sábado, 12 de mayo de 2012

Maestro de ternuras


Tenías un secreto
y nunca lo supimos, o tal vez no quisimos
saberlo, de tan simple: Te regalabas todo,
a todos, cada instante. Dejabas en nosotros
tesoros que no vimos hasta notar su falta.
Y nos sentimos pobres ahora que te has ido.
Nos falta tu sonrisa, tus abrazos de oso,
tu forma de escucharnos. Sabemos que nos faltas
y nos sentimos pobres entre tanta riqueza:
Nos quedan tus poemas, tus partituras mudas
en el atril del piano, tu prosa reposada.
Nos queda todavía el tacto de tus manos,
el calor que nos diste, la amistad que mimabas
como flor delicada, jardinero de afectos.


del poema "21 de junio", de Jose Antonio Abella, dedicado a Jorge de Ortuzar.


El gordo Jorgito era un todo un personaje. 
Grande, tierno, amoroso, guapo, elegante como un gentelman inglés, sensual, expansivo, auténtico...
Se entregaba igual a la risa que al llanto: todo entero, sin reservas.
Era un tipo apasionado que amaba la literatura, la música, la pintura... y cualquier forma de belleza. Era un ser emocionado y emocionante que contagiaba su sensibilidad extrema.
Y, como dice el poema, se regalaba a los amigos con una generosidad sin límite.
Fué poeta y compositor, columnista, crítico, director de coros, profesor de piano y de expresión corporal, vendedor de libros y mil oficios más que exigía la supervivencia.
Hace ya más de treinta y cinco años, fue mi maestro de besos y de abrazos entregados, me enseñó a no temer las caricias y los gestos de amor entre amigos.
No es posible resumir todo lo que aprendí de él, lo que descubrí, lo que crecí con él... lo importante que fué, para mi sí, pero también para tantas y tantas personas que lo conocieron y lo amaron, y fueron amadas por él.
¡Cuantas horas de charla, de guitarras y canciones, de vinos, de ternuras...!
Hubiera cumplido 63 este año, pero hace 15 que se fue, un 21 de junio, ¡el Día de la Música!
Pocas semanas antes, como si lo intuyera, hizo un largo viaje visitando a sus amigos desperdigados por el mapa, y vino a Cádiz a conocer nuestra casa y a repartir abrazos.
Hace un par de noches vino a verme en sueños y nos fundimos en un largo abrazo de oso, como los que él prodigaba. Me desperté con una sonrisa que llenaba mi cara, consciente del privilegio de haber conocido al gordo y a otros amigos queridos que han sido mis maestros en lo mejor que soy.

(Con el recuerdo emocionado a Estela y a las chicas)   

8 comentarios:

  1. Me ha emocionado tu texto. No conocí a tu maestro de ternuras, pero me ha recordado a los que yo he tenido. Pienso que son muy importantes esas personas que nos inician a la sensibilidad y la belleza.
    Gracias, a ellas por el regalo de su ternura, y a ti por este hermoso recuerdo.

    Andrés

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu comentario, Andrés.
    Estoy de acuerdo contigo en la importacia de esas personas, maestras de ternura. Y creo que nos toca seguir la cadena, extender la ternura, la sensibilidad, el afecto, la belleza... en nuestro propìo entorno.
    Hoy recordaba que Jorge de Ortuzar escribió un viaje imaginario -que conservo- donde toda nuestra familia, entonces aún por constuir, íbamos a visitarle a Buenos Aires, a conocer a su familia, a sus amigos, a su gente querida, los lugares donde había sido feliz. El viaje nunca fue, salvo en su imaginación y su corazón, y en la literatura que nos regaló. Me parece un ejemplo mágico de generosidad y sensibilidad extraordinaria.
    Así era el gordo.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Precioso. Las abrazos en sueños son mágicos...

    ResponderEliminar
  4. Si, Asier, a mi también me parec en mágicos. Aunque no están tampoco nada mal los "abrazos despiertos". Por cierto, tu eres uno de esos tipos que practican el "abrazo completo". Me gusta.
    Gracias por tus comentarios y tus abrazos

    ResponderEliminar
  5. Me emocionan tus palabras...Felicidades por haber tenido un amigo así, todo un tesoro. Qué bonito lo que dices de extender la ternura...

    Un abrazo Fernando.

    Ana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, Ana.
      Me encanta poder transmitir esas emociones que son tan hermosas y queridas para mi.
      Si, se que soy un privilegiado, he tenido y tengo muchos grandes amigos que se han ocupado de mi educación, dejándome su huella. No lo han hecho del todo mal.
      es una hermosa misión,¿verdad?, extender la ternura, multiplicarla...
      Un abrazo para ti.

      Eliminar
  6. Paz Domínguez Ara15 de mayo de 2012, 11:42

    Gracias Fernando por compartirlo. Cuando te encuentras en tu camino a gente como él, dónde todo se da y recibe con facilidad, es como agua de lluvia. Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Gracias a ti, Paz, por tu hermoso y cálido comentario. ¡Que llueva, que llueva...!
    Un abrazo para ti.

    ResponderEliminar