viernes, 21 de septiembre de 2012

El perro de Ricky y los ciberborregos

El perro esperando la aparición de Ricky
¿Recordáis -hace ya algunos años- la historia de aquella fan de Ricky Martin captada "in fraganti" por la cámara oculta de un conocido programa de televisión, cuando se dejaba lamer el sexo -previamente untado con mermelada- por su perrito, mientras su ídolo se escondía en el armario para darle una sorpresa sorpresa?
La noticia corrió como la pólvora, en pocas horas, por todo el país. La gente aseguraba(mos) haberlo visto en directo, o conocer a alguien -un hermano, una prima, un amigo...- que lo había visto.
El caso es que no había ninguna fan, ni mermelada, ni perrito. Nunca había existido tal programa ni tal escena. Lo único cierto era que Ricky estaba dentro del armario, del que no saldría hasta varios años después.
En aquél pasado reciente, también recibíamos cartas -¡porque existía el correo postal!- con mensajes que debíamos fotocopiar y reenviar a otras diez personas antes de una semana, sin romper la cadena, so pena de acarrear cien años de desgracias o de no hacernos ricos, como acreditaban los casos verídicos descritos en la propia carta.
Ambos ejemplos son pruebas palpables de la infinita credulidad del género humano -al menos en su versión ibérica- y de lo sumamente fácil que es colar masivamente una mentira en esta sociedad nuestra, tan avanzada y tan moderna.
Y eso que todavía no habían llegado Internet y las redes sociales.
La Revolución Tecnológica ha traido consigo una multiplicación de las posibilidades de comunicación y, con ellas, un incremento exponencial de las mentiras, las falsas noticias, las cadenas de mensajes absurdos...
A veces -como cuando nos piden que "peguemos en el muro" algún mensaje insólito- la cosa no tiene mayor malicia y hasta nos hace reir. En otras ocasiones, sirve para la estafa, el abuso de las personas más incaútas o incluso la manipulación política.
Internet es, junto a sus múltiples y evidentes virtudes, un arma de desinformación masiva.
Entre los últimos "daños colaterales" de esa peligrosa arma, está la multiplicación -por correo electrónico y a través de las redes sociales- del falso dato de que en España hay 445.000 políticos que chupan sistemáticamente del bote. La mentira, surgida de medios ultraconservadores y ampliamente difundida por personas y colectivos progresistas e "indignados", sirve para reforzar la idea de que "todos los politicos son iguales" y fomentar la desafección ciudadana hacia la política y la propia democracia.
Del mismo modo, estos días circula por Internet un "artículo publicado en Alemania sobre la situación real de España", supuestamente ocultado por los medios españoles que, entre mentiras y medias verdades, sirve de camuflado vehículo al pensamiento de conocidos personajes y sectores de la ultraderecha de nuestro país.
En esta segunda década del siglo XXI, las mentiras virales se multiplican con el apoyo masivo del personal, incluyendo a quienes nos declaramos más críticos.   
Creo que, hoy más que nunca, es preciso ejercer el pensamiento crítico, personal e intrasferible. 
No valen todos los mensajes, ni todos los discursos, ni todos los datos, ni cualquier rumor que se multiplica en las redes sociales.
A pesar de Joseph (Goebels) y de Mariano, una mentira repetida mil veces no se convierte por ello en una verdad.
Como dice la sabiduría popular: "el que millones de moscas coman mierda no significa que debamos seguir su ejemplo".
Antes de copiar y compartir, antes de "pegar en tu muro", es imprescindible leer atentamente y pensar.  Críticamente. 
No nos creamos todo lo que nos dicen. No seamos ciberborregos.

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