito. Nunca había existido tal programa ni tal escena. Lo único cierto era que Ricky estaba dentro del armario, del que no saldría hasta varios años después.
En aquél pasado reciente, también recibíamos cartas -¡porque existía el correo postal!- con mensajes que debíamos fotocopiar y reenviar a otras diez personas antes de una semana, sin romper la cadena, so pena de acarrear cien años de desgracias o de no hacernos ricos, como acreditaban los casos verídicos descritos en la propia carta.
Ambos ejemplos son pruebas palpables de la infinita credulidad del género humano -al menos en su versión ibérica- y de lo sumamente fácil que es colar masivamente una mentira en esta sociedad nuestra, tan avanzada y tan moderna.
Y eso que todavía no habían llegado Internet y las redes sociales.
La Revolución Tecnológica ha traido consigo una multiplicación de las posibilidades de comunicación y, con ellas, un incremento exponencial de las mentiras, las falsas noticias, las cadenas de mensajes absurdos...
A veces -como cuando nos piden que "peguemos en el muro" algún mensaje insólito- la cosa no tiene mayor malicia y hasta nos hace reir. En otras ocasiones, sirve para la estafa, el abuso de las personas más incaútas o incluso la manipulación política.
Internet es, junto a sus múltiples y evidentes virtudes, un arma de desinformación masiva.
Entre los últimos "daños colaterales" de esa peligrosa arma, está la multiplicación -por correo electrónico y a través de las redes sociales- del falso dato de que en España hay 445.000 políticos que chupan sistemáticamente del bote. La mentira, surgida de medios ultraconservadores y ampliamente difundida por personas y colectivos progresistas e "indignados", sirve para reforzar la idea de que "todos los politicos son iguales" y fomentar la desafección ciudadana hacia la política y la propia democracia.
Del mismo modo, estos días circula por Internet un "artículo publicado en Alemania sobre la situación real de España", supuestamente ocultado por los medios españoles que, entre mentiras y medias verdades, sirve de camuflado vehículo al pensamiento de conocidos personajes y sectores de la ultraderecha de nuestro país.
En esta segunda década del siglo XXI, las mentiras virales se multiplican con el apoyo masivo del personal, incluyendo a quienes nos declaramos más críticos.   
Creo que, hoy más que nunca, es preciso ejercer el pensamiento crítico, personal e intrasferible. 
No valen todos los mensajes, ni todos los discursos, ni todos los datos, ni cualquier rumor que se multiplica en las redes sociales.
A pesar de Joseph (Goebels) y de Mariano, una mentira repetida mil veces no se convierte por ello en una verdad.
Como dice la sabiduría popular: "el que millones de moscas coman mierda no significa que debamos seguir su ejemplo".
Antes de copiar y compartir, antes de "pegar en tu muro", es imprescindible leer atentamente y pensar.  Críticamente. 
No nos creamos todo lo que nos dicen. No seamos ciberborregos.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Latorrijaentoloalto

