lunes, 6 de febrero de 2012

Para que nada cambie

Tengo muchos amigos y amigas que militan honestamente en el PSOE. Vaya por delante mi admiración y mi respeto. Y, después, vayan también mis condolencias.
Tras las severas y sucesivas derrotas electorales, soñaban con una catarsis, con una refundación del partido desde sus cimientos, desde sus bases, que le sacara de los vicios adquiridos, de las viejas rutinas, de la acomodación y los excesos burocráticos.
Y eso no solo porque aspiran a volver a ganar elecciones, sino -sobre todo- porque en un momento de transformación social tan profundo como el que vivimos, en medio de una crisis del sistema, de un cambio de época, creen que su partido es necesario para dar respuesta a los importantes desafíos que enfrenta nuestra sociedad y la humanidad toda.
Desde esa convicción idealista, pensaban que el PSOE debía abrirse sin reservas a la participación de militantes y simpatizantes, arriesgarse a la autocritica, apostar por la reflexión colectiva y el debate, por la inteligencia colectiva, atreverse al pensamiento nuevo, a la innovación, a la experimentación de nuevas formas de acción y organización, dejar paso a las gentes más jóvenes...
No parece que ese haya sido el resultado del 38 Congreso del PSOE, al menos a juzgar por las fotos.
Las caras son las mismas, las mismas personas, los mismos discursos.
No tengo nada contra Rubalcaba -es más, me cae simpático, tal vez por afinidad generacional- pero él y la mayoría de las personas que le acompañan en el "nuevo" liderazgo del PSOE son las mismas que han venido gestionando ese partido en los últimos años y las mismas que han liderado la derrota en las urnas.
Y, al menos por el momento, no hemos podido escuchar una sola idea nueva sobre el presente o sobre el futuro.
Se podría pensar que, en el cálculo de algunos dirigentes, la jugada consiste en esperar a que la profunda y prolongada crisis económica que padecemos acabe por pasarle factura a Rajoy y al PP, y que en cuatro años -o, como mucho, en ocho- el electorado, como una fruta madura, vuelva a caer en las manos del PSOE.
Y mientras tanto, "algo debe cambiar para que todo siga igual", como decía Don Fabrizio en Il Gattopardo.
 Me encantaría equivocarme, daría algo por tener que tragarme esta nota, por descubrir que -tras el congreso- se inaugura una nueva época de participación y renovación de las ideas, los discursos y las formas de acción y organización en el PSOE. Porque, desde fuera, yo también creo que necesitamos a ese partido y a sus gentes para transformar el mundo.
En un libro de reciente publicación, Raffaele Simone dice que la izquierda no ha sido capaz de elaborar respuestas a problemas tan graves como la inmigración, la crisis medioambiental, la globalización, la Revolución Tecnológica... que se ha alejado de la gente y de la calle.
Comparto el análisis y la preocupación ante el silencio y la crisis de una izquierda que se resiste a cambiar.

4 comentarios:

  1. con el mismo respeto y cariño (y más puntos de encuentro que discrepancias),

    http://plazachica.blogspot.com/2012/02/38-congreso.html

    un abrazo

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    1. Comparto el objetivo de participación en que insiste tu nota en Plaza Chica. Creo que, precisamente ahí, está una de las madres del cordero, en pasar del discurso a la práctica de la participación. Tu y yo hemos conocido -y participado en- iniciativas que tenían ese objetivo y que fueron cercenadas por los miedos y los tics autoritarios de quienes debían haberlas alentado.
      Los discursos ya no valen.
      Pero, desde el respeto y el cariño mutuo, estaré muy atento a los cambios que deben producirse -y ojalá se produzcan- en la práctica organizativa y en la práctica de la acción política del PSOE. Así lo deseo.

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  2. ¿Quiere usted decir que Carmen Chacón SI era una alternativa de renovación para el PSOE?

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    1. No, no quiero decir eso.
      No creo que sea una cuestión de personas -Rubalcaba o Chacón-, o, en todo caso, no creo que sea solo una cuestión de personas.
      Creo que es una cuestión de reflexión colectiva, de debate colectivo, de construcción colectiva, de participación, de un cambio radical en los modos de hacer política por parte de este -y de todos- los partidos políticos que se dicen de izquierdas.
      Creo que -cada vez más- la gente sospecha y huye de la política partidaria, desconfía de la democracia representativa y de la partitocracia. Por eso me preocupa que, lejos de ese cambio radical, se hagan pequeños cambios cosméticos para que todo siga igual.
      Y, repito, estoy deseando equivocarme y que este sea el comienzo de un cambio profundo en el PSOE. El tiempo lo dirá.

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