sábado, 10 de marzo de 2012

Disculpenme que no escriba hoy

Disculpenme que no escriba hoy.
Es que no estoy de buen ánimo. Las cosas no van bien, me duele la pierna, me llora el ojo izquierdo, y -sobre todo- no se me ocurre nada.
Tal vez pudiera decir algo sobre lo que está pasando en mi país o en el mundo, pero me repetiría. Siento que ya he vomitado aquí, demasiadas veces, toda mi rabia contra la sinrazón del tiempo que vivimos. Parece que no se va a acabar nunca, aunque a mi se me han agotado las palabras.
O, quizás, pudiera contarles de las pequeñas felicidades o de las tristezas de mi vida, de los logros y fracasos personales. Pero también me repetiría, y, además, todo se mezcla hoy en mi cabeza, todo es confusión y no acierto a distinguir unos de otros (me acuerdo de aquél profesor irlandés que nos descubrió aquello de que "la confusión es el estado natural del ser humano").
No es que crea que mi pequeña vida pueda tener algún interés para ustedes.Aunque si he observado que, cuando escribo de mi, de mis sentimientos íntimos, de mis cosas personales, a muchos de ustedes les mola. No me pregunten por qué, yo no puedo entenderlo.Puedo ser un poco vanidoso, pero no tonto, y se que mi vida es corriente y vulgar como muchas.
Será que todas las personas somos algo voyeristas, que nos gusta husmear en las vidas de las otras personas, comprobar que padecen los mismos dolores, las misma miserias que tu.
Pero no, hoy tampoco voy a escribir de mi.
A lo mejor, podría hablar -como en otras ocasiones- de la naturaleza, del mar cercano, de su belleza y su poder benéfico. Pero hoy el día ha salido gris y ventoso e invita a la nostalgia, a la melancolía (aunque la foto del mar es muy bella, ¿no?, y pareciera un cuadro acuático de Carmen Bustamante).
En fin, que tampoco voy a escribir del mar, ni de mi, ni del mundo, que hoy no quiero escribir de nada (aunque para decírselo a ustedes, haya empleado tantas palabras).
Ustedes me disculparán.

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