Una cabeza amueblada como almoneda
Lo de la torrija en to lo alto no es nada excepcional, es más bien la norma de la casa.
Digo yo que debe tener que ver con la edad provecta que uno va cumpliendo, aunque -bien mirao- la confusión y el lío mental me han acompañado en todas las edades de la vida.
Es curioso, porque la gente me cree -o eso creo yo- una persona de ideas claras, con la cabeza bien amueblada, pero nanay de la china.
En mi cabeza se amontonan y mezclan las estanterías Strönholm de Ikea, con las mesas de formica y los sillones rococó, como en una almoneda del Rastro.
El caso es que, en estos tiempos que vivimos, al analizar los acontecimientos que se suceden, cada vez me cuesta más llegar a conclusiones precisas, formarme opiniones claras.
Siempre encuentro peros, siempre sospecho que hay alguna faceta de la realidad que se me escapa, que queda oculta, siempre acabo pensando algo y lo contrario.
Uno de los ejemplos más recientes es el de la Diada y la masiva manifestación independentista que se celebró el martes pasado en Barcelona. Por un lado, admiro y comparto el interés -y la necesidad- de preservar y reforzar la identidad y la cultura catalana, en beneficio de todos y todas, no solo de quienes nacieron o viven en Catalunya, sino de toda la humanidad que no puede permitirse merma alguna de su diversidad. No se si la mejor manera de lograrlo es la independencia, pero si así lo quiere una mayoría, por mi parte -desde el respeto- que así sea.
Por otro lado, siempre he pensado que los nacionalismos -empezando por el nacionalismo español- son de derechas, xenófobos y excluyentes. Y ya he confesado antes aquí que no soy patriota.
Mis opiniones y sentimientos son encontrados, y me pregunto por qué, precisamente ahora, en medio de esta crisis que golpea a los más débiles, se levantan tantas banderas de secesión. ¿A quien beneficia?
Me pregunto por qué se señala con el dedo -mirando al Sur- a las otras regiones y pueblos de España como causa de los problemas, de los recortes y las escaseces, en vez de señalar a una clase social, a quienes acumulan el capital y el poder en la propia casa. ¿Quién puede tener interés en desviar la atención? 
Siempre he creido que el dinero, el capitalismo, no tiene otra patria, dios o rey que el afán de lucro, y que cuando los poderosos agitan los instintos nacionalistas de las masas no es para repartir el poder sino para reforzar el suyo.
En fin, hay muchos más ejemplos, que ya comentaré otro día, de esta sensación creciente de que las cosas -respecto a la izquierda, o la religión, o los movimientos sociales, etc., etc.- no son tal y como parecen, o tal y como quieren que parezca que son.
Pero, ya digo, lo más probable es que estas sensaciones contradictorias sean consecuencia de la torrija que llevo en to lo alto, señal de que ya vamos chocheando. 

viernes, 7 de septiembre de 2012

¿Síndrome?... el de Estocolmo

Acción de desobediencia civil del CIRCA
La nuestra es también, entre otras categorías que la definen, la "Sociedad del Síndrome": hemos desarrollado síndromes y patologías para todos los gustos y situaciones.
Un clásico de esta época del año es el "síndrome postvacacional", o sea, el encabronamiento que implica el regreso a la rutina de la vida cotidiana tras disfrutar de unas semanas de vacaciones.
Claro que es un síndrome reservado a quienes tenemos un trabajo al que regresar, en todo caso mucho mejor que el "sindrome de la invisibilidad" que afecta a las personas desempleadas que, al quedarse al margen del engranaje productivo y no poder participar de los rituales del consumo, acaban por sentirse invisibles en esta sociedad nuestra.
Aunque, quienes -todavía- conservamos un empleo, cada vez más precario, debemos prevenirnos ante el "síndrome del trabajador consumido", que incluye fatiga crónica, como consecuencia del estrés laboral que puede acentuarse por la incertidumbre en el futuro próximo.
También, exprimidos por la crisis y teniendo en cuenta la subida del IVA que nos recibe en septiembre, con otra contracción del consumo privado, cabe la posibilidad de que nos afecte el "sindrome de abstinencia consumista" propio de quienes hemos tenido que pasar de la orgía del consumo desaforado a la adhesión inquebrantable a las marcas blancas, las ofertas del día y los espectáculos gratuitos.
Asi que no te agobies mucho si el tuyo va de "sindrome de diógenes". Con un pequeño cambio de orientación, la acumulación de basura puede llegar a convertirse en una virtud cívica. El reciclaje es el futuro. Estos son tiempos de no tirar nada, por lo que pueda venir.
Pero lo que si es seguro es que, como sociedad, nos afecta gravemente el "síndrome de estocolmo" que nos lleva a simpatizar con quienes nos condenan a una vida sin perspectivas.
El capitalismo nos ha convencido de que sus víctimas somos las primeras interesadas en garantizar su supervivencia, al coste -para nosotros y nosotras- que sea.
Y, encima, quienes nos secuestran -con una deuda que costará varias generaciones pagar- nos amenazan con "rescates" que no son sino nuevas formas de apretarnos la soga al cuello.
En fin, recordando aquello que decía Ghandi -"nadie esta obligado a cooperar en su propia pérdida o en su propia esclavitud. La desobediencia civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano"- podríamos convertir esa desobediencia civil en el síndrome colectivo de moda ¿No te parece?

viernes, 31 de agosto de 2012

Instrucciones para avistar estrellas fugaces

Como dice el maestro Liniers...
Las estrellas fugaces son raras de ver.
Esa es una de las razones por las que son tan apreciadas. Y también porque, cuando logramos verlas, nos conceden los deseos que les pedimos.
Hay estrellas fugaces grandes y pequeñas. Las pequeñas son especialmente fugaces, duran solo un instante, como un destello en la oscuridad de la noche. Las grandes, sin embargo, cruzan todo el cielo dejando tras de si una larga estela de luz.
Para poder avistarlas es conveniente tener en cuenta algunas sencillas instrucciones:
Primero.
Es necesario que sea de noche. Y no basta con ello, ha de ser una noche despejada, sin nubes en el cielo. Y mejor todavía si es una noche sin luna.
Segundo.
Las estrellas fugaces (no me preguntes por qué) no se ven en cualquier época del año. El verano es la estación más propicia, especialmente hacia mediados del mes de agosto, en torno al día de San Lorenzo.
Tercero.
El lugar más apropiado para verlas es cualquiera que esté alejado de la luz de las ciudades y las casas donde viven las personas. El campo abierto, una pradera de montaña, el claro en el bosque, una playa desierta...
Cuarto.
Lo mejor es estar tumbados, en el suelo, en una manta, en una tumbona o hamaca, de manera que nuestros ojos apunten naturalmente al cielo. De otra forma, si forzamos la posición de la cabeza, nuestras cervicales se resintirán al poco tiempo y aquello dejará de ser placentero.
Quinto.
Es imprescindible la paciencia. En este asunto, de nada valen las prisas. Las estrellas fugaces no siguen horarios precisos ni frecuencias determinadas, son caprichosas e imprevisibles. Surgen en el cielo cuando menos las esperas.
Sexto.
El silencio, disfrutando de los sonidos de la noche, es recomendable, aunque también puede escucharse una música inspiradora que abra nuestros sentidos y nuestro corazón. No conviene, aunque estemos en compañia de un amor o de un amigo (lo cual intensificará nuestro bienestar) entregarse a la conversación, pues ésta distraerá nuestra atención.
Séptimo.
Efectivamente, es necesario mantener la mirada atenta al cielo. Abierta, no centrada en ningún punto concreto, ejercitando nuestra visión periférica. Las estrellas fugaces aparecen por cualquier lugar del cielo, donde menos te lo piensas, en cualquier momento.
Octavo.
Y, aunque las esperemos, aunque hayamos ido allí, en aquél momento, precisamente para verlas, debemos disponernos por completo a la sorpresa. Porque las estrellas fugaces llegan siempre acompañadas de la sorpresa.
Noveno.
Así mismo, debemos tener preparados nuestros deseos (varios, por si avistáramos muchas estrellas) porque éstos deben ser formulados, en silencio, con una voz interior, íntima, en el mismo momento que descubrimos la estrella.
Décimo.
Si, después de seguir estas instrucciones, no consigues ver ninguna estrella fugaz (recuerda que son raras, escasas) no te lamentes. Si lo consideras un solo instante, te darás cuenta de que has estado dejando vagar tu mirada por la noche, y ahora son millones de estrellas -aunque no sean fugaces- las que puedes ver en el cielo, llenando tus ojos, confundiéndote con el universo, llenándote de paz.

lunes, 30 de julio de 2012

Modo Olimpico

Tengo que reconocer que las olimpiadas me ponen.
Lo mismo me trago la halterofilia femenina que el tiro con arco o el hokey sobre hierba, y me dan las tantas zapineando para no perderme nada.
No es una pasión patriótica ("¡Yo soy españó, españó, españó!"), pues en la mayoría de los deportes no pintamos un comino, sino otra emoción tal vez más perversa.
Debe ser una especie de fijación infantil, porque todavia recuerdo mis primeras olimpiadas televisadas, las de Roma en 1960, con toda mi familia -primas y primos incluidos- frente al televisor que acabábamos de estrenar, pendientes de la mítica marathón que ganó Abebe Bikila corriendo descalzo.
Aquella primera experiencia convirtió la cita olímpica en una tradición familiar -al mismo nivel que la retransmisión del Concierto de Año Nuevo en Viena y sus valses de Strauss- algo que no podíamos perdernos cada cuatro años y que nos reunía durante horas ante la tele, viviendo intensamente competiciones de deportes a los que no les volveríamos a prestar la más mínima atención durante los cuatro años siguientes: el salto de trampolín, la esgrima, el lanzamiento de disco, el piragüismo, el bandmintón o la gimnasia acrobática (entre otros).
Así pasaron Tokio, México, Munich y otras muchas ciudades, hasta Barcelona 92, que era como si te trajeran el circo a la puerta de casa. Aquél año hicimos acopio de víveres, acampamos frente a la tele y allí hacíamos toda nuestra vida familiar, salvo las pausas obligadas para ir al baño.
La pasión olímpica no alcanza, sin embargo, a los Juegos de Invierno, que -quizás por falta de tradición familiar- pasan desapercibidos en el calendario familiar sin que les echemos cuenta. ¿Vas a comparar?
Este año, en Londres 2012, la Revolución Tecnológica ha incorporado una gran innovación, y por primera vez presencié la ceremonia inaugural conectado por Twitter con un montón de amigos, comentando los distintos momentos del británico espectáculo, la cara de siesa de la reina de Inglaterra, el interminable desfile de las delegaciones con sus modelitos a cual más hortera (aunque una de las medallas, sin duda, fuera para la delegación española con sus colores patrióticos, sus corbatas damasquinadas y los claveles en el pelo de las chicas) y, como colofón, el misterio del encendido del pebetero.
No quiero imaginar como será la cosa cuando llegue Rio 2016 y llenen el estadio olimpico 10.000 garotas de Ipanema sambando al ritmo de los tambores, mientras flashean las 100.000 cámaras digitales del público.
La tecnología aporta algo así como una especie de "globalización" al rito familiar, elevádolo a la categoría de "cibercotilleo".
 En fin, no tengo mucho apuro en compartir estas perversiones domésticas con mis amigos y amigas lectores, pues al parecer esta pasión olímpica mía, es compartida con otros muchos "deportistas de sillón" tal y como retratan los geniales chistes de Forges, que, ante la prevista escasez de medallas patrias se lamenta hoy mismo con esta otra perla olímpica.
  

martes, 24 de julio de 2012

Espe No Odas (Anti-Oda)

Mamandurria
zurraspa mangancia
modorra cazurra
zurulla pedorra
bambarria bandurria
zorruna mandona
pezuña cabruna 
ceporra mamona
bandarra capulla
canalla mangona
cagueta repugna
casposa cenutria 
rechufla perruna
vomita pestucia
chulona boluda
farfulla chanchulla
mafiosa choriza
japuta chotuna
cateta chamulla
cagarro rebulla
rechoncha pazpuerca
tontaina paturra

Paradigma de la doblez y la mentira, Ella no se calla. 
Es una provocadora que ha hecho de la chulería un estilo político. 
Una virtuosa de la manipulación y la mamandurria.

viernes, 20 de julio de 2012

En la mani

Miles de personas, en la Avenida de Cádiz, protestando contra los recortes.
He participado en muchas manifestaciones. Ventajas o inconvenientes de peinar canas.
Para pedir el fin de la dictadura, para reclamar la amnistía, por el 1º de Mayo, para defender la salida de la OTAN, para protestar contra la guerra (la que tocara en cada momento), contra la ley de extranjería, para reclamar una vivienda digna, por una democracia real...
No sigo porque se me acaba el papel y no terminaría la lista.
El caso, ya digo, es que me ha tocado salir a la calle muchas veces a levantar la voz con otras gentes.
Y, desde que tengo memoria, he escuchado siempre esa vieja cantinela -que propagan quienes no quieren molestarse o quienes temen a la ciudadanía en las calles- de que "las manifestaciones no sirven para nada". Claro, sera por eso que les gustan tanto a quienes gobiernan.
Una manifestación -sobre todo si es multitudinaria, como las del 19J en toda España- es algo muy especial.
Sirve, de eso hay pocas dudas, para ir transformando conciencias y sumando voluntades, para construir mayorías que -antes o después- producen cambios sociales o políticos.
Pero, además, es una experiencia personal y colectiva de alta intensidad emocional, que nos conmueve, nos excita, nos exalta, nos hace sentir parte de algo grande, de una colectividad poderosa, del "pueblo unido" que "jamás será vencido".
Los gritos y consignas de las manifestaciones son todo un género literario, como ese clásico "pueblo unido" -nunca ha de faltar en una manifestación que se precie- que empezamos a escuchar en el Chile de Allende y se ha universalizado y traducido a mil idiomas, convirtiéndose en patrimonio de toda la humanidad.
Las mejores consignas han de rimar, en ingeniosos pareados que puedan corearse fácilmente, transmitiendo un mensaje claro. Algunos de los últimos hallazgos son el acertado "¡A ti que estás mirando, también te están robando!", el adecuado "¡El próximo parado que sea un diputado!", o el tan gaditano: "¡Que el viento de Levante se lleve a los mangantes!".
Luego, las manifestaciones son entidades vivas y cambiantes. Si te mueves por ellas, de un grupo a otro, descubres distintas emociones y formas de expresión: los bloques compactos que corean disciplinados las consignas, los grupos bullangueros que se acompañan de batucadas y charangas convirtiendo la protesta en una fiesta gozosa, las zonas familiares donde abundan los carritos infantiles y se reparten meriendas, los grupos alternativos que queman  hierbas olorosas y liban de litronas solidarias, los bosques de banderas partidarias y las pancartas oficiales junto a las pancartas caseras, personales e intransferibles, repletas de ingenuo ingenio...
Ayer, una de estas pancartas artesanales deseaba una anticipada "Feliz Navidad a Donald Trump", que traduciremos como "solo habrá Navidad para los millonarios", en línea con la constante alusión a los Reyes Magos, a los que se  vaticinaba un futuro de parados.
En una manifestación de esas que los periódicos llaman "históricas" se reunen y combinan militantes de toda la vida y jovencitos primerizos, perroflautas y yayoflautas, señoras de domingo del brazo de su esposo y parejitas de enamorados que marchan de la mano, grupos familiares y solitarios de paso...
Cuanto más se parecen a la calle, a la mezcla de gente que puebla la vida cotidiana, más auténticas son las manifestaciones.

domingo, 15 de julio de 2012

Armas de cachondeo masivo

Quiero agradecerle a la diputada Andrea Fabra su sinceridad (o, tal vez, debiera decir: su "franqueza").
En esta edad de oro del eufemismo, cuando quienes gobiernan nos dan cada día gato por liebre, ella ha tenido el coraje de decir -sin pelos en la lengua- exactamente lo que piensa (ella y, probablemente, la mayoría de la mayoría).
Pero, además, sin querer, ha logrado resumir en tres palabras la que me parece una eficaz estrategia de contestación ciudadana: la estrategia "¡Que se jodan!" (ellos y ellas, o sea: quienes pretenden que nos jodamos los demás).
Hace algunas semanas ya proponía una primera medida en esa línea: hacer desaparecer, por arte de mágia, a quienes nos imponen sacrificios entre aplausos.
Pero, por mucho que intentemos hacerlos invisibles, sus decisiones consiguen amargarnos la vida, y cada día somos más y más las personas que vivimos con angustia, deprimidas, desanimadas... por culpa de una crisis en la que no tenemos culpa alguna pero que nos quieren hacer pagar a toda costa.
No podemos hacer como si nada, limitarnos a ignorarlos, aunque no sea realista pedirle a la gente que salga todos los días a la calle a protestar o a ser aporreada por la policía.
El resultado es el agotamiento, la quemadura, más desilusión y más desánimo.
Asi que me pregunto cómo hacer para combinar la imprescindible contestación ciudadana con la diversión y el disfrute del personal.
Y se me ocurre que, junto a la invisibilidad, otra medida de la estrategia "¡Que se jodan!" sería la que podríamos llamar "Vergüenza para Sin-vergüenzas" que tendría por objetivo hacer chufla de quienes consideran que "no han de tener vergüenza" por una gestión política que consiste -básicamente- en el incumplimiento sistemático de todas sus promesas electorales.
La cosa consistiría en utilizar todos los medios posibles (las redes sociales, twitter, foros de opinión en los medios digitales, llamadas a la radio, cartas al director en los periódicos...), y en vivo y en directo, cuando ello sea posible, para tomarse a pitorreo las medidas, incumplimientos y abusos del gobierno.
Por ejemplo, lejos de pedir la dimisión de Andrea Fabra, solicitar que sea nombrada "Hija Predilecta de Castellon" por su sensibilidad y elegancia política, o proponer que a su padre le sea concedido por decreto ley el premio gordo de la lotería a perpetuidad.
En vez de abuchear a la Sra de Cospedal (o a cualquier otro procer de la patria) cuando acuda a un acto público, recibirla con una lluvia de risas mientras el personal se retuerce por los suelos, acudir a sus mítines para romper a aplaudir y gritar "¡Tu si que vales!" en los momentos menos adecuados del discurso. O convocar procesiones rogatorias -invitando al señor obispo a presidirlas- con pancartas que pidan un milagro a la Virgen del Rocío para acabar con el desempleo.
En fin: utilizar el humor y el ridículo como arma de cachondeo masivo.
¿Qué os parece?
¿Se os ocurren otras iniciativas posibles en esta línea? 

sábado, 7 de julio de 2012

La noche que murió la abuela

La noche que murió la abuela me despertaron los llantos en el pasillo.
Poco después, mamá entró en mi habitación, encendió la luz de la mesilla, se sentó al borde de la cama y, acariciándome el pelo, me dijo: "Miguel, hijo, la abuela se ha muerto".
Mi primera reacción fué de estupor, de desconcierto, pero el rostro desencajado de mamá, su voz quebrada, sus ojos enrojecidos me estremecieron y me eché a llorar.
Ella me abrazó, consolándome, mientras me decía al oido que la abuela estaba ahora en el cielo, con los angelitos, y que cada vez que yo rezara me escucharía desde allí.
Cuando ya me había calmado un poco, me dijo: "ven a darle un beso", me ayudó a ponerme la bata y las zapatillas, y peinó mi pelo revuelto con sus dedos.
La casa estaba llena de gente. La tía Concha y la tía Amparo lloraban abrazadas en la salita, mientras los tíos fumaban silenciosos al fondo del pasillo. Sentados en el comedor había varios parientes viejos que yo apenas conocía.
Todos me abrazaban y besaban, entre lágrimas y lamentos: "pobrecito, que ha perdido a su abuelita".
Papá despedía junto a la puerta a don Rafaél, el médico de la familia, que no había podido hacer otra cosa que certificar aquella muerte inesperada.
Yo me agarraba con fuerza a la mano de mamá, recorriendo el largo pasillo, como si entrara en un mundo desconocido, sin saber qué me esperaba tras la puerta del cuarto de los abuelos.
Todo estaba allí en penumbra, iluminado tan solo por las velas que se repartían por las mesillas y la cómoda.
En un rincón, un cura, vestido con roquete y estola, hablaba susurrando con el abuelo cabizbajo y abatido.
Dos mujeres mayores vestidas de negro, no recuerdo ahora quienes eran, rezaban en voz alta y monótona el rosario, sentadas junto al balcón.
Y tendida en la cama, envuelta en una sábana que solo dejaba ver su rostro, como las momias del libro de historia, estaba la abuela muerta.
Mamá me empujaba hacia ella, mientras repetía: "dale un besito, hijo".
Pero yo sentía mucho miedo y no quería soltar su mano.
"No tengas miedo, está como dormida. Despídete de ella."
Haciendo acopio de valor, empujado a lo inevitable, me arrimé despacio a la cama y acerque los labios a su rostro blanco y afilado.
La piel estaba fría, como una piedra helada.
Hubiera querido salir corriendo de allí, alejarme deprisa de aquél cuerpo sin vida, que ya no era la abuela.
La escena de la muerte de mi abuela, cuando yo tenía 9 años, me ha acompañado toda la vida. Fué la primera vez que me encontré cara a cara con la muerte. Este relato, literario, evoca los sentimientos y emociones de aquella noche.

viernes, 29 de junio de 2012

Cuando la política es de risa...

Beppe Grillo
Llevo algunas semanas proponiendo aquí la risa, la ironía y el sarcasmo como respuesta a las palabras y las acciones de nuestros políticos: reir por no llorar.
Nuestros políticos nos toman por tontos y tontas, mienten sin escrúpulos, dicen lo opuesto a lo que antes dijeron, dicen lo contrario de lo que después hacen, utilizan un amplio catálogo de eufemismos para decir "tomate" cuando es "rescate", para no llamar a las cosas por su nombre, como si no nos fuéramos a enterar, como si fuéramos gilipollas.
No, nuestra clase política no está a la altura de las circunstancias, y no hablo solo de España ni solo del gobierno, hablo también de la oposición, del conjunto de nuestros dirigentes políticos y sociales, en Europa y en el mundo, que parecen no tener ni idea de qué hacer frente a la crisis que no sea preservar los intereses de las minorías privilegiadas mientras se empobrece la mayoría de la población.
A la mediocridad de nuestros políticos respondemos la ciudadanía con una progresiva desafección hacia la política y hacia la democracia.
Y, en medio de la oscuridad del lenguaje político, del fracaso y el ridículo de los profesionales de la política, emergen, como tablas a las que agarrarse, los cómicos que se rebelan, los bufones que le salen respondones al emperador desnudo.
Cabe mencionar aquí al genial Leo Bassi, que en los últimos años ha venido siendo un agitador de conciencias frente a las posiciones más reaccionarias.
Hace un par de años ya nos conmovió el triunfo del "Partido Mejor", liderado por el cómico islandés Jón Gnarr, que ganó las elecciones al ayuntamiento de Reikiavik
Más reciente aún es el caso de Beppe Grillo y su movimiento "Cinco Estrellas", que fué la sorpresa de las últimas elecciones municipales italianas.
Y en los EEUU ha tenido una gran repercusión el cómico Stephen Colbert y sus iniciativas poniendo en evidencia el sistema electoral americano.
Y todo esto viene a cuento de la última del Gran Wyoming, que ya nos tenía acostumbrados a sus reflexiones sociales y políticas, pero que se ha soltado la melena en un discurso en el que se ha despachado con el gobierno Rajoy y que está teniendo una gran proyección en las redes sociales.
Creo que, todos ellos, son ejemplos de cómo, cuando la política es de risa, los cómicos se convierten en referente de la política.
Pero el asunto, por divertido que pueda resultar, es peligroso.
Y aunque sea transgresor y refrescante, no es un buen síntoma que sean los cómicos quienes hayan de construir el discurso político, profundizando inevitablemente en el descrédito de la política.
La historia nos recuerda que los escenarios de crisis económica y pérdida de confianza ciudadana en la democracia son el caldo de cultivo propicio para que surjan los populismos y los fascismos.
Algo de eso debe tener que ver con el fuerte crecimiento electoral de la extrema derecha en Grecia, en Francia, en toda Europa.
Así que, por la cuenta que nos tiene, es necesario y urgente dignificar el ejercicio de la política.
Tal vez, la mejor receta para ello sea no dejarla en manos de los políticos. Okuparla.
Que sean los comicos si, pero también los profesores y las estudiantes, y los fontaneros y las comerciantes, y los albañiles y las arquitectas, y los amos de casa y las pequeñas empresarias, y los parados y las jubiladas, y etcétera, etcétera, quienes hagamos la política. Refundando las organizaciones políticas y reinventando las formas de hacer política.
¿No te parece?

viernes, 22 de junio de 2012

Popurrí

La famosa prima de Riesgo
Las chirigotas gaditanas guardan siempre, para el final de su repertorio carnavalero, una pieza formada por fragmentos encadenados con músicas y temas diversos, para provocar la risa del personal.
Esto es "lo que se me apetece" hoy -que diría también un gaditano- a la vista de tantos asuntos cómicos, por no decir esperpénticos, que encontramos en la actualidad nacional.
De mucha risa (por no decir de vergüenza) es el recurrente tema Mariano, que acaba de fichar como presidente por las Islas Solomon, para poder viajar por el mundo diciendo memeces, lugares comunes, sobre que España va a salir de ésta porque somos un país estupendo y él sabe lo que hay que hacer, para hacerse caquita al día siguiente y salir corriendo por la puerta de atrás a poco que la prima de riesgo se suba por las ramas.
Y de risa es el tema Carlos Divar, señor "de misa diaria", que dimite como presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, con la "conciencia tranquila" después de haberle endosado al presupuesto público un buen puñao de "fines de semana caribeños" -de cuatro días de duración- en hoteles de lujo de Marbella acompañado, al parecer, por su jefe de escoltas.
De risa es el esfuerzo patético del rey Juan Carlos, multiplicando los actos públicos para mejorar su imagen, tras el penoso asunto de los elefantes en Botswana (acompañado, al parecer, por su amante), huyendo precipitadamente a darle el pésame al rey de Arabia Saudíta por la muerte de su hermano (¡) para evitar fotografiarse con el antedicho Divar y acumular todavía más "mufa", que dicen los argentinos.
Para risa la que producen muchos obispos españoles, encabezados por monseñor Rouco Varela, con sus declaraciones homófobas, justificando la pederastia ("porque los niños provocan") o amenanzando con la excomunión a quienes voten a favor del aborto, mientras tragan tela con el desempleo, el empobrecimiento y el desahucio de millones de personas, que atribuyen a una "crisis moral" y no al afán de lucro y la avidez especulativa del capitalismo.
En fin, que la realidad nacional nos ofrece cada día muchos temas de risa que dan para muchos popurrís chirigoteros, aunque los mejores son aquellos que nos hacen reir, pero también nos hacen pensar. Por eso,
para concluir este popurrí, después de tantas risas, un poquito de dignidad: la de la lucha de los mineros y sus mujeres peleando contra los recortes que condenan a la miseria a la comarcas mineras de nuestro páis